Alejandro Grimson: “Con Alberto y Cristina hay una nueva síntesis política”

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El antropólogo Alejandro Grimson integra junto a Dora Barrancos, Ricardo Forster, Leandro Santoro y Cecilia Nicolini el Consejo de Asesores de Alberto Fernández. Fueron convocados por el Presidente para construir una nueva narrativa y pensar una salida a los falsos dilemas que dejó el macrismo. Grimson conduce además el programa Argentina Futura. Sobre la actual situación de emergencia económica y los tiempos de la recuperación, asegura: “Quizás el gobierno tenga que atravesar fuertes reclamos sociales en el corto plazo y eso refuerza la necesidad de dar la batalla simbólica y cultural para hacer una buena pedagogía política”.

El despacho del antropólogo Alejandro Grimson en el segundo piso de la Casa Rosada tiene pegado sobre su puerta de acceso una hoja en blanco con su nombre impreso. El autor del libro “¿Qué es el peronismo?”, investigador del CONICET e integrante de la usina de ideas Agenda Argentina integra el Consejo de Asesores del Presidente junto la referente feminista Dora Barrancos, el filósofo Ricardo Forster y la politólogo Cecilia Nicolini. Días atrás se sumó Leandro Santoro ad honórem. A su vez, Grimson está a cargo del programa Argentina Futura. En ambos espacios intentará desarrollar, en permanente consulta con el primer mandatario Alberto Fernández, un nuevo mapa de ideas y vectores simbólicos para que el proceso político iniciado el último 10 de diciembre pueda disputar y ganar sentido. En concreto, como han hecho de forma sucesiva los distintos gobiernos nacionales, Presidencia agrupó a un número selecto de intelectuales para construir una nueva narrativa, y en paralelo tender los radares necesarios que permitan leer las demandas emergentes de la sociedad.

La Casa de Gobierno es una maraña de sonidos. Pasado el mediodía se ha desatado una lluvia débil y ese repiqueteo de gotas hace música cuando resbala sobre las ventanas o explota contra la superficie baldosada del reluciente Patio de las Palmeras. Pero hay otras capas de ruido, es audible el rugido intermitente de taladros, el hundimiento metálico de martillazos intentando enderezar o sellar algo, el paso continúo de personas en las escaleras que caracolean los pocos pisos de la nave, muchos llevan mamelucos, cargan baldes, tienen la cara tiznada con polvo o pintura. La Casa Rosada parece, siguiendo el idioma de Internet, una gran Página en Construcción.

–¿Qué es Argentina Futura?

–Es un programa al que deseamos otorgarle un fuerte sentido federal. Vamos a convocar a intelectuales, académicos, líderes sociales y referentes culturales de todo el territorio nacional para realizar foros de debate plural.

–¿Una convocatoria fronteras afuera del Frente de Todos?

–A ver, cuando se habla del Consejo Económico y Social o cuando se menciona la necesidad de hacer un gran Acuerdo Social se está haciendo referencia a instrumentos que convergen en un común denominador: lograr una Argentina plural, democrática y con vistas a un futuro y un horizonte compartido. La idea es que en ese conversatorio participen múltiples actores: dirigentes sociales, líderes gremiales, los municipios, la gente de la universidad, etcétera. Nos interesa debatir cómo afrontar las cinco grandes desigualdades que hay en Argentina. Primero, la desigualdad territorial; segundo, la desigualdad distributiva, esa brecha termina magnificando el hambre y la pobreza; tercero, la desigualdad racial; cuarto, la desigualdad de género, en ese sentido cobra relieve el ministerio de la Mujer creado; y por último una desigualdad que es de carácter transversal, la relacionada con la edad, porque los más jóvenes y ancianos son los que más sufren la incertidumbre laboral.

–¿Cerrar la grieta es una idea imperativa para el gobierno?

–El Presidente fue muy claro en la asunción cuando dijo que una de las cosas por la cual le gustaría ser recordado es por su intención manifiesta de unir la mesa de los argentinos. Para el gobierno es importante recuperar el valor de que, a pesar de las distintas diferencias que nos atraviesan, somos una comunidad. No hay sociedades modernas o democráticas carentes de conflictos, eso está claro. Sin embargo, nos parece que el diálogo y la apuesta a reforzar el contrato social nos puede llevar a soluciones superadoras de los problemas que persisten en nuestro país. La propuesta a los distintos sectores económicos y políticos de la Argentina es muy simple: debemos postergar las soluciones e ideas sectoriales hasta resolver en principio un tema más urgente, salir de la gran emergencia social que nos atraviesa. Para eso hay que poner la economía en marcha, y empezar a crecer. Y eso está vinculado a terminar con el hambre y la pobreza, y también está conectado con volver a generar empleo genuino.

–¿Hay deseo de construir una nueva doctrina política, edificar un Albertismo?

–Cuando uno recorre la historia del peronismo uno percibe muy claramente que el justicialismo siempre fue diverso. Lo fue en 1945, donde confluían el Partido Laborista o los conservadores populares. De la misma manera también fue heterogénea la formación partidaria peronista que llevó a Cristina a la presidencia en el 2007. Incluso, Néstor (Kirchner) gana las elecciones sin haber logrado una síntesis política, aunque sí la logra plasmar al poco tiempo de asumir la presidencia. Entonces, yo creo que hoy, con la Presidencia de Alberto y la Vicepresidencia de Cristina hay una nueva síntesis política. Conclusión: Alberto sintetiza nuevos equilibrios internos dinámicos. A mi juicio el Presidente no representa una corriente dentro del Frente, si no que justamente es la persona que representa, con la colaboración permanente de Cristina, esa emergente síntesis política a la que estoy aludiendo, y que queda plasmada en hechos concretos como la conformación del gabinete nacional o en el estilo diario con el que ejerce la gestión ejecutiva.

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–Provenís del grupo Agenda Argentina. Varios integrantes de esa usina de ideas ocupan cargos relevantes en el gobierno. ¿La incorporación de intelectuales al Ejecutivo es un rango distintivo de este gobierno?

–Algunos integrantes de Agenda Argentina ocupan cargos de alta responsabilidad, pero de ninguna manera todos los integrantes se han sumado al gobierno. Por varias razones: Agenda Argentina tiene la vocación de intentar dar respuestas claras y concretas a los problemas públicos urgentes, y además pretende estar enraizado en el plano de la sociedad civil. Por otro lado, Agenda Argentina no se piensa como un grupo de intelectuales. Somos una confluencia de grupos, uno de ellos es el Grupo Callao, nutrido mayormente por cuadros políticos o dirigenciales. Si utilizamos la palabra intelectual en un sentido amplio, gramsciano, como a mí me gusta, bueno podemos decir que Agenda es parte de una ola donde confluyen líderes gremiales, intendentes, militantes comprometidos con el país. Ahora si vamos a una acepción más cerrada del término, para hacer referencia a eminencias académicas, a personas encumbradas que escriben libros, no podemos definirnos como una convergencia de intelectuales. Desde un principio nos unió el interés de plasmar ideas, propuestas o soluciones que ayuden a generar mejores políticas públicas.

–Haces mucho hincapié en el estado social devastador heredado. ¿Hasta cuándo pensas que el gobierno podrá hacer uso de apelar a la paciencia del pueblo para pedir prudencia en los reclamos?

–Aclaración importante, el gobierno ya instrumentó respuestas rápidas para solucionar problemas concretos: la instrumentación de la Tarjeta Alimentaria o el congelamiento temporario de tarifas van en ese sentido. Además las respuestas rápidas del gobierno tienen un remitente claro, empezar por contener a los de abajo para luego sí llegar a todos. Empezar por los últimos, porque es un momento de emergencia. Ahora si la pregunta va dirigida a indagar si hay un riesgo latente de que haya sectores sociales que no entiendan que atravesamos por una emergencia económica y social, la respuesta es que sí, quizás el gobierno tenga que atravesar fuertes reclamos en el corto plazo. En todo caso eso refuerza la necesidad de redoblar la batalla simbólica y cultural para hacer una buena pedagogía política, debemos insistir mucho en recalcar que nuestro gobierno empezó su gestión con la mitad de los niños con ingresos por debajo de la línea de la pobreza.

–¿Te parece que hay dos macrismos, uno más dialoguista que otro? ¿El gobierno necesita tender puentes con un sector de la oposición?

–El diálogo político es relevante para el actual gobierno. El Acuerdo Social hace referencia a eso, a tender diálogos. La convocatoria primera a los ciudadanos, y para el gobierno no hay barreras discriminatorias en cuanto a color partidario, ningún Ministerio va a pautar políticas en función de premiar a cierto electorado. Por eso más allá de las estrategias parlamentarias, que es un área por afuera de mi responsabilidad, yo creo que el concepto principal es: nosotros como gobierno necesitamos a todos y a todas para enfrentar los desafíos urgentes que tenemos. La reestructuración de la deuda externa y la recomposición del tejido económico son algunos de los horizontes cercanos en donde deberíamos confluir la mayor parte de la ciudadanía.

–¿Por qué Argentina es una excepción, tanto por la conformación de un gobierno popular como en su estable alternancia gubernamental y electoral, en el mapa sudamericano?

–El mapa de la región es altamente complejo e inestable. ¿En qué sentido? A partir del 2015 se suceden una cadena de hechos significativos, fuera de la derrota electoral nuestra podemos mencionar el derrocamiento de Dilma Rousseff u otras victorias en las urnas de formaciones conservadoras. Pero a diferencia de lo sucedido en 1990, post caída del Muro de Berlín, donde era visible una avanzada uniforme y global de la derecha, ahora el proyecto conservador o elitista no presenta un carácter hegemónico. Para mí aún no está definido en ningún país de la región si al frente de los gobiernos hay derechas largas, o derechas cortas, en el sentido de la duración en ciernes de sus proyectos. ¿Qué quiero decir con esto?  La derecha menemista fue una derecha larga, su implementación económica y ecos sociales transcurrieron largos años. Para mí hoy no está claro que las distintas derechas regionales ostenten un gran grado de legitimidad, es decir por momentos se muestran frágiles, con poco apoyo ciudadano, y con una aprobación electoral de sesgo pendular. No se tratan de derechas con sustentabilidad económica o política, con capacidad de irradiar un contagio regional en distintos países.

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Emiliano Guido

Emiliano Guido

Periodista especializado en política internacional. Forma parte del Programa de Integración Regional y Financiamiento para el Desarrollo en Fundación SES (Argentina). Ganador del Premio José Martí (2006) otorgado por la agencia Prensa Latina.

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