Brasil se hizo Bolsonaro

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El candidato ultraderechista Jair Bolsonaro consiguió un contundente triunfo electoral con ideas xenófobas que no son defendidas abiertamente por ninguna fuerza gobernante en Sudamérica. A su vez, el PT de Lula logró llegar a un ballotage que emerge como dificultoso y es la única fuerza política tradicional del Brasil que no fue arrasada por un fenómeno político preocupante. La victoria del Partido Social Liberal, una fuerza sin historia política, precipita para Argentina y la región un interrogante espinoso: ¿El persistente ataque simbólico mediático y judicial contra los referentes populares conduce a profundizar resultados electorales conservadores?

El diputado Jair Bolsonaro podrá observar hoy los retratos de los dictadores brasileños que decoran su despacho legislativo y murmurar algo así como sí se puede. Ayer, un programa económico ultraliberal, defendido de forma brumosa pero explícita por un militar retirado que cambio tres veces de partido en los últimos dos años, y sazonado con valores misóginos y racistas cosechó casi 50 millones de votos (46%) y orilló el apoyo del hemisferio electoral del país más numeroso y gravitante de Sudamérica. Nuevamente, los sondeos no anticiparon un apoyo tan mayúsculo de la población brasileño a un partido que jamás condujo, ni lo soñó siquiera, los destinos del Palacio Planalto. El analista latinoamericano y periodista venezolano Bruno Sgarzini explicó ayer el fenómeno Bolsonaro de la siguiente manera: “Evidentemente, el candidato del PSL supo aprovechar el clima de odio contra el PT para convertir su candidatura en algo que fuera contra el Estado, la clase política y lo políticamente correcto. Al igual que Trump, todos los ataques contra su figura reforzaron su identidad frente a sus votantes”.

Nuevamente en la región el partido que congrega abiertamente ideas estatistas y a favor de la justicia social quedó en un segundo lugar en los comicios. Durante el calendario electoral 2018, esa placa de medalla de oro para el bando conservador y mellada de plata para el campo popular fue una constante en las elecciones presidenciales de Paraguay, donde el candidato apoyado por el ex presidente Fernando Lugo casi da el batacazo, en la convocatoria a las urnas colombianas, ahí la nueva izquierda de Gustavo Petro cosechó un interesante resultado aunque inferior al uribismo, y ahora en Brasil. Es decir, las fuerzas políticas populares latinoamericanas mantienen un lugar de disputa en el centro del tablero político, no han sido arrasadas por el actual eje de gobernantes conservadores, pero aún no consiguen el suficiente apoyo electoral para volver a ser gobierno.

Jair Bolsonaro, un fascista pop

Apenas terminado de contabilizar los votos por la justicia electoral, el candidato presidencial del Partido de los Trabajadores Fernando Haddad enfatizó desde su bunker que: “La constitución del país está en juego. Vamos a enfrentar está elección con respeto, con la fuerza de los argumentos. Nosotros no tenemos armas, pero vamos a defender la democracia”. Previamente, ayer por la noche fueron muy asiduas y persistentes las criticas, por lo menos en las tribunas mediáticas de centro y conservadoras, hacia la supuesta fallida estrategia electoral del PT y su hipotética cerrazón a forjar una fórmula de consenso con el candidato Ciro Gomes, medalla de bronce en los comicios con un 12% de los votos, ex aliado de Lula y referente del espacio progresista local.

Sin embargo, es posible aseverar que, a pesar del fuerte hostigamiento de los medios concentrados contra el lulismo, y un hecho de peso e inocultable como la prisión política de su líder más importante, el trabalhismo alcanzó treinta millones de votos y obtuvo unos nada despreciables 29 puntos porcentuales del escrutinio. Un número algo cercano a la intención de voto que ostentaba Lula cuando el propio PT defendía a uñas y dientes la candidatura de su líder apresado, y muy superior a los esmirriados números en cuanto a intención de voto que acumulaba Haddad apenas fue oficializado como candidato presidencial en reemplazo del ex líder sindical.

Lo que viene

Augusto Taglioni, editor de internacionales en la revista Kamchatka y director del recomendable portal Resumen del Sur, habló desde San Pablo con Nuestras Voces sobre cuál será, a su entender y tras hablar en la capital económica de Brasil con referentes nacionales del PT, la estrategia trabalhista para intentar construir una mística ganadora de cara a segunda vuelta en un escenario tan difícil: “El bunker del PT advierte por estas horas que van a diseñar una estrategia de choque programático para el segundo turno electoral. La idea de Fernando Haddad y de sus asesores más cercanos es aumentar la polarización con Bolsonaro en función de las propuestas económicas y sociales de cada partido para el conjunto de los brasileños. Es decir, buscarán reforzar un debate sobre modelos de país, que el PT entiende estuvo un poco desdibujado en el tramo transcurrido de la campaña. De esa manera, especulan, pueden aunar todo el voto anti Bolsonaro. La dificultad es que hay bases electorales, como la que apoyó a Gerardo Alckmin (del PSDB), que es muy reacia al PT y que, aunque el número conseguido por ellos sea escaso, alrededor del 5%, hoy el lulismo necesita el apoyo de todo el arco político porque el piso electoral conseguido por Bolsonaro en primera vuelta es muy alto”.

La dimensión regional de las elecciones en Brasil

A su vez, Taglioni advierte que: “Más allá de que la discusión electoral hoy está centrada entre Bolsonaro- Haddad, y en paralelo a cómo puede hacer el candidato del PT para revertir una coyuntura tan adversa, habría que subrayar como saldo significativo de estos comicios que un partido histórico, como el PSDB (la fuerza que representa históricamente el ex presidente Fernando Henrique Cardoso), ha quedado en una situación de representatividad muy difícil. Perdió las gobernaciones que tenía y su candidato a presidente sacó un magro 4% de los sufragios. Recordemos, el PSDB es el partido histórico de la centroderecha postdictadura, y junto al PMDB (del actual presidente de facto Michel Temer) y el Partido de los Trabajadores, han sido los canales de representación más activos de la sociedad en las últimas décadas”

Por otro lado, Lisandro Sabanés, editor de la sección América en el siempre interesante portal argentino Letra P, aportó un dato interesante al análisis de los sorprendentes resultados de ayer al ponderar que, precisamente, la gigantesca movilización liderada por el movimiento de mujeres contra el perfil misógino y racista de Bolsonaro no se tradujo en lo que se suponía un último aluvión de apoyo electoral para engrosar los números de Haddad: “El candidato ultraderechista sobrepaso por 40 puntos al líder del PT en la industrial y populosa San Pablo; evidentemente, el #Elenao no sería muy popular entre los obreros industriales”.

Honras a Marielle

Patricio Talavera, atento observador del escenario político brasileño e integrante del Grupo de Estudios de Asia y América Latina en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, apuntó por su parte en redes sociales un elemento de análisis basado en la preponderancia de lo que suele llamarse como “mayoría silenciosa” en los estudios de opinión pública para tratar de explicar la ascendencia de un candidato sin aparato partidario y con el celo en contra suya de fuertes corporaciones, mediáticas por ejemplo, del circulo rojo: “Esbozos: el país es de los paisanos. No importa cuan aparato tengas, cuanta carrera y banca tengas, si tu partido es grande o chico. Si estas fuera de sintonía, voto y a la bolsa”.

En lo que respecta al capítulo distrital de la elección, Talavera realizó un interesante reflexión sobre la fuerte dispersión partidaria en cuanto a gobernaciones obtenidas: “Llamativo el mapa de gobernadores resultantes de la primera vuelta. El PT obtuvo victorias en Estados del nordeste, como se suponía. A su vez, el Movimiento Democrático Brasileño (derecha) ganó en Pará. Por otro lado, el PSDB (el partido de Fernando Henrique Cardoso) se anotó triunfos en gobernaciones del sur. A toda está heterogeneidad se podría sumar un dato aún más confuso: el partido de Bolsonaro solo ganó un Estado, Roraima, el más pequeño de toda la federación”.

Por último, como suele decirse que, debido a la proximidad geográfica y su consecuente irradiación comercial, sí Brasil estornuda la Argentina se resfría, la abrumadora victoria de un candidato neofascista Bolsonaro produjo lógicos estados de preocupación en la clase política argentina, salvo en el gobierno nacional que ayer por la noche prolongó el mutismo que viene tomando como política comunicacional ante las trascendentales elecciones brasileñas. En ese catálogo de signos de interrogación y caras preocupadas de los referentes parlamentarios argentinos sobresalió una reflexión del diputado Felipe Solá que tuvo fuerte impacto: “Brasil es un duro llamado de atención. Nos tenemos que poner de acuerdo los que queremos otro camino: Cristina, los gobernadores, el peronismo, los socialistas, los radicales que se hayan arrepentido de jugar con Macri y también los cuatro (en clara referencia al poker de dirigentes que lanzaron Alternativa Argentina) de la foto del otro día”.

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Emiliano Guido

Emiliano Guido

Periodista especializado en política internacional. Forma parte del Programa de Integración Regional y Financiamiento para el Desarrollo en Fundación SES (Argentina). Ganador del Premio José Martí (2006) otorgado por la agencia Prensa Latina.

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