“Buscan una guerra de pueblo contra pueblo”

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El miércoles 23 de enero un tal Juan Guaidó, hasta entonces desconocido, se autoproclamó “presidente encargado” de Venezuela durante una manifestación. Desde entonces el golpe está en marcha entre acciones callejeras, tensiones diplomáticas, bloqueos económicos y presiones internacionales. “Juan Guaidó porta una figura presidencial improvisada y no está preso por el poder de fuego e intimidación que le presta los Estados Unidos”, asegura José Roberto Duque, periodista y escritor venezolano. En una entrevista exclusiva Duque explica qué se juega hoy el país y cómo es la vida cotidiana en tierras bolivarianas. 

El 10 de enero de 2019 Nicolás Maduro asumió su nuevo mandato presidencial en Venezuela. Al día siguiente, Juan Guaidó realizó su primera autoproclamación. Luis Almagro, al frente de la OEA, salió a respaldarlo pero estás acciones no tuvieron mucha repercusión. El “presidente de la república de Wikipedia”, tal como lo llamó Maduro tras difundirse en la enciclopedia colaborativa que el joven era el nuevo jefe de Estado, volvió a mostrarse el 23 de enero en una movilización convocada por la oposición. Ese día se autonombró “presidente encargado” durante una movilización en Caracas, y Estados Unidos, escoltado por algunos gobiernos de la región –incluido el de Mauricio Macri–, salió a reconocerlo rápidamente como presidente legítimo. Desde entonces el intento de golpe se desarrolla con acciones de calle, en sedes diplomáticas, en organismos internacionales y con medidas económicas.

Guaidó pertenece a la cúpula de un partido de ultraderecha llamado Voluntad Popular, creado en 2009 por Leopoldo López, un empresario al que Estados Unidos intentó infructuosamente transformar en presidente. López dirigió el golpe de 2002 contra Hugo Chávez y actualmente se encuentra en prisión domiciliaria por instigar a la rebelión civil, el alzamiento militar y la violencia que terminó con el asesinato de más de 40 personas durante las manifestaciones de 2014: “Es la máxima referencia del empresariado opositor, los medios lo endulzan como un gestor eficiente. Sería una especie de (Mauricio) Macri venezolano”, explica José Roberto Duque y aclara a Nuestras Voces que la conversa puede complicarse por su fallido acceso a WiFi. La palabra no sale amputada por el texto predictivo de whatsapp. Conversa implica un diálogo afable en la cultura venezolana.

José Roberto Duque tiene nombre de cantante latino y apellido nobiliario, pero es periodista y escritor. Habla tranquilo, a 25 watts, a tono con la apacibilidad campestre de Alto de Escuque, una pequeña comunidad en el occidental Estado de Trujillo donde vive actualmente.

“Guaidó fue uno de los actores más visibles y activos durante las guarimbas (acciones violentas callejeras) ocurridas en los años 2014, 2017 y 2018, que fueron los picos de esa modalidad de protesta. Pero nunca ocupó un lugar destacado en la MUD (Mesa de Unidad Democrática, aclara el periodista caroreño, que de joven se mudó a Caracas y plantó sus pies en el mítico barrio 23 de enero, un puñado de edificios desangelados donde rebalsa sangre bolivariana. Ahí escribió crónicas que fueron de culto, fue jefe de redacción en semanarios y agencias pero, también, se fue a la frontera con Colombia y puso palabras a ese espacio lábil donde se trafica comida, pólvora, mercenarios. Un día, o una noche, José Roberto Duque se cansó de esa ciudad espesa, siempre plena de nubes óxidas y autopistas gordas como elefantes, armó un petate y se fue. Luego de varias paradas, terminó en Alto de Escuque, plantando “tubérculos”, unas cuantas “leguminosas” y criando gallinas, nos cuenta.

El autor de “Cuadernos callejeros” y “Comunes y extraordinarios” –dos piezas recientemente publicadas– siente alivio por hallarse a una distancia considerable de la capital. “Acá no se sufren los embates de los paramilitares colombianos, que entraron a ponerle pimienta a la cosa. Además, acá producimos nuestros alimentos, hacemos cría de animales. Es muy difícil que nos pegue la escasez de alimentos”, se relata el también columnista del portal informativo venezolano Misión Verdad.

Pero Duque está atento a lo que pasa en Caracas, donde un joven sin escritorio ni ministros dice ser presidente, y lo enuncia con la arrogancia que da la sombra escudada de los marines y la billetera del tío Donald Trump. Duque va a ser entonces de guía para explicar un país convulsionado por un nuevo intento de golpe de Estado.

–¿En qué momento se jodió Venezuela?

–Bueno, en términos estrictamente históricos el territorio que conocemos como Venezuela se comenzó a joder cuando el invasor europeo decidió apropiarse de nuestros recursos y, a su vez, exterminar las culturas originarias. En realidad, en ese momento se jodió nuestro continente porque nos forzaron a elegir un modelo que no es autóctono ni endógeno, que no nos pertenece. Esos fueron los albores del capitalismo. Siglo XV: en ese momento se jodió Venezuela.

–Varios analistas concentran su descontento con el chavismo a partir de la asunción de Nicólas Maduro. Sin embargo, la monoeconomía petrolera  y la incidencia de las FFAA en el Estado parecen hechos constantes, ¿hay dos procesos bolivarianos o uno sólo desde 1998?

–Previo a la asunción de Maduro, es decir cuando (Hugo) Chávez estaba en su apogeo, durante los distintos momentos de su gobierno el petróleo cotizaba entre cien y ciento diez dólares el barril. Eso representaba un nivel de ingresos brutal para nuestra economía. Estábamos nadando en dólares y cuando hay abundancia de dinero, es muy fácil ser feliz y estar contento con el gobierno. Luego, entonces, llega Maduro, con un estilo de gobierno distinto al de Chávez, y en un contexto muy diferente: recrudece la presión de las trasnacionales y de las potencias hegemónicas contra Venezuela, se desploman los precios petroleros, que llegaron a estar a menos de veinte dólares y, nuevamente, cuando no hay dinero, y no hay con qué mantener contenta a la gente, entonces empiezan las molestias. Cuando te acostumbras a un estilo de vida puntual, y de repente la realidad te da en la cara, entonces te pones bravo y relativizas que el país este asediado. Eso pasa en la cabeza de muchos compatriotas. He leído a muchos analistas, algunos más serios que otros, afirmar que Maduro ha gestionado mal la economía venezolana. A esas personas le contesto lo siguiente: hermano, el proceso venezolano consiste en destruir el capital, no en administrar los bienes. Entonces, eso es el colmo de la contradicción, no se puede pretender que un líder socialista administre bien el capitalismo para que los señores analistas se sientan cómodos. No existe una Disneylandia chévere con una etiqueta socialista. O lo uno, o lo otro. Eso no implica que no haya fallos en el gobierno de Nicólas Maduro, puedo contarlos por docenas. Pero recordemos siempre lo siguiente: estamos ante las puertas directas de una invasión extranjera. Entonces, es obsceno conceder ni medio argumento a favor de esa intromisión. Un año atrás, o en los años de la bonanza económica de Chávez, hubiera dado otra respuesta, con el acento puesto en el catálogo de cosas mal hechas. Pero en la actual coyuntura crítica, donde nos pueden venir a sacar a plomo, entiendo que es un mal paso contribuir a desgastar la imagen del gobierno.

–¿Cómo hace la población para vivir con un salario promedio de veinte dólares?

–La línea de ingresos, según marcan las estadísticas, es menor, está ubicada en unos cinco dólares mensuales. Es importante remarcar que nuestro nivel de compra está fijada por dos tipos de cambios, uno es legal, y el otro patrón está fijado por el mercado negro, que es más determinante. Ahora bien, para menguar la situación, el Estado venezolano subsidia la venta de alimentos a través de un canal de distribución que se llama CLAP, los Comité Locales de Abastecimiento y Producción. Ahí llega, o debería llegar, mensualmente, una caja de alimentos por familia a un precio ridículo, por lo bajo. Esos precios son más bien simbólicos. Un ejemplo: un litro de aceite cuesta en el mercado entre 6 mil y 8 mil bolívares soberanos. En cambio, una caja de los CLAP, que trae dos kilos de harina precocida, dos kilos de arroz, dos kilos de azúcar, dos litros de leche, dos litros de aceite, cuatro latas de atún o sardina, un pote de mayonesa, un pote de salsa de tomate, creo que cuatro kilos de spaguetti, todo ese combo cuesta cien bolívares soberanos. ¿Cómo hacemos los ciudadanos para sobrevivir? Pues, como hemos hecho toda la vida. El venezolano improvisa, hecha mano de lo queda de su menguada cultura campesina. Entonces, es cada vez más frecuente ver cómo la gente está comenzando a sembrar o, incluso, a criar animales. También está en ascenso el uso del trueque como ejercicio solidario de intercambio. Veo a un pueblo venezolano pasando un trabajo duro porque se nos ha cortado el acceso de insumos básicos como el gas doméstico o la gasolina pero estoy notando en la calle, la vuelta a una vida más comunal, menos consumista, y más propia del campo.

Macri, soldado regional de los EE.UU.

–Vamos a los últimos hechos, ¿cómo se explica el vertiginoso ascenso de Juan Guaidó como referente opositor?

–Guaidó pertenece a la cúpula de un partido de ultraderecha llamado Voluntad Popular. Una formación creada en su momento por Leopoldo López, que es un empresario a quién Estados Unidos buscó transformar en presidente hace ya unos años. Concretamente, desde el año 2008 López es la máxima referencia del empresariado opositor, los medios lo endulzan como un gestor eficiente. Sería una especie de (Mauricio) Macri venezolano. En lo particular, Guaidó fue uno de los actores más visibles y activos durante las guarimbas (acciones violentas callejeras) ocurridas en los años 2014, 2017 y 2018, que fueron los picos de esa modalidad de protesta. Pero nunca ocupó un lugar destacado en la MUD (Mesa de Unidad Democrática) porque más bien está recostado sobre uno de los márgenes más extremos de la coalición, en su ala más radicalizada. Entonces, me parece que la oposición está usando una pieza a la que busca incinerar en un ataque alocado. Para ellos, Guaidó no es un dirigente estratégico; entonces, si fracasa el golpe, no estarían cediendo el capital político de un dirigente valioso. La idea de ellos es jugar con fuego.

–¿Hay malestar en la oficialidad joven y en los mandos medios del Ejército contra el gobierno?

–Desde 1999, en Venezuela, hay lo que ustedes llaman grieta. Esa división, que acá se da por momentos con mucho dramatismo, cruza todos los campos y, entonces sí, también toca a las filas del Ejército. Entonces, claro, puede haber malestar entre la oficialidad más rasa, debe haber muchos tipos descontentos, como también hay mucha tropa leal al gobierno de Maduro. Entiendo, claro, que a diferencia de lo que sucede en otros sectores, la tensión castrense es gravitante porque son los señores que controlan el parque armamentístico. Recapitulando, puede haber disconformidad, pero lo central es ver si están dispuestos a poner el pellejo y salir enfundados a la calle. No creo esto último.

–¿Qué resortes institucionales y económicos posee el autoproclamado Jefe de Estado para ejercer en los hechos su presidencia?

–En lo estrictamente formal Guaidó no tiene atributos institucionales. Él porta una figura presidencial improvisada, de facto. En los hechos, es un dictador que no está preso por el poder de fuego e intimidación que le presta los Estados Unidos. En cuanto al soporte económico, directivos del Banco Interamericano de Desarrollo han comprando bonos de la deuda venezolana y los han puesto al servicio del gobierno de facto. Esos recursos los debería cobrar el Estado venezolano, pero ahora irán al bolsillo de Guaidó. Además, Mike Pompeo (Secretario de Estado de los EE.UU.) anunció que ha puesto 20 millones de dólares a disposición de la dictadura en concepto de ayuda humanitaria.

–¿Maduro y Diosdado Cabello (presidente de la Asamblea Nacional Constituyente) representan distintas alas del gobierno? ¿Hasta dónde hay coincidencias entre ellos?

–Considero que son más las coincidencias. Cabello, como jefe de la Constituyente, tiene la facultad de gobernar el país; incluso, vía decretos, aunque ha usado poco esa potestad. No sé si hay tensiones personales entre ambos. Había un temor generalizado, al inicio de la presidencia de Maduro, de que el chavismo se partiera al medio como una manzana y que haya dos hemisferios bolivarianos, uno conducido por Cabello, y otro por Maduro, pero eso no ha ocurrido. Notó bastante armonía entre ellos.

–¿Qué postura están teniendo los sectores más dialoguistas de la oposición en estos días?

–La derecha venezolana ha recibido una instrucción directa y clara de los Estados Unidos, que es derrocar a Nicolás Maduro por cualquier vía posible. No hay términos medios ni tonos grises en la actual ofensiva opositora. La orden del imperio es tajante: el chavismo debe ser destruido. Aunque surjan voces más civilizatorias convocando al diálogo, repito, la instrucción recibida por Guaidó no admite ambigüedades, hay que destruir por las malas al proceso venezolano.

Reflexiones sobre la cuestión venezolana

–¿Las organizaciones sociales chavistas están teniendo voz y propuestas propias en la actual crisis?

–Sí, claro. Muchas de esas propuestas están expresadas en la Asamblea Nacional Constituyente, otras se canalizan a nivel territorial. Hay diferentes radios de acción para contener la agenda de los movimientos sociales. En lo personal, formo parte de un Concejo Comunal en Trujillo, ahí soy vocero de vivienda. Entonces, de alguna manera, soy un puente entre el Estado y las 600 personas que habitamos donde vivo. El chavismo de base busca resolver las cosas localmente. Y, a nivel nacional, buscamos incidir en la opinión pública con nuestros propios artículos y nuestras cuentas de referencia en las redes sociales.

–¿Cuál es el color y el ánimo de la calle en la actual delicada coyuntura? ¿El pueblo chavista tiene la mística en alto?

–La dificultad que tenemos para acceder a los alimentos y a los servicios energéticos genera un trajinar diario para comprar cosas que resulta muy molesto. Un recorrido más o menor corto, que antes se hacía en media hora, ahora insume entre dos y tres horas porque, o bien el transporte público está bastante precario, o bien es muy difícil conseguir gasolina. Sí, los ánimos están crispados y la gente lo expresa a viva voz. En este escenario el chavismo ha reaccionado replegándose un poco porque no es el momento de andar propiciando confrontaciones de pueblo a pueblo. Es el momento de escuchar aunque más no sea para oír a los agitadores. Uno escucha en la calle a gente proclamar el deseo de asesinar a Maduro. Me preocupa que ese odio este regado en la calle. Porque buscan eso, que haya un odio incontenible de pueblo contra pueblo. Eso habilitaría la entrada de los paramilitares colombianos que se hayan escondidos en el territorio nacional. Donde vivo, cerca de la frontera con Colombia, noto una gran presencia de los hostigadores cuánto más uno se acerca al vecino país. Pero, eso sí, el pueblo chavista se está manejando bien en la sensible coyuntura que pasamos. Hemos tenido bastante serenidad, hemos hecho un ejercicio de paciencia bastante notable por las provocaciones sufridas. El clima emocional está difícil, sí, pero aquí se puede vivir.

 

Foto de portada: Luicino Bracci/Alba Ciudad

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Emiliano Guido

Emiliano Guido

Periodista especializado en política internacional. Forma parte del Programa de Integración Regional y Financiamiento para el Desarrollo en Fundación SES (Argentina). Ganador del Premio José Martí (2006) otorgado por la agencia Prensa Latina.

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