Científicos argentinos que vuelven a tener futuro

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El aumento en el número y monto de becas de investigación del Conicet anunciado por el ministro Roberto Salvarezza cambió la ecuación de muchos científicos. «El aumento no me lo esperaba y sinceramente me va a permitir dedicarle a pleno a la investigación y no estar pensando en hacer malabares para sobrevivir», cuenta Juan, historiador de Córdoba. Como él, otros dejarán de hacer changas para sobrevivir y se didicarán a pleno a la ciencia argentina.

Cuando el ministro de Ciencia y Tecnología, Roberto Salvarezza, comunicó que habrá un aumento progresivo de más de 15 mil pesos para las becas doctorales del Conicet y que se abrirán 400 becas extras el futuro de los científicos jóvenes argentinos cambió.

En una conferencia de prensa junto al jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, y a la nueva presidenta del Conicet, Ana María Franchi, Salvarezza aseguró que el objetivo es que los jóvenes “vuelvan a creer que es posible hacer ciencia en nuestro país y contribuir al desarrollo y bienestar de la sociedad». Es decir, incentivar nuevamente la capacitación científica en el país “La becas anteriores desalentaban que la gente se acercara al mundo de la ciencia. Tuvimos cuatro años de declive de la actividad científica, pero hoy estamos dando los primeros pasos para poner a la ciencia de pie”, remarcó.

Concretamente, las becas doctorales que se ubicaban en 29.817 pesos llegarán tras un aumento paulatino a los 45.430 pesos en junio, en tanto que las becas posdoctorales (antes con un piso de 36.752 pesos), pasarán a abonarse en ese mes 54.833 pesos. Según las estimaciones del ministro se trata de una partida de 900 millones anuales. “Es un esfuerzo importante en una Argentina que está en plena emergencia”, subrayó.

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Y más allá de lo que significa en el bolsillo de los científicos es sobre todo un mensaje contundente para demostrar la prioridad del gobierno de Alberto Fernandez: “Quereoms que los jóvenes vuelvan a creer que es posible hacer ciencia en nuestro país y contribuir al desarrollo y bienestar de la sociedad. Que sepan que el destino de ellos no es Ezeiza, que se queden en Argentina”.

Durante los últimos años era común pasar por la puerta del ministerio de Ciencia y Tecnología y ver pancartas y pintadas que pedían aumentos salariales o reclamando por el recortes de becas. Por caso, todavía queda en la memoria aquella toma del ministerio en diciembre de 2016 en donde muchos pasaron las fiestas reclamando. 

Historias en primera persona

Juan tiene 30 años y se recibió de profesor de historia en diciembre de 2018. Pudo iniciar su formación académica recién a los 25 años cuando se estabilizó económicamente trabajando en una empresa de colectivos, en el sector de “encomiendas”.

“Si no tenés la panza llena no podés desarrollar este tipo de actividades”, dice Juan, que vive en Córdoba y todavía se acuerda cuando orgulloso se anotó en en la escuela de historia de la facultad de filosofía y humanidades de la la Universidad Nacional de Córdoba. Mientras estudiaba seguía trabajando en la empresa de colectivos. Si le preguntaban hace cinco años, no tenía idea qué era el Conicet ni el sistema de becas. Por caso, es el primer miembro de su familia con título universitario. Pero el año pasado, la empresa de colectivos redujo el personal y Juan entró en la nómina de los desempleados. Como ya había terminado el profesorado empezó a dar clases y allí surgió la posibilidad de presentarse como becario del Conicet.

“En ese contexto sale la posibilidad de convocatoria para las becas del equipo de investigación del cual formo parte. Los directores nos comentaron la posibilidad. Mi tema de tesis es las disputas por la representación sindical en Córdoba fines de los 90 y primera década de los 2000”. Mientras tanto vivía de la indemnización, del apoyo de su compañera y con lo que ganaba en el colegio.

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“Cuando me enteré hace dos semanas que había obtenido la beca doctoral del CONICET no podía creerlo, es algo que no me lo esperaba, no en este momento y la verdad me desborda la alegría por muchas razones. Primer porque soy el primer universitario de mi familia, de hecho mis viejos no entienden bien qué significa esto, pero están felices por mí. Y en segundo lugar el aumento, tampoco me lo esperaba y sinceramente me va a permitir dedicarle a pleno a la investigación y no estar pensando en hacer malabares para sobrevivir. Es realmente una decisión política de suma importancia”. 

Gabriel también estudió historia en la Universidad Nacional de Córdoba. Durante toda la cursada trabajó como preceptor en una escuela pública. Pero los últimos años tuvo que complementar eso con trabajos los fines de semana largo y en las vacaciones en una empresa gastronómica, yendo a eventos por el interior de Córdoba. 

Al igual que Juan tampoco cursó pensando en el CONICET pero cuando ingresó como ayudante a dos cátedras de la universidad empezó a dar los primeros pasos en la investigación escribiendo reseñas, publicando artículos. “La jefa de la catedra dijo que estaba la posibilidad de presentarnos. Con un compañero creíamos que era imposible porque no teníamos el perfil ni antecedentes. Pero nos anotamos, hicimos todo lo burocráticamente pertinente y el resto del año seguimos trabajando. Cuando nos enteramos que nos dieron la beca doctoral no podíamos creerlo. En mi caso particular me va a permitir dejar la changa y focalizarme en esto y más allá de eso, habla del gesto del gobierno de impulsar la ciencia y la tecnología en Argentina que en los 4 años no fue prioritario”. 

Nahuel y su pareja Romina son egresados de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS). Viven en Grand Bourg, Malvinas Argentinas. Ella se graduó en 2014 en comunicación y desde 2017 es becaria del CONICET. Nahuel obtuvo su título en 2017 en Estudios políticos. Al momento de graduarse Nahuel era becario de la universidad, un programa que forma a estudiantes y graduados en investigación y en docencia. Pero en 2018 y 2019 volvió a presentarse y no quedó, por lo que tuvo que empezar a realizar changas mientras porque el salario solo de su pareja no alcanzaba: hizo entrevistas para proyectos de investigación, desgrabados para periodistas, clases para el plan Fines en la localidad de San Miguel.

Pero lo que quería hacer era investigación. “Nos tocó transitar todo el ajuste del macrismo en el CONICET. El 2018 fue muy difícil, sobre todo cuando yo me quedé sin trabajo. Con 30 mil pesos fue muy difícil sostener la vivienda. Vivimos en Grand Bourg muchas de las tareas son de capital ya el hecho del transporte insumía recursos y energía que era difícil de sostener. Ella como becaria solo podía complementar el salario dando clases porque no te permiten hacer otra cosa entonces era un callejón sin salida”.

La situación estaba muy difícil, las expectativas que tenían los dos de poder dedicarse a la investigación eran pocas y la situación desmotivaba mucho. De hecho eran tan pocas las expectativas que tenía que el año pasado que Nahuel empezó a cursar una tecnicatura en informática para conseguir salida laboral y no estancarse. Nahuel decidió presentarse en el CONICET para no perder las esperanzas y hace una semana que le otorgaron la beca. Está feliz. “Ahora, con el aumento en la cantidad de becas otorgadas y el aumento salarial puedo pensar más seriamente en una carrera en el sistema de ciencia y técnica”. 

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Tali Goldman

Tali Goldman

Es licenciada en Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y periodista. Escribe crónicas en medios digitales como Anfibia, Nuestras Voces, Latfem, entre otros. Es columnista en el programa de radio Cheque en Blanco, que se emite en Futurock. Su primer libro La Marea Sindical, mujeres y gremios en la nueva era feminista de Editorial Octubre ya va por la segunda edición.

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