Cierre y ajuste en los jardines de los hospitales

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El vaciamiento del Estado, el ajuste y el desprecio por los trabajadores se encuentran un muchos lugares de la gestión Macri-Larreta. El cierre o ahorcamiento de los jardines maternales en hospitales públicos es uno. Relatos en primera persona de cómo es sufrir que ahora los niños sean los primeros perjudicados y ya no los únicos beneficiados.

Cuando Eugenia se embarazó por primera vez, en el año 2013 estaba nerviosa por algunas cosas y tranquila por otras. Como trabajadora del Hospital Garraham—lugar en el que trabajaba desde hacía seis años— sabía que tendría un jardín maternal para su futuro hijo. El jardín “Quiero mimos” funciona todo el año, de 6:45 a 21:30 y es exclusivamente para trabajadoras del hospital desde hace treinta años. Pero hace dos años, cuando su hijo estaba por pasar a sala de 3 esa sala cerró. A Eugenia le ofrecieron pagarle $700 por mes para que mandara a su hijo a otra escuela, pero con esa plata no cubría siquiera la vianda. Pero este año, su otra hija entró a sala de 2 y los problemas volvieron. “Al estar tan sobrepoblado de nenes, se empezaron a unificar salas que están en pésimas condiciones. Las puertas de seguridad están con precinto, las salas de bebés están que se caen a pedazos, hay goteras, cucarachas. Es un riesgo total para nuestros hijos”, cuenta Eugenia a Nuestras Voces. “No hay profesora de música, no hacen gimnasia. O sea ellos quieren que solamente sea un lactario. No hay una decisión de que sea un jardín maternal. Hicimos un petitorio con la firma de todos los trabajadores, y se elevó al consejo para pedir la ampliación del jardín, porque ediliciamente tiene mucho espacio”. El hospital Garraham es un ente autárquico, pero que contempla fondos tanto de Nación como de Ciudad.

El caso de Eugenia, como muchas de las trabajadoras del hospital, vuelve a poner en debate el rol del Estado en el sistema de cuidados. Tener un jardín de infantes en el lugar de trabajo es un derecho que pocas tienen.

Según la socióloga Eleonor Faur, autora entre otros libros de El Cuidado infantil en el siglo XXI las mujeres tienen “derechos fragmentados”. Esto es: “en términos teóricos existen derechos que combinan la maternidad con el trabajo pero lo que sucede en la sociedad argentina y por una decisión política es que los cuidados se convierten en privilegios. Entonces las mujeres tienen que hacer malabares para poder congeniar entre sus familias, el Estado y los Mercados”.

Otro de los casos que mantiene a la comunidad educativa inicial en vilo es el caso del hospital Ramos Mejía que depende del gobierno de la Ciudad. En el mes de noviembre, cuando se abrió la inscripción online de los jardines, los trabajadores del hospital y la comunidad educativa que quería mandar a sus hijos a ese jardín se dieron cuenta que el lactario, la sala de 1 y la sala de 2 no estaba disponible para las inscripciones. “Empezamos a comunicarnos con las autoridades y la única respuesta era que la decisión era política y que no se iba a abrir ni lactario ni sala de 1 y sala de 2”, explica María José Gutiérrez, secretaria de inicial de UTE. “Hicimos festivales, visibilizando el conflicto, cartas, juntamos firmas. Estamos hablando de un jardín que se abrió en 1986 que surgió por necesidad de las trabajadoras del hospital. Logramos a través de amparos y cartas documentos que se abriera la sala de 1 y de 2. La de 45 días todavía no se abrió y hay una demanda de más de 50 bebés”. Pero Gutiérrez ya conoce esta historia cundo se trata del Pro interfiriendo en la educación. “Ellos quieren cerrar el jardín progresivamente. Por algo no crearon los 3000 jardines que habían prometido en campaña y crearon los Centros de Primera Infancia (CPI) que son guarderías. De 60 que había al comienzo de la gestión hoy hay 104 y el motivo es uno: precarizar el sistema educativo, volver a las viejas guarderías. En los CPI no hay maestras sino cuidadoras que cobran la mitad y están precarizadas como monotributistas”.

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Mujeres malabaristas

Hay una estadística en lo que se denomina “tasa de actividad según el número de menores de seis años en el hogar por sexo”. El estudio lo elaboró el Centro de Estudios Atenea para el cuadernillo de formación de “Mujeres Sindicalistas”—el espacio de mujeres dentro de la Corriente Federal de los Trabajadores de la CGT—. Cuando no hay niñxs en el hogar, la tasa de actividad para los varones es de un 74,3% y el de la mujer un 55.9%; Cuando hay un niñx, la tasa de actividad de los varones aumenta a un 82,2% y la mujer desciende a 50,8%; Cuando hay dos hijxs: el varón sigue ascendiendo a un 85,9% y el de la mujer sigue descendiendo a 41,6%; Y por último, con 3 menores en el hogar, los varones tienen un 83,6% de actividad y la mujer se estanca en un 37,8%.

¿Qué significan entonces estos números? Que las mujeres participan menos de la tasa de actividad del trabajo remunerado cuanto mayor es la cantidad de hijos en el hogar. Y mucho de esto tiene que ver la falta de compatibilidades que ofrece ese campo laboral a la hora de ser madres. “Las que se eyectan de la independencia económica y del espacio público son las mujeres”, advierte Laura Sotelo, secretaria de género de ATE-Capital.

Según el artículo 179 de la Ley de Contrato de Trabajo, cuya última reforma fue en el año 1974, “toda trabajadora madre de lactante podrá disponer de dos descansos de media hora para amamantar a su hijo en el transcurso de la jornada de trabajo (…). En los establecimientos donde preste servicios el número mínimo de trabajadores que determina la reglamentación, el empleador deberá habilitar salas maternales y guarderías para niños hasta la edad y en las condiciones que oportunamente se establezcan”.

Por caso, el 17 de febrero de 2017 la Cámara Nacional en lo Contencioso Administrativo Federal hizo lugar a un amparo por salas maternales y guarderías en lugares de trabajo. La acción judicial se originó en 2015, en una causa iniciada en conjunto en donde los demandantes requirieron que «se condene al Estado Nacional-Poder Ejecutivo por no haber reglamentado el artículo 179° de la Ley de Contrato de Trabajo». La Sala I ordenó entonces al Poder Ejecuto que, en el plazo de 90 días hábiles cumpla con la reglamentación.

“En el ámbito público en términos de jardines de infantes se cumple muy poco lo que dice la Ley de Contrato de Trabajo y menos aún en el resto del país”, explica Sotelo.

Ser madre y trabajadora es más difícil con un Estado que no brinda las condiciones necesarias para realizarlo. No tener garantizado un sistema de cuidados implica que las madres abandonen el mercado laboral y se genere la tan mencionada “brecha salarial”.  Por eso, cuando los Gobiernos se disfrazan de feministas, con grandes slogans, hay que estar atentos.

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Tali Goldman

Tali Goldman

Es licenciada en Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y periodista. Escribe crónicas en medios digitales como Anfibia, Nuestras Voces, Latfem, entre otros. Es columnista en el programa de radio Cheque en Blanco, que se emite en Futurock. Su primer libro La Marea Sindical, mujeres y gremios en la nueva era feminista de Editorial Octubre ya va por la segunda edición.

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