Crónica de una potencia en declive

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La toma del Capitolio evidenció el grado de polarización virulenta que creció durante los últimos cuatro años en los Estados Unidos y se sostiene en una amplia base de apoyo a Donald Trump. El nuevo presidente, Joseph Biden, deberá lidiar con el legado que deja tanto en la política nacional como internacional y con la certeza de que Trump se irá pero queda el trumpismo. Eso hace el horizonte más difuso.

Fotos Reuters

Ni el guionista más creativo hubiese imaginado una escena de la magnitud de la que vimos el miércoles en el Capitolio cuando una turba de seguidores de Donald Trump decidió tomar por asalto uno de los símbolos de la institucionalidad norteamericana.

La última vez que un acto protocolar de certificación de los resultados electorales como el que se realizó el miércoles en el Congreso tuvo incidentes fue en 1860 cuando los estados del Sur desconocieron a Lincoln y desataron la guerra de secesión.

Si bien estamos frente a contextos diferentes, el grado de polarización virulenta durante estos cuatro años fue notable y dejó una herida que no será facil de saldar.

Desde su victoria en 2016, Trump intentó construir su base de legitimidad con los olvidados del sistema, sean estos supremacistas blancos, trabajadores rurales o conservadores reaccionarios descontentos con los partidos políticos.

La pandemia borró de un plumazo los logros económicos de la gestión republicana y expuso enormes desigualdades sociales, económicas y raciales que terminaron expresadas con fuerza en las marchas del Black Lives Matter.

Así, el presidente dejó la agenda económica para abrazarse a la idea de «ley y orden» con la que pretendió justificar un estilo represivo y autoritario. En el corto plazo eso intentó ser un caballo de batalla para ganar las elecciones del 3 de noviembre pero con el correr del tiempo terminó convirtiéndose en una característica fundamental de un sector de la sociedad que vio en Trump la recuperación de valores morales y naturistas que lo configuran en un líder.

Trump azuzó con la posibilidad de fraude durante toda la campaña y esperó contar con el apoyo de su partido, de la Corte Suprema con una mayoría conservadora que él ayudó a consolidar y con la lealtad de sus votantes.

Las presentaciones judiciales entraron en saco roto, la Corte le dio la espalda y las figuras más relevantes de su partido bajaron el perfil una vez que se confirmaron los resultados en el Colegio Electoral. Solo le quedó un núcleo duro de electores y agrupaciones de extrema derecha como QAnon o Proud Boys que existían antes de la llegada del magnate norteamericano y son una continuidad de los grupos fascistas de la década del 60.

 

Trumpismo sin Trump

 

Cómo se sostiene el apoyo

El apoyo de Donald Trump se explica por varias razones. Las consecuencias del neoliberalismo globalista y la deslocalización de empresas en Estados industriales durante décadas, el sector nacional de áreas rurales y la existencia de grupos reaccionarios, antipluralistas, nativistas, ultrareligiosos, anti establishment, anti-impuestos y defensores a ultranza de la portación de armas. Toda esa ensalada hizo que el discurso de  outsider de Trump calara hondo en estos sectores que protagonizaron los episodios del miércoles.

De todas formas, el gran interrogante sigue siendo qué busca Trump tensando la cuerda de esta forma. Hay al menos dos intenciones, en primer lugar socavar la legitimidad del gobierno que asumirá el 20 de enero y para una porción muy importante de los 70 millones de votantes de Trump, es un gobierno que asume el poder luego de un fraude electoral.

El otro objetivo, tal vez el más importante, es disputar internamente el liderazgo del Partido Republicano. Trump dijo que está en carrera para el 2024 y eso pone al GOP (Grand Old Party, una manera de llamar al Partido Republicano de los Estados Unidos) en aprietos, pues, tendrá que definir qué hacer con el mandatario saliente.

El capital de Trump es que en cuatro años logró reconfigurar una base social que no está muy dispuesta a aceptar alternativas moderadas. ¿Se animarán a tirarlo por la ventana con más de 40 puntos de imagen positiva y un activo que puede movilizarse? Una candidatura independiente en ese contexto no parece ser una buena idea para los republicanos.

Lo que expone esta crisis es la ruptura de una institucionalidad que Estados Unidos cuidó hasta desde el punto de vista estético y simbólico. Esta realidad sumada a la posición geopolítica de la potencia del Norte explica la pérdida de liderazgo global de la Casa Blanca.

 

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Las consecuencias a nivel global

La estrategia antiglobalista y antimultilateral de Trump dejó el lugar vacío para el avance de China tanto en organismos internacionales como en relaciones comerciales en Asia, África y, a pesar de Washington, de América Latina.

La nueva ruta de la seda y el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructuras son herramientas de financiamiento demasiado atractivas en tiempos de necesidad de recursos y recuperación de los efectos de la pandemia.

Al mismo tiempo, viejos aliados como la Unión Europea están mostrando signos de autonomía y comenzaron a vincularse de manera más estrecha con China y Rusia. El Brexit aceleró este proceso y el tratado de inversiones con Pekín, cerrado a nivel político, garantiza a las empresas europeas un mayor acceso al mercado chino y competir en mejores condiciones con las compañías de ese país. Destaca principalmente que China haya eliminado la restricción que imponía hasta ahora a las compañías europeas de formar una empresa conjunta, lo que beneficiará a sectores como el del automóvil, los servicios financieros o el de la construcción, por ejemplo, de hospitales en ciudades como Pekín, Shanghai, Shenzhen o Tianjin. En los próximos meses tendrá que traducirse a las veinticuatro lenguas oficiales de la UE y revisarse legalmente, antes de su firma y posterior entrada en vigor.

En el caso de Rusia hay más tensiones, pero el acuerdo entre Angela Merkel y Vladimir Putin para el desarrollo conjunto de la vacuna y la coordinación en el contexto de la pandemia es un gesto que hace unos años era impensado.

Es claro que Biden puede recomponer este sistema de relaciones, pero lo que resulta complejo de cambiar es un proceso lógico de declive de la potencia que supo manejar los hilos absolutos de la agenda global.

El perfil unilateral, antiglobalista y americanista de Trump los hizo retroceder varios casilleros en la disputa global con China, que avanza como una locomotora a todo vapor. América para los americanos concentró los esfuerzos de la Casa Blanca en su zona de influencia pero eso no impidió tampoco que el gigante asiático siga siendo el principal socio comercial.

La historia demostró que a todo imperio le llega su declive. El nuevo presidente deberá lidiar con ese legado y con la certeza de que Trump se irá pero queda el trumpismo. Eso hace el horizonte más difuso.

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