De los humildes de Evita a la pobreza de Stanley

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Se cumplieron 70 años de la Fundación Eva Perón, que por primera vez trató en nuestro país a los más necesitados como ciudadanos de iguales derechos. Un contraste abismal con la estrategia de la ministra Carolina Stanley, focalizada en evitar que la pobreza desborde la política y con un ministerio plagado de funcionarios que vienen de fundaciones de visión asistencialista. Mientras tanto, la pobreza infantil sube en el país. Evita definió su trabajo así: “Lo que yo hago a favor de los humildes de mi Patria no es más que justicia. No es filantropía, ni es caridad, ni es limosna, ni es solidaridad, ni es beneficencia. Ni siquiera es ayuda social, aunque por darle un nombre aproximado yo le he puesto ese. Para mí es estrictamente justicia”.

El último informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) refleja que entre el 2016 y el 2017 la pobreza infantil pasó del 60,4% al 62,5%, es decir, creció un 2,1%. Este informe es de abril, antes de que se dispare la crisis financiera, la mega devaluación y la explosión de la inflación, por lo que es de esperar que estas cifras vayan en aumento. El informe señala que ya son más de 8.255.000 millones de chicos privados de algún derecho en todo el país. En este sentido, los datos concretos recabados son muy duros: hay un 10,4% de los chicos en todo el país que pasa hambre, mientras que un 5,8% no recibió alimentación directa. En el conurbano bonaerense esta problemática se profundiza y el informe de la UCA muestra que el déficit en el espacio del saneamiento es una “problemática central” llegando al 40% de la población infantil en el 2017.

Para un gobierno que llegó con la promesa de “Pobreza 0” son datos demoledores. Para la ministra de Desarrollo Social de la Nación, Carolina Stanley, quien ocupó un cargo similar en la ciudad de Buenos Aires bajo la gestión de Mauricio Macri, el enfoque básico del trabajo es de la c”ontención de la protesta social”.

Stanley aparece en las encuestas como el miembro del gabinete con mejor imagen y algunos hasta la mencionan como posible vice de Macri en 2019. Es un ministerio que opera sobre la base del miedo político, por eso extrema las medidas en fechas calientes como las fiestas de fin de año. Su trabajo con las organizaciones sociales podría definirse como contener que la pobreza no desborde los límites de la institucionalidad. Y los funcionarios que integran el ministerio provienen de ONG, en su mayor parte fundaciones, que en su accionar y su forma de pensar recrean el viejo espíritu de las antiguas damas de beneficencia.

Esta semana se cumplieron 70 años del decreto Nº 20.564 del 19 de junio de 1948 que dio inicio legal a la que primero se llamó “Fundación de Ayuda Social María Eva Duarte de Perón” y el 25 de septiembre de 1950, por decreto 20.268, pasó a denominarse “Fundación Eva Perón”.  Su creación constituyó un profundo cambio de paradigma respecto al tratamiento de la pobreza por parte del Estado nacional. Así lo explica la propia Eva Duarte: Perón me ha enseñado que lo que yo hago a favor de los humildes de mi Patria no es más que justicia. No es filantropía, ni es caridad, ni es limosna, ni es solidaridad, ni es beneficencia. Ni siquiera es ayuda social, aunque por darle un nombre aproximado yo le he puesto ese. Para mí es estrictamente justicia. Lo que más me indignaba al principio de la ayuda social, era que la calificasen de limosna o beneficencia.”

Carolina “Manos de Tijera” Stanley

Desde los tiempos de la presidencia de Bernardino Rivadavia la atención a los pobres tenía la forma de la beneficencia. De hecho la creación de la Sociedad de las Damas de Beneficencia estuve siempre integrada y financiada por las damas ricas de la sociedad. Era de rigor y costumbre que las Primeras Damas recibieran el cargo honorífico de la presidencia de la institución. En 1946, cuando ese dudoso blasón debió recaer en Evita, la Comisión directiva le comunicó que su escasa edad y su inexperiencia hacían imposible ese nombramiento. Eva contestó que entonces le dieran el cargo a su madre, lo cual también fue rechazado. La anécdota no debe ocultar que las diferencias de fondo eran mucho más profundas, y que el rechazo mutuo no era personal sino político. El gobierno peronista disolvió la Sociedad de Beneficencia y asumió como política de Estado el trabajo contra la pobreza.

Muchos se han preguntado la razón de que el centro del trabajo  recayó en la forma de una Fundación y no en un ministerio directamente. Eva Perón lo explicó así: “Recuerdo que alguna vez pensamos si era o no conveniente que fuese yo quien realizase la tarea, o mejor tal vez algún organismo del Estado. Y fue el mismo Perón quien me dijo: ‘Los pueblos muy castigados por la injusticia tienen más confianza en las personas que en las instituciones. En esto, más que en todo lo demás, le tengo miedo a la burocracia. En el gobierno es necesario tener mucha paciencia y saber esperar para que todo marche. Pero en las obras de ayuda social no se puede hacer esperar a nadie”.

La Fundación distribuía libros, alimentos, ropa, máquinas de coser, y juguetes para familias carenciadas del país. Se encargó de construir hospitales, escuelas, campos deportivos, hogares de ancianos, hogares para madres solteras, para jóvenes que llegaban desde el interior del país a Buenos Aires para continuar sus estudios. La Fundación brindó asistencia también a otros países, entre otros: CroaciaEgiptoEspañaFranciaIsraelUruguayParaguayBoliviaHondurasJapón y Chile.

Pobreza energética: la nueva cara de la exclusión

Eva se pasaba días enteros atendiendo reclamos y escuchando necesidades, tratando de resolverlas y ejecutando obras. Funcionó primero en el Palacio Unzué, actual Biblioteca Nacional,  que era la Residencia presidencial, luego pasó a el palacio del Correo. Y Luego al Concejo Deliberante. Eva Perón pensó en una sede permanente para la Fundación. Para ello, se encargó la construcción de un edificio en la Avenida Paseo Colón 850 de la Ciudad de Buenos Aires, que Eva Perón no llegó a inaugurar por su fallecimiento.3​ En 1956 el edificio fue destinado por la dictadura militar que tomó el poder en 1955 a la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires al disponerse la disolución de la Fundación.

El gigantesco trabajo realizado de acción social no tenía como objeto contener la protesta social, base del actual paradigma, sino la restitución de derechos, aquella idea de enunciación simple y contenido profundo “donde hay una necesidad hay un derecho”. En los campeonatos de fútbol “Evita” llegaron a competir 200.000 jóvenes. Una proeza para aquellos tiempos. Y el objetivo de fondo era el cuidado de la salud. La condición para participar era que debían hacerse un chequeo médico, y cuando se detectaban irregulaidades se derivó al niño a la atención especializada. El lugar donde actualmente funciona el Museo Evita, en pleno centro de un barrio paquete, era un lugar de residencia para madres solteras que recibían todo tipo de cuidados y capacitación para insertarse en el mundo laboral.

Tal vez, uno de los documentos más ilustrativos de lo que no se le perdonaba a Eva Duarte es la acusación de ser excesivamente generosa con los pobres. En el informe realizado por la comisión que investigó a la fundación que ella presidía después del derrocamiento de Perón en 1955 se dijo: “Desde el punto de vista material la atención a los menores era múltiple y casi suntuosa. Puede decirse, incluso, que era excesiva. Y nada ajustada a las normas de sobriedad republicana que convenía, precisamente, para la formación austera de los niños. Aves y pescado se incluían en los variados menús diarios. Y en cuanto al vestuario, los equipos mudables se renovaban cada seis meses…”.

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Sergio Wischñevsky

Sergio Wischñevsky

Historiador, periodista y docente de la UBA. Columnista en Radio del Plata en el programa Siempre es hoy. en Radio Nacional en el programa Gente de a Pie y en La Liga de la Ciencia.

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