Deconstruyan a la UAR

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La Unión Argentina de Rugby (UAR) dio marcha atrás con la suspensión a los Pumas de los tuits de la vergüenza y la polémica se encendió de vuelta. ¿Es posible un rugby inclusivo? Contestan desde el club Ciervos Pampas, un colectivo que pelea contra el racismo y la xenofobia integrado por gays, lesbianas, maricas y personas trans. Y dicen: “Escrachar a los jugadores no es la mejor forma de solucionar el racismo en Argentina”.

El periodista especializado en rugby Jorge Búsico cuenta que los Springboks, la selección de rugby masculino de Sudáfrica, fueron durante muchos años el símbolo del Apartheid. Pero hicieron un camino de reconstrucción. Nelson Mandela, el primer mandatario negro y el primero en resultar elegido por sufragio universal en su país, fue clave. Francois Pienaar, el capitán que levantó la Copa del Mundo con el propio Mandela al lado en 1995, odiaba a los negros cuando tenía 19 años. Durante años, sólo los blancos participaban en la selección. “Y no era que no había negros que no practicaran el deporte: no los dejaban jugar”, dice Búsico.

El rugby volvió a estar en el centro de la escena esta semana, como ya ocurrió en otras ocasiones durante el año. Se trata del rugby como deporte protagonizado por varones, porque, aunque eso no aparezca reflejado, la construcción que se hace parece indicarlo. “Como el fútbol, se edificó históricamente como un espacio de varones cis heterosexuales”, escribió el sociólogo el investigador del Conicet Nicolás Cabrera.

En la previa a su partido contra los All Blacks, el seleccionado argentino quedó expuesto: apenas utilizó una cinta negra para homenajear a Diego Armando Maradona, mientras que los neozelandeses colocaron una camiseta negra con su nombre y el número 10 sobre el césped. La escena fue evidente: con Los Pumas formados en la mitad de la cancha para esperar el «haka», el jugador Sam Core dejó una camiseta de su selección en el césped con el nombre de Maradona y su mítico número 10. Ningún argentino la levantó.

Mientras en el país se criticaba lo ocurrido en el Tres Naciones, en las redes sociales circularon tweets racistas del capitán de Los Pumas, Pablo Matera, y sus compañeros Guido Petti y Santiago Socino. Era publicaciones de los años 2011, 2012 y 2014 que contenían racismo, xenofobia y odio de clase. Por esto, la Unión Argentina de Rugby (UAR) los sancionó: revocó la capitanía de Matera y suspendió a los otros dos jugadores. Sin embargo, luego de las declaraciones de arrepentimiento de los jugadores ante el comité de disciplina (y antes del partido clave del próximo sábado) la UAR levantó la sanción y restituyó la capitanía a Matera argumentando que «el sostenimiento de las medidas preventivas resulta innecesario».  

En el 2020 los históricos valores del rugby fueron cuestionados. A principios de año un grupo de jugadores asesinaron a Fernando Báez Sosa a la salida de un boliche. Meses atrás, circuló un video en el que otros jugadores violentaron a una persona en situación de calle. Ahora, otra vez.

Esto con Macri no hubiera pasado

“El rugby tiene que seguir tratando de corregirse y buscar otro modelo, distinto a los mensajes que escribieron en sus tweets los jugadores”, dijo Búsico en una entrevista brindada al programa “Todo este Ruido”, que se emite por Radio Provincia. El periodista además es autor de El Rugido: Sudáfrica 1965 – el Nacimiento de Los Pumas y coautor de Ser Puma.

Claudio Gómez también es periodista y escribió “Maten al rugbier”, un libro que recupera la historia de los desaparecidos de La Plata Rugby Club. “Están bien las sanciones -opina-. Incluso si pensás en el fútbol los fines de semana están jugando jugadores que tienen denuncias por violencia de género y sin embargo entran a la cancha como si nada todos los fines de semana, es un avance. Lo que pasa es que la UAR reacciona no por principios, sino porque la sociedad los obliga a dar ese paso”

El rugby también tiene una deuda con la Memoria, la Verdad y la Justicia. “Los All Blacks parece que les corrigieran el camino”, dice Gómez. El año pasado, los neozelandeses vinieron a jugar a Argentina contra Los Pumas. Visitaron la ex ESMA con la intención de conocer la historia. Y otra vez, la antítesis: el seleccionado argentino no pasó por ahí jamás, pero además nunca reconoció a sus víctimas. Hay 152 rugbiers desaparecidos durante la última dictadura cívico-militar.

Hubo reclamos a la UAR, que recibió por primera vez a familiares de desaparecidos y organismos de derechos humanos. Pero todavía no hubo gestos de la entidad.

Ciervos Pampas: la contracara de los Pumas

Desde el club Ciervos Pampas, un colectivo que pelea contra el racismo, la xenofobia y que está integrado por putos, lesbianas, maricas y personas trans, Caio Varela considera que “escrachar a los jugadores no es la mejor forma de solucionar el racismo en Argentina”.

“El capitán de Los Pumas no puede tener esa postura -analiza-. Yo prefiero creer que no piensan más así. Y me parece que el problema es institucional, no es individual”. Para Varela, en la actualidad hay una disputa: “Hay una construcción de un deporte liberal y otra con una perspectiva de derechos. El deporte por mucho tiempo representó un privilegio. Por eso el desafío es verlo como un derecho”.

Los Ciervos Pampas juegan el torneo empresarial de la Unión de Rugby de Buenos Aires: no son parte porque no cumplen todavía con todos los criterios que la entidad exige.
Participaron de capacitaciones hablando de diversidad, de talleres de rugby y masculinidades. En su propio club tienen una escuela de formación de derechos humanos. Se chocaron con la homofobia. Saben que seguirá sucediendo.
“Tratamos de construir una nueva mirada para garantizar que el deporte sea para todes”, dice. Dan la pelea desde adentro. “No nos parece etiquetar al rugby como un deporte racista, homofóbico. Para avanzar en el debate hay que reconocer la existencia de esos problemas sociales”.

Cecilia “Tana” Di Costanzo es una ex jugadora y actual entrenadora de rugby. Cuenta que le duele lo que está sucediendo. “Es un juego hermoso pero con una carta cultural y moral muy ya pasada y muy dañina, muy nociva”, dice. Y agrega que el homenaje a Maradona debió ser una decisión política de la UAR, no una responsabilidad de los jugadores. ”Esa tibieza tiene que ver con que Diego representa todo lo que el rugby institucionalizado, tradicional, macho, no quiere ser: negro, villero y popular”.

Integrante de la comisión de género del club Universitario de La Plata, Di Costanzo considera que la sanción a los jugadores fue una forma que eligió la UAR para sacarse el problema de encima. “Seguimos evadiendo el mirarnos hacia adentro: ¿por qué uno de los nuestros sale del perímetro de la cancha y se comporta peor? Hace afuera lo que no hace adentro. ¿Por qué uno de los nuestros ve al mundo de esa manera? A mí el rugby me permitió madurar, desarrollarme como persona, hacer amigues. Me duele que sea generador de dispositivos violentos. La Unión deja solos a estos jugadores. Es una Unión que piensa con lógica de corporación y mantiene viva una cultura del siglo XIX”.

Juan Branz, doctor en Comunicación y autor de «Machos de verdad. Masculinidades, deporte y clase en Argentina», propone que el rugby es “una excusa magnífica para pensar a las clases dominantes” y trabaja sobre las lógicas que articulan una masculinidad dominante.

Di Costanzo tira paredes con estos conceptos: “Un deporte que se enuncia inclusivo se manifiesta en acciones discriminatorias. Como no permitirle a las mujeres ingresar a los clubes para jugar al rugby. Tiene que ver con una cultura que contiene una tradición muy arraigada en una forma de concebir la masculinidad que se basa en lo cis, lo heterosexual, lo blanco y lo dominante en cuanto a clase”.

Mientras esta nota se terminaba de escribir, la UAR levantaba las sanciones a los jugadores, 48 horas después de haber resuelto los castigos. Este sábado a la madrugada el seleccionado volverá a jugar en el Tres Naciones, bajo el paraguas de una Unión que sigue sin tomar decisiones para modificar problemáticas de raíz. Ser Puma, parece, es también tener a la UAR como dirigencia a cargo.

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Ayelén Pujol

Ayelén Pujol

Ayelén Pujol es periodista deportiva y escribe para distintos medios: Nuestras Voces, La Nación, Página 12 y RED/ACCIÓN. Además es columnista de deportes en Radio Provincia y comenta los partidos de Boca y River en Radio Del Plata. Publicó dos libros sobre fútbol femenino, su especialidad: ¡Qué Jugadora! y Barriletas Cósmicas, ambos sobre la historia de las mujeres futbolistas. Hubiera querido ser jugadora y por eso despunta el vicio en el Norita Fútbol Club. A veces, hace goles.

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