Dicen GAN y nos ajustan

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El jefe de Gabinete, Marcos Peña, anunció que el Gobierno de Mauricio Macri busca un Gran Acuerdo Nacional (GAN), iniciativa que en la historia política argentina tiene dos antecedentes. El gobierno de facto de Agustín Lanusse y el de Fernando de la Rúa en su abismo final. Como el objetivo del acuerdo es “bajar el déficit” y no se anunciaron impuestos a los más ricos, la meta explícita es profundizar el ajuste en el presupuesto 2019. 

Podría expresarse como una máxima política: cada vez que un gobierno comienza a sentirse arrinconado y sin salidas lanza la propuesta de un Gran Acuerdo Nacional (GAN). En un giro dramático a lo que vino sosteniendo en estos dos años y medio desde que asumió la presidencia, el gobierno de Macri, a través de su jefe de gabinete Marcos Peña, sostuvo: “Creemos que el marco para un gran acuerdo nacional es el Presupuesto 2019”, lo dijo después de una multitudinaria reunión de gabinete en la Casa Rosada. El gran acuerdo entonces llega para consensuar recortes presupuestarios y estar a la altura de las exigencias del FMI.

Luego agregó “Allí nos tendremos que sentar todas las partes, con una enorme apertura, generosidad y responsabilidad para no mentirle más a la gente, porque no podemos seguir pensando eternamente que la culpa es de otros”, casi pareció una autocrítica. Por si quedaba alguna duda del verdadero objetivo del llamamiento al GAN, el jefe de gabinete sentenció “Esta nueva situación, ese nuevo piso de confianza, se produce por dudas que se han generado por el compromiso del conjunto de la dirigencia argentina para llegar al equilibrio fiscal”.

La nueva utopía para la unión de los argentinos se llama “equilibrio fiscal”, y como hasta ahora nadie del gobierno habló de potentes impuestos a las grandes riquezas, está más que claro que el camino a esa utopía es el ajuste.

En el Fondo son hinchas de Macri, del ajuste y de River

Macri, entre Lanusse y De la Rúa

A los grandes profesionales de la comunicación de Cambiemos se les escapó el detalle de que el primero que lanzó la propuesta de un GAN fue el dictador Alejandro Agustín Lanusse, en 1971, en un intento de darle una salida lo más ordenada posible al gobierno militar que se había instalado en Argentina en 1966 y que desde el Cordobazo de 1969 estaba en franco y acelerado retroceso. El otro gobierno que también intentó el recurso de un gran acuerdo fue el de Fernando De la Rua en los minutos finales antes de su naufragio.

Cuando la dictadura autodenominada “Revolución Argentina” se emplazó en el poder con Juan Carlos Onganía a la cabeza, en sus sueños delirantes proyectaron veinte años de gobierno. Tenían un verdadero idilio con la prensa dominante y con gran parte del establishment. Las movilizaciones en Córdoba del 69 y en varias provincias más, desencadenaron un reemplazo de Onganía por Roberto Marcelo Levingston, quien más moderado, se pensó gobernando por cinco años, y a los nueve meses se tuvo que ir. En ese contexto asumió la presidencia Lanusse, que, en una visión más realista, se propuso abrir una salida política, descomprimir las tensiones y moderar la virulencia creciente de las organizaciones políticas. La primera idea de Lanusse fue consensuar un programa y un elenco de gobierno y someterlo a elecciones, que incluyeran al peronismo pero que excluyeran a la persona de Perón. Nada menos.

Salvar el honor de las FFAA pareció el argumento fuerte para convencer a los militares de que se debía permitir al peronismo presentarse a elecciones luego de la evidencia de que su proscripción conducía a fracasos recurrentes. A diferencia de la serie de elecciones iniciadas en 1958. las que concluyan con la Revolución Argentina no se realizarían con el peronismo proscripto.

Acorde con el conjunto de estas ideas, el 12 de abril de 1971 se anunció oficialmente la rehabilitación de la actividad política en todo el país, levantándose la prohibición a actuar a los partidos y devolviéndoles sus bienes. Ese mismo día, el Ministro del Interior anuncia que comenzará una ronda de invitaciones a sus representantes. Simultáneamente se prometía enviar un plan a la Junta y comenzaba a integrarse una comisión de eruditos como asesores de la Comisión Coordinadora del Plan Político para proponer reformas a la Constitución, y la redacción de la Ley Electoral y el Estatuto de los partidos. Entre esos eruditos estaban entre otros: Carlos Fayt, Jorge Vanossi, Germán Bidart Campos y Julio Oyhanarte.

Francisco Manrique desde el ministerio de Desarrollo Social se imaginó como la salida política posible, el candidato del régimen, recorrió las provincias haciendo promesas y otorgando beneficios, los cañeros tucumanos lo recibieron al grito de “Manrique, Perón, un solo corazón”.

En su primera reunión con la CGT a mediados de abril, Lanusse define al área de esta manera: “¿Saben qué es el Ministerio de Bienestar Social? Ni más ni menos que la Fundación Eva Parón. Claro que nosotros entendemos que en lugar de manejarlo un particular lo debe hacer el Estado”

Desde el gobierno se eligió al radical Arturo Mor Roig como mediador y se le encomendó ofrecer a Perón todas las reivindicaciones que demande, a cambio del apoyo a un candidato extrapartidario en las elecciones presidenciales. El candidato podría ser… el propio Lanusse. Claro que Perón tenía otra idea sobre lo que estaba pasando. En una carta del 5 de abril a Julian Licastro, que lideraba a los grupos juveniles escribió: “Pienso que los que necesitan dialogar son los agentes de la dictadura que tienen en sus manos el más grave problema… Ellos lo tienen todo en contra; nosotros, por primera vez, todo a favor. No cometamos el error de no aprovechar esto apropiadamente. Esa mejor manera será únicamente aprovechable si somos capaces de cumplir lo que aconseja Clausewitz: desarmar a nuestros enemigos para imponer nuestra voluntad,»

Agencia nacional de ajuste a discapacitados

El Capitán de Navío Aldo Luis Molinari declaró en un noticiero de televisión: “Con los peronistas todo; con Perón nada”.  Cualquier parecido con la actualidad no es mera coincidencia. Este argumento de reconciliación y negociación con el partido, manteniendo la condena a su líder fue el centro de la posición de los seguidores de Isaac Rojas.

Pero para que el GAN fuera completo hacían falta los radicales. En febrero del 71, Ricardo Balbín,  de la UCR, declaró a la prensa lo que era el núcleo del GAN: “ninguna reforma económica importante podía llevarse adelante si no era impulsada por un gobierno respaldado por una mayoría popular. Según el historiador Alan Rouquié durante todo este período “La dirección de la economía permanece marcada por una orientación liberal ortodoxa”.

Perón se desmarca de esta propuesta y mantiene con Lanusse una oposición intransigente, al punto de que se niega a condenar las acciones de las organizaciones armadas. Perón juega sus cartas en su propia idea de acuerdo nacional en el marco de lo que se dio en llamar La Hora de los Pueblos, donde participaron gran parte de las fuerzas democráticas. Es en ese contexto que se produce el legendario encuentro con Balbín.

Jubilaciones y pensiones, la variable de ajuste

Lanusse va retrocediendo, la conflictividad social es explosiva, y ante la presión que recibe para que se le permita a Perón volver al país suelta en 1972 el famoso exabrupto que se le va a convertir en un boomerang: “Si Perón necesita fondos para financiar su venida (sic), el presidente de la República se los va a dar. Pero aquí no me corran más a mí, ni voy a admitir que corran más a ningún argentino, diciendo que Perón no viene porque no puede; permitiré que digan porque no quiere, pero en mi fuero íntimo diré porque no le da el cuero para venir”. Perón volvió y el GAN se convirtió en arena. En una entrevista comento “el GAN, que solo está en la imaginación, tiene por objeto convocar a elecciones anticipadas para salvar así el prestigio y el honor de las Fuerzas Armadas. Claro, lógicamente, tiene que fracasar. ¡Como el objetivo es tan pequeño!” y remató “Porque lo que hay que salvar es a la República Argentina, no a las FFAA”.

De la Rua en su fase final previa a la caída intentó, con mucha menos repercusión aún, un llamado a un acuerdo nacional. Lo llamativo de estas propuestas, que por lo general son salvavidas de plomo, es que no vienen acompañadas de grandes proyectos, son siempre intentos desesperados de supervivencia.

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Sergio Wischñevsky

Sergio Wischñevsky

Historiador, periodista y docente de la UBA. Columnista en Radio del Plata en el programa Siempre es hoy. en Radio Nacional en el programa Gente de a Pie y en La Liga de la Ciencia.

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