El ascenso de Choquehuanca en la puja por suceder a Evo

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La candidatura presidencial del MAS de Evo Morales que se definirá en Hotel Bauen de Buenos Aires el próximo domingo, cuando expiraba el mandato constitucional del derrocado presidente boliviano. Y la fórmula se lanzará el miércoles en Deportivo Españo. El intelectual aymara Abraham Delgado Mancilla asegura explica por qué “la candidatura de Choquehuanca implica un giro político”.  El ascenso de los aymaras sobre los quechuas.

El Movimiento al Socialismo (MAS) definirá su fórmula presidencial el próximo domingo en un congreso de su partido que se desarrollará en el Hotel Bauen de Capital Federal. Tres días más tarde el presidente derrocado Evo Morales anunciará los nombres del binomio electoral en un acto político que tendrá lugar en el estadio del Deportivo Español. La fecha no es casual, el día 22 de enero expira el mandato constitucional del primer presidente indígena de su país, por lo tanto el evismo busca homenajear el cuarto período presidencial del denominado proceso de cambio, un tramo de la era Morales que fue interrumpido a punta de pistola por la coalición supremacista blanca que impuso a la Senadora rubia Jeanine Áñez en el Palacio Quemado.

El debate electoral interno del MAS ha tomado temperatura. Acorde a un movimiento heterogéneo en su composición, tanto a nivel de clases sociales como de identidades étnicas contenidas, las distintas corrientes del evismo buscan posicionar a sus dirigentes en el nuevo mapa electoral del partido. Un tablero emergente, de nuevo tipo, forzado por la proscripción política que padecen sus máximos dirigentes, Evo Morales y Álvaro García Linera. En ese sentido, en la última reunión federal del MAS, realizada el sábado en un municipio de Oruro, los dirigentes reunidos se pronunciaron mayoritariamente a favor de la fórmula David Choquehuanca –ex Canciller y originario de la comunidad aymara- Presidente, Andrónico Rodríguez Vicepresidente –segundo de Evo Morales en los poderosos sindicatos cocaleros de Cochabamba-.

Nuestras Voces dialogó con el reconocido intelectual aymara Abraham Delgado Mancilla, con formación de grado en Derecho y una maestría de postrado en Estudios Críticos del Desarrollo dictada por la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz. La voz de Delgado Mancilla sirve para entender el ascenso político de Choquehuanca ya que su vida política está anclada en la comunidad aymara y en la zona territorial de El Alto, dos vectores sociales que parecen ganar cuotas de poder en la discusión doméstica del MAS. “Soy aymara, vivo desde 1993 en la zona de El Alto, desde ahí vivo, lucho, leo, pienso y existo como aymara. Tengo varias publicaciones, las primeras más de carácter teórico, donde he indagado sobre el nacionalismo aymara”, resume Delgado Mancilla a modo de presentación.

-¿Quién es y qué implica la candidatura de David Choquehuanca?

-En principio el ex Canciller tiene aceptación social porque su perfil se adapta más al proyecto político expresado en la Constitución original del MAS. A ver, en términos de distribución de poder, la comunidad aymara tiene un fuerte poder político en Bolivia; quizás no tanto a nivel de población, porque en número de personas somos la segunda nación según el Instituto Nacional de Estadísticas, ya que en primer lugar se encuentra la población quechua, y en tercer lugar están los guaraníes. Pero, repito, en términos políticos, la voz de la comunidad aymara es la que define el rumbo del país.

-¿Por qué alude a la primacía aymara? Andrónico Rodríguez (número dos en los sindicatos cocaleros de Cochabamba) tiene ascendencia sobre la comunidad quechua, que es la más numerosa del país. ¿No debería ser el heredero político y gremial de Evo Morales también su relevo electoral?

-No, porque Andrónico representa los intereses de la comunidad quechua, y términos políticos por más numerosa que sea esa comunidad carece del poder político que sí posee la población aymara. El sector quechua, si se quiere, carece de la fuerza política de la población aymara. Además la comunidad quechua está muy recostado territorialmente en la zona de El Chapare, y en términos de votos no termina teniendo peso a nivel federal. En ese sentido es que en la zona occidental del país crece el sentimiento de rechazo hacia los quechuas que está resumido en una expresión de uso común en el habla diaria: “los quechuas no nos van a manejar más, los cocaleros no pueden decidir más sobre nosotros”. Por eso el impulso que está tomando la comunidad aymara en el actual debate interno del MAS para asumir una posición de mayor poder en el comando político. Conclusión, el ascenso de Choquehuanca en el último ampliado representa ese ascenso político.

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-¿Un ascenso vinculado a las necesidades electorales del MAS?

-Claro, en términos electorales la zona de El Alto es el centro y el núcleo del poder electoral. Porque estamos hablando de 600 mil electores concentrados en esa zona. Por el contrario la zona de El Chapare, de donde proviene Andrónico, no representa ese caudal de votos. Cochabamba no llega ni a la mitad de ese peso electoral. Por otro lado, es evidente que el MAS no va a poder sintonizar con los deseos electorales de los sectores medios blancos, esa franja de la  sociedad va a votar por Carlos Mesa. Entonces el MAS tiene un voto duro en el sector indígena, en provincias y ciudades intermedias, y en las zonas periféricas de ciudades grandes como La Paz, Santa Cruz de la Sierra o Cochabamba.

-Entonces, Choquehuanca implica el ascenso del sector aymara. En términos políticos o programáticos, ¿Cuál es su perfil?

-Choquehuanca tiene una visión gradualista, en términos marxistas posee una mirada reformista, por eso un sector del MAS impulsa su candidatura, porque entiende que su perfil no colisiona con los sectores medios. Además, insisto, el núcleo del poder electoral del MAS reside en El Alto, y ahí Choquehuanca tiene mucha ascendencia.

-¿Quién es en términos políticos Luis Fernando Camacho? 

-Camacho es hijo de un empresario poderoso de Santa Cruz, es ese sentido en él opera una herencia económica y por lo tanto política similar a la que obtuvo Mauricio Macri en Argentina; pero incluso su tendencia ideológica es más dura y conservadora con respecto al perfil de Macri. En ese sentido la matriz de pensamiento de Camacho comulga más con la de (Jair) Bolsonaro. En segundo lugar es importante entender que el departamento oriental de Santa Cruz es un territorio apuntalado desde principios del siglo XX con muchos fondos provenientes de la cooperación norteamericana, millones de dólares de EE.UU. se han volcado a favor del desarrollo de la infraestructura y de la agroindustria de dicho departamento. A su vez, Camacho proviene de una nueva generación política de ese enclave, una generación con algunas particularidades: no tienen problemas en tender puentes con el occidente del país y así superar el clásico separatismo de la élite cruceña. 

-¿Qué gravitante es la Unión Juvenil Cruceñista en el nuevo armado de poder boliviano?

-Bueno, una de las etapas en la carrera política de Camacho se dio en ese grupo de acción político. En ese sentido la elite cruceña, de la que es parte la Unión Juvenil, es hábil en sus movimientos políticos, a diferencia de otros grupos de derecha que han sido más intransigentes. Es más, empresarios muy importantes de esa zona han acordado cogobernar con el MAS cuando Evo Morales gobernaba el país. En términos políticos, la Unión Juvenil Cruceñista operó siempre como grupo de choque cuando los sectores dominantes de Santa Cruz entraban en un proceso de discusión con Morales, esa situación se aceleró por supuesto a partir de la última elección presidencial, donde el sector de Camacho ganó la puja interna entre el empresariado de Santa Cruz. Por último, el proyecto supremacista blanco no es una novedad en Bolivia, nuestro país se ha constituido desde nuestra fundación con la lógica política de los sectores blancos, o más bien con la lógica de los sectores criollos y mestizos. 

-¿Qué representa la candidatura de Carlos Mesa?

-Mesa es un político liberal, pero de tendencia postmodernista y ambientalista que juega a la política de manera astuta. Él busca continuar el proyecto del MAS con algunas reformas, para colocarse en la oferta electoral como una opción de centro. Básicamente representa las aspiraciones de la clase media, su origen incluso no es parte del empresariado rico como Camacho. Por eso pudo contener en los últimos comicios a los sectores sociales descontentos con el MAS.

-¿Cuál es el contrato interétnico al que alude en sus escritos?

-Me gustaría empezar por hacer la siguiente consideración: en Bolivia no hay 36 naciones como indica la Constitución Plurinacional. En la práctica en nuestro país existen tres naciones concretas: la aymara, la quechua y la guaraní, sobre esa base identitaria se asienta todo. Parte de la derrota consumada en el golpe político de noviembre de 2019 se originó en la incapacidad del gobierno en poder contener una tensión que fue in crescendo entre los sectores no indígenas contra la comunidad indígena. Por eso propongo y propugno por un contrato interétnico. En la zona occidental del país prima la visión de la comunidad aymara, en la zona de los valles resuena la voz de los quechuas, y en el oriente pesa la cosmovisión de los guaraníes. Mientras esas tres naciones no hagan una especie de pacto de convivencia con la comunidad blanca del país no vamos a tener paz en Bolivia.

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Emiliano Guido

Emiliano Guido

Periodista especializado en política internacional. Forma parte del Programa de Integración Regional y Financiamiento para el Desarrollo en Fundación SES (Argentina). Ganador del Premio José Martí (2006) otorgado por la agencia Prensa Latina.

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