El coronavirus y el miedo a los trumpistas marcan el día 0 de Biden

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«Se siente como estar en una base militar», resume Bárbara, una vecina de Washington, ciudad que todavía no se recupera de la imagen del Capitolio tomado. La jura de Joe Biden será con apenas 1.000 invitados y no habrá público, por seguridad y por la pandemia. Tampoco tendrá apretón de manos con el saliente Donald Trump, refugiado en un condominio de Miami.

DESDE WASHINGTON.- Si la pandemia del Coronavirus ya había limitado los actos del día asunción del presidente electo Joe Biden en la capital de los Estados Unidos, la toma del Capitolio del 6 de enero le terminó de quitar el brillo: la ciudad se blindó como nunca antes para una jura presidencial.

El saliente Donald Trump no participará de la ceremonia y abandona la Casa Blanca horas antes del acto; es la primera vez en más de 150 años que no hay traspaso de mando presencial. Pero el fantasma de Trump sigue allí y el temor a que sus fanáticos hagan estallar la violencia nuevamente hizo que se despegara una fuerza de la Guardia Nacional superior a los 25 mil efectivos, a los que se sumó la policía. 

En general, además de los ciudadanos de a pié que concurren a recibir el nuevo gobernante, otras miles invitaciones son ofrecidas a políticos y autoridades para que estén el acto; esta vez se plantaron 200 mil banderas en la explanada del Capitolio y se invitó al público a quedarse en su casa. No habrá baño de popularidad. El 2021, por causa de la pandemia, solamente un 10% las invitaciones fueron enviadas, unas 1000 en total. Como Joe Biden jurará sin mascarilla, quienes estén cerca de debieron hacerse un hisopado previo.

Las presentaciones de Jeniffer Lopez y Lady Gaga, que ejecutará el himno nacional, están pensadas para la TV. El capitolio apenas puede ser visto de lejos y tras las rejas que apartan la gente común de los los uniformados, muchos de ellos armados, que circulan en las manzanas que rodean al edificio. 

Un pequeño recorrido por la zona, deja postales de la paranoia que se apoderó de Washington. Un muchacho es interpelado frente a esta cronista porque… llevaba una valija. La policía lo interceptó, interrogó y luego estuvo una hora examinando el contenido mientras seguía interrogando al hombre. 

Las alertas están al máximo desde que, el viernes 15,  la Policía del Capitolio arrestó a un hombre que intentó entrar en el perímetro cercado del centro de Washington con una acreditación falsa, al menos un arma y más de 500 balas de munición, según informó la cadena televisiva CNN.

Cómo lo vive la gente 

El vallado que protege el edificio, símbolo de la Democracia del país del norte, también lo separa de la población.  «Yo vivo aquí hace 5 años y nunca había visto nada parecido a esto», me cuenta Deija. Quien me dice que «D.C. es un lugar hermoso, las personas están siempre por las calles, se divierten fuera de sus casas, y ver todo así bloqueado es algo que nunca imaginé como una vecina de acá», confiesa. «Especialmente para una persona de mi edad, yo tengo 33, entonces, solía estar en este lugar donde estamos ahora pasando el rato con mis amigos», recuerda. Ella me dice que en una situación normal asistirá a la jura de Joe Biden este miércoles, pero lo verá desde casa y así dará su apoyo virtual al nuevo presidente.

«Eso es todo muy raro», me cuenta Bárbara, quien estuvo en el Capitolio el 6 de enero antes de que los insurgentes se pusieran violentos. «Yo no soy una seguidora de Trump, pero me acerca aquel día alrededor de las 2 de la tarde para ver qué estaba pasando», recuerda. 

«¡Realmente fue un muy mal momento! En general, yo voy al Capitolio por paz, aquel edificio me da la sensación de seguridad y siento que ahora, de alguna forma, se lo ensució, que este símbolo fue violado», se lamenta. «Y ahora, con todos estos hombres acá, me siento más protegida. Seguimos preocupados, pero me gusta lo que ellos están haciendo». Y lo resume «Se siente como estar en una base militar». 

La inmigrante mexicana Fiorela, quien paseaba su perro tranquilamente como si fuera un día normal, dice que la situación es «muy triste porque esta es una zona muy bonita, pero viendo como era antes y como está ahora es algo triste. Entre pandemia y las manifestaciones estamos viviendo en constante encierro, ya quisiera yo que se acabe esto». Su casa está apenas a dos cuadras del Capitolio. 

Más allá de la seguridad, lo que viene la esperanza. Sobre la llegada de Biden dice: «Tal vez va a mejorar mucho. Espero también que este virus se pueda controlar y que salgamos de esta situación, pues es tristisimo no poder disfrutar la vida, como la disfrutamos antes», dice expectante . 

Y resume la toma del Capitolio como una falta de respeto de parte del pueblo hacia el país. «Yo no estaba en la ciudad el 6, pero solo de verlo por televisión, lloré. Todavía no lo puedo creer. Ojalá que esa gente piense que le faltó al respeto a su país», afirma sobre los seguidores de Trum llevaron a que su ciudad este sitiada hoy. 

«Es bastante intenso todo, son tiempos difíciles acá», me cuenta Ryan Queen, quien vive y trabaja por la zona. «Es aterrador pensar en los hechos como los ocurridos el 6 de enero, así como da miedo ver todo este personal militar alrededor. Pero, al mismo tiempo, te hace sentir mucho más seguro», naturalizando la situación porque este tipo de seguridad «se volvió necesaria ahora». 

«Estamos un poco atrapados acá, al menos hasta que la semana termine», reconoce. «Es algo que vamos a tener que celebrar en casa», dice Ryan. Y así resume la situación de la mayoría los ciudadanos de la capital estadounidense quienes, al menos por este año, tendrán que renunciar a vivir su fiesta democrática y digerir que el sistema de gobierno sufrió uno de sus más grandes embestidas de la historia 

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