El dependiente Macri

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El presidente y candidato Mauricio Macri tiene un 9 de julio de campaña, participando de tres actos oficiales en pleno tour electoral. Pero lejos de reivindicar la independencia, su gobierno es la suma de las políticas de la dependencia, desde el FMI a la Unión Europea, desde Trump hasta la Fondos Buitre. De aquel proyecto independentista de 1816 a esta realidad trasnacionalizada.

En contraste con el lánguido 9 de julio del año pasado, el presidente Mauricio Macri ha elegido en esta oportunidad realizar un intenso recorrido participando en tres actos oficiales. No es que lo motive levantar la mística del relato independentista, muy por el contrario, se trata de aprovechar la oportunidad para seguir en el modo “campaña electoral”, en la cual la impresionante maquinaria electoral del oficialismo ya está con todos los cañones apuntando a las próximas PASO del 11 de agosto.  

El presidente debutará formalmente en la campaña junto a Miguel Ángel Pichetto en Tucumán, para la celebración del 9 de julio. Allí, participarán en un acto relámpago en la Casa Histórica y luego regresarán a Buenos Aires para asistir a un desfile militar en Palermo y del Tedeum a cargo del arzobispo porteño y primado de la Argentina, monseñor Mario Poli, en la catedral metropolitana.

Los números del desastre económico macrista

Los festejos del desfile militar comenzaran cuando los músicos y efectivos, acompañados por 16 aeronaves piloteadas por integrantes de la Fuerza Aérea, inicien su marcha y repertorio musical por la avenida Del Libertador, en el tramo entre las calles Salguero y Dorrego. Es el regreso de la centralidad, en los actos por la independencia, de las FFAA y el paso a segundo plano, como meros espectadores que agitan banderas, de los sectores populares.

Hablar de Macri y de la Independencia nacional es un verdadero oxímoron. Si hacemos un pequeño recorrido por la gestión de Cambiemos vamos a encontrar que muchísimas de las medidas adoptadas han generado mayor dependencia.

Un pequeño repasito: Quintuplicaron el valor del dólar  (o sea que la moneda nacional perdió peso), aumentaron la deuda externa en u$s 190 mil millones y nos convertimos en el principal deudor del FMI, inflación y devaluación mediante tenemos el sueldo más bajo en dólares, después de Venezuela, de toda la región. Por si fuera poco, desmantelaron el Conicet y con ello hipotecaron las posibilidades de desarrollo científico autónomo nacional, abrieron importaciones sin control y produjeron la caída industrial más grande de la historia, mandaron 11 mil kilos de oro del tesoro argentino a Gran Bretaña, único país con el que hay un conflicto geopolítico por nuestro reclamo por Malvinas, primarizaron las exportaciones y nos pusieron otra vez más cerca de ser meros proveedores de materias primas, prácticamente regalaron Arsat, provocaron el cierre de 85 mil comercios, llamaron a un blanqueo de dinero fugado del que participaron todos los miembros del gobierno, el presupuesto de pauta publicitaria gubernamental es más alto que el de educación, facilitaron la fuga de 133 mil millones de dólares. Hoy somos mucho más dependientes que en 2015. 

El proyecto de la Independencia

En 1816, en la histórica casa en la que se declaró la Independencia, el texto de la proclama se repartió y leyó en castellano, quechua y aymara. Era la invitación a sumarse a un proyecto independentista, un proyecto que no acabaría con la declaración de independencia sino que ese sería el puntapié inicial.

Muchísimas diferencias internas atravesaban el territorio de las Provincias Unidas del Rio de la Plata. Unidas era justamente lo que no eran. En rigor de verdad, la primera independencia que se declaró en nuestro territorio fue en el llamado Congreso de Los pueblos libres durante 1815, en Concepción del Uruguay, liderados por Gervasio Artigas. Entre las provincias participantes en esa declaración estaban: Entre Rios, Corrientes, Misiones, Santa Fe, Córdoba y la Banda Oriental. Las pretensiones hegemónicas de Buenos Aires no pasaban solo por el manejo del puerto, había un proyecto político, económico y social que era divergente con el artiguismo. Ese grupo de provincias estuvo muy cerca de formar un país aparte.

Las dudas en 1816  se multiplicaban. José de San Martín decidió presionar: “¿Hasta cuándo esperamos declarar nuestra independencia? -le escribía al diputado por Cuyo en el Congreso de Tucumán, Godoy Cruz– ¿No le parece a usted una cosa bien ridícula, acuñar moneda, tener el pabellón y cucarda nacional y por último hacer la guerra al soberano de quien en el día se cree dependemos? ¿Qué nos falta más que decirlo? Por otra parte, ¿qué relaciones podremos emprender, cuando estamos a pupilo? (…) Ánimo, que para los hombres de coraje se han hecho las empresas”.

Macri con la bandera de remate

El Congreso de Tucumán fue una asamblea soberana que al mismo tiempo se desempeñó como tribunal, poder legislativo y constituyente. Fue convocada por un acuerdo establecido en el Estatuto de 1815 y sesionó en dos lugares distintos: desde el 24 de marzo de 1816 al 16 de enero de 1817 lo hizo en la ciudad de San Miguel de Tucumán, y posteriormente, ante el peligro inminente del avance de las tropas realistas desde el norte, cesionó en la ciudad de Buenos Aires, entre 12 de mayo de 1817 y el 11 de febrero de 1820. La Constitución que votaron no pudo entrar en vigencia porque precisamente en 1820 el país explotó en miles de fracciones y dio inicio a una muy prolongada guerra civil. Sin embargo, el gran valor de aquellas reuniones fue darle el empujón definitivo a la independencia.

Bartolomé Mitre lo describió con precisión: “Producto del cansancio de los pueblos, elegido en medio de la indiferencia pública, “federal” por su composición y tendencia y “unitario” por la fuerza de las cosas, revolucionario por su origen y reaccionario en sus ideas, creando y ejerciendo directamente el Poder Ejecutivo sin ser obedecido por los pueblos que representaba, sin haber dictado una sola ley positiva en el curso de su existencia, proclamando la monarquía cuando fundaba una república, atravesado por divisiones locales siendo el único vínculo de la unidad nacional, este famoso Congreso de Tucumán salvó, sin embargo, a la revolución y a pesar de dejar expuestas las diferencias que se manifestarán sangrientamente en lo sucesivo, se atrevió a proclamar la independencia”.

Justamente Mitre fue uno de los contendientes de los proyectos de nación en pugna. Su proyecto lo defendió tomando las armas y logrando un triunfo crucial en la Batalla de Pavón en 1862, y también libró su lucha con la palabra; escribió una de las primeras versiones de la historia argentina, su versión, y fundó el imperecedero diario La Nación, que no por nada lleva como lema de bandera el ser una “tribuna de doctrina”. 

El macrismo es tal vez un paso más complejo, una novedad que deberemos estudiar. No solo implica un proyecto de nación antagónico a los intereses populares, por momentos parece un proyecto de No nación. Un conglomerado de negocios imbricado en el ajedrez internacional totalmente despreocupado de la existencia de un Estado Nacional. 

Solo les falta declarar solemnemente la Dependencia.

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Sergio Wischñevsky

Sergio Wischñevsky

Historiador, periodista y docente de la UBA. Columnista en Radio del Plata en el programa Siempre es hoy. en Radio Nacional en el programa Gente de a Pie y en La Liga de la Ciencia.

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