El golpe electoral que más le dolió a Larreta

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Horacio Rodríguez Larreta planificó seducir con obra pública a los votantes de la Villa 31. Pero en las PASO perdió como nunca antes: 47 puntos de diferencia con Matías Lammens. Un artículo del diario La Nación intentó explicar los motivos, pero se salteó algunos: la urbanización de Larreta desechó el plan original de los vecinos, se hicieron menos de la mitad de las viviendas prometidas y los nuevos dueños temen que los desalojen por falta de pago de los servicios. Aparte de la cancha de fútbol y la escuela, no hubo otras mejoras en el sector donde vive la mayoría de los vecinos. Mientras se construyó la nueva escuela, mandaron a los alumnos a un galpón sin luz, por lo que tuvieron que acudir a la Justicia. Y le puso el nombre de Barrio 31 cuando los vecinos habían votado Barrio Padre Carlos Mugica.

La nota de tapa del diario La Nación del domingo titulada “Paradoja electoral en la villa 31: el gobierno invirtió como nunca, pero perdió por 47 puntos” generó un fuerte revuelo en las redes sociales, pero sobre todo, entre los vecinos de la villa más emblemática de la ciudad de Buenos Aires. Y no porque se trate de la más grande, aunque vivan alrededor de 43 mil habitantes. Sino porque está sentada en uno de los terrenos más caros de la ciudad. La Villa de Retiro en definitiva, es un obstáculo para los negocios inmobiliarios que tanto gusta el gobierno de globos amarillos.

Por eso, para quienes habitan y militan en el barrio, no existe paradoja alguna tras el aplastante triunfo de la fórmula del Frente de Todos, sino que se enmarca en una historia de lucha y resistencia que los coloca como sujetos políticos lejos de la subestimación que tanto el gobierno encabezado por Larreta como los medios de comunicación pretenden instalar. Sin embargo, es preciso comprender no sólo la historia de la villa 31 o Barrio Carlos Mugica —nombre que le pusieron los vecinos— sino también desentramar qué hay detrás de la “inversión” del gobierno de Cambiemos.

Sofía González candidata a comunera y una activa militante en esos pagos se sorprendió el domingo cuando leyó el artículo. Después de haber colaborado en la celebración del día de la niñez organizado por una agrupación social que tiene trabajo territorial en el barrio, dialogó con Nuestras Voces e hizo un punteo de algunas afirmaciones que realiza el artículo que son necesarias revisar y profundizar para comprender el estado de situación.

1) “El gobierno de la Ciudad invirtió como nunca”, dice el artículo

“Lo que hay que preguntarse es en dónde invirtió y quiénes estuvieron a cargo de esas obras —se pregunta Sofía— El dinero fue tomado a través de deuda por dos entidades. Por un lado, 200 millones de dólares al Banco Mundial y 100 millones del BID. “El proyecto original que se sancionó en 2009, se llegó luego de años de reuniones con los vecinos por sectores y fue votado por unanimidad en la Legislatura. Sin embargo, apenas asumió como Jefe de Gobierno, Larreta sancionó otro proyecto, que no fue resultado de la participación vecinal”.
En los terrenos que hoy son de YPF y están dentro del barrio se preveían 2500 viviendas y terminan siendo 1200 que se realizarán con financiamiento externo. “Hay un defecto de base , y es que este proyecto no parte de un diagnóstico claro de la situación actual del territorio”.

2) “Confiaron demasiado en las obras. Les faltó caminar la villa”, dice uno de los entrevistados en la nota.

Este es uno de los puntos clave que tampoco se ve reflejado en el artículo. “Dentro de la Villa la presencia del Estado estuvo vinculado al gobierno nacional durante el período que gobernó el kirchnerismo. Esto se vio reflejado, por ejemplo, en los Centros de Acceso a la Justicia, la oficina del Anses, y un centro de salud. Eso siempre fue valorado por los vecinos de la 31. En lo que corresponde a la Ciudad, la villa tiene diez barrios que no vieron una mejora sustancial de infraestructura, por ejemplo basta ver el tendido eléctrico. Se corta la luz todo el tiempo. Se sigue inundando con las lluvias. Y en invierno vuelven los incendios por las pésimas condiciones habitacionales. Entonces poner como ejemplo de mejora una canchita de pasto sintético, es realmente tomarle el pelo a los vecinos. Con semejante presupuesto y endeudamiento es lo mínimo que tienen que hacer”.

3) “El Barrio 31, como lo rebautizaron, es central en la gestión de Larreta”

En primer lugar, el Barrio 31 no es el nombre que eligieron los vecinos. “Ni siquiera respetan eso —aclara Sofía— El nombre del Barrio es Padre Carlos Mugica y está reglamentado a través de la Ley 3343. Por otro lado, la centralidad que tiene este barrio para Larreta tiene que ver únicamente con el negocio inmobiliario. El barrio es central porque sobre estas tierras se tomó un préstamo para pagar las obras del Paseo del Bajo, es decir, puso como garantía las tierras de la Villa 31. Además, el metro cuadrado donde están asentado el barrio Mugica es de los más caros de la ciudad”.

Larreta vende terrenos de la Villa 31 para pagar el Paseo del Bajo

4) “Su gobierno levantó allí la escuela más moderna de la Ciudad”

“Lo que se omite informar, es que durante su construcción mandaron a toda la primaria y jardín a un galpón sin luz, sin comedor, en el fondo del barrio. La comunidad educativa tuvo que ir a la justicia, donde se falló en contra del gobierno por haber mandado a niños a estudiar ahí. Pero además, es subestimar la lucha de los vecinos: el proyecto del polo educativo era un pedido histórico de la comunidad educativa de la escuela”

5) “Se construyeron 1200 viviendas y otro complejo de 110 viviendas”

Para González, “hay un temor fundado sobre las cláusulas impuestas al momento de firmar la hipoteca. Uno de los puntos es que te pueden ejecutar la deuda, si hay un retraso de 3 meses en el pago de los servicios. Y en la actual situación económica no son condiciones que permitan tener ningún tipo de previsibilidad a futuro”. Es decir, que ni siquiera los que tuvieron acceso a la vivienda están tranquilos.

La historia del barrio

Antes de ser el Barrio Padre Mugica, fue Villa Desocupación, Villa Esperanza, Villa Kilómetro Tres, Villa Saldías, Villa Güemes, Villa Comunicaciones. No importa con qué nombre: los 43 mil habitantes de ese territorio tan emblemático quieren dejar de ser la paria de la Ciudad de Buenos Aires y convertirse en parte integrante de ella. Son esa porción de territorio visible e invisible a la vez. A diferencia de otros asentamientos, el barrio Carlos Mugica no está en los márgenes: está en el epicentro porteño, paradójicamente-o no-, frente a uno de los hoteles más caros, el Sheraton.
La historia de la Villa 31 es un perfecto paralelismo con los hechos políticos, sociales y culturales de la argentina del siglo XX y del incipiente siglo XXI.
En los albores del siglo XX, llegaron al país alrededor de cuatro millones de europeos y el 60 por ciento se instaló en Buenos Aires. Mientras tanto, comenzaba a pergeñarse la construcción de un nuevo puerto que se ubicaría al norte de Puerto Madero y que recién en la década del 20 empezó a funcionar. Y qué mejor que aquellos inmigrantes europeos para trabajar en el puerto y en el ferrocarril. Así fue como en 1932 se instalaron las primeras viviendas, o mejor dicho, los primeros vagones de trenes en desuso que sirvieron de refugio a los trabajadores. Pero el gobierno de la denominada Década Infame demolió las precarias casitas que habían podido construir.

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Así fue como a principios de la década del 40, resurgió la villa en la zona de Retiro con casas precarias que el gobierno le otorgó a un grupo de inmigrantes y que luego se anexó a otros nuevos asentamientos de trabajadores del gremio ferroviario de La Fraternidad. En las décadas de los 50 y 60, la Villa 31 comenzó a poblarse cada vez más y comenzaron a llegar argentinos de otras provincias, sobre todo del norte del país. El proceso de industrialización del primer peronismo, el posterior avance del monocultivo y los avances técnicos del agro negocio demandaron mano de obra. Es el caso de Teófilo Gutierrez, un jujeño que llegó a Buenos Aires el año 1963 y se instaló en la Villa 31. Hoy tiene 75 años y desde ese día no se movió más.
“Vine porque creía que acá había más posibilidades. Cuando llegué a la ciudad el choque fue impresionante. Me acuerdo que llegué en tren y me estaba esperando un amigo. Era un día nublado y me dijo que íbamos a su casa, que vivía en un barrio que se llamaba Inmigrantes. Yo le pregunté que había que tomarse, cuántos trenes y colectivos y él me dijo ´no, vamos caminando´, yo no lo podía creer”, cuenta Gutiérrez, el único dirigente villero que se convirtió en Ciudadano Ilustre, distinción que le otorgó la Legislatura porteña por ser fundador del comedor comunitario Padre Mugica. “Al principio vivía con mi amigo y su familia, pero al tiempo me independicé y me compré mi casilla. No había ni agua ni luz, teníamos una lamparita con querosén. Pero fui armando mi vida ahí, mis amigos, mi familia. La gente del barrio somos muy unidos y peleamos cada día por ser parte del resto de la ciudad, de integrarnos definitivamente. Jamás pensé en irme, es mi vida entera acá”.

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En esa época, se instaló en la entonces Villa Retiro un personaje icónico que marcaría para siempre a los vecinos: El Padre Carlos Mugica, un hombre de familia adinerada y poderosa, que decidió entregar su vida por los que menos tenían. Mugica desempeñó allí su tarea pastoral y fundó la parroquia “Cristo Obrero”.
El fin de los sesenta y principios de los setenta llegó con la irrupción de movimientos revolucionarios de tendencia peronista. Muchos de ellos tuvieron su germen en el trabajo de las villas y la de Retiro fue un gran foco de la militancia juvenil. Por caso, en mayo de 1973 se creó el Movimiento Villero Peronista y propusieron rebautizar a la Villa 31 como “Villa Montonera”.
La llegada de la dictadura cívico militar inaugurada el 24 de marzo de 1976 también tenía un plan para los asentamientos más humildes. Era simple, erradicarlos. El programa fue llevado a cabo por el entonces Intendente de la Capital, Osvaldo Cacciatore.
Amalia Aima tiene cuarenta años y vive en la villa desde que era chiquita. Su mamá, también llegó de Jujuy y se instaló allí. Delante de su casa se puso un almacén. Una tarde, en el año 1977, vinieron los militares queriendo entrar a la casa. Amalia tiene el recuerdo muy claro porque correteaba por allí cuando su mamá se paró en la puerta del almacén y les impidió el paso: “De acá no me van a sacar nada”.
El plan de erradicación tenía tres fases: el primero, el “congelamiento”, esto es, que no llegue más población a la villa. El segundo, el “desaliento”, impedir que se realicen actividades económicas allí y el tercero, las “topadoras”, es decir, la erradicación literal y compulsiva de las viviendas. Las topadoras destruyeron las casas y los habitantes fueron llevados en camiones al Gran Buenos Aires. Pero en el año 1979, un fallo de la Cámara Civil frenó el proceso de erradicación y prohibió seguir demoliendo viviendas. En ese momento quedaron 33 vecinos, uno de ellos, Teófilo Tapia.

La ciudad como Polo Especulativo

 

Con el advenimiento de la democracia se produjo un repoblamiento del lugar, que se acrecentó en la incipiente década del noventa con la llegada de inmigrantes de los países limítrofes, sobre todo de Bolivia y Paraguay. Los noventa, esa década que sedimentó el neoliberalismo con hambre y desocupación, colocó a la Villa 31 en los confines más oscuros: la histórica estigmatización que llevaban a cuestas sus vecinos quedó socialmente aceptada y arraigada en el inconsciente colectivo de una sociedad en extinción. Los villeros eran mala palabra. Vivir en la villa implicaba que no pudieran trabajar: en las entrevistas laborales era condición excluyente vivir en la Villa 31. En 1994 se presentó un megaemprendimiento denominado “Proyecto Retiro” que incluía la urbanización y parquización de numerosas hectáreas de terrenos ferroviarios y portuarios, la construcción de hoteles de lujo, complejos comerciales y torres de vivienda.
Finalmente, en 2009 se logró sancionar el proyecto ideado y discutido entre los vecinos. El Pro tuvo cajoneada su reglamentación siete años y después Larreta lo tiró por la borda, imponiendo una nueva ley que promueve el negocio inmobiliario sin consenso de los vecinos. Por eso, a diferencia de lo que había ocurrido en 2009, el oficialismo voto en soledad el actual proyecto.

Por eso, para entender el resultado electoral en el que Lammens sacó un 60.3% y Larreta 18,81% es necesario ver la película y no la foto. Es indispensable no subestimar la historia, la lucha, la resistencia y, sobre todo la militancia de los ciudadanos del Barrio Padre Mugica.

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Tali Goldman

Tali Goldman

Es licenciada en Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y periodista. Escribe crónicas en medios digitales como Anfibia, Nuestras Voces, Latfem, entre otros. Es columnista en el programa de radio Cheque en Blanco, que se emite en Futurock. Su primer libro La Marea Sindical, mujeres y gremios en la nueva era feminista de Editorial Octubre ya va por la segunda edición.

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