El hambre, otra herencia maldita que deja Macri

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Mientras el secretario de Cultura de la Nación, Pablo Avelluto, sostuvo que “el hambre es un slogan de campaña”, entidades, organizaciones sociales y el sector académico salieron a las calles a reclamar medidas. Pidieron “enfrentar la crueldad del hambre que habita en millones de familias oscureciendo el presente, especialmente de nuestros adultos mayores, y condiciona gravemente el futuro, especialmente de niñas, niños y jóvenes”. Historias en primera persona de la lucha por comer.

Después de tres semanas en las que el foco estuvo en el dólar y en los mercados, los movimientos sociales salieron a las calles para dar cuenta del hambre que se vive en los barrios producto de la imposibilidad de millones de personas de acceder a la canasta básica alimentaria. A su vez, los alimentos que el gobierno entrega para comedores no alcanzan, ni en cantidad ni en calidad nutricional, para contener la grave crisis social que produjo el propio gobierno a partir de la implementación de las políticas neoliberales que impuso desde el primer día Mauricio Macri.

Mientras el secretario de Cultura de la Nación, Pablo Avelluto, sostuvo que “el hambre es un slogan de campaña”, entidades, organizaciones, asociaciones de la sociedad civil, del mundo del trabajo, la producción y del sector académico reclamaron medidas para “enfrentar la crueldad del hambre que habita en millones de familias oscureciendo el presente, especialmente de nuestros adultos mayores, y condiciona gravemente el futuro, especialmente de niñas, niños y jóvenes”.

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Chicos de cuatro años que pesan entre 30 y 50 kilos, pibes con hambre, niños con diabetes, nenes que piden llevarse la vianda para convidarle a su hermano adolescente al que le da vergüenza ir al comedor:

“Nos dan bidones de agua en lugar de leche”.

“Mandan sólo fideos y harina”.

“Si la familia puede agregar algo, es proteína con mucha grasa, alitas de pollo, carne picada”.

“Hay mamás que sólo le pueden dar a sus hijos mate cocido y torta frita”.

“Nos preocupa el sábado y el domingo, porque el viernes algo comen en la escuela o en el comedor, pero el fin de semana muchas veces los papás no tienen nada para darles”.

Estas son sólo algunas de las historias dramáticas que viven quienes este miércoles fueron a protestar frente al Ministerio de Desarrollo Social y frente al Congreso para exigir que se declare la Emergencia Alimentaria y que el Gobierno entregue leche en los comedores, entre otros reclamos.

Mamás con niños pequeños, adultos mayores y jóvenes fueron algunas de las miles de personas que en vano esperaron que la Ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, atendiera sus reclamos. Los referentes de las organizaciones fueron recibidos por funcionarios de segundas líneas que no dieron respuestas a los reclamos. Mientras tanto en la calle, quienes viajaron desde San Miguel, Quilmes, Bella Vista y cientos de distritos del conurbano bonaerense y barrios de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en diálogo con este medio, contaron que no hay trabajo y que el incremento de los precios hace que sea imposible darle un vaso de leche a los hijos y mucho menos comprar algo de carne.

Mirta Rojas es de Lugano. Tiene 6 hijos. Su compañero está desocupado. No le alcanza ni para comprar los pañales a su bebé de 8 meses. “Leche directamente no compramos. Antes, en la jornada completa, a los chicos les daban, pero los tuve que cambiar de colegio porque no alcanza ni para el pasaje y ahora no les dan la merienda”, relató.

Lucha vive en Villa Celina, 52 años y tres hijos que ya son mayores. No tiene trabajo. Hace changas de costura. Cobra un Plan “Hacemos Futuro” de 7500 pesos. Se la intenta rebuscar comprando los productos de menor precio. “Estamos acá con hambre, por la necesidad, porque no hay trabajo. Antes uno se podía hacer un asado. Hoy no podemos comprar carne. El dinero no alcanza”.

Carmen tiene 30 años y aseguró que hay días que no tiene que comer porque no tiene trabajo y no consigue, a pesar que busca. Rosa, de González Catan, 58 años. Tiene dos hijas y un adolescente de 17 años discapacitado. A pesar del frío también se quedó a pasar la noche frente al Ministerio de Desarrollo Social para esperar una respuesta. Su marido es jubilado, no puede caminar. Para los medicamentos del hijo, no le alcanza.

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Silvia Saravia es Coordinadora de Barrios de Pie. En diálogo con Nuestras Vocesseñaló que desde principio de año denuncian la falta de leche en polvo. “En marzo o abril entregaron, pero después lo empezaron a discontinuar. Un problema grande que tenemos es que es uno de los pocos alimentos que realmente tiene valor nutricional y no está apareciendo en las entregas habituales. Todavía no entregaron los alimentos correspondientes a agosto. En muchos casos en lugar de entregar leche en polvo nos dan bidones de agua y kilos y kilos de mermelada. Cuando hacemos el reclamo nos dicen que es lo que tienen, que es lo que hay en el depósito, que tienen problemas con la compra de alimentos por el aumento del dólar, que no les entregan los proveedores. En una medida económica que toma el propio gobierno, después esto impacta directamente en que no resuelven la situación de los comederos, los merenderos y los alimentos que entregan a las familias”, sostuvo.

Desde la organización hacen relevamientos de talla y peso en todo el país. Laura Lonatti, coordinadora nacional de Salud de Barrios de Pie, señaló a este medio que “la malnutrición a nivel general viene en aumento y cuatro de cada diez chicos tienen malnutrición. Nosotros hacemos un relevamiento intencional en espacios comunitarios y en barrios de alta vulnerabilidad socio sanitaria por lo tanto trabajamos ahí con una población cuyas familias están en una situación de mucho deterioro del poder adquisitivo. Los ha afectado en los últimos años todo el tema de la disminución de las changas y el trabajo informal que ha afectado de sobremanera a estas familias. Entonces hay primero un aumento de la presencia de las familias en los merenderos y en los comedores solicitando este tipo de ayuda en alimentos y por el otro lado, el alimento que nosotros disponemos que entrega el Ministerio son alimentos secos. No tenemos hoy ninguna vía de financiamiento ni de entrega de alimentos frescos para cocinar. Lo que estamos discutiendo es la calidad y la cantidad de los alimentos, pero fundamentalmente el tipo de alimentos. Porque si por entregarme los kilos que hemos acordado me entregan una camionada de picadillo y mermelada, eso a nosotros no nos sirve para resolver el problema de la alimentación de los chicos”. Y en ese contexto dio cuenta de cómo afecta a los niños consumir alimentos de bajo o nulo valor nutricional y alto contenido de carbohidratos.

“Estamos detectando chicos de cuatro, cinco años con 30 o 40 kilos. Hay un montón de situaciones, pero en lo biológico tenes preeminencia de diabetes en niños que no tendrían por qué tenerla porque son enfermedades que tenían que ver con la edad adulta. Con el sobrepeso  tenes problemas óseos, respiratorios y el otro punto tiene que ver con la autoestima en esos nenes.  Hay muchas situaciones de violencia entre pares que tienen que ver con la burla hacia los niños gordos. La malnutrición por sobrepeso y obesidad afecta la calidad de vida de esa criatura”, señaló. Respecto al relevamiento que realizan, contó que “las promotoras de salud durante un mes pesan y miden a los chicos en todo el país en forma simultánea. Después procesamos los datos con un programa que es del Ministerio. Lo que nos pasa es que el programa nos tira chicos nulos, nenes anulados. Le devolvemos las planillas a las compañeras y les decimos que pesaron mal a esos nenes. Los anulados son los que no entran en ninguna categoría prevista en el programa que utilizamos que es de la OMS. Vincula indicadores antropométricos, el peso, la talla y el índice de masa corporal. El programa desde el normo peso tiene seis variantes para arriba. Si ese chico pasa las seis variantes, lo anula, dice que para esa edad esa posibilidad no existe. Y el otro día le dije a una compañera que uno de los chicos estaba mal pesado, que era nulo. Y resultó que era su hijo. Tiene cuatro años y pesa 40 kilos. Y la piba se largo a llorar. Y me dijo que no tenía forma de resolverlo, que era una madre presente, que lo llevaba a la salita, pero que no lo podía solucionar”.

Los votos del hambre

Los casos de niños con sobrepeso no son aislados. Carmen Sayavedra es de San Miguel. “El otro día en el relevamiento de talla y peso pesamos un nene de cuatro años que pesaba 50 kilos y ese nene come mate con pan casero y torta frita que es lo único que le puede dar la mamá. A veces le puede comprar una vez al mes alitas de pollo y se las da con fideos, entonces sigue comiendo harina. Esos nenes no tienen yogurt, no tienen fruta, no tienen carne, no tienen huevo. Viven comiendo harina y el Ministerio nos sigue mandando harina”, reclamó.

Mientras tanto, al mediodía, en el Congreso de la Nación referentes de la CTEP, del Frente por el Trabajo y la Dignidad Milagro Sala, Barrios de Pie, la Corriente Clasista y Combativa, el Frente Darío Santillán, la Pastoral Social y el Grupo de Curas de Opción por los Pobres, entre otros, se reunieron con diputados de todos los bloques de la oposición para exigir una prórroga a la ley de Emergencia Alimentaria que existe desde 2002, pero además y fundamentalmente que se actualicen las partidas destinadas a los comedores y merenderos y asistencia directa a las familias.

“Se está viviendo una situación dramática, de una profunda ruptura del tejido social sin posibilidades de abordar la demanda alimentaria centralmente. Ya no son chicos y chicas sino que hay familias enteras, ancianos, y en algunos casos tenemos inscriptos para viandas trabajadores formales que no llegan al 15 o al 20 de cada mes para alimentar a sus familias y entendemos que hoy además de dar respuestas a la urgencia debemos planificar un proceso de fortalecimiento de la producción popular de alimentos porque los costos de los alimentos entre el momento de la producción y el momento de llegar a las góndolas sufre un proceso de encarecimiento brutal de toda la cadena. Por lo tanto si se fortalece la producción popular, si hay abastecimiento local en los pueblos, si hay reserva de mercados podemos no solamente suplir la urgencia con la declaración de la emergencia alimentaria sino tener una planificación para abaratar los costos de todo el proceso”, sostuvo Gildo Onorato de la CTEP. Y agregó: “los movimientos populares, junto  con las iglesias, los clubes de barrio, las sociedades de fomento somos la primer malla de contención comunitaria para que la Argentina no explote porque con eso solo se favorecen con la especulación del dólar, con los bonos, con las Leliq. En la crisis del 89 y de 2001 los que perdimos fuimos los humildes. Por lo tanto esta malla de contención comunitaria que somos los movimientos populares opera como un canal para que los conflictos y los problemas sociales tengan una resolución institucional. Lamentamos que el gobierno no lo vea así”.

“Hay que incrementar las partidas hacia comedores escolares, copas de leche, merenderos y comedores comunitarios. Todos los diputados y diputadas de la oposición se comprometieron a convocar a una sesión especial para tratar esta catástrofe social y económica que estamos viviendo y que se ha incrementado con la profunda devaluación. El aumento de los alimentos impide que llegue el pan a la mesa de los compañeros y compañeras desocupados, pero también de los cooperativistas que están con una situación de empleo formal y no cubren la canasta básica y de los adultos mayores. En el transcurso de estos días se intentará convocar a una sesión extraordinaria que los movimientos populares acompañaremos desde la calle”, sostuvo Eduardo Montes, del Frente por el Trabajo y la Dignidad Milagro Sala.

«Mientras la ministra Stanley habla desde su despacho hay hambre en los barrios»

Luego, las organizaciones sociales y piqueteras se reunieron con la integrantes de la CGT, de las dos CTA, la Unión Industrial Argentina, el Frente Productivo Nacional, Coninagro, la Federación Agraria y otros actores de la sociedad civil que confluyen en la Mesa de Encuentro por el Trabajo y Vida Digna y emitieron una declaración en la que aseguraron que “el Gobierno Nacional, electo democráticamente en 2015, no quiso, no supo o no pudo administrar las presiones de quienes tienen en la especulación financiera y el acrecentamiento de la propia renta el único parámetro de acción. No se generaron condiciones para resolver las necesidades más elementales de los humildes, de los desamparados y excluidos, que requieren de medidas básicas para la subsistencia y para efectivizar la justicia social”. Y aseguraron que “la solución a esta crisis requiere, más que parches económicos, de un fuerte compromiso político que genere consensos en el diseño e implementación de políticas públicas.

Según estudio que publicó la Universidad Nacional de Avellaneda “la inflación en alimentos se disparó por encima de la inflación general después de la maxi-devaluación iniciada en abril del 2018, al punto de alcanzar la máxima diferencia en abril del 2019, cuando los alimentos subieron un 66,2% interanual y el nivel general del IPC rondaba el 55,8%. La aceleración inflacionaria que sobrevendrá en el mes de agosto y en los subsiguientes impulsados por una nueva maxi devaluación de más del 20%, imprimirá una nueva aceleración a los precios internos pero en mayor medida al de los alimentos. En el Gran Buenos Aires los aumentos llegaron a niveles exagerados como en el caso de la leche, los productos lácteos y los huevos (+85,7%) o la manteca, grasas y aceites (+71,7%). Pero también crecieron fuertemente azúcar, dulces, chocolate y golosinas (+60,1%), carnes y derivados (+56,7%) y pan y cereales (+54,5%). Además 7 de los 11 alimentos relevados por el INDEC han tenido aumentos por encima del IPC general, es decir, el 63% del total. Los aumentos han sido desproporcionados nuevamente en el caso de la leche fresca (90,5% interanual) pero también arroz (73,1%), fideos secos (72,7%), pollo (70,6%), carne picada (61,4%), papa (55,4%) y el azúcar (54,9%)”.

Por otra parte, un informe que elaboró el Centro de Economía Política en la Argentina (CEPA)sobre el impacto del ajuste económico en las políticas de niñez y adolescencia entre 2016 y 2019, sostuvo en base a datos del propio INDEC, que el 49,6% de los niños de hasta 14 años son pobres y un 11,3% son indigentes (no llegan a completar la canasta básica alimentaria). La reciente devaluación afectará de manera negativa sobre este segmento etario, elevando aún más los indicadores de pobreza e indigencia. A ello, se suma que la mala alimentación en los primeros años acarrea serios problemas para el desarrollo futuro y sus efectos se arrastran a lo largo de la vida adulta”.

“Hay maestros reprimidos y pibes con hambre”

Entre las conclusiones, los economistas señalaron que “a partir de 2016 las políticas destinadas a la protección de la niñez y adolescencia experimentaron un proceso regresivo. Se redujeron en términos reales las transferencias a los hogares representadas por la AUH en un contexto de incremento de la vulnerabilidad económica por la grave crisis que está atravesando el país, se dieron de baja programas como el Qunita, el Conectar Igualdad y se desfinanciaron los programas de vacunación, se redujo ostensiblemente la cobertura del programa Precios Cuidados y ello impactó en las canastas de consumo de niñez y adolescencia, se incumplió la promesa de la construcción de 3.000  jardines infantiles (y también fue incumplida la promesa que vino en su reemplazo, de 10 mil aulas) y se produjo un sensible ajuste presupuestario en programas destinados a niñez y adolescencia en el Ministerio de Desarrollo Social y en el Plan Nacional de Primera Infancia.

El diputado nacional Daniel Arroyo aseguró en una entrevista que brindó en el programa de Gustavo Sylvestre en C5N que “es fácil generar pobreza pero es muy difícil después revertir esa situación”. Por lo pronto, lejos de cumplir con su (falsa) promesa de pobreza cero, Mauricio Macri generó cuatro millones de nuevos pobres. Reducir el dolor del hambre será un desafío que tendrá que asumir el próximo gobierno.

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Sabrina Roth

Sabrina Roth

Licenciada en Ciencias de la Comunicación (UBA). Es corresponsal de Telesur en Argentina y escribe colaboraciones en Página/12 y #LaGarcia.

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