El juez de las causas calientes

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Sebastián Casanello ordenó a Laura Alonso y a un organismo que depende de Rodríguez Larreta comparar las declaraciones juradas de Macri en la causa por los Panamá Papers. El mismo día, la Cámara Federal ordenó investigar si el juez estuvo en Olivos, como aseguró Báez. Quién es el juez que exculpó a Macri por las escuchas ilegales y se reunió 45 minutos a solas con el Papa. 

El juez federal Sebastián Casanello siempre abrazó el bajo perfil y una habilidad especial para hacer equilibrio y tejer vínculos con el poder: cuando todavía era señalado por algunos como un juez “amigo” del gobierno anterior, sobreseyó a Mauricio Macri en la causa por escuchas telefónicas ilegales que arrastraba desde la jefatura de Gobierno porteño antes de que cumpliera veinte días como Presidente.

Luego le tocó en turno la causa de Time Warp  por los cinco fallecimientos en una fiesta electrónica de Costanera Norte y dictó una seguidilla de detenciones que todavía no cesa, tomando el centro de la escena pública como un juez “duro”.

Pero Casanello tiene en sus manos dos causas de notable peso político: la investigación por lavado de dinero contra Lázaro Baez –en la que ordenó su detención- y el caso de los Panamá Papers, donde están involucrados el jefe de Estado y algunos de sus funcionarios. Mientras con la Time Warp y Lázaro, Casanello rompió con su fama de “garantista” en la que luchaba en contra de las prisiones preventivas, la causa de los Panamá Papers marcha a velocidad “prudente”. Por esa causa pidió ayer un peritaje comparativo de las declaraciones juradas del presidente Mauricio Macri, algo que podría parecer un paso adelante para investigar seriamente las incongruencias entre los documentos presentados, salvo que en lugar de encargarlo a un perito independiente, se lo encargó a dos organismos públicos conducidos por el PRO.

Encuentro con Francisco

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En ese juego de contrapesos al que Casanello recurre, se destacó la reunión a solas que mantuvo con el Papa Francisco a principios de junio. Fue recibido mientras el titular de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti, participaba de un vino de honor en la residencia del embajador ante el Vaticano. La reunión se hizo en la residencia de Santa Marta, donde vive el Papa Francisco, y duró 45 minutos, casi el triple del tiempo que el Papa pasó con Macri. Uno de los temas conversados fueron las “maniobras conducidas por los servicios de inteligencia desde las sombras” contra Casanello, según contó Vatican Insider, un medio especializado. Francisco le dio su apoyo, según trascendidos, mientras la foto que mostraba al juez de los Panamá Papers y el Papa Francisco tardó algunos días en aparecer en la prensa.

La reunión se hizo en la residencia de Santa Marta, donde vive el Papa Francisco, y duró 45 minutos, casi el triple del tiempo que el Papa pasó con Macri.

“El apoyo del Papa es crucial y es un honor para nosotros concurrir invitados por él. Como líder espiritual y como jefe de un Estado, y por el mensaje y la extensión del mensaje que está dando, sin dudas es un apoyo para el trabajo cotidiano de todos nosotros y para el fortalecimiento de las instituciones de la Argentina y del resto del mundo”, dijo Casanello, el juez federal más joven de Comodoro Py, al día siguiente de esa reunión. El encuentro, a puertas cerradas, se produjo en el marco de un coloquio organizado por la Pontificia Academia para las Ciencias Sociales sobre trata de personas y crimen organizado, y Casanello regresó como la gran figura. Sin duda la elección del Papa de Casanello como interlocutor judicial tuvo que ver con la cercanía del juez con el peronismo, y con el voltaje de las causas que tiene sobre su escritorio y las ramificaciones de algunas de ellas.

Panamá Papers

En la causa por los Panamá Papers, Casanello aceptó ayer el pedido del fiscal Federico Delgado y ordenó realizar un análisis sobre las declaraciones juradas de Macri para saber si existen “contradicciones” entre ellas. El fiscal Delgado –primer jefe de Casanello en Tribunales y amigo suyo- había solicitado la medida para determinar si las diferencias detectadas en las declaraciones juradas fueron originadas en la “dificultad de articular los formularios exigidos por el gobierno local con aquellos del federal”. En 2013 Macri era jefe de Gobierno porteño y -según sostuvieron sus abogados- las declaraciones juradas tenían distintos formularios a los que se usan a nivel nacional y que presentó el año pasado, ya como titular del Ejecutivo nacional. Ni en unas ni en otras figuraban su rol en sociedades off shore.

Casanello no tomó en cuenta el pedido del fiscal Delgado para que el análisis lo hicieran profesionales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y se lo pidió a estructuras que responden al PRO.

Pero Casanello no tomó en cuenta el pedido de Delgado para que ese análisis lo hicieran profesionales de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Le encargó la tarea a dos estructuras controladas por el macrismo: la Oficina Anticorrupción, encabezada por Laura Alonso, quien por ejemplo tiene una fundación que recibe fondos del mandamás de uno de los fondos buitres que litigó contra la Argentina, Paul Singer; y a la Dirección General de Ética en el Ejercicio de la Función Pública del gobierno porteño, dependiente de Horacio Rodríguez Larreta.

Sin levantar polvareda

Casanello es hijo de abogados laboralistas porteños. Antes de cumplir veinte años ingresó al Poder Judicial como meritorio e hizo su carrera en el fuero federal. Ese camino fue siempre sin levantar polvareda. En el Colegio Nacional Buenos Aires conoció a Mariano Recalde, uno de los referentes de La Cámpora: fue uno más de los adolescentes que cortaron una calle con una sentada para impedir la privatización del campo de deportes del Nacional Buenos Aires en tiempos de Carlos Grosso intendente. Recalde, tres años mayor, encabezaba la protesta y fue una lucha ganada. Se volvieron a encontrar en la agrupación NBI de la facultad de Derecho.

A los 25 años Casanello se convirtió en secretario de la Sala I de la Cámara Federal. Venía de ser secretario de la fiscalía federal de Eduardo Freiler y Federico Delgado, y Freiler se lo llevó con él cuando llegó a la Sala I de la Cámara Federal. En 2012 concursó para juez federal: había cuatro vacantes y él quedó último en la lista que envió el Consejo de la Magistratura, pero su nombre fue uno de los seleccionados por el Poder Ejecutivo. Sobre el final del año, y con la aprobación del Senado, se quedó con uno de los cargos: le faltaban dos meses para cumplir 38 años y asumió al frente del Juzgado 7, que venía subrogando Norberto Oyarbide.

Al año siguiente, cuando todavía era considerado un “flamante” magistrado, fue el único juez federal que participó del acto en el que la entonces presidenta Cristina Fernández presentó los proyectos de “Democratización de la Justicia”. “No hay ningún ciudadano de los cuarenta millones de argentinos que dude que las decisiones del Poder Ejecutivo se toman en la Casa Rosada”, disparó Cristina antes de detallar los ejes centrales del paquete de leyes que incluía la reforma del Consejo de la Magistratura, el ingreso por concurso al Poder Judicial, la publicidad de los actos del Poder Judicial y la ley de publicidad y acceso a las declaraciones juradas de funcionarios de los tres poderes del Estado, entre otras. Casanello aplaudió todas la intervenciones.

Causas calientes

Dos años después, tiene las causas más calientes del momento. Después de sobreseer a Macri por las escuchas ilegales, procesó a cinco funcionarios del Gobierno porteño por supuesta participación en la venta de drogas sintéticas durante la fiesta electrónica Time Warp. También ordenó que los embargaran por veinte millones de pesos y el jefe de Gobierno porteño, Horario Rodríguez Larreta, salió a cuestionar su fallo: “Es controversial”, dijo, dejando por un momento el discurso PRO de independencia de Poderes.

Siguió, además, con los otros expedientes, entre los que se cuenta una causa por lavado de dinero contra el ex hombre fuerte de la SIDE, Antonio “Jaime” Stiuso. Libró exhortos a Panamá y Bahamas para saber si Macri aparece como accionista de Fleg Trading Ltd y Kagemusha SA, las dos compañías off shore que figuran en los Panamá Papers. Y desde la otra punta del tablero político le pegó Báez, quien intentó protegerse golpeando: su hijo Leandro Báez presentó a la Justicia un texto de su padre diciendo que se cruzó con Casanello en la quinta de Olivos en septiembre de 2015. Ayer la Cámara Federal ordenó a la Policía Federal corroborar esa denuncia por medio de “registros fílmicos, captación de imágenes, libros de ingresos y egresos o cualquier otra constancia en la que quede asentada la concurrencia”. El pedido de la Cámara es para decidir si aparta o no Casanello de la causa Báez.

Sobre ese terreno, denso y resbaloso, Casanello ha demostrado ser un equilibrista que sabe disimular los hilos sobre los que camina mientras hace vistosas piruetas.

 @p_waisberg

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