El Nisman show

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En la serie de Netflix sobre la muerte del fiscal Alberto Nisman todo está pensado para el morbo, pero se trata de la tragedia argentina. La reflexión sobre la muerte de Nisman queda inmersa en entrevistas radiales intencionadas, frases de Fein sacadas de contexto y programas de los medios comerciales tradicionales. Filmada durante la conmoción por la desaparición y muerte de Santiago Maldonado, trasluce cómo el macrismo les concedió todo para sostener su narrativa sobre Nisman.

Consumir Nisman llegó para enero de 2020 con las Fiestas. Un nuevo gobierno, nueva serie de Netflix con argumentos tan antiguos como Roma. A César lo apuñalaron en el Senado. Lo trataron de tirano. Acá el tirano es el cuentista detrás de las cortinas como un gran fantasma.

El documental de Nisman va por el centro, con la teoría de «las dos campanas», especie de «dos demonios». El cuento del Post en el Watergate. La distancia del narrador. Somos contados por cirujanos y quiromantes que incluyeron a la CIA, el FBI y hasta al espía Jaime Stiuso en el film.

La Argentina como experimento narrativo para el mercado del entretenimiento. Se comprende, pero la muerte es un tema serio. Demasiado serio como para la comedia. El documental se filmó en 2017, en plena conmoción social por la desaparición y muerte de Santiago Maldonado en la provincia del Chubut.

Hay drones en todas partes. Primeros planos de la AFI la ex SIDE. Hagan la prueba de filmar 10 segundos una central de la CIA en los EE.UU. y van a terminar con un agujero en el pecho o en la cárcel. Pero aquí el macrismo les concedió todo para sostener su narrativa sobre Nisman.

La voz de Laura Alonso y su tono angustiante de lapa contra la madera de gusanos. La sonrisa maligna de Patricia Bullrich. Los cartelitos de la Amia en el Congreso y CFK respondiendo con fortaleza. El sindicalista Julio Piumato y el fiscal Carlos Stornelli del brazo. Imágenes plagadas de los sapos que salen con la lluvia.

La ex mujer y jueza Sandra Arroyo Salgado diciendo que Nisman no pudo suicidarse. Arroyo Salgado en conferencia de prensa con Osvaldo Raffo y Daniel Salcedo. Un homicidio sin homicidas y sin móvil. Curioso argumento. Arroyo Salgado ya no es querellante y Raffo se mató de un tiro en la bañadera de su casa de San Martín. La devoción por la muerte encierra maldiciones históricas.

Raffo solía decir que todo hombre «tiene su punto gatillo». Lo tuvo. Salcedo como estrella del relato del crimen perfecto. Criminalistas y periodistas cercanos a la casta de Py, a la Policía y seres afines a la fábrica de servilletas de 25 de Mayo 11. Llantos impostados.

La lente intenta tomar el alma de un país como si los EE.UU. fuese un lecho de rosas. Como si los EE.UU. no hubiesen construido un muro como Israel. Como si EE.UU. no cometiera crímenes terribles con el mayor consumo de drogas del planeta y una sociedad del vacío rumbo a la nada.

El rebelde Stornelli rueda cuesta abajo mientras Stiuso se reinventa

La fiscal Mónica Fein dando signos de mesura en la barbarie. El funcionario de seguridad Sergio Berni explicando el contexto. Jorge Lanata arrojando nafta sobre el incendio, con una joven periodista que no vio una autopsia en su vida pero enfundada en tacos intenta describir en 1 minuto la ciencia forense. El circo continúa.

Todo está pensado para el morbo. No se trata de una novela sueca de Mankell. Ojalá fuese así. No lo es. Los entrevistados aparecen como emergiendo de la oscuridad. La luz la pone el narrador omnipresente. El brazo del inconsciente que enciende la electricidad. La expectativa.

En la serie no aparece Clarín ni Magnetto, aunque su relato haya impregnado el guón. Sí aparecen los empleados de La Nación. Uno de ellos llora. La Casa Rosada en el marco de una cortina de humo. Emergiendo como centro del telón que se diluye. La verdad es una fórmula alquílica en debate. Y todo sirve para el espectáculo.

Y aclaro que adoro el cine y la literatura. Paso el día buscando tesoros con pasión y curiosidad. Pero esto es otra cosa: odiadores que putean a CFK, y le dicen «yegua», y «chorra», y gendarmes explicando una pericia trucha que seguramente será materia de un juicio del porvenir.

Idearon una tésis, y luego acomodaron los hechos y las pericias a su antojo y anhelo. Patricia Bullrich y Laura Alonso como féminas de la Roma antes de Cristo. Hubiesen sido grandes senadoras por aquello de la conspiración y el puñal. Todo Senado tiene su emperador Augusto. Acá no hay Cicerón.

La reflexión sobre la muerte de Nisman queda inmersa en entrevistas radiales intencionadas. Frases de Fein sacadas de contexto. Programas de los medios comerciales tradicionales. El ejercicio mercantil de la prensa. Porque el pregonero de noticias siempre vive y flota en Roma.

Un ex agente de la CIA admite que el espía Jaime Stiuso es su amigo y que ayudó a sostener la línea que a ellos les interesaba sobre el atentado a la Amia. Un enviado del New Yorker es recibido por CFK, que explica el juego de las potencias mundiales del espionaje y la inteligencia.

El relato sigue el hilo del archivo. Nadie logra dilucidar el misterio. Ida y vuelta sobre la escena del hecho original. Los peritos de la PFA hallan en la basura dos preguntas sobre Ronald Noble de Interpol y las circulares rojas que jamás se dieron de baja.

El daño a Timerman

Este caso enfermó al ex canciller Héctor Timerman y le produjo la muerte por un cáncer fulminante del que no se pudo tratar en los EE.UU. a tiempo. Se lo acusó de traicionar a la Patria e incluso se puso en duda su identidad judía. Otra vez la crueldad y la sonrisa ladeada de Patricia Bullrich como una figura de Lynch en Carretera Perdida.

Timerman aparece en funciones, entero y firme. Se lo ve a Timerman enfermo, luchando contra la inquisición macrista y la ignominia. Los personajes de la escena se regodean en la muerte. Pero no como Tomás Eloy Martínez en Lugar Común, su gran libro. Lo hacen sin poesía y con el todavía fiscal Stornelli hablando en el fondo.

Stornelli en Dolores: el chasquido del miedo

Stornelli con su rostro de cebo. Los ojos mirando la cámara. Esa fila de infames que marchó detrás de una bandera negra, cuando en vida detestaron al fiscal. Moldes y el resto en un largo etcétera. Los hacedores de las excavadoras en la Patagonia. Marijuan inspirado en Montalbano.

Aunque el comisario creado por Andrea Camillieri prefiere nadar antes que hacer el ridículo. Hoy en día esos hombres y mujeres de la pira de la moralidad hacen fila en la flamante iglesia de la redención. No tuvieron escrúpulos y se montaron a un agujero del infinito.

Lo cierto es que Nisman era incapaz de enfrentar al Congreso sin pruebas contra CFK. En el documental se repite que no le gustaba perder. Construyó un personaje impostor, con valores de los que carecía. Hizo negocios con un financista todavía desaparecido y hasta Lagomarsino tenía acceso a sus cuentas.

Nisman tenía cuentas en dólares en el exterior y cajas de seguridad que vació su madre, sin avisarle a la fiscal Fein. El dinero que dilapidó de la UFI Amia pudo llevarlo a su final. Tuvo miedo al miedo. Había edificado un personaje con esmero. Pero Stiuso lo dejó solo en su fin.

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Juan Alonso

Juan Alonso

Periodista, escritor y docente. Columnista con Roberto Caballero en Radio Colonia y del programa ADN en C5N. Distinguido con el Premio Walsh de la Facultad de Periodismo de La Plata en 2017. Fue editor de Policiales de Tiempo Argentino.

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