El nuevo mapa latinoamericano progresista de Fernández

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El presidente electo ya traza su futura política regional. Su socio predilecto interamericano será México, con quien ayer acordó intensificar la relación comercial, ya que el intercambio es bajísimo. Fernández asume en una Latinoamérica con la mayor parte de sus pares alineados con Donald Trump. Fernández suplirá el declive de la UNASUR con su apoyo al Grupo de Puebla, que hace cumbre en Buenos Aires el próximo viernes. La contracara de Macri.

En la reunión con su futuro par Andrés Manuel López Obrador, Alberto Fernández sentó las bases para el nuevo mapa de alizanzas políticas regionales.  AMLO, como lo llama la prensa, cerró el largo ciclo del PRIAN (en referencia al monolítico PRI y al ocasional partido de gobierno PAN) al frente del gobierno mexicano y no lidera una administración rupturista: respeta las reglas de libre mercado, pretende un Estado presente para regular la economía y distribuir el ingreso; además es muy celoso de la autonomía nacional en el campo de las relaciones internacionales. Sí, el gobierno de AMLO parece una precuela de los ejes programáticos que posiblemente se vean en el gobierno del presidente electo.

Fernández está acompañado en México por tres dirigentes que serán claves en el diseño de su política exterior: el probable Jefe de Gabinete Santiago Cafiero, su amigo Miguel Cuberos, quien podría ser el reemplazo de Fulvio Pompeo al frente de la Secretaria de Asuntos Estratégicos, y el ex gobernador bonaerense Felipe Sola, presumible próximo Canciller. Declaraciones de AMLO de futura ayuda, acuerdo para intensificar el comercio y una mesa con los empresarios más significativos de ese país fueron el saldo del primer día de visita.

Antes de viajar a México Fernández aprovechó con lucidez la pequeña superficie narrativa de Twitter para, al momento de devolver las salutaciones de sus próximos colegas sudamericanos, establecer su mirada política de la región. A todos agradeció el gesto de haberlo saludado pero, eso sí, al mandatario chileno le recordó “la importancia de acortar la brecha social” en nuestras sociedades, al mandatario venezolano Nicolás Maduro le enfatizó el valor “de construir un verdadero Estado de derecho” y al Jefe de Estado boliviano Evo Morales lo felicitó por su triunfo electoral. 

En apenas tres posteos Alberto Fernández estableció principios rectores de la gobernanza multilateral que añora para el Cono Sur: respeto pleno de las garantías constitucionales –eso se traduce en su pedido de libertad para Lula pero también en su valoración del informe Bachelet para leer la cuestión Venezuela-; los Estados deben recuperar la iniciativa para edificar una justicia social que no permita estallidos como los que hoy suceden en Chile; por último, respeto de la autodeterminación y rechazo a la injerencia de colegios como la OEA, tutelados por EE.UU., al momento de determinar la limpieza o no de un proceso electoral.

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Alberto Fernández tendrá múltiples desafíos en el concierto regional: sentar posición sobre el perfil de inserción internacional del Mercosur y correlacionado con eso rediscutir lo pactado entre Bruselas y el bloque de la Cuenca del Plata; llevar la discusión sobre la cuestión Venezuela a una mesa multilateral no injerencista y por lo tanto desplazar al Grupo de Lima como árbitro diplomático zonal; encontrar nuevos mecanismos de coordinación para que Sudamérica pueda aportar estabilidad política, léase los levantamientos en Ecuador y Chile, o institucional, por caso el conflicto desatado en Bolivia durante el proceso electoral; por último, y quizás el más relevante, armonizar la relación con Brasil.

El conflicto entre Alberto Fernández y Jair Bolsonaro no puede leerse como un culebrón. Detrás de las bravuconadas de Bolsonaro y del carácter seco de Fernández para referirse a su vecino bulle un fuerte cruce de intereses geopolíticos. El presidente de Brasil planea por lo pronto un golpe de Estado en el Mercosur. Como país anfitrión del bloque organizó una cumbre regional cinco días antes a la asunción de su par argentino. El temario es inquietante: plantea rebajar en un cincuenta por ciento el arancel externo común, eso implicaría transformar el Mercosur en un mini ALCA. En esa discusión zonal resta saber quién estará al mando del Ejecutivo en Uruguay, eso se sabrá tras el ballotage de fin de noviembre donde se medirán el frenteamplista Daniel Martínez contra el candidato del Partido Nacional Luis Lacalle Pou.

El otro tema que moverá aguas en el Mercosur es el futuro del tratado firmado con la Unión Europea. Bolsonaro está dispuesto a ratificarlo. De fondo su hoja de ruta comercial para la región coincide con la del presidente Donald Trump, cuyo objetivo de fondo compartido a su vez pasa por cerrar la puerta de ingreso a China en tópicos claves: energía y cooperación militar. 

¿Qué puede ocurrir en el diálogo con Bruselas? Al respecto Federico Merke, profesor de la Universidad de San Andrés, acaba de publicar un interesante paper titulado Preferencias, Herencias y Restricciones: Elementos para Examinar la Política Exterior del Frente de Todos, donde plantea al respecto que: “el acuerdo no será con el Mercosur como único bloque, sino que habrá 4 acuerdos, uno con cada país del bloque, aunque firmando textos iguales. Al aceptar esta condición, la UE genera el incentivo perverso de ver quién firma en primer lugar para no quedar afuera del acuerdo. ¿Dónde está la trampa? En que si Brasil, Uruguay y Paraguay firman el acuerdo, la Argentina estará muy presionada para hacerlo también. Porque en este escenario, peor que firmar el acuerdo podría ser no firmarlo ya que no solo la Argentina se quedaría sin el mercado europeo, sino que también estaría compitiendo con las exportaciones europeas hacia el mercado de Brasil”.

Consultado por Nuestras Voces, Lisandro Sabanés, integrante de la comisión de política exterior en  los equipos técnicos del Frente de Todos, comparte su mirada sobre cómo piensa que será la venidera política regional argentina: “En las veces que se ha pronunciado sobre ese tópico Alberto ha sido claro en su interés por tener buenas relaciones con todos los países vecinos. También es partidario de mantener la tradición argentina de no hacer injerencia en asuntos políticos internos de otros gobiernos. En lo internacional creo que Alberto Fernández intentará hacer equilibrio en la guerra comercial abierta entre Estados Unidos y China. Después creo que intentará recuperar el espíritu de la integración latinoamericana. Por último, sobre un tema sensible como lo es la cuestión venezolana, Alberto ha sido muy claro en el sentido de que el informe Bachelet es parteaguas para entender la situación. Pero, igualmente, creo que Alberto va a apostar a una política negociada del conflicto, en línea con lo que propone el gobierno de México, el gobierno de Uruguay y el Papa Francisco”.

Es indudable que Alberto Fernández modificará con radicalidad el perfil de política exterior llevado por Macri, una administración que hizo lo posible por sepultar a la UNASUR, licuar a la CELAC y acompañar los pasos injerencistas de EE.UU. en la agenda que le interesa a Trump para el Cono Sur: cooperación en políticas de seguridad y políticas antinarcóticos.

Fernández aprovechó la campaña para anticipar cuál es la mirada de la región que más lo representa: visitó al ex presidente José Mujica, pidió la libertad del ex mandatario Lula, reconoció la victoria de Evo Morales. Además el próximo viernes liderará la cumbre de Buenos Aires del Grupo de Puebla, la mesa de coordinación política donde treinta líderes progresistas de la región buscan reencontrar el pulso integracionista de la región.

¿Podrá Alberto resolver la pesada herencia regional recibida? Al respecto el profesor Merke otorga en el paper mencionado una respuesta interesante para no olvidar los condicionantes objetivos que deberá resolver nuestro próximo Jefe de Estado: “los gobiernos no elaboran una política exterior de cero. Deben trabajar sobre la herencia recibida, que puede ser positiva o negativa y que puede ser más o menos difícil de ser revertida. La evidencia sugiere que la presencia de problemas domésticos (típicamente con la economía) y de un ambiente internacional permisivo facilitan moverse de la herencia hacia las preferencias. Macri quiso abrirse a un mundo que comenzó a cerrarse de a poco, con el triunfo inesperado de Trump, del Brexit y del renacer de un sentimiento anti-globalización a veces superpuesto con expresiones xenófobas, racistas y populistas. Y es probable que Fernández encuentre un ambiente regional y global poco amigo para cambios de rumbo marcados. Estos desafíos ocurren en una Argentina que se ha quedado sin financiamiento, sin boom sojero y sin Patria Grande donde encontrar refugio. Le queda un Estados Unidos y una China jugando un juego de suma cero, una Europa con menor oxígeno y un Brasil tan errático como distante de las preferencias del Frente de Todos”.

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Emiliano Guido

Emiliano Guido

Periodista especializado en política internacional. Forma parte del Programa de Integración Regional y Financiamiento para el Desarrollo en Fundación SES (Argentina). Ganador del Premio José Martí (2006) otorgado por la agencia Prensa Latina.

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