Elliot Abrams, el sicario de Trump para Venezuela

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El hombre fuerte de Donald Trump para Venezuela estuvo implicado en graves violaciones de derechos humanos y asesinatos en América Latina. Entre otras, en la masacre de El Mozote, en El Salvador, y el escándalo Irán-Contras. Elliot Abrams ahora amenazó a representantes venezolanos que votaron contra Guaidó, anunció futuras sanciones contra Rusia, habló de posible intervención militar y denunció supuestos «espías cubanos». Un halcón que sobrevuela el petróleo venezolano.

Juan Guaidó en la Asamblea Nacional. (REUTERS/Manaure Quintero)

La nueva estrategia de Donald Trump para Venezuela quedó en boca del encargado espcial del Departamento de Estado, Elliott Abrams. Fue en una rueda de prensa durante el foro «What to do Venezuela?», («¿Qué hacer Venezuela?»), como parte del encuentro State of the World 2020, organizado esta semana por la Universidad Internacional de la Florida, el McCain Institute for International Leadership de la Arizona State University y la publicación The American Interest.

Abrams es un conocido ejecutor de políticas represivas en la región. Y así lanzó su amenaza sobre los miembros de la asamblea venezolana: “Nunca vamos a sancionar a nadie porque votó sí o no, eso debería ser un voto democrático. Pero la gente que se presta al régimen como secuaces, a esos los estamos mirando”, dijo Abrams sobre el grupo de diputados acusados por la oposición supuestamente por haber recibido sobornos para evitar que Juan Guaidó fuese reelecto como presidente del Parlamento.

Abrams fue más lejos al hablar acerca de una intervención militar de los EE.UU. en Venezuela. Cuando le preguntaron si dependería de alguna solicitud de Juan Guaidó, Abrams dijo: «Como hemos visto en el Medio Oriente, cualquier presidente de los Estados Unidos, si quiere usar la fuerza para defender nuestros intereses nacionales, va a utilizar la fuerza. Francamente no depende de Juan Guaidó, depende del presidente Donald Trump».

Abrams, el sicario de Trump para supervisar la crisis venezolana, está implicado en la mayor masacre de civiles en América Latina. Abrams coordinó la guerra sucia de los años 80 alentada por EE.UU. en El Salvador para deponer a la guerrilla local. Eso implicó desplegar la estrategia de “tierra arrasada”, sembrar el horror en el interior rural para socavar apoyo social a los insurgentes. Así llegó el horror en El Mozote, donde el Ejército salvadoreño liquidó a mil pobladores, la mitad niños. Unos años más tarde el halcón Abrams monitoreó el intento golpe fallido del 2002 contra el presidente Hugo Chávez. ¿El mensajero es el mensaje?

En diciembre de 1981 un escuadrón de la muerte del Ejército salvadoreño tomó el pequeño pueblo rural y montañoso llamado El Mozote. Había unos pocos caseríos, sembradíos modestos, una Iglesia cristiana servía de referencia común en la comarca. El batallón de élite Atlácatl, financiado y entrenado por los EE.UU., primero reunió por la fuerza a los pobladores, luego los dispersó en grupos: hombres, mujeres y niños. Después, sí, acribillaron a todos. 

A los infantes los encerraron en un diminuto edificio contiguo al único templo, eran medio millar de chicos apretujados. El fusilamiento llegó de afuera con una lluvia de balas; los militares luego incendiaron el inmueble. Tres profesionales del Equipo Argentino de Antropología Forense dieron fe de eso cuando declararon meses atrás por su labor en la identificación de esos cuerpos en el demorado juicio que se reabrió en ese país para juzgar a los culpables. 

“Para mí fue algo nuevo. En Argentina, indudablemente, también hay desapariciones de niños, pero no a nivel de lo que yo observé acá, trabajando en la masacre de El Mozote. Fue impactante la cantidad de niños. Eso a mí me marcó”, testimonió la antropóloga Patricia Bernardi, que fundó junto a compañeros el Equipo Argentino de Antropología Forense en 1984. Sin dudas, la masacre de El Mozote, casi mil civiles asesinados a sangre fría, es una de las páginas más negras del Terrorismo de Estado latinoamericano. Pero, no hubo demencia o un acto senil en la planificación del hecho. 

El plan de exterminio a los movimientos insurgentes en Centroamérica, durante las guerras sucias de los años 80 patrocinada por los EE.UU. en esa región, se denominaba “tierra arrasada”. El genocida tucumano Antonio Domingo Bussi tenía otras palabras para nominarlo: “sacarle el agua al pez”. Si las guerrillas prometían moverse como un pez en el agua entre la plebe campesina –siguiendo la clásica metáfora maoísta-, los militares moldeados en la Escuela de las Américas retrucaban con estrategias para sembrar el horror entre la población civil. Si los barbudos van al monte, si fantasean con otra Sierra Maestra, no vayamos por ellos, incendiemos su entorno, ese era el teatro de guerra añorado por los Abrams del Tío Sam. Claro, podían morir niños en el medio. 

El funcionario nombrado por el presidente Ronald Reagan para oficiar de puente político entre la Dictadura salvadoreña y la Casa Blanca era Eliott Abrams, un halcón inoxidable que casi cuatro décadas más tarde retorna a Sudamérica para supervisar las instrucciones intervencionistas de Donald Trump en Venezuela. Abrams tuvo que dar su parecer en los distintos procesos judiciales abiertos en el plano internacional por lo acontecido en El Mozote. 

¿Hubo Arrepentimiento? ¿Palabras mesuradas para no ahondar el dolor? No, todo lo contrario, el delegado de Trump en Caracas celebró la decisión tomada. «El batallón de élite que actuó fue elogiado en varias ocasiones por su profesionalismo. No pudo haber mil cadáveres en una población que no llegaba a ese número de habitantes”, insistió Abrams. La arrogancia parece ser una constante en sus declaraciones. Cuando Trump lo designó al frente de la cruzada internacional contra el gobierno de Nicolás Maduro, Abrams se ufanó en advertir que: «Estoy ansioso por empezar a trabajar en ese tema», añadió.

Elliot Abrams siguió acumulando medallas en el álbum injerencionista de su país. Fue condenado por ocultar información al Capitolio en la trama Irán-Contras, pero luego fue indultado por el presidente George Bush; como director de Oriente Medio y Norte de África en el Consejo de Seguridad Nacional intervino en el diseño estratégico de la invasión a Irak en 2003. Por último, durante el fallido y breve golpe dado por la oposición venezolana en el año 2002 al presidente Hugo Chávez, Abrams fungía de delegado estadounidense ante el presidente de facto, el empresario Pedro Carmona.

El currículum de Abrams presupone una agenda de diálogo diplomática acotada en Venezuela. Hasta el momento, la posibilidad de una intervención militar avalada, y protagonizada, por los Estados Unidos en el país caribeño enfrenta interrogantes de peso. Es decir, ¿Querrá avanzar Trump en una zona geopolítica contenida por Rusia y China? El profesor de relaciones internacionales Juan Gabriel Tokatlian plantea el diferendo de la siguiente manera: “Por tercera vez desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, la región es parte de lo que se denomina la alta política. Esto quiere decir que está envuelta en una dinámica que la ubica en un lugar de mucha visibilidad para las grandes potencias. En efecto, la crisis de los misiles en Cuba de 1962 y la guerra de las Malvinas fueron hitos de la alta política; algo que hoy se refleja en el caso de Venezuela”.

El infierno y el plan del golpe de Estado en Bolivia

Consultado por Nuestras Voces, Marco Teruggi –corresponsal argentino en Venezuela para la cadena Telesur- considera que el nombramiento de Abrams tiene olor a pólvora. “La designación de Abrams, un hombre formado bajo los designios de la política exterior de Reagan, tiene que ver con el intento de acelerar el derrocamiento de Nicolás Maduro a través de una combinación de formas. Primero, en el plano político, a través de la puesta en marcha de un gobierno paralelo. En segundo lugar, profundizando formas de desestabilización, una función en la cual Elliot Abrams es experto. Cuando menciono esto último podemos señalar el intento de golpe del último 30 de abril, las acciones violentas llevadas a cabo por grupos paramilitares, o los envíos inconsultos y por la fuerza de ayuda humanitaria. En resumen, podemos decir que Abrams posee expertise para desarrollar guerras sucias. No tiene remordimiento ni ética, si no objetivos. Es un hombre, en definitiva, que no está pensando en negociar si no en clave de golpe de Estado bajo formas novedosas de intervención como los ataques económicos o brotes de violencia activados por grupos mercenarios. Ese libreto lo aplicó el mismo Abrams en los años 80, así que lo conoce a la perfección”.

Nuestras Voces consulta a Teruggi sobre si la intención de dirigir marines hacia las costas venezolanas es un deseo en alza en la Administración Trump. “Creo que tienen un debate permanente en esa materia. Hay declaraciones que dan a entender que sí. Incluso, del propio (Secretario de Estado) Mike Pompeo. Sin embargo, considero que por ahora utilizan esa amenaza como una carta de presión. Unos meses atrás, la opción militar era más firme pero la Casa Blanca ahora entendió que no es factible una fractura en los altos mandos bolivarianos; por lo tanto, ellos entienden que no es tan sencillo fogonear una alzada castrense. Por otro lado, ha trascendido en diarios como The Washington Post que un sector del gobierno de Trump desestima cualquier tipo de intervención de esa índole. En conclusión, considero que, antes de movilizar tropas, Estados Unidos agotará todos los mecanismos de guerra sucia posible para desgastar a Maduro. En ese sentido, Abrams es el hombre indicado para monitorear esos movimientos”. 

Venezuela como cuestión geopolítica

La periodista Beatriz Pascual Macías de la agencia EFE entrevistó a Abrams luego del encuentro sobre Venezuela de Florida de esta semana.

-El domingo, la Policía impidió a Guaidó la entrada al Palacio Legislativo. Y usted el lunes anunció que EEUU impondrá más sanciones contra el Gobierno de Maduro y sus aliados. ¿Contra quién se dirigirán esas restricciones?

– No nos gusta hablar mucho o muy específicamente de futuras sanciones, pero sí que ya tenemos sanciones sobre gente que mina la democracia. Y algunas de las personas que están implicadas en lo que pasó el domingo y el lunes, muy claramente se ajustan a esa descripción. Se producirán en la próxima semana. Habrá sanciones adicionales.

– ¿Afectarán esas restricciones a Cuba o Rusia?

– Estamos hablando de (sanciones) en los próximos días contra venezolanos implicados en esas actividades. También estamos observando con mucho cuidado lo que están haciendo los rusos y creo que usted verá alguna acción sobre eso, pero será en un periodo más largo de tiempo.

– En otras ocasiones, usted ha reconocido que Washington subestimó el supuesto apoyo ruso y cubano a Maduro. ¿Por qué? ¿Hubo algún error por parte de EEUU?

– Creo que cuando llegué a este puesto (en enero de 2019), estaba claro que los cubanos estaban allí. Tienen unos pocos miles de agentes de inteligencia allí. Y, a medida que estudiamos más y más lo que estaban haciendo, quedó más claro lo que estaba sucediendo dentro del Ejército venezolano. (El Ejército) es vigilado por esos espías cubanos todos los días. Así que, quedó claro que el papel de Cuba era cada vez más importante. Cuanto más lo miramos y cuanto más preguntábamos por el comportamiento de las personas en el Ejército, mejor podíamos apreciar la presencia de los cubanos espiándolos, claramente limitando su comportamiento.

Y está claro que los altos mandos militares están asustados porque saben que les están espiando y constantemente tienen miedo de hablar, miedo de haber llamadas telefónicas, de enviar correos electrónicos.

– ¿Y Rusia? ¿Malinterpretaron su papel?

-Creo que, de hecho, el papel de Rusia ha crecido. No es que lo malinterpretáramos, sino que en realidad ha crecido durante 2019.

-Ha mencionado que altos mandos militares venezolanos tienen miedo de contestar correos y llamadas. Usted el año pasado estuvo en contacto con varios de ellos, ¿sigue manteniendo esas comunicaciones?

-No quiero hablar sobre ello. No son nuestras llamadas o correos electrónicos, me refiero a comunicaciones entre ellos. Es decir, si eres un general, si eres un coronel y quieres decirle a tu compañero oficial, al que has conocido durante años, de coronel a coronel o de general a general, “oye, no me gusta lo que pasó el domingo, creo que esa no es la manera adecuada de usar a la Policía”. Pues, probablemente no vas a decir eso por teléfono, no lo vas a decir en un correo, porque sabes que acabarás en la cárcel o algo peor.

-Y con Guaidó, ¿cuándo fue la última vez que estuvieron en contacto y de qué hablaron?

-Estuve en contacto con él creo que el lunes para hablar sobre lo ocurrido el domingo. Y, luego, estuve en contacto con él para felicitarle después de que fuera elegido (como presidente de la AN) por 100 diputados. Así que tenemos un contacto razonablemente frecuente.

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Emiliano Guido

Emiliano Guido

Periodista especializado en política internacional. Forma parte del Programa de Integración Regional y Financiamiento para el Desarrollo en Fundación SES (Argentina). Ganador del Premio José Martí (2006) otorgado por la agencia Prensa Latina.

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