Emprendedorismo y ajuste versión G20

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Business 20, la plataforma que agrupa al sector privado en el Grupo de los 20, impulsa una fuerte transformación del esquema productivo tradicional. En su calidad de anfitrión, el gobierno argentino posicionó como Chair del B20 a Daniel Funes de Rioja, usual vocero del sector más concentrado de la UIA. Digitalización de la economía, robotización del trabajo, emprendedorismo para todos y todas. Una agenda aunada en la difusa etiqueta de la industria 4.0 con dos consecuencias previsibles: consolidación de la matriz financiera y reducción de los puestos de trabajo.

Adrián Magra, director regional de Negocios para Siemens, fue el más entusiasta al momento de exponer en la coqueta nave principal del Polo Científico Tecnológico: “En los próximos años veremos muchos cambios, seres humanos y máquinas trabajando en conjunto”. Evidentemente, si el futuro y la tecnología es para la serie televisiva Black Mirror oscuridad y pesimismo, para Magra es todo lo contrario. Las palabras del CEO de Siemens fueron vitoreadas por el Chair (jefe) de Business 20 Daniel Funes de Rioja, presidente de la poderosa Coordinadora de Industrias de Productos Alimenticios y anfitrión del evento sobre Economía Digital, el dueño de casa Lino Barañao –ministro de Ciencia y Tecnología–, su par de Modernización Andrés Ibarra, y una delegación del sector privado global que empuja el espíritu desregulador open mind del B20: Pablo Di Si, Presidente y CEO de Volkswagen para América del Sur y el Caribe; Deep Kapuria, titular del holging indio Hi-Tech Group; Robert Pepper, representante de Facebook.

El Grupo de los 20, que el próximo 30 de noviembre y 1 de diciembre reunirá en la ciudad de Buenos Aires a los Jefes de Estado de las principales economías del mundo, posee en su interior distintas mesas de enlace para concentrar el diálogo y propuestas por campo social: Women 20 agrupa a colectivos y líderes feministas; Civil 20 a organizaciones de la sociedad civil; y Business 20, claro está, a las corporaciones. Cada foro, entonces, elevará a los gobernantes congregados en la capital argentina una serie de recomendaciones en políticas públicas. “De todos esos grupos, B20 es uno de los que más pesa en las discusiones del G20. Es un foro muy importante. Los empresarios reunidos en Business 20 apuestan mucho al emprendedorismo privado y a la flexibilización laboral. Además, con la venia del Banco Mundial, le van a dar mucha rosca a las fintech, bajo el eufemismo de la integración financiera”, advierte a Nuestras Voces Andrés Burgos, coordinador del departamento de Economía en el Centro Cultural de la Cooperación e impulsor de la iniciativa People 20, una red de organizaciones sociales que busca constituirse como la contracumbre de Buenos Aires, para pensar y rebatir la agenda del G20 desde el Sur.

Economía digital o líquidez de la infraestructura productiva, ese horizonte tecnológico celebrado con una retórica emancipadora por Business 20 tiene en Argentina a un empresario que resume ese modelo de negocios: Marcos Galperin, Director ejecutivo de Mercado Libre, un CEO muy promocionado por el gobierno de Mauricio Macri como ejemplo de innovación. El escritor Hernán Vanoli –editor de la revista Crisis– perfiló, junto a su colega Alejandro Galliano, muy bien a Galperin en el libro Los dueños del futuro.

En diálogo con Nuestras Voces, Vanoli entiende que la reiterada palmada en el hombro del macrismo a Galperin está relacionada con que “la promesa de Cambiemos está centrada en la modernización, y ese tipo de empresarios encarnan el menú de start ups, trabajo en casa, labores creativas y generación de oportunidades de negocios en base al capital humano. Claro, que eso significa, en el caso de Galperin, trabajo offshore, ausencia de paritarias y aversión al riesgo. Algo parecido al perfil de Macri empresario, pero el presidente ni siquiera fue un capitalista aventurero; directamente, su familia se benefició de negociados a costas del Estado. Por el lado de Galperin es muy evidente que intenta virar hacia la especulación financiera, disciplina donde se formó y de donde proviene, porque advierte que, en caso de que Amazon se haga fuerte en América del sur, no tiene ningún tipo de chances de competir”.

Sobreactuado aval de los Organismos

Martín Burgos, por su parte, subraya el interés mayúsculo que tiene Business 20 por promover a las llamadas fintech en el entramado doméstico de los países periféricos, donde a ojos vista de las corporaciones tienen muchas millas por recorrer. “Las financieras tecnológicas, que posibilitan abrir cuentas ahorros en plataformas de comercio como Mercado Libre o Alibaba Group, implican abrir una zona de competencia con los bancos pero, a su vez, y ahí veo una gran cuota de riesgo, incrementar los flujos de dinero no regulado. Si los gobiernos de América del Sur que integran el G20 dejan ese capítulo económico librado al azar del mercado podría haber consecuencias sistémicas en el andamiaje económico. Mercado Libre o Alibaba se promocionan como nuevos bancos, más amigables, pero el problema es que el dinero que ellos capturan queda por fuera de la regulación estatal”, entiende Burgos.

Recapitulando, ¿por qué la tecnología o la digitalización de la economía gana tanto centímetraje en la narrativa del nuevo horizonte capitalista? “Creo que eso pasa porque ambas cosas avanzaron muchísimo en la última década, y lo hicieron con un discurso dinámico y una promesa de democratización de las oportunidades que, por supuesto, es falsa. Porque lo que funciona en internet es la lógica del ganador se lleva todo. Es decir, las corporaciones tejieron un discurso donde ponderan las posibilidades de participación social en un horizonte de negocios bastante desregulado, una especie de nuevo far west digital. Puede haber algo de eso pero obviaron la parte donde esa supuesta democratización terminó criando corporaciones todavía más poderosas, nocivas y voraces que el capitalismo industrial”, interpreta Hernán Vanoli.

Martín Burgos abre un alerta sobre el impacto de la agenda de Business 20 en el mercado laboral y en el andamiaje productivo: “La tecnología y el empleo fueron temas de debates desde el principio de la economía, no es algo nuevo porque aparezcan los robots y la digitalización. El problema es que, muchas veces, la tecnología no es utilizada para provecho de la población sino para reducir el empleo asalariado. En la actualidad, esa tecnología además es muy utilizada para desestructurar algunos mercados regulados, como el de comercio y bancos, a nivel global. Esos procesos pueden ser generadores de mayor inestabilidad económica dado que pueden eludir cualquier orden normativo a nivel nacional o, incluso, internacional”.

“El inicio de un nuevo ciclo de innovación tecnológica basada en la reorganización de la producción a partir de las plataformas digitales, la automatización y la inteligencia artificial de la cuarta revolución industrial plantea desafíos aún mayores. Parece emerger una nueva lógica: reorganizar la economía global mediante plataformas digitales y la externalización de la logística, y recurrir a la robotización para situar la producción más cerca de los consumidores, sea en mercados emergentes de alto crecimiento (on-shoring) o retornando a los países avanzados (re-shoring)”, plantean con mucho tino José Antonio Sanahuja  y Nicolás Comini –director de la licenciatura en Relaciones Internacionales de la Universidad del Salvador–  en un artículo titulado “Las nuevas derechas latinoamericanas frente a una globalización en crisis”, publicado en el último número de la revista Nueva Sociedad.

El macrismo, su narrativa, no esconde su voluntad de digitalizar el Estado y comprimirlo en una versión fitness: atlético, resolutivo y, sobre todo, a tono con la dinámica del sector privado. Lo fundamental, dice Cambiemos, es no impedir la evolución del mercado. El gobierno argentino, en sintonía con las corporaciones tecnológicas y las potencias occidentales enfrentadas a la Administración Trump, honran un estadío capitalista supuestamente descentrado, no burocrático, líquido: donde todos somos patrones de nosotros mismo, y donde los sindicatos no existen. “Este nuevo ciclo de innovación tecnológica supone un desafío laboral, fiscal y de protección social que exige la redefinición del contrato social básico tanto en los países avanzados como en aquellos en desarrollo”, advierten Sanahuja y Comini.

Por último, el análisis mencionado se detiene en el consenso evidenciado por los miembros ricos y los países en desarrollo del G20 en el tópico de la economía digital y se pregunta si ese común denominador no elude las obvias diferencias geopolíticas que diferencian, o deberían diferenciar, las hojas de ruta de países como Alemania y Francia con Argentina y Brasil. “La creación del G 20 en 2010 significó un (tardío) reconocimiento del nuevo estatus de los países emergentes como rule-makers globales. Pero estos países no parecen tener el interés, la voluntad o la capacidad de sustituir a las potencias tradicionales y el internacionalismo liberal en la gobernanza del sistema internacional”, plantean los autores.

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Emiliano Guido

Emiliano Guido

Periodista especializado en política internacional. Forma parte del Programa de Integración Regional y Financiamiento para el Desarrollo en Fundación SES (Argentina). Ganador del Premio José Martí (2006) otorgado por la agencia Prensa Latina.

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