Engranados por Vicentín

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Se habla mucho de la expropiación de la cerealera Vicentín y muy poco de las maniobras del grupo empresario junto a funcionarios de la gestión de Mauricio Macri para sobre endeudarse y fugar divisas que pusieron esa opción sobre la mesa. El presidente Alberto Fernández, al anunciar la expropiación, tomó una decisión que será histórica por su envergadura e importancia. Debió actuar con rapidez, porque el lobby que se desarrollaba buscaba dejar en manos de Cargill, Glencore y grandes grupos financieros a una empresa estratégica. La historia de las grandes cerealeras y la verdad sobre la Junta Nacional de Granos: fue un invento liberal durante la crisis del 30 para socializar pérdidas que el peronismo utilizó en los 50 para redistribuir ganancias .

“Casi la totalidad de los negocios de cereales se halla en manos de tres grandes casas exportadoras: la Bunge y Born –que es la nuestra-, la de Luis Dreyfus y la de Weil hermanos; que compran y revenden por sí solas el 80% de la producción total”.

Relato de Jorge Born en 1910

Ni bien comenzó el gobierno de Alberto Fernández se supo que el Banco Nación, el banco de todos los argentinos, en la era Macri había comprometido su situación financiera prestándole a la cerealera Vicentín el equivalente a un tercio de su cartera total créditos. Poco a poco fuimos descubriendo que estábamos ante un escándalo como pocos. Durante el mes de noviembre de 2019, con el país derrumbándose y los sectores populares sumergidos cada vez más en la miseria, Vicentín recibió 26 nuevos préstamos a pesar de que ya no estaba pagando sus deudas, y solo 5 días antes del cambio de gobierno, el 5 de diciembre, se declaró en convocatoria de acreedores. En forma dispersa, y en cuenta gotas, tuvimo la evidencia de una defraudación pergeñada bajo la responsabilidad de Javier González Fraga, director jefe del banco en la gestión Macri. Ahora también sabemos que el grupo Vicentín vendió su empresa de biodiesel, combustible vegetal, a sus socios de Glencore, y que ese dinero lo llevó a cuentas offshore burlando a una enorme cantidad de acreedores. Hoy se habla mucho de la expropiación y muy poco de las maniobras del este grupo empresario que pusieron esa opción sobre la mesa.

Alberto Fernández, al anunciar la expropiación, tomó una decisión que, por su envergadura e importancia estratégica, será histórica. Debió actuar con rapidez porque el lobby que se estaba desarrollando buscaba dejar en manos de Cargill, Glencore y otros grandes grupos financieros, a una empresa que había llegado a ser la número uno de la exportación de granos; y eso en una economía agroexportadora como la argentina es mucho decir. Esa rapidez en la acción no permitió preparar el terreno para poder explicarle a la ciudadanía lo que estaba pasando.  La Constitución nacional contempla la posibilidad de la expropiación cuando lo amerita el interés general, esto lo ha tenido que explicar numerosas veces el presidente a quienes quieren imponer en la imaginación popular que la propiedad privada es sagrada en inviolable. Pero hasta los liberales que escribieron nuestra Constitución en 1853, y los que la modificaron en 1994, entendieron que por encima del bien común no puede estar el interés particular. Son muchísimos los ejemplos históricos de expropiaciones a lo largo de nuestra historia, y lo han hecho gobiernos de todos los signos políticos.

Vicentín y la estrategia de Alberto para conseguir la soberanía alimentaria

Una historia de negocios concentrados

La historia de Vicentín es, como la de las grandes cerealeras, una historia de concentración del negocio de la exportación y molienda de granos en pocas manos. Llegan a ser tan poderosas que pueden controlar amplias franjas del estado y la economía.

La historia de las grandes cerealeras en Argentina se remonta a fines del siglo XIX, cuando logran concentrar la exportación de alimentos en un país que llegó a convertirse en “el granero del mundo”. Es casi como tener pozos petroleros en Arabia Saudita. Se ha hablado mucho de los dueños de la tierra y de la concentración de la riqueza, pero el rol de las cerealeras ha logrado disimularse en un segundo plano. Empresas como el grupo Bunge y Born son un paradigma del modelo concentrado de desarrollo de nuestra economía. Son la prueba de que el mismísimo nacimiento de nuestro sector industrial fue de la mano de la riqueza que producía el mundo rural. En 1899, la Bunge & Born, adquirió un taller de cromo hojalatería: Centenera S.A., envases de hojalata en la Argentina. En 1902 el grupo decidió profundizar su política de industrialización del que por entonces era su principal producto de exportación, el trigo, instalando un molino harinero en el Dique III de Puerto Madero, de la Ciudad de Buenos Aires. La empresa tomó el nombre de Molinos Río de la Plata. Compraba trigo a alto precio y luego vendía la harina más barata, arruinando a las pequeñas y medianas empresas.

Para 1910, la Bunge & Born, especializada en la comercialización y exportación de granos, ya era uno de los grandes de commodities agrícolas del mundo: junto a otras dos compañías -Dreyfus y Weil-, controlaban el 80% del mercado. Llegó a tener el control de 44 empresas de alimentos, lo que le otorgó el poder de definir los precios del mercado. 

Las grandes cerealeras, por su capacidad comercial y por falta de una política estatal de protección a los pequeños productores se hicieron con el gran negocio de la exportación. Le fijaban el precio a los granos, al transporte terrestre y marítimo, tenían la capacidad de almacenar y especular con los vaivenes del comercio internacional y fueron arrolladores con cualquier atisbo de competencia. De este modo, Bunge & Born (belga-alemana) que se había instalado en el país en 1884, Louis Dreyfus (francesa) que se había radicado en 1897, Huni & Wormser (franco-suiza) y Weil Hermanos & Co. (también alemana) que había abierto sus operaciones en 1898, prácticamente monopolizaron la exportación de granos argentinos hasta la Primera Guerra Mundial.

Los que recuerdan insistentemente que el peronismo creó la Junta Reguladora de Granos y pretenden asustar con ese argumento están cometiendo un error histórico. La JRG no la creó Perón, fue inaugurada en 1933 por el gobierno conservador de Agustín P Justo y fue a pedido de las cerealeras. Después de la crisis de 1930 el precio de los granos en todo el mundo se derrumbó y las compañías le pidieron al estado un precio sostén para no arruinarse. Es decir que pidieron ser salvadas con el dinero de todos los contribuyentes. Cuando llegó el peronismo al gobierno, después de la segunda guerra mundial, el precio de los alimentos había vuelto a cotizarse muy alto y Perón utilizó esa herramienta para comprar los granos a un precio regulado y exportarlo al valor de cotización internacional. Esa diferencia fue usada para volcarla al desarrollo del mercado interno y el desarrollo industrial. Era una apuesta a salir de la dependencia eterna de la agroexportación. Claro que las grandes cerealeras protestaron, querían socializar las pérdidas pero eran bien capitalistas con las ganancias.

Vicentin y más allá

Argentina tiene el antiguo problema de ser un granero del mundo que no le da de comer dignamente a todos sus habitantes. Cada vez que se intentó enfrentar esta injusticia el escenario político entró en gran tensión. El último episodio descollante fue en 2008 cuando se intento subir las retenciones y las patronales del campo arreciaron con protestas al límite del golpismo.

El caso Vicentín abre una puerta nueva, original y nuclear. Las operaciones de evasión que se están descrubriendo muestran hasta qué punto el estado fue estafado, de nada servía aumentar retenciones a las exportaciones si volúmenes monumentales de granos salen de los puertos sin ser controlados, con el manejo unilateral de las grandes compañías, que no solo  estafan al fisco sino también a los pequeños productores a los que les descuentan impuestos que ellos después no pagan. El Estado interviniendo en esos negocios genera dos ventajas de un solo tiro: puede actuar como ente regulador de los precios al ser un agente importante en el mercado, y se puede hacer de los dólares necesarios para frenar la presión constate a la devaluación de la moneda. Es natural que muchos protesten pero debe primar el interés general.

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Sergio Wischñevsky

Sergio Wischñevsky

Historiador, periodista y docente de la UBA. Columnista en Radio del Plata en el programa Siempre es hoy. en Radio Nacional en el programa Gente de a Pie y en La Liga de la Ciencia.

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