Evo busca su octubre

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Finalmente se fijó en Bolivia una fecha para que se realicen las elecciones presidenciales. El acuerdo se logró en medio de grandes movilizaciones. La fecha ya había sido aplazada en dos oportunidades. El MAS, la principal fuerza política y social del país, se mantiene bien posicionado en los sondeos. La crisis sanitaria se agudiza y es difícil establecer un pronóstico. Lo cierto es que el gobierno de Janine Áñez –con el apoyo de Estados Unidos y la OEA– intentará prolongar el golpe contra Evo Morales.

Habrá elecciones presidenciales en Bolivia. El hecho en sí es una noticia ya que la presidenta golpista Jeanine Áñez, una legisladora cuyo partido obtuvo en los últimos comicios nacionales apenas el 4 por ciento de los votos, viene prometiendo una convocatoria electoral desde noviembre último.

Áñez, una ignota Senadora del poderoso departamento de Santa Cruz, ocupó el sillón presidencial tras el asedio destituyente realizado por las élites económicas locales y el conjunto de los partidos opositores contra el gobierno legítimo de Evo Morales. En esa oportunidad la legisladora santacruceña juró en el balcón principal del Palacio Quemado con la Biblia en la mano escoltada por el magnate gasífero Luis Camacho, referente de la agrupación supremacista blanca Unión Juvenil Cruceñista.

El gobierno golpista había gestado previo a la pandemia un plan de recurrente suspensión de los comicios. Áñez y el Tribunal Supremo Electoral siempre encontraban una excusa para coartar el acto cívico que se habían comprometido en realizar: en principio el motivo pasó por la depuración del padrón electoral, luego alegaron razones de índole sanitaria para posponer el llamado a las urnas. Es más, la publicación de una encuesta realizada por el centro de investigación CELAG, que colocaba al candidato presidencial del evismo Luis Arce, con posibilidades ciertas de ganar en primera vuelta ahondó la estrategia del golpismo permanente.

Alertado por el ascenso del MAS en los sondeos el gobierno de Áñez adujo, en un hecho insólito, que Arce había vulnerado la ley electoral al informar de la mencionada encuesta. Entonces, como sucede en la célebre película El día de la marmota, donde un episodio se repite en loop, Añez y su mano derecha, el ministro del Interior Arturo Murillo, amenazaron con que el acto de Arce era razón suficiente para demorar las elecciones.

Fue entonces cuando el evismo activó su músculo callejero, su vena insurgente. A través de la Plataforma de Unidad –una mesa donde convergen movimientos sociales y organizaciones sindicales, algunas orgánicas al MAS, otras no tanto- iniciaron una jornada sostenida de “bloqueos” –piquetes- sobre el eje central del país para forzar una mesa de diálogo con el gobierno presidido por la Senadora blonda Jeanine Áñez. En paralelo, la unidad tácita opositora donde prevalecen dos sectores, el sector duro de Áñez y Camacho –con menos votos, pero más recursos económicos y lazos con EE.UU.-; y el partido Comunidad Ciudadana, del ex presidente Carlos Mesa, el Fernando de la Rúa boliviano, –popular en la capital nacional, de discurso moderado pero de matriz antipopular- comenzó a resquebrajarse. Mesa percibió que no necesitaba de Áñez porque la diferencia entre ambos en la intención de voto era abultada.

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Finalmente, acorralada por una enorme crisis sanitaria, donde la estela de infectados del COVID 19 ha dejado su huella en más de la mitad del gabinete nacional, jaqueada por una deslegitimidad pública, donde convergen las ascendentes denuncias por corrupción más una mala administración económica, y preocupada por la persistente protesta social contra la suspensión de las elecciones, es que Áñez acepta abrir una mesa de diálogo nacional. Evo Morales desde su exilio en Buenos Aires fue el primer dirigente en aceptar el convite y en aceptar la fecha del 18 de octubre. Luego lo hizo, más a regañadientes, la poderosa central sindical COB. Sin embargo, ayer a la noche un estruendoso Cabildo de organizaciones campesinas se negaban a abandonar los piquetes montados sobre los accesos en la ciudad de El Alto, próxima a La Paz.

Nuestras Voces habló con el analista internacional Katu Arkonada, ex asesor del gobierno de Evo Morales, sobre el intrincado tablero político boliviano. En principio, consultado sobre por qué razón el evismo aceptó deponer los cortes de ruta Arkonada advirtió: “El gobierno boliviano estaba buscando generar un escenario de caos y represión, no sé si para cerrar definitivamente el capítulo electoral, porque veo poco probable que puedan evitar los comicios, pero sí para erosionar la imagen del evismo. En ese sentido el gobierno intentaba meter miedo en la clase media urbana con el supuesto surgimiento de un grupo armado en la zona de Cochabamba, lo que a todas luces parece ser una operación de bandera falsa montada por el ministro Murillo”.

En segundo lugar, Arkonada hizo referencia desde México, país donde reside, sobre la evidente división del bloque de partidos de derecha contrarios a Evo Morales: “Mesa está sosteniendo una posición lógica a sus intereses, la más inteligente, la de quedarse callado lo más posible e intentar convertirse en la campaña electoral en un carril central que proponga el mensaje de que ni golpistas ni masistas, una tercera posición moderada. No creo que sean canales complementarios el descenso de Áñez y la subida del MAS en los sondeos, considero que el evismo tiene una base social muy grande, firme, con algunas capas de cebolla alrededor que le abandonaron, por lo menos parcialmente, en las elecciones del año pasado, y que ahora podrían replantearse volver al comprobar el desastre social y económico provocado por el actual gobierno”.

Además, y en el mismo segmento de análisis el también referente de la plataforma continental Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad expresó a Nuestras Voces: “Lo que está claro es que Áñez sirvió para lo que sirvió, fue un fusible para poder legitimar el golpe, pero ya no les sirve, por eso no sería nada extraño que pudieran bajar su candidatura si comprueban que la estrategia de palo con Murillo y Áñez, y zanahoria con Mesa, no funciona o no se traduce con fuerza en las encuestas. El bloque de derecha necesita acortar las diferencias con el MAS y forzar una segunda vuelta”.

Por último, Nuestras Voces preguntó al entrevistado cuál es su lectura o pronóstico, sobre una resolución electoral a todas luces imprevisible: “Dudo mucho que hayan dado un golpe de Estado para entregar el poder en unas elecciones. Yo creo que van a gastar todo el dinero que tengan que gastar, realizar operaciones de falsa bandera si es necesario, meterle mucho dinero a los medios y a la campaña. No olvidemos que en octubre del año pasado el MAS con toda la fuerza del Estado a su favor, y donde quedó claro que no hubo fraude, la diferencia entre Evo Morales y Carlos Mesa fue de once puntos. Entonces podemos pensar ahora que en unas condiciones desfavorables, y luego de haber inoculado una gran dosis de miedo entre la clase media urbana, esa distancia de once puntos es difícil que crezca. Y, por el contrario, a la derecha le basta con reducir en apenas dos puntos esa distancia para forzar una instancia de ballotage”.

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Emiliano Guido

Emiliano Guido

Periodista especializado en política internacional. Forma parte del Programa de Integración Regional y Financiamiento para el Desarrollo en Fundación SES (Argentina). Ganador del Premio José Martí (2006) otorgado por la agencia Prensa Latina.

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