Ganancias para Moyano-Macri, impuesto para los trabajadores

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Moyano le tendió un puente a Macri para evitar que el proyecto de impuesto a los salarios del FPV impulsado por  Massa se convirtiera en ley. El sindicalista puso a la CGT en el centro de la escena, Macri apretó a gobernadores con los fondos, pero terminó poniendo parte del costo con ATN y un nuevo proyecto de «consenso» avanza. Durante el kirchnerismo los sindicatos hicieron un paro para que se derogara el impuesto, Macri prometió eliminarlo en campaña, pero ahora Marcos Peña explicó que la promesa fue «un error de precisión».

Para salir de su propia emboscada por el Impuesto a las Ganancias, después de prometer una cosa en campaña y hacer otra en el poder, el gobierno de Mauricio Macri contó con un aliado clave, Hugo Moyano. Lejos de la amenaza de ir al paro y escarmentar al oficialismo por el derrumbe de la economía, la cúpula de la CGT volvió a mostrarse combativa pero actuando comprensiva con el Ejecutivo y le tendió la mano para recomponer la derrota que había vivido en la Cámara de Diputados una semana atrás, cuando la oposición impuso un proyecto propio y dejó de lado el desafortunado b-orrador enviado por el ministro Alfonso Prat-Gay.

La CGT cierra así el 2016 con un recorrido pendular. Pasó del miedo que metía con la reunificación y las advertencias lanzadas al aire, a ser un actor determinante en la contención del conflicto social, en medio del alza inflacionaria y la caída del empleo. Movilizaciones sí, paro no. Diálogo sí, guerra no. Críticas sí, enfrentamiento no.

La reunión del ministro de Trabajo, Jorge Triaca, con el triunvirato cegetista fue el punto de inflexión para que esta semana el PRO lograra conseguir los apoyos políticos y –todo hace suponer– los votos para la sanción en el Congreso de una iniciativa que llega recalculada. Antes, la distendida cena de los funcionarios negociadores con el diputado Sergio Massa y el más reciente encuentro de un pequeño grupo de mandatarios provinciales en el Hotel Savoy, terminaron de sellar un pacto que benefició al presidente Macri y a sus aliados ocasionales, de cara a las fiestas y el cierre de año. Para el sindicalismo moyanista, significó arrebatarle el centro de la escena a Massa y tener una silla en la mesa donde se toman las grandes decisiones. En el caso del Frente Renovador y los gobernadores del interior, el beneficio pasa por meter cuchara en un tema con comprobado rédito electoral. Más allá del escándalo por el Photoshop y las bandejitas de sushi, a Massa la foto de Ganancias lo ubica como referente de una autoproclamada oposición constructiva. Si bien, en concreto, su bloque suele votar de memoria con Cambiemos y sólo rompe cuando el rédito político es sensible. En cuanto a los jefes provinciales, es una manera de imponer condiciones federales a una gestión de perfil centralista, además de alimentar el clásico ego de sentir que cogobiernan, sobre todo después de que se confirmara que el 50 % del déficit generado por el nuevo esquema tributario será cubierto con Aportes del Tesoro Nacional (ATN).

Claro que para el macrismo “el puente de plata” ya tiene un costo. Además de asumir –quiera o no– el nuevo error político cometido, la dura derrota en Diputados y verse forzado a conceder protagonismo a eventuales rivales en las legislativas de 2017, el affaire Ganancias dejó heridos en el gabinete de Macri, con un grado de hemorragia que sólo se podrá calcular con el paso de los días. Por lo pronto, la marcada salida de escena de Prat-Gay y la delegación de las tratativas en manos de un equipo encabezado por su par de Interior, Rogelio Frigerio, no hizo más que recrudecer el malestar que hace largo tiempo rodea al titular de la cartera de Hacienda y Finanzas Públicas. Despechado por la caída inapelable de su proyecto y el avance político de otro donde no tuvo mucha participación, ayer Prat-Gay advirtió: “La frazada es corta, habrá que ahorrar en otras partidas para financiar Ganancias”.

El destrabador

Moyano, supuestamente alejado del centro del tablero sindical y enfocado en la presidencia de Independiente de Avellaneda, fue el encargado de ofrecerle a Macri una salida para la encerrona de Ganancias. El proyecto original de Cambiemos había sido desmantelado por un arco opositor que actuó de manera coordinada, incluido el massismo que –sin muchos antecedentes– se había desmarcado de la Casa Rosada. El miércoles de la semana pasada, un Macri preocupado recibió a Moyano a solas en la Quinta de Olivos. Como en otras oportunidades, el depositario de las críticas internas fue Prat-Gay, a quien en el Gabinete PRO le atribuyen poco tacto, algo similar a lo que ocurre con Juan José Aranguren, pero con una diferencia no menor: el padre del tarifazo es un “propio” mientras que el chicago-boy vernáculo juega de visitante en las filas del partido amarillo.

Una vez que el camionero salió de Olivos, los hechos se sucedieron con velocidad y en favor del oficialismo. Tanto que Massa, a quien Marcos Peña había llamado “la persona menos confiable del sistema político argentino”, terminó comiendo pescado crudo con Frigerio; el vicejefe de Gabinete, Mario Quintana; el titular de la cámara baja, Emilio Monzó, y los diputados Nicolás Massot y Luciano Laspina. En esa reunión se acordó volver a la sintonía fina entre ambos espacios y volver a marginar al kirchnerismo. “Estuvimos conversando todos estos días con Sergio y coincidimos en parar la pelota y revisar lo ocurrido”, sostuvo Frigerio, que remarcó el asombro de “que el FR cerrara un apoyo a un proyecto de (Axel) Kicillof”. Se trata de la iniciativa coordinada con el FPV, que había tenido media sanción en Diputados y que ahora quedó cajoneada. El ministro también se refirió a los gobernadores, de cuyo trato es el encargado en el gobierno: “Jugaron un rol fundamental poniendo racionalidad”, ensalzó.

Ahora, el macrismo espera que, después de un trámite rápido en Diputados, el nuevo y consensuado proyecto sea hecho ley el jueves en el Senado. No es un exceso de confianza sino el resultado de la rosca y del respaldo de un ariete sindical, legislativo y provincial. “Vamos bien encaminados. Esperamos que entre el miércoles y jueves se convierta en ley”, vaticinó uno de los tres secretarios de la CGT, Héctor Daer, que además es diputado massista.

Durante la cumbre con Triaca, los dirigentes gremiales deslizaron reproches, pero el resultado fue una fumata igual de blanca: “Realmente fue una torpeza política. Si se hubiera generado un diálogo anterior, esta situación hubiera sido mucho menos problemática”, se había quejado Andrés Rodríguez, de UPCN.

El tesoro y las provincias

De la charla entre Triaca y el triunvirato salieron los ejes para el borrador del proyecto reenviado al Congreso: la clave es un mínimo no imponible de $ 37 mil brutos para casados con dos hijos y de $ 27.941 para los solteros. De la reunión con Massa había surgido que la cifra no imponible rondase los $ 40 mil para los asalariados que sean padres, además de eximir del pago del tributo a los viáticos y a ciertos adicionales por horas extras.

“Un sueldo de 50 mil pesos paga un impuesto de $ 5400; con esta reforma consensuada va a pagar $ 1700”, graficó Frigerio en la conferencia de prensa donde el macrismo dio por superada la crisis y se encaminó a lo que, espera, sea un trámite parlamentario.

Frigerio agregó que para compensar la diferencia que se va a generar con los fondos coparticipables ya presupuestados para las provincias en 2017, la administración central va a recurrir a Aportes del Tesoro Nacional (ATN), que se dosificarán de manera automática. Prat-Gay detalló que los $ 27.000 millones ya comprometidos para girar a cada distrito el año próximo, están garantizados, porque la mitad de los $ 7.000 millones menos que se recaudarán por Ganancias se van a compensar con los ATN, en tanto que los otros $ 3.500 correrán por cuenta de cada provincia. Los $ 7.000 millones es la diferencia de costo fiscal que surge con respecto a la primera propuesta del oficialismo, y que ahora, de acuerdo a las nuevas escalas, totalizaría $ 34.000 millones. En cuanto a cómo se fondeará la Nación, el ex JP Morgan explicó que “se incorporaron algunos impuestos, fundamentalmente uno que no estaba en la primera versión que elevamos al Congreso, que es el impuesto al juego”.

Para las provincias, el paquete prometido parece cerrar. “El acuerdo va en el camino correcto y hay voluntad de sancionarlo este año. Si se confirma, es un acuerdo beneficiosos para todos los argentinos”, evaluó el gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, que en los últimos tiempos viene acercando posiciones con la Rosada. Su par de Entre Ríos, Gustavo Bordet, lo consideró “muy bueno porque habla de consensos que es lo que desde un primer momento debió primar”. Otro que se fue contento a su pago fue el chubutense Mario Das Neves. “La realidad de nuestros trabajadores no es como la de los de Catamarca, Jujuy o Salta. Somos solidarios pero nuestra realidad es distinta, por eso es que logramos en las charlas con Frigerio que en toda la Patagonia los trabajadores paguen a partir de los $ 45.140”, señaló el mandatario, cercano al massismo y que en un primer momento había sido muy crítico de los planes de Cambiemos.

El salteño Juan Manuel Urtubey también había jugado fuerte para romper el bloque opositor y darle otra oportunidad al gobierno. “Existían alternativas para encontrar un camino que, sin desfinanciar a las provincias, permitan solucionar justos reclamos de los trabajadores que pagan o pagarían impuesto a las Ganancias”, subrayó.

Quien rompió con el clima fue el diputado Facundo Moyano, que en su cuenta de la red social Twitter lanzó: “Habrá que esperar letra fina, pero por lo que dicen los borradores, el acuerdo de Ganancias es como mínimo malo” y agregó: “Parece que es más fácil cobrarle impuestos a un trabajador que a los que realmente ganan. Ahí es donde se ven los intereses que se defienden”.

Como en la mesa de sushi de Massa –a la sazón, jefe político de Moyano hijo– para saber qué pasará con Ganancias habrá que esperar al jueves y comparar la foto retocada con la imagen real.

@soycarlosromero

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