“Hay que romper con las grietas simbólicas de la Ciudad de Buenos Aires”

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Claudia Neira encabeza la lista de legisladores porteños del Frente de Todos y es directora del Banco Ciudad por la oposición. Ya ocupó una banca en la legislatura durante el período 2011-2015, momento en el que se sumó al kirchnerismo. Integró la comisión que creó la Ley para personas en situación de calle que el gobierno “insensible y sin sentido común” de Horacio Rodríguez Larreta incumple. Es peronista desde la cuna y una militante tiempo completo que hizo del barrio Mugica su hogar. “Las mujeres son las que ordenan el barrio”, dice. Perfil de una candidata que se recibió de abogada a los 21 años y busca transformar la Ciudad.

Si en un ejercicio imaginario hubiera que dividir arbitrariamente a la clase política en dos, diríamos que están, por un lado, quienes la viven como cualquier otra profesión ­–es decir que podrían ser gerentes de un banco o dueños de una empresa, pero circunstancialmente cayeron en la función pública– y están, por el otro lado, quienes son militantes a tiempo completo y creen que la política es una verdadera herramienta de transformación. En este segundo grupo está Claudia Neira. Y no hace falta conocerla demasiado para asegurar esta premisa. Basta ir todos los fines de semana al barrio Mugica de Lugano, que Claudia siempre está ahí. El barrio para ella es más que un lugar al que ayudó a construir. Cuando está bajoneada por algo personal o por alguna cuestión laboral agarra el auto y se va a tomar unos mates a lo de Mabel, la referenta del comedor “La Misión” y actual comunera. Hace más de diez años cuando la conoció, no imaginó el vínculo que iba a forjar. El barrio es su hogar, su familia ampliada. Y esa vocación por transformar y mejorar la vida de quienes viven cerquita de su casa en el barrio de Almagro –aunque muchos hagan la vista gorda ante esta realidad y crean que las villas y los barrios populares están a miles de kilómetros de distancia– la llevaron a encabezar la lista de legisladores porteños por el Frente de Todos, en nombre del Nuevo Espacio de Participación (NEP), espacio que comparte junto a Juan Manuel Olmos y María Rosa Muiños.

No es la primera vez que Claudia ocupará una banca en la legislatura. Ya lo hizo en el período 2011-2015. Pero esa vez no ingresó al congreso local ni por un espacio peronista ni kirchnerista. Lo hizo por Proyecto Sur de Pino Solanas. Como muchos, Claudia fue surfeando un camino de idas y vueltas en la política partidaria. De cuna peronista –su padre era férreo seguidor del General, tanto que fue el abogado de Isabel en la causa “las manos de Perón”, un dato que Claudia siempre ocultó pero que hoy cuenta como una anécdota simpática–, cuando entró al secundario, impactada por la efervescencia democrática  en la primavera alfonsinista, empezó a militar en una lista de izquierda. En su primera adolescencia se reivindicaba peronista de izquierda y consiguió ocupar la vicepresidencia del centro de estudiantes de su escuela pública. Pero la experiencia no fue tan buena: Claudia se sentía ahogada en el colegio, no estaba conforme con su militancia y decidió en tercer año, rendir libre lo que quedaba. Así, en un año no sólo se recibió de bachiller sino que también hizo las materias de UBA 21 e ingresó a la facultad de Derecho para recibirse, en una carrera meteórica, a los 21 años. Al año siguiente llegó el casamiento, a los dos años su primera hija. En el año 2001 Claudia vuelve a quedar embarazada de su segundo hijo, pero ese año maldito también la interpeló: ¿En qué país iba a nacer su hijo? ¿Qué futuro le esperaba? Le agarró un ataque. Eso no daba para más. Con 28 años, abogada, madre de dos hijos, con todo para perder en un país que se derrumbaba, Claudia le escribió una carta a quien entonces creía que podía transformar la Argentina, un espacio en el que muchos peronistas críticos del menemismo habían encontrado un refugio: El ARI de Elisa Carrió.

Ofelia: una rebelde con causa

Cinco años después, cuando “Lilita” hizo su primer gran viraje hacia la derecha y un gran grupo de peronistas y dirigentes sindicales rompió con el espacio, Claudia no lo dudó y también se abrió. Liliana Parada, que entonces era legisladora y militaba con ella, le ofreció armar una comisión especial para que ella dirigiera. Le pusieron el nombre de “políticas públicas para la ciudadanía plena”. El rimbomante nombre terminó siendo uno de los oasis anti-macristas de la legislatura porteña, en donde los más vulnerados llegaban a pedir ayuda. Desde un colchón, una bolsa de comida, hasta la lucha contra la UCEP: esa Unidad de Control del Espacio Público, creado por el entonces jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, que básicamente golpeaba a quienes estaban en situación de calle. Claudia Neira fue la abogada que firmó en la primera causa contra este organismo que finalmente se disolvió.

Desde esa comisión pergeñaron la Ley para personas en situación de calle, que se aprobó y sigue vigente hasta hoy: aunque el gobierno que encabeza Horacio Rodríguez Larreta no la cumpla, que tuvo la particularidad de que fue pensada junto a las personas que vivían en situación de calle.

En ese entonces, miraban al kirchnerismo todavía con ciertos pruritos. En 2011 Claudia integra la lista de Proyecto Sur e ingresa como legisladora porteña. Pero al poco tiempo, ese espacio también sufre ciertos vaivenes y Claudia decide armar un mono bloque. En ese diálogo constante con otras fuerzas adentro de la legislatura, empieza a tener uno muy fluido con Juan Cabandié, entonces jefe de bloque del espacio kirchnerista. “Un día me agarró Juan y me dijo: Cuchame Neira, se viene la estatización de YPF, se viene una política de trenes fuerte, ¿qué vas a hacer con todo eso? Y la verdad es que ahí me sentí parte de un proyecto político que cuajaba con mis ideales. Ahí me sumo al bloque del Frente Para la Victoria pero siempre manteniendo mi autonomía, como hasta ahora”, cuenta Neira a Nuestras Voces, en su oficina del Banco Ciudad, en donde es Directora por la oposición desde el 2015.

Listas feministas

–Arrancó la campaña en la Ciudad de Buenos Aires con un muerto de frío…

–Es algo inconcebible y demuestra la falta de sensibilidad y de sentido común del gobierno de Larreta. La ley que nosotros promovimos y que sigue vigente, dice que los paradores tienen que estar abiertos las 24 horas, los 365 días del año y eso no se cumple. Los cierran a las 8 de la mañana. Esa es una de las principales razones por las que la gente no quiere ir a los paradores. La gente está en una esquina, llena de bártulos, van con todo al parador, a las 8 de la mañana los echan, tienen que buscar otra esquina con todas las cosas. No hay un trabajo integral.

–¿Vos no concebís tu trabajo sin la militancia en los barrios de la ciudad?

–Ir a los barrios para mi es parte de mi cotidianeidad. No voy desde la política, sino que me siento como de la familia. Y desde ese lugar aprendí a construir, me fui desprendiendo de muchos prejuicios. Creo que es uno de los temas que hay que abordar en la ciudad, que tiene que ver con romper las grietas simbólicas que se viene construyendo hace tantos años. Yo siempre digo que la ciudad de Buenos Aires son dos ciudades en una. Cuando todavía no militaba en los barrios y vivía en Palermo a los 15 años no tenía idea que a quince minutos de mi casa había gente que vivía tan diferente. Pero no tan diferente económicamente, sino que pensaba las cosas desde una perspectiva tan diferente a la mía. Y creo que para transformar y avanzar en una ciudad más integrada, además de trabajar sobre las barreras presupuestarias y de políticas públicas activas, en realidad hay que establecer otro tipo de vínculos entre los que vivimos en la ciudad.

–¿Y cómo se hace eso?

–Por lo pronto conocernos, pero conocernos en serio. Y por ahí a empezar a ver que no venimos de los mismo lugares y no vemos la realidad de la misma manera y desde ese lugar construir. A mí me costó mucho entender, por ejemplo, que en un barrio puede naturalizarse o sentirse como algo común que una chica de 16 años con un chico decidan seguir con un embarazo, irse a vivir juntos, y ser un matrimonio. Y yo muchos años fui con el dedito acusador de poner el grito en el cielo cada vez que una piba se embarazaba, hasta que entendí que eso no solucionaba nada. Y el verdadero tema tiene que ver con una falta de proyecto de vida. Hay muchas chicas que quedan embarazadas porque no saben cuidarse. Pero hay una mayoría que sabe cuidarse pero que se embarazan porque la maternidad constituye su proyecto de vida. Si vos miras los índices de deserción escolar son muchas pibas que no tienen un qué hacer o un qué soñar, un cómo proyectarse. Entonces la maternidad pasa a ser su proyecto de vida y eso es algo que desde el feminismo, desde la política hay que laburar. Hay toda una mística alrededor de la maternidad que es muy fuerte y que nosotros no la vemos. Entonces para trabajar sobre eso hay que entender. Hoy en los barrios, por ejemplo, algo que entusiasma un montón a las chicas es el futbol femenino. Y algunas quieren ser jugadoras, entonces eso es un proyecto que hace que dilaten la maternidad. Empoderarse para una chica de un barrio es ir al colegio, es aprender un oficio. Es el camino para la salida laboral. Es importante que a las chicas no les cueste tanto.

–¿Feminismo popular?

–Absolutamente. Porque las mujeres son el eje del barrio. Son las que ordenan, son las que se ponen al hombro la crisis, porque llevan adelante el comedor, las que organizan. Vos llegas a un barrio no hay nada. Las mujeres se juntan, arman el fuego, a veces no tienen ni garrafa y ponen una olla. Y eso es un ordenador, porque a comer van todos. Y después pasan a ser la referencia cuando no hay vacantes en el colegio, cuando tienen que hacer la documentación, cuando hay un muerto. Ese feminismo en los barrios se hace dejando de lado todo dogmatismo. Hay que poder escuchar y no confrontar con las compañeras, que tienen otros tiempos. En los barrios hay que respetar muchos los procesos.

–¿Qué aporta la fórmula Lammens-Marziotta?

–Si vos leés que hay un momento político diferente, que lo abre Alberto Fernández con una decisión estratégica de apertura, teníamos que replicarlo en la ciudad para generar un proyecto que pueda ganar la ciudad. Que hoy es posible porque los porteños no la están pasando bien. Porque van doce años de macrismo en la ciudad y cuatro a nivel nacional, y hace falta una alternancia. Entonces ahí me parece que es interesante la figura de Matías Lammens porque es abrir a sectores diversos, heterogéneos, una fórmula y una lista que tienen realmente la voluntad de ganar. Matías viene de un lugar diferente, no se encuadra dentro de estándares partidarios. Es un tipo progresista, con sensibilidad social y con sentido común: algo que para los parámetros de esta ciudad es un montón.

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Tali Goldman

Tali Goldman

Es licenciada en Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y periodista. Escribe crónicas en medios digitales como Anfibia, Nuestras Voces, Latfem, entre otros. Es columnista en el programa de radio Cheque en Blanco, que se emite en Futurock. Su primer libro La Marea Sindical, mujeres y gremios en la nueva era feminista de Editorial Octubre ya va por la segunda edición.

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