Historia de una trans secuestrada en un centro clandestino de detención

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Valeria del Mar Ramírez es la primera trans querellante en un juicio de lesa humanidad. Estuvo en cautiverio durante la última dictadura militar en el centro clandestino conocido como el “Pozo de Banfield”. Tenía 20 años y fue secuestrada en la vía pública mientras ejercía el trabajo sexual. Allí fue torturada, sufrió vejaciones y vio el nacimiento de un bebé. Acaba de comenzar el juicio y espera declarar en los próximos meses. “En dictadura había que ‘tenerlos bien puestos’ para salir a la ruta en pollera y tener tetas”

Foto: Alejandra Rovira

Foto Facundo Nívolo

Ni el coronavirus pudo frenar el proceso de Memoria, Verdad y Justicia: a más de 40 años y de muchísimas dilaciones judiciales, por fin, el pasado 27 de octubre comenzó el Juicio “Pozos” que refiere al de Banfield, Quilmes y “El Infierno” de Lanús (La Plata). Según consignó el portal del ministerio público fiscal: “En la causa del Pozo de Banfield, tal como se denominó a la brigada de esa ciudad, se investigan los crímenes contra 253 víctimas; en la del Pozo de Quilmes, 181; y en “El Infierno”, sede de la Brigada de Lanús, 62. De acuerdo con la Unidad Fiscal, de los 442 casos que se abordarán en el juicio, 36 víctimas pasaron por Banfield y Quilmes; 15 por “El Infierno” y Banfield; 3 entre “El Infierno” y Quilmes; y 6 víctimas pasaron por los tres centros clandestinos de detención. El debate aborda privaciones ilegales de la libertad; aplicación de tormentos; homicidios; desapariciones forzadas; sustracción, retención y ocultamiento de niños y niñas nacidos y nacidas en cautiverio; y delitos contra la integridad sexual”.

Pero una de las particularidades será que contará, por primera vez en la historia de los juicios por delitos de lesa humanidad, con una querellante trans. Se trata de Valeria del Mar Ramírez, una trabajadora sexual que fue torturada en el Pozo de Banfield y que vio mientras estuvo detenida 14 días el nacimiento de un bebé en la maternidad clandestina que funcionaba allí.

Tenía 20 años. Era enero del 1977 y estaba parada en la esquina de Camino de Cintura y Seguí, cerca de la rotonda de Lavallol donde ejercía el trabajo sexual, junto a otras compañeras. Era común que a las “travestis” de la época las llevara un patrullero. Pensaron que sería una más, pero no. Esta vez el destino era uno de los centros clandestinos de detención de la última dictadura cívico militar. Ella no lo sabía y no lo iba a saber por muchos años. Cuando las bajaron, un policía que estaba detrás de un escritorio de metal les dijo: “Ah, estas son las cachorras que habíamos pedido”. No quiere ni puede decir qué padeció en esas semanas, las peores de su vida. Valeria, que fue la primera trans que recibió su documento rectificado, tiene fecha para el mes de enero para sentarse en el banquillo y declarar. Mientras tanto, exige que la secretaría de Derechos Humanos de la Nación le otorgue el resarcimiento económico que le corresponde como víctima de la dictadura: un expediente que duerme hace más de diez años.

Una penitenciaria trans que trabaja por la igualdad de géneros en las cárceles

Nuestras Voces dialogó con Valeria, que hace varios años logró jubilarse gracias a la ayuda del sindicato de trabajadoras sexuales AMMAR.

—¿En qué momento te das cuenta de que fuiste víctima del terrorismo de Estado?

—Muchos años después del hecho. Porque yo en 1999, cuando vine a vivir a Capital, recién me hice análisis de enfermedad de transmisión sexual, de VIH. Y me interesó la temática para asesorar a mis compañeras que trabajaban en la ruta 4. Hice un taller con un infectólogo del hospital Muñiz. Un día, en un intervalo, le cuento que en el 77 caímos presas con Romina en la comisaría de Banfield, que estuvimos 14 días y que yo había visto el nacimiento de un bebé. Pero para mí era normal que nos llevaran presas. Vivíamos presas. Ellos me escucharon y después me llamaron aparte y me dijeron qué era un centro clandestino de detención y que yo había pasado por uno de esos. Me asesoraron y me dijeron todo lo que pasaba y ahí fue que tomé la decisión de ser querellante acompañada por abogados. Esto fue antes de 2012, antes de la Ley de identidad de género.

—¿Hoy podés identificar que había un ensañamiento particular porque eran travestis?

—Claro que sí. Cuando asumieron los militares había que “tenerlos bien puestos” para salir a la ruta en pollera y tener tetas. ¿Me explico? Porque no podíamos salir a la calle.   No podías estar tomando mate en el patio, en el parque, en el jardín, te agarraban de los pelos y te llevaban.  Éramos como la fiebre amarilla. Éramos una epidemia mala para la sociedad.  Por eso es importante que hoy yo sea querellante.

—¿Cómo fue cuando te enteraste que había finalmente fecha para el juicio?

—Fue importante. Y mi abogado pidió permiso para que yo pudiera ver la primera audiencia por zoom. Pero como soy querellante no puedo estar escuchando los testimonios. Me dieron fecha para enero. Por suerte estoy acompañada por los psicólogos del centro Ulloa porque para mí es muy fuerte recordar todo. Yo estoy poniendo todas mi energía porque ya tengo 64 años, no tengo la misma fuerza que hace diez. A mi me dicen: “Valeria sos la primer mujer trans querellante en un juicio de lesa humanidad. Como digo yo: voy a seguir declarando porque vi un nacimiento y por lo que me hicieron a mí. Esas heridas que aún quedan en mi cuerpo no me las saca nadie”.

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Tali Goldman

Tali Goldman

Es licenciada en Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y periodista. Escribe crónicas en medios digitales como Anfibia, Nuestras Voces, Latfem, entre otros. Es columnista en el programa de radio Cheque en Blanco, que se emite en Futurock. Su primer libro La Marea Sindical, mujeres y gremios en la nueva era feminista de Editorial Octubre ya va por la segunda edición.

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