“La aparición de nietos nos estimula a seguir trabajando”

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Esta semana Abuelas de Plaza de Mayo confirmó la aparición de la nieta 129. La joven vive en España y se realizó voluntariamente la extracción para realizar la prueba de ADN. El Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG) fue clave para la restitución de la identidad. Los cientos de casos que dan negativos. La felicidad de los encuentros. El rol del Estado. El impacto de la crisis ante la necesidad de comprar insumos en dólares. Todavía tenemos una deuda pendiente pese a que pasaron 40 años”, dice su directora Mariana Herrera Piñero.

La aparición de un nieto restituido siempre es motivo de alegría. Cuando parece que está todo mal llegan las Abuelas para demostrar que la esperanza es lo último que se pierde. La aparición de la nieta 129 fue una ráfaga de aire fresco aunque algunos pocos medios de comunicación se hicieron el verdadero eco que se merecía. La historia, además, tiene un condimento especial y es que el padre de la nueva mujer que recuperó su identidad está vivo. En diálogo con la periodista Ailín Bulletini en Página 12, Carlos Solsona, el padre de la nieta 129 que vive en España, contó que ya habló con ella y que lo “conmocionó tanto o más que saber que la habían encontrado”.

Carlos sobrevivió a la dictadura. Su mujer y madre de sus hijos está desaparecida. Ambos se conocieron en la Universidad de Córdoba, formaron pareja en 1974, en marzo de 1975 se casaron y al año siguiente nació su primer hijo, Marcos.

Militaban en el Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP). A ella sus compañeros la llamaban «La Morocha», «Raquel», «Marta» o «La Turca». Hacia finales de 1976, ante la ferocidad de la represión, la pareja decidió dejar a Marcos al cuidado de sus abuelos maternos por los riesgos que estaban corriendo y empezaron a pensar en el exilio. Por entonces, Norma cursaba su octavo mes de embarazo. Pero los planes no pudieron concretarse. El 21 de mayo de 1977, alojada en la casa de sus compañeros de militancia Isolina Beatriz Rocchi y Rubén Castro, en Moreno, provincia de Buenos Aires, Norma fue secuestrada junto a ese matrimonio. Los tres continúan desaparecidos.

Al momento del secuestro, Carlos se encontraba fuera del país y luego debió exiliarse. La familia Solsona-Síntora pretendía escapar de la dictadura y reencontrarse en España: Norma con Marcos y su bebé –a quien pensaban llamar Pablo, si era varón, o Soledad, si era mujer–, y Carlos, ya fuera de Argentina.

Créase o no: la hija que estaba en el vientre de Norma vive hoy donde ella debía haber estado.

En todo este proceso de restitución de la identidad fue clave el Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG) al que acudió la nieta 129 para extraerse sangre y que se pueda cotejar con los familiares de desaparecidos. El Banco cumplió treinta años y su directora, Mariana Herrera Piñero analiza y reflexiona junto a Nuestras Voces sobre la identidad, la ciencia y el trabajo por la Memoria, la Verdad y la Justicia.

—¿Qué se siente dirigir el BNDG a la hora de encontrar un nuevo nieto?

—La verdad es que una alegría enorme. Uno en general se desmoraliza porque la mayoría de los jóvenes que viene a hacerse exámenes da negativo. Y de golpe cuando da positivo es como encontrar una aguja en el pajar. La realidad es que a toda la gente que trabaja en el Banco le da esperanza, nos estimula a seguir trabajando. Y tiene que ver de poner un granito de arena en una reparación histórica de la lucha de Abuelas y la construcción de la identidad, no solo de la familia de recuperar a su hija con su papá en este caso, sino también del impacto que tiene en la sociedad, porque siempre nos recuerda que hay cosas que no se terminaron de reparar y rearmar, que todavía tenemos una deuda pendiente pese a que pasaron 40 años. Ahí es cuando uno se siente parte del Estado. El Estado sirve para esto, para apoyar la ciencia y la tecnología, la búsqueda de los nietos y para enfatizar con esto la importancia que es la identidad de una persona.

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—¿Es un aliciente entre tanto negacionismo?

—Hay un porcentaje enorme de la sociedad que es negacionista, que menosprecia la memoria. Yo creo que en estas situaciones el rol del BNDG es mostrarle a la sociedad por qué es necesario seguir construyendo las políticas de Memoria, Verdad y Justicia y cuál es el sentido de estas políticas. Esto va a para el conjunto de la sociedad y para nuestros gobernantes. Esta discusión se dio siempre, el negacionismo estuvo siempre.

—¿Qué pasa con todos esos jóvenes que mencionás, que les da negativo el resultado?

—No existe ningún lugar del mundo donde haya una base de datos de identidad de cualquier persona. Es decir, el BNDG es una experiencia inédita que se crea por las Abuelas pero no se crea para que cualquier persona encuentre a sus hijos y sus padres. ¿Qué pasa ahora con esas personas que tienen un resultado negativo? Continúan en el banco porque sigue habiendo familias que después de cuarenta años sospechan que pueden tener algún familiar desaparecido que haya estado embarazada y vienen a dejar su muestra. Hubo casos de jóvenes que les dio negativo y que años después cuando sus familiares dejaron sangre cotejaron y dio positivo. Ahora, la realidad es que no todos los jóvenes que fueron adoptados durante esos años fueron robados, sino entregados por su mamá o por su papá. Y también hay que aclarar que nosotros no realizamos los estudios si no viene de la CONADI o desde un juzgado. Es decir, no puede venir cualquier persona y sacarse sangre sino que es parte de una investigación. Tiene que referenciarse en esos ámbitos para que nosotros podamos actuar.

—Estela fue muy enfática cuando dijo “el tiempo es hoy”.

—Es que es así: en este momento viven día a día las Abuelas. No hay un tiempo más allá del de hoy. Están muy grandes, rondando los 100 años. La realidad es que ha pasado mucho tiempo.

—Hablabas del rol del Estado en la búsqueda de nietos y de la ciencia en general. ¿En qué situación crees que estamos hoy?

—Creo que tiene que ser fundamental la inversión en ciencia y tecnología. Carecer de esta posibilidad es perder parte de la soberanía del país. Los países necesitan de la ciencia básica y de la ciencia aplicada. En Argentina si hablamos de lo que ha dado el Conicet es una cosa muy importante. La crisis económica está impactando mucho nuestro sector al tener insumos en dólares.

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—¿Te costó llegar a ser directora del banco siendo mujer?

—A las mujeres nos cuesta más siempre. En el caso del sistema científico-tecnológico quizás hay más mujeres que hombres, pero la mujer llega una edad más tardía al mismo cargo que el varón llega más temprano. Yo después de doctorada me fui del sistema científico y monté un laboratorio que era todo mujeres: armamos un matriarcado en ese laboratorio, tuvimos todas la posibilidades de desarrollarnos. Cuando asumo en el Ministerio la mayoría eran hombres entonces hay respeto, pero también me siento en  minoría en las discusiones. Entonces hay que ponerse la coraza. He sufrido comentarios machistas por eso yo digo bienvenida sea la lucha de visibilizar estas cosas, del ya no nos callamos más. Empezamos a tener voz y nos empiezan a tener un poquito más de miedo. Pero lo curioso es que en el banco siempre hubo mujeres dirigiendo desde su creación en 1984 hasta acá.

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Tali Goldman

Tali Goldman

Periodista y politóloga. Escribe para Nuestras Voces y también es colaboradora en la Revista Anfibia, Crisis y Tiempo Argentino. Trabajó en la investigación para el libro El Nieto y fue columnista en la radio de las Madres. Dicta clases de periodismo en la UMET.

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