La casa de Rajoy

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La sobrepromocionada visita del presidente español busca impactar a la opinión púbica argentina como la exitosa serie ibérica de Netflix. El guión montado por Cambiemos coloca a España como la madre patria salvadora en la lluvia de inversiones extranjeras que aún se demora en llegar. La novedad pasa por el interés de Madrid en empujar a nuestro país a dar dos pasos geoeconómicos que podrían rediseñar definitivamente nuestro lugar en el mundo: la firma del TLC con la Unión Europea, y el ingreso a la OCDE.

Fotos: Presidencia

No se ahorraron elogios. Es más, ambos Jefes de Estado, el argentino Mauricio Macri y su par español Mariano Rajoy, coincidieron en elegir una metáfora del corazón para significar el valor otorgado a la cita bilateral: “Parece el reencuentro de dos amantes”. Sin embargo, Rajoy no llegó a Ezeiza -hacía 11 años que un mandatario de ese país no pisaba Buenos Aires en visita oficial- con un ramo de flores o una caja de bombones para agasajar a su anfitrión. Frío y calculador, en realidad, el líder del Partido Popular está acompañado en el país por una nutrida comitiva de setenta empresarios. De ese grupo, se destacan los siguientes altos gerentes: José Aljaro (CEO de Abertis), Fernando Abril-Martorell (Indra), Antonio Huertas (Mapfre), Gonzalo Juan Gómez-Zamalloa (presidente de Dycasa), José María López Piñol (CEO de Urbaser), Sergio Aranda (director general para América Latina de Gas Natural Fenosa), Josu Esnaola (director general internacional de Construcción y Auxiliar de Ferrocarriles) y Pablo de Carvajal (secretario general de Telefónica). Ese “grupo de los ocho” tendrán asegurados en las febriles 48 horas de Rajoy a Buenos Aires un face to face con Macri.

Para ser justos la buena vibra entre Rajoy y Macri no es tan sobreactuada. La buena onda entre ellos, además, en compartida por los partidos políticos que ambos lideran, el Partido Popular y el PRO. Tanto el PP como el core partidario de Cambiemos vienen siendo compañeros de trinchera en varias cruzadas ideológicas a nivel global. Las dos fuerzas hoy gobernantes de Argentina y España suelen encabezar mitines internacionales, antes con más intensidad, convocados bajo la etiqueta ambigua de la Fundación Libertad, una usina de ideas financiada por la USAID estadounidense. En esos encuentros ultramontanos, el PP, el PRO, la alianza salvadoreña ARENA, la coalición chilena del hoy presidente Sebastián Piñera blanden su puño derecho en alto en causas comunes: el hostigamiento comercial a Cuba, la promoción de los Tratados de Libre Comercio, la demonización del proceso político bolivariano en Venezuela.

La ley de Macri para Telefónica y Claro

Unos 15 años atrás esas convocatorias pasaban, más o menos, desapercibidas. Hoy, los promotores de la Fundación Libertad son gobernantes en sus países. Por eso, Macri y Rajoy decidieron vivir su luna de miel recordando esos buenos viejos tiempos, cuando todo era mano dura, libre comercio y mariposas en la panza. Ayer, ambos, en conferencia de prensa fueron por todo en sus pronunciamientos: advirtieron que desconocerán los resultados de las elecciones democráticas venezolanas convocadas para mayo, minimizaron como una cuestión legal la prisión política padecida por el ex presidente brasileño Luis Inácio Lula Da Silva y, centralmente, remarcaron el interés de ambas administraciones en dos cuestiones: el ingreso de Argentina a la OCDE, y la firma del acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea.

Además, Macri alfombró la visita de Rajoy otorgando a Telefónica la posibilidad de ingresar al negocio del cuádruple play. En líneas generales, los medios más afines a Cambiemos ilustraron en los últimos días la llegada de Mariano Rajoy con números e infografías rimbombantes sobre el carácter “estratégico” de la economía española y su incidencia en nuestro país. “Más allá de la buena onda que pueda haber entre Mauricio Macri y Mariano Rajoy, en el aspecto estrictamente comercial de la relación entre ambos países hay que hacer la siguiente salvedad: las decisiones económicas más sensibles de España las toma la Comisión Europea y no Madrid. Es decir, el tenor de las barreras aduaneras, los aranceles y las reglamentaciones fitosanitarias en el intercambio comercial entre España y Argentina es una potestad de la Unión Europea. España, como todos los países miembros de la eurozona, debe consultar al bloque regional sí pretende hacer una revisión fuerte de su vínculo con un país a nivel extraterritorial. Rajoy no tiene un margen de maniobra muy autónoma para, supongamos, premiar a Macri con acuerdos especiales”, aclara Carlos Bianco, ex Secretario de Relaciones Económicas en el Palacio San Martín en la segunda presidencia de Cristina Fernández.

Los gestos del colonizado

Por otro lado, Bianco -docente investigador de la Universidad Nacional de Quilmes y asesor en temas internacionales de la CTA de Hugo Yasky- advierte a Nuestras Voces que: “Segundo eje a desmitificar sobre la visita de Rajoy: nuevamente, el feeling entre los dos Jefes de Estado no va a precipitar una lluvia de inversiones ibéricas sobre Argentina. ¿Por qué? Porque ya existe un significativo volumen de inversiones españolas en nuestro país desde los años 90, período en que Madrid hegemonizó el proceso de privatización de servicios públicos. Las estadísticas son contundentes: luego de EE.UU., España es el país que más invierte en Argentina. Esa presencia dio un salto durante la administración menemista, se mantuvo durante nuestro gobierno, y hoy sigue presente, dista de ser una novedad”. Por último, el ex Secretario de Relaciones de la Cancillería en el gobierno anterior concluye que: “Pero, más allá de resaltar la prehistoria reciente del vínculo bilateral, me gustaría recalcar que los grandes grupos económicos, ya sean españoles o de otro origen, no van a desembarcar en el país por más predisposición que ponga el Palacio San Martín en intensificar las relaciones públicas. Los holdings económicos sólo realizan un gran desembolso de dinero sí conjeturan que la plaza receptora puede mejorar su índice de rentabilidad. Y hoy la Argentina de Macri es una jurisdicción rentable para hacer negocios financieros y cortoplacistas, no para realizar inversiones productivas”.

A la OCDE de las corporaciones

El nuevo mito duranbarbista de la narrativa económica de Cambiemos pasa por el ingreso de nuestro país a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Varias de las últimas decisiones más trascendentes del gobierno se dieron para estar en sintonía con el organismo señalado: el megadecretazo de principios de año que reordena la administración pública y la posible futura reconversión “autónoma” del INDEC -que pasaría a ser un ente “despegado” del Ejecutivo como sucede con el Banco Central- son algunos ejemplos.

Podemos: la academia al poder

“La OCDE es un club de países ricos y desarrollados, salvo México y Chile, que exige como condición de membresía adoptar un fuerte paquete de desregulación pública. Macri, aunque sea difícil de creer, ya pagó 600 mil dólares para que la OCDE realice un estudio multidimensional de nuestras cuentas públicas. Es decir, pagamos para entrar, aunque todavía no lo hicimos. Y, en ese sentido, es importante advertir que el horizonte de políticas recomendadas por los países miembros de la OCDE no son aplicadas por ellos mismos. Los gobiernos desarrollados pregonan achicamiento público y baja de las prestaciones sociales pero, puertas adentro, defienden un Estado fuerte y no dejan a la deriva a su población más vulnerable”, contextualiza Carlos Bianco.

Por último, en el siempre riesgoso cruce del terreno comercial con lo afectivo, podría afirmarse que sí Francia es cruel con Argentina porque niega su corazón a la firma de un tratado interbloque, España nuevamente es la otra cara. ¿Por qué hay un doble registro entre dos economías europeas más o menos semejantes sobre la conveniencia de estrechar rumbos con el Mercosur?

“Rajoy, efectivamente, como anuncia Macri, puede funcionar como un aval diplomático para empujar la firma del acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea. Claro, Rajoy, tiene su propio interés en lograr el apretón de manos entre los dos bloques. Primero, España no cuenta con un sector agropecuario sensible a proteger en el intercambio como sucede con Francia, ellos tienen mucho para ganar con el acuerdo. Segundo, las constructoras españolas son de las más influyentes en ese nicho del mercado. Y Bruselas está insistiendo en que el Mercosur libere el capítulo de las licitaciones públicas, que suele ser un segmento reservado a las empresas locales. Sí nuestro bloque accede a conceder esa prerrogativa, las empresas constructoras españolas pueden hacer un muy buen negocio en Argentina, a costo de los argentinos claro”, concluye Carlos Bianco.

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Emiliano Guido

Emiliano Guido

Periodista especializado en política internacional. Forma parte del Programa de Integración Regional y Financiamiento para el Desarrollo en Fundación SES (Argentina). Ganador del Premio José Martí (2006) otorgado por la agencia Prensa Latina.

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