La deuda nuestra de cada día

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La deuda es un factor fundamental del modelo Macri para tapar su esencia: la desigualdad planificada. El gobierno no sólo logró el record de endeudamiento sino que las tasas de interés que consiguió desmienten una vez más sus promesas de campaña. El país cada vez le debe más a los privados y cada vez debe más dólares. El goteo de la dependencia.

Fotos: Joaquín Salguero

Deuda. Deuda que crece día a día para sostener un modelo basado en la transferencia de riquezas hacia los sectores más concentrados de la economía. La deuda es un factor fundamental del modelo Macri para tapar su esencia, la desigualdad planificada.

La simple lectura diaria del Boletin Oficial muestra que, semana a semana, el Gobierno utiliza todos los recursos que tiene para pedir dinero prestado. Lebacs, Bonos, Letras del Tesoro, en pesos, dólares, euros y hasta dinares kuwaities. El goteo de la dependencia.

Deuda total

El portal Observatorio Fiscal Federal ofrece una buena web interactiva sobre la deuda. Los datos muestran que se toman 862 dólares por segundo. En lo que lleva leer esta nota, aproximadamente el país se habrá endeudado por 258.000 dólares.

La información del Ministerio de Deuda conducido por Luis Caputo lleva varios meses de atraso, pero igual brinda un panorama del megaendeudamiento. A junio de 2017, último dato que brinda el Gobierno, la deuda asciende a 307.295.597.000 dólares. Si, más de 307.000 millones de dólares. El 67% de esta deuda es en moneda extranjera, el 59,9% en dólares. El resto se lo reparten entre Euros (6,9%), Yenes (0,5%) y otras con cifras muy menores como Libra Esterlina, Franco Suizo, Corona Danesa, Corona Sueza, Dinar Kuwaiti y Dólar Australiano, que entre todas suman el 0,27% del endeudamiento total.

Sin embargo, los números fríos no dan cuenta de la gravedad de la situación. Hay que ponerlos en contexto.

En el informe del Observatorio de la Deuda Externa de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET) de fines de noviembre pasado, advierten: “En la medida que las necesidades de financiamiento del sector público y del sector externo lo demandaron, junto a la imparable fuga de capitales ocurrida y gobernada por parte de los grandes compradores de moneda extranjera en el mercado nacional, la Argentina sigue ocupando un cómodo liderazgo en el ranking de países emergentes con mayores emisiones de deuda desde 2016 hasta la fecha”. Argentina es el país que más deuda tomó en los últimos dos años, triste record del Gobierno de Macri.

En sus cuentas, el Observatorio de la UMET llega a que, desde su asunción, Macri emitió deuda por 111.448 millones de dólares. Esto significa que un tercio de la deuda actual la generó Macri en dos años de mandato. Un tercio.

Desde el Instituto de Trabajo y Economía (ITE) de la Fundación Germán Abdala, en su informe de noviembre de 2017 indican que “en el acumulado del año las colocaciones del gobierno nacional se ubican en USD 78.740 millones, superando en un 20% el total emitido durante 2016”.

Sin embargo, esto sigue. El Gobierno ya comunicó por ejemplo el cronograma de emisión de Letras del Tesoro para el 2018. “En general, las licitaciones se llevaran a cabo el segundo y cuarto miércoles de cada mes”, avisaron. El primero fue el 10 de enero.

Desde el Observatorio de la UMET, que conduce Arnaldo Bocco, advierten sobre los costos que tendrá esta emisión de deuda sin limites y muestran cómo Argentina paga un “sobrecosto” en su tasa de interés comparándolo con el de otros países latinoamericanos. Otra promesa incumplida.

Nación, provincias y privados

Según los datos del ITE de la Fundación Germán Abdala, en 2017 el 86% de la deuda la tomó el Estado Nacional, el 7% las provincias y el 7% los privados. En su informe de noviembre llaman la atención sobre el caso de la Municipalidad de Río Cuarto, que emitió un bono en dólares con vencimiento en 2020 a una tasa del 7,7%.

Tomando los datos desde la asunción de Macri, el Observatorio de la UMET muestra que el 81% de la deuda la tomó el Gobierno Nacional, mayoritariamente en dólares. El resto se lo reparten entre las provincias (10,4%) y las empresas (8,7%)

De las deudas provinciales, cerca de la mitad la explica la provincia de Buenos Aires, con Maria Eugenia Vidal a la cabeza. Arrancó el 2016 endeudando a los bonaerenses por 1.250 millones de dólares a una tasa del 9,125%. Luego tomó deuda por montos entre 250 y 500 millones de dólares en varias oportunidades. En febrero de 2017 volvió a tomar 1.500 millones de dólares.

Deuda, PBI y privados

Según datos de la secretaría de Finanzas, en 2004 la deuda representaba el 118% del PBI. Es decir, el país debía menos de lo que producía. De eso, más del 90% era deuda con privados. Tras los canjes de deuda y las reestructuraciones, el mapa cambió por completo. Para 2011, la deuda representaba el 38,9% del PBI con mayoría de acreedores intra sector público. En 2012, del total de deuda, sólo el 10,7% era con privados.

Para 2017, la tendencia volvió a revertirse. La deuda ya alcanzó el 53,7% del PBI y crece peligrosamente la participación de los privados en la torta de acreedores, que llega el 20,8%. Casi el doble que en 2012.

Mientras hasta 2015 existía un fuerte dominio de deuda intraestatal, esa proporción se invierte y el aumento ahora de la deuda con el Sector Privado en 20 meses trepa en un 100%”, señalan desde el Observatorio de la UMET, que citan los datos de la secretaría de Finanzas.

Esta situación, según el Observatorio, es preocupante: “Esta sustitución de acreedores a favor del Sector Privado no resulta un dato menor teniendo en cuenta que es justamente la deuda con privados la que conlleva los mayores riesgos de refinanciación: la atomicidad de los acreedores privados generalmente dificulta cualquier posibilidad de renegociar los compromisos de la deuda en caso de default. La sostenibilidad externa y el rumbo económico quedan de esta manera a la merced de un puñado de acreedores privados casualmente en un contexto como el actual de fuerte inestabilidad financiera global y endurecimiento de la política monetaria de las principales potencias mundiales, sobre todo en el marco de incremento de las vulnerabilidades sistémicas de la economía argentina (creciente déficit de cuenta corriente y explosiva fuga de capitales)”.

En síntesis: cada vez el país le debe más a los privados. Este dato se combina con otro: cada vez debe más dólares. A principios de 2017 el 24,2% de la deuda era en dólares. En junio ya trepó al 34,8%, más de 10 puntos.

Mucho y caro

Macri no sólo logró el record de endeudamiento sino que las tasas de interés que consiguió desmienten una vez más sus promesas de campaña. “A pesar de las medidas económicas tomadas por el gobierno de Mauricio Macri para ‘reinsertar al país en el mundo’ a prácticamente cualquier costo social, la Argentina aún se endeuda a costos muy altos en términos comparados con otras economías latinoamericanas”, señalan desde el Observatorio de la UMET.

Toman varios ejemplos. En bonos en euros a 5 años, Argentina emitió entre 4 y 3,5% mientras que México lo hizo a 6 años y a 2% de tasa. En el caso de Deuda a 10 años, mientras Chile y Colombia lotraron tasas entre el 1,9% y 3,8% la Argentina superó el 5%. Los bonos en dólares a 10 años lanzados por Macri tuvieron una tasa arriba del 7%, mientras que Chile, Mexico, Brasil y Paraguay están por debajo de ese número. Lo mismo la deuda a largo plazo, a 30 años. Argentina tuvo una tasa del 7,6% mientras que Chile logró el 3,8%, México entre el 4,3% y el 4,6% y Uruguay y Brasil entre 5% y 6%.

Endeudar y Fugar

La contracara del endeudamiento externo, en un escenario con escasas oportunidades de inversiones productivas, es la aceleración de la fuga de capitales”, señala en informe del Centro de Investigación de Formación de la República Argentina (CIFRA) de la CTA.

Desde diciembre de 2015 hasta septiembre de 2017 se han contabilizado fuga de divisas por USD 46.305 millones”, detalla el Observatorio de Deuda Externa de la UMET, y agrega: “el endeudamiento masivo en moneda extranjera por parte del Tesoro Nacional, las Provincias y el Sector Privado ha estado ocurriendo en simultáneo a la creciente fuga de capitales y el agravamiento del déficit comercial”. Estiman que aproximadamente el 75% de la deuda en dólares tomada por Macri se destino a financiar la fuga de capitales y el 7% de la misma a hacerlo con el déficit comercial. Más en detalle, en su informe de noviembre el Observatorio indica que, para pagar deuda, se fugaron 18.573 millones de dólares.

Fugan, vale aclarar, los empresarios y las corporaciones con capacidad financiera y logística para hacerlo. Así, en definitiva, la mayoría de la deuda que pagarán a futuro generaciones de argentinos es para financiar la fuga actual de unos pocos.

Los medios oficialistas destacan cada vez que se alcanza un nuevo record en las reservas del Banco Central. Pero el Observatorio de la UMET advierte que es un espejito de colores: “De forma simultánea, y según cálculos propios, las emisiones de deuda del Tesoro (en moneda extranjera y en pesos con tenedores externos) durante la gestión actual han superado en un 250% la suba (variación) de las Reservas Internacionales para igual período, lo cual da cuenta de la rapidez del proceso de endeudamiento encarado por el gobierno actual”.

Si además se agregasen los intereses de la deuda en el cómputo de la fuga de capitales, entonces la fuga de divisas al exterior desde inicios del nuevo Gobierno alcanzaría los USD -64.878 millones: USD -32.257 millones en 2016, más USD -28.779 millones en lo que va de 2017”, detallan desde el Observatorio de UMET.

Déficit

La necesidad de dólares tiene entre sus explicaciones el déficit comercial, que el Gobierno no controla por ineficiencia o decisión. El Gobierno tiene ya dos medallas: record de deuda y record histórico de déficit comercial, que en 2017 escaló a 7.656 millones de dólares.

Este dato no trae buenos augurios. El periodista Raúl Dellatorre graficó la relación entre los altos niveles de déficit comercial y las crisis económicas, que tienen consecuencias sociales devastadoras. Y afirmó: “La crónica de una crisis anunciada: el gobierno nada hace para resolver el problema de fondo, niega el problema y, mientras tanto, la pérdida de divisas (por pagos al exterior y por fuga de capitales) se financia con más endeudamiento. ¿Hasta cuándo? Hasta que los capitales externos digan basta y asuman que el riesgo de prestarle al país es demasiado alto. Tic-tac, tic-tac, tic-tac”.

Según los datos de CIFRA, “en el marco de la apertura comercial se advierte un incremento significativo del déficit comercial. En los primeros nueve meses del año trepó a USD 5.200 millones, que es el más alto desde, al menos, 1992 medido en dólares corrientes y es similar al de 1998 en dólares constantes”.

¿Para qué?

El endeudamiento no es, como le gusta hablar al macrismo, malo en sí mismo, sino que depende siempre del destino de esos fondos y qué viene a financiar la deuda.

Consultado por Nuestras Voces, el ex viceministro de Economía Emmanuel Álvarez Agis plantea: “El problema central con el programa de endeudamiento del gobierno no es tanto su velocidad, y ni siquiera su magnitud, sino su propósito, es decir, el ‘para qué’ de la deuda. El verdadero límite al crecimiento de la economía argentina es nuestra capacidad de conseguir los dólares necesario para financiar ese crecimiento. Esos dólares se puede conseguir por tres vías. Aumentando las exportaciones, reduciendo las importaciones, o endeudándose. La diferencia fundamental es que mientras que las dos primera opciones son soluciones estructurales al problema de la restricción externa al crecimiento, la tercer es siempre coyuntural y acotada en el tiempo. Es decir, al haber optado por el endeudamiento como salida coyuntural al faltante de dólares que afectaba a la economía Argentina, Cambiemos no procuró utilizar esos dólares para incrementar sus exportaciones y/o reducir las importaciones, sino que más bien se ha hecho todo lo contrario”.

Los datos muestran que Macri podría haber elegido otro camino. Así lo explica Álvarez Agis: “A pesar de la devaluación y la quita de retenciones, hoy las exportaciones argentinas se encuentran prácticamente estancadas; por el lado de las importaciones, la apertura de la economía y el proceso de apreciación cambiaria generaron un boom importador, deteriorando el saldo comercial y agudizando la necesidad de seguir recurriendo al endeudamiento externo. Los más de USD 100.000 millones de deuda que Cambiemos tomó en estos dos años podrían haber sido utilizados (en una proporción) para incrementar la capacidad de exportación de Argentina, por ejemplo, financiando la importación de equipamiento de perforación petrolera para que YPF pueda explotar Vaca Muerta; o también se podría haber utilizado para realizar una verdadera ‘reconversión’ de sectores industriales que hoy no pueden competir con las importaciones debido a cuestiones relacionadas con la tecnología o la logística. Al contrario, la deuda externa es hoy utilizada para tapar y patear para adelante nuestra insuficiencia crónica en materia de dólares. Esta estrategia, lejos de ser neutral, agravará el faltante estructural de dólares de nuestro país, puesto que al cada vez mayor déficit comercial se le agrega la carga de intereses derivada del endeudamiento externo. En el pasado el “cepo” dejó clara la magnitud del faltante de dólares que enfrentó Argentina entre 2011 y 2015. En la actualidad, la deuda externa tapa ese problema y lo patea para adelante, pero al patear esa pelota, al mismo tiempo la agranda y la vuelve insostenible”

¿Y ahora?

Si la deuda fuera un ministerio tendría, según el Presupuesto de 2018, el segundo presupuesto más alto, detrás del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social. Según las planillas del presupuesto 2018, además, será la partida que más aumente en términos interanuales: un 28%. En criollo: en 2018 el país pagará un 28% más de deuda que en 2017. Más de 285.000 millones de pesos.

El aumento de los intereses prácticamente duplica el ahorro por el recorte de subsidios”, señalan desde CIFRA en un documento donde analizan el presupuesto 2018. Y agregan: “El aumento exponencial de la deuda externa se da en el marco de un nuevo proceso de valorización financiera que puso en marcha el gobierno de Macri y que lo único que traerá aparejado es desindustrialización y empobrecimiento”.

Con el fuerte empeoramiento de estos indicadores de sostenibilidad de la deuda, sólo faltará un revés en las condiciones de financiamiento en los mercados internacionales de crédito y la desconfianza de los acreedores privados en el grado de sostenibilidad del modelo macroeconómico actual al ser absolutamente dependiente de la trayectoria de la deuda argentina”, advierten desde el Observatorio de la UMET.

Álvarez Agis explicó: “La posibilidad que tiene el gobierno de seguir emitiendo deuda depende de varios factores, ninguno bajo el control del gobierno. El primero es la tasa de interés internacional. Hoy es más importante la tasa de interés que define la Reserva Federal de los EEUU que la tasa de interés que decide Sturzeneger sobre las LEBACs. Si EEUU continúa con la suba gradual de tasas, es probable que el acceso al financiamiento externo continúe por algunos años. Si, por el contrario, la Reserva Federal decidiera un shock sobre la tasa de interés, el acceso al financiamiento externo por parte de Argentina se vería seriamente comprometido. Lo mismo ocurre con los precios internacionales de nuestras exportaciones. Cualquier caída podría empeorar la evaluación que hace el mercado sobre nuestra deuda, complicando el acceso al financiamiento externo. Tomando esto en consideración, los principales problemas del actual esquema de endeudamiento son dos. En primer lugar, su continuidad no depende de factores bajo el control del gobierno y, además, el gobierno no cuenta con un plan B en caso que el acceso al mercado internacional de capitales se interrumpa. En segundo lugar, aún si el acceso al financiamiento externo se mantiene en el tiempo, la utilización que está haciendo el gobierno de los dólares que consigue bajo la forma de endeudamiento y el programa económico en general no permiten que Argentina construya la capacidad de repago para la deuda que está tomando”.

El economista Martin Burgos, consultado para esta nota, plantea: “Si hablamos de deuda externa, las necesidades de financiamiento para el año que viene se van a ampliar porque un crecimiento económico significaría mayores importaciones. Si siguen estancadas las exportaciones y las inversiones extranjeras directas, ese déficit se tiene que cubrir con deuda externa. Ahora si se puede dependerá de varios factores: las tasas de interés, la coyuntura mundial, la coyuntura nacional. Los niveles de deuda de Argentina permiten tomar mayor deuda pero el margen se achica. Cuando se le pida al FMI es cuando ya los mercados están saturados de deuda argentina. Ahi se llega al tope”.

Vencimientos

Una de las preguntas clave en torno a la deuda es cuándo hay que pagarla. En términos técnicos, el perfil de vencimientos de capital e intereses. El gráfico del ITE muestra los mayores vencimientos sobre entre 2018 y 2020.

De la deuda tomada en dólares, que son 66.699 millones, el 41% tiene vencimiento a menos de 1 año. Luego hay un 7% de 1 a 5 años y otro paquete de 41% con vencimientos entre 6 a 10 años.

Desde el Observatorio de la UMET señalan que “en el año 2018 el Tesoro Nacional deberá afrontar el pago en moneda extranjera de USD 28.339 millones, el mayor vencimiento para todo el período 2018-2048”.

New fragile five

Para completar el panorama, la calificadora Standard & Poor´s colocó a la Argentina entre las 5 economías más frágiles. No es un dato menor, ya que es una de las tres calificadoras de riesgo a nivel global, cuyas notas sobre las emisiones de deuda argentina influyen en el interés de los acreedores como en la tasa de interés que logren. Desde el Observatorio de la UMET explicaron: “Para afirmar esto toma indicadores macroeconómicos ligados con el peso desmedido de la deuda sobre las exportaciones y la falta de coordinación macroeconómica para resolver el escaso nivel de solución de los dos grandes problemas que impulsan la deuda externa hacia arriba. En otras palabras, S&P observa adicionalmente el déficit comercial, cuya trayectoria en el largo plazo se exhibe imparable, y el déficit fiscal que, aún acotado por la postergación de pagos y por la reducción del gasto, no frenan las expresiones de los calificadores. Si se compara el endeudamiento con las exportaciones (una fuente de recursos para amortizar los vencimientos sin caer en nueva deuda), los resultados, como veremos, son aún más desalentadores

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Ari Lijalad

Ari Lijalad

Periodista, politólogo y documentalista. Ganó el premio Democracia en la terna Periodismo Gráfico y Digital por su investigación sobre Correo Argentino en este portal (2017). Es columnista en Radio del Plata y FM La Patriada. Compiló los libros La Argentina gobernada por las corporaciones y Plan Macri, ambos en 2016.

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