La guerrilla paraguaya y el asesinato de dos niñas argentinas a manos del Ejército

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El grupo de élite Fuerza de Tarea Conjunta mató a dos niñas argentinas de 11 años. El presidente paraguayo Mario Abdo Benítez, hijo del secretario privado del dictador Stroessner, presentó los crímenes como un éxito militar. El hecho motivó una queja diplomática Argentina, y una posterior disculpa de un General paraguayo, que había calificado a nuestro país como “un nido de guerrilleros”. ¿Es el EPP como una construcción política del eterno gobernante Partido Colorado? Los vínculos con Macri, que rompió la cuarentena con un viaje a Paraguay para justificar la represión contra el pequeño campesinado y proteger a los magnates sojeros

La descripción de la escena podría ser parte de un guión cinematográfico, o de un sketch del comediante argentino Diego Capusotto, pero es la triste realidad. Miembros de la comunidad indígena Itá Yeguaká y uniformados de la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC) se abren paso a punta de machete, equipados los militares con armas de última generación, sobre los meandros ciegos de los sembradíos, mayormente de soja, del norte paraguayo. 

Un codo del mapa nacional donde la voz de mando es disputada por los hacendados brasiguayos -denominación que surge por el origen de dicha casta económica-, los pesos pesados del crimen organizado estructurado en base al tráfico de marihuana, y la formación guerrillera Ejército del Pueblo Paraguayo, una escuadra de la se desconoce programa, himno, ideas, pero que sin embargo concentra por estas horas la agenda del país porque han secuestrado una semana atrás al ex Vicepresidente Óscar Denis y a uno de sus peones rurales, Adelio Mendoza.

Los miembros de la FTC, apertrechados con letra y fierros del Comando Sur estadounidense, y de las fuerzas de élite israelí, buscan denodadamente recuperar la libertad del ex Senador y Vicepresidente Denis. Los indígenas de la etnia Itá Yeguaká buscan a Adelio. Las penas son de los otros, las vaquitas son ajenas.

El hecho vale ser mencionado porque en un raid de la FTC sucedido la semana pasada en el mismo teatro de operaciones acabó con la vida de Aurora y Liliana, dos niñas argentinas de once años, oriundas de Misiones, que al parecer son hijas de dos cuadros guerrilleros de la extraña formación EPP. El Canciller Felipe Solá exigió explicaciones al embajador paraguayo en Buenos Aires y también una rectificación en los dichos de la comandancia paraguaya que llegó a afirmar que Misiones era “un nido de guerrilleros del EPP”.

Las niñas argentinas fueron fotografiadas en uniformes guerrilleros, que luego se quemaron con la excusa del coronavirus, y enterradas en una fosa común. Hasta el presidente Abdo viajó al lugar y difundió el hecho en las redes sociales como «operativo exitoso» (luego de que se supiera que eran niñas argentinas ni siquiera borró el posteo). Las nenas de 11 años fueron presentadas como líderes guerrilleras. La familia exigió que sean trasladadas a Asunción para una nueva autopsia y contó que las chicas vivían con la abuela en Argentina, donde estaban escolarizadas y habían viajado a Paraguay para visitar a sus padres pero no pudieron regresar por la cuarentena.

La falta de sintonía entre el gobierno argentino y el paraguayo, y sintonía entre el Partido Colorado y el ex presidente Mauricio Macri, fue descripta días atrás en un artículo del portal Infobae: “Se sabe que las relaciones entre Benítez y Alberto Fernández siempre estuvieron muy acotadas al protocolo, ya que ambos tienen diferencias ideológicas muy amplias. De hecho, el presidente de Paraguay compartía más afinidades con Mauricio Macri, tanto es así que el ex Presidente se reunió en julio pasado en Asunción con Benítez en medio de la cuarentena”.

Para intentar discernir el entreverado escenario político paraguayo Nuestras Voces habló con Magdalena López, que integra el Grupo de Estudios Sociales sobre Paraguay (GESP) de la Universidad de Buenos Aires. Sobre la caracterización política del actual presidente paraguayo, y sus similitudes o diferencias con el anterior presidente, el amigo del ex presidente argentino Mauricio Macri, López observa continuidades y rupturas. “Abdo representa al mismo tiempo una continuidad y una ruptura partidaria porque, por un lado, pertenece a la aristocracia del Partido Colorado, su padre era un secretario del dictador Stroessner. Pero, por otro lado, Abdo vino a romper con el liderazgo de Cartes porque el ex presidente contaba con unas prácticas políticas distintas. Es más, esa diferencia en los estilos transmite una sensación como si hubiera una transición gubernamental de dos partidos distintos. El Partido Colorado no puede pensarse como si hubiera un solo canon, de hecho el partido se caracteriza por recurrentes discusiones faccionales que han llevado a crisis institucionales enormes. Cuando esa faccionalización ocurre en el Partido Colorado se traslada automáticamente a la política paraguaya en general”, entiende Magdalena López.

Por último, la referente académica del GESP desgrana para Nuestras Voces los componentes históricos, y las alianzas geopolíticas que se derivan de la creación de la FTC. “La Fuerza Tarea Conjunta surge en el 2013 con mucho financiamiento externo. En teoría emerge como una fuerza especializada, como un grupo de elite cuya agenda declarada pasa por combatir al EPP en las zonas donde la guerrilla tiene mayor acción, que es en el norte del país. Sin embargo, vale aclara que en Paraguay hay fuerzas del Estado, o parapoliciales, que protegen a sojeros y hacendados, de hecho hay denuncias, por ejemplo de la Coordinadora por los Derechos Humanos del Paraguay, que advierte sobre los asesinatos contra líderes campesinos, generalmente por una estrategia que se llama sicariato, donde un sicario responde al poder económico o al poder político para eliminar el peligro campesino de ocupación de sus tierras”.

Magdalena López asevera a Nuestras Voces que: “La FTC se crea en el 2013 bajo el gobierno de Cartes, un presidente asociado a técnicas de formación militar profesional provenientes de Israel; sus cercanías a dicho gobierno eran notorias. La población, y no solo los hacendados, están temerosos por el accionar del EPP. Igualmente, el EPP no es ni un tercio del accionar descripto por el gobierno, muchas veces funciona como un dispositivo para que se aplique la mayor represión posible sobre los movimientos campesinos y populares. Se trata de un hecho político sensible que amerita tratar con precaución. No creo que sea la formación mítica y poderosa a la que alude al gobierno, ni tampoco creo en su inexistencia, como referencian ciertos trabajos académicos”.

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Emiliano Guido

Emiliano Guido

Periodista especializado en política internacional. Ganador del Premio José Martí (2006) otorgado por la agencia Prensa Latina.

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