La inflación descontrolada ahorca a los deudores hipotecarios de créditos UVA

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Karla, Nora y Cristina tienen varias cosas en común: sacaron un crédito que ajusta por inflación confiando en las proyecciones del gobierno de Mauricio Macri, deben mucho más pesos de los que les prestó el banco hace dos años y tuvieron que ajustar su consumo para que no les rematen la casa y evitar perder sus ahorros de toda la vida. Se sienten estafadas. Durante el macrismo los bancos prestaron unos 94 mil millones de pesos con este sistema y hoy son acreedores de unos 270 mil millones por la actualización de deudas en base a inflación.

Luego de varios años de noviazgo, Cristina y Santiago tomaron la decisión de mudarse juntos. La primera idea había sido alquilar hasta que, en un almuerzo familiar, un pariente que trabajaba en el Banco Patagonia les contó acerca de los créditos UVA. Les comentó que eran una «muy buena opción», teniendo en cuenta la proyección del gobierno en torno a la inflación. “Si todo sigue según lo planificado, probablemente cumplan dos mandatos de gobierno, que significan ocho años de tranquilidad con cuotas accesibles”, les contaba su primo en la mesa familiar. Era 2017. Fueron averiguar a varios bancos más y el discurso era el mismo: inflación a la baja, estabilidad y cuotas accesibles. 

Nora, que debe tres cuotas del préstamo que sacaron con su marido hace dos años para refaccionar su casa, también visitó varios bancos en los que le hablaban maravillas de la modalidad UVA, hasta que se decidió por el Nación. “No nos pasó por ignorantes. Nosotros creímos y confiamos en un sistema económico, en el cambio y en el país que tenemos. Apostamos a un futuro mejor”. 

A Karla le aprobaron el crédito en mayo de 2018. En ese momento, su vida se dividía entre la cursada en la Facultad de Ciencias Económicas y su emprendimiento de diseño de ropa. La primera cuota que pagó para comprar su departamento de Caballito era de nueve mil pesos, “Al principio estaba ajustada pero no me importó, porque era el sueño de la casa propia. Pero nunca dejó de aumentar, entre 800 y 1.000 pesos por mes. Cuando pasó la barrera de los 10.000 ya me asusté”. A medida que pasaban los meses y subían los precios, Karla tuvo que reemplazar las horas de estudio por trabajo. Este año dejó la facultad, cose 12 horas por día también los fines de semana y tiene que pedir plata prestada para pagar la luz. Todo para poder llegar a pagar el sueño de la casa propia.

Karla, Nora y Cristina tienen varias cosas en común: sacaron un crédito que ajusta por inflación confiando en las proyecciones del gobierno, deben mucho más pesos que los que les prestó el banco hace dos años y tuvieron que cambiar sus hábitos de consumo para pagar el derecho a que no les rematen la casa y sus ahorros de toda la vida. Se sienten estafadas.

Los créditos UVA se marchitan con la inflación

Históricamente, Argentina se ubicó muy por debajo en la tabla de países latinoamericanos que otorgan créditos hipotecarios para acceder a la vivienda propia. En 2015, la Federación Latinoamericana de Bancos informó que nuestro país destinaba apenas el 0,3% del PBI al otorgamiento de créditos hipotecarios, muy por debajo de Chile (21,3%) que es el más alto de la región, pero también de nuestros vecinos Bolivia (11,1%), Brasil (8,1%), Uruguay (5%) y Paraguay (0,9%). 

Más allá de los datos, los créditos hipotecarios siempre fueron un tema de agenda nacional. Nuestra historia reciente se encuentra marcada por dos tipos de créditos: Procrear, impulsados en 2012 durante el segundo gobierno de Cristina Kirchner y los créditos UVA que lanzó en 2016 Mauricio Macri. 

El programa de créditos hipotecarios Procrear incluía un subsidio parcial por parte del Estado Nacional y una tasa de interés baja. 

Los créditos UVA incorporaron la característica de que tanto las cuotas como el capital adeudado se ajustaban por inflación. Si bien algunos seguían siendo Procrear, el 60% de los tomadores de créditos accedieron a la línea sin subsidio estatal otorgada por bancos y ajustada por inflación. De acuerdo a un estudio del CEPA, desde su lanzamiento en abril de 2016 hasta fines de abril de este año, los bancos otorgaron préstamos hipotecarios equivalentes a 6.714,25 millones de UVA.  Si se toma su valor inicial de 14,05; los bancos prestaron 94.335,21 millones de pesos que, al precio UVA hoy (40,45) ascendieron a 271.591,41. La contraparte es la historia de Karla, Nora, Cristina: “Seguimos pagando las cuotas, pero la deuda no para de aumentar”, lamentan casi al unísono.

En la apertura de sesiones ordinarias de 2018, el presidente mencionaba orgulloso al 2017 como el año en que más créditos se otorgaron de los últimos veinte. Con las devaluaciones de 2018, la reciente de agosto de 2019 y su consecuente impacto en la inflación, este dato se convierte más en una preocupación que en un logro de la gestión macrista. 

Hablando en números poco entendibles, la devaluación de la moneda fue de 293% desde mayo de 2016 y la inflación acumulada 129% desde diciembre de ese año.  

Hablando en términos de aumento de cuotas, la primera que tuvo que pagar Nora fue de $14.900 en marzo de 2017. Hoy paga $33.000. Su cuota se duplicó en algo más de un año. La primera cuota de Cristina fue de 17.800 en febrero del 2018. Hoy paga $32.700. Karla pasó de pagar $9.000 a $15.000 en  un poco más de un año. 

La inflación descontrolada no es la única consecuencia del modelo económico implementado en estos últimos cuatro años. El enfriamiento del consumo y la baja del nivel de vida consecuencia de la crisis económica llevó a cerrar uno de los hospitales privados donde trabajaba Cristina. Esto le significó una caída del 50% de su sueldo. “Hoy nos ayuda mi papá que vino a vivir con nosotros y aporta su jubilación en casa». Cristina y Santiago intentaron vender su casa para cancelar el crédito y achicarse, pero se toparon con la crisis una vez más: desde mayo de este año, recibieron solo una visita y ninguna oferta. La actividad inmobiliaria, también se encuentra parada. «Tengo veinte años de ejercicio en la profesión y dos especialidades, y ahora me encuentro metida en una situación en la que no se cómo salir”.

Los estafados por los créditos UVA

Hipotecados versus todos

“El crédito no es lo mismo que el alquiler. El alquiler aumenta cada seis meses y vos sabes cuánto vas a pagar, podés planificar tus gastos. Si nosotros dejamos de pagar, perdemos nuestra casa y los ahorros de todas nuestra vida”. Karla responde antes de que le pregunten.

Javier Gonzalez Fraga -presidente del Banco Nación-, Eduardo Amadeo, varios periodistas y líneas editoriales. Son muchas las personas que hablan del “negocio que hicieron los tomadores de UVA”. Que pagan menos o igual que lo que pagarían por un alquiler, pero para su casa propia. Que con la devaluación y la tasa de interés tan baja terminaron ganando el valor de su casa en dólares, que no están tan perjudicados porque la mayoría de los endeudados sigue pagando.

“El porcentaje de mora de los hipotecados es bajo, pero esto no quiere decir que la política sea buena”, responde también sin que le pregunten Federico Wahlberg, economista hipotecado UVA. El gobierno nacional se jacta del porcentaje de mora, que es alrededor del 1%. Para poder seguir pagando el crédito, los hipotecados tienen varias estrategias que las estadísticas no reflejan: tarjetean en el supermercado, tarjetean los servicios, piden plata a familiares o dejan de pagar algunos impuestos. 

María es un caso especial: lleva tres meses de atraso en el pago de las cuotas, el plazo suficiente que habilita al banco el inicio de acciones legales. María recibió varios llamados y una carta a documento de los abogados del Banco Frances exigiendole el cancelamiento de gran parte del préstamo para no ejecutarle la casa. En la desesperación, María pidió un préstamo en otro banco “como para calmarlos un poco, pero me siguen exigiendo que cancele más cuotas para ver si el banco me vuelve a aceptar en el crédito”. María tiene dos hijos, y el atraso empezó cuando tuvo que pagar la matrícula y los materiales del inicio de las clases. María trabaja doble turno en un hospital público y por la tarde en uno privado. María es doctora, pero la plata no le alcanza. 

“No nos sirve” 

Desde la devaluación del 2018, el gobierno anunció medidas para tomadores de créditos, pero ninguna fue en beneficio real de los hipotecados.

Primer intento: inmediatamente después de la devaluación del 2018, Macri anunció que, si la cuota superaba un 10% del salario del deudor, podía pedir una extensión del crédito para sacar presión sobre las mismas  Llama la atención que esta medida anunciada como un logro del gobierno, sea en verdad una cláusula más del contrato, a la que ningún tomador aplicó porque la deuda se extiende muchos años y la cuota se reduce muy poco  Además, con el ritmo inflacionario, se actualiza en pocos meses. 

Segundo intento: en abril de 2019, Vidal anunció que iba a tener en cuenta la representación de la cuota en no más de un 30% del salario de los tomadores del crédito del Bapro. El resultado: en el banco no saben cómo implementarlo porque no hubo una circular firmada ni información para sus empleados.

La tercera no es la vencida. El congelamiento de la cuotas que anunció Mauricio Macri luego de la devaluación de agosto tampoco les inspira confianza a los hipotecados. Por un lado, la medida aplica a tomadores de hasta 140.000 UVAs, con lo que excluye a muchas familias. Por otro, hay muchos bancos que no recibieron la circular por lo tanto no están aplicando el congleamiento. Pero sobre todo, la pregunta del millón es: en enero después del fin del congelamiento, ¿Van a cobrar todo el aumento junto? ¿ Y el capital, seguirá aumentando?

Los hipotecados UVA piden medidas que aborden la problemática en profundidad, no parches electorales. Sus principales reclamos tienen que ver con frenar las ejecuciones de las casas, darle un tiempo de gracia a la gente que se queda sin trabajo y, sobre todo, reveer la indexación del capital y de las cuotas: que el UVA sea reemplazado por un indicador más estable o acorde a los ingresos, como puede ser el Coeficiente de Variación Salarial. Piden desdolarizar la deuda.

María, Karla y Nora tienen algo en común: son tres trabajadoras acostumbradas a ganar su sueldo, darse algún gusto y ahorrar. Las políticas de ajuste de un gobierno que no tiene en cuenta el bolsillo de la gente, las frustraron. “Yo tuve mis primeras experiencias laborales durante el 2005. Podía estudiar, alquilar y vivir bien”, cuenta Karla. «Hoy te acostás haciendo números, te levantás haciendo números, pendiente de cuánto te depositaron, cuánto te sacaron, cuánto queda para pagar el resto de las cosas”.

Hoy no volverían a elegir endeudarse de acuerdo a la inflación, incluso dejando de lado el sueño de la casa propia.

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