La lucha por los salarios

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La jornada de lucha nacional de la CTA y el paro docente en la provincia de Buenos Aires de ayer fueron apenas el inicio de una escalada de protestas para recomponer los salarios devaluados por la inflación. El gobierno rechaza reabrir las paritarias y los sindicatos, aún divididos, amenazan con paros.

Como en una olla a presión, el sindicalismo se prepara para lo que parece inminente. En la CGT pronostican tambores de guerra que anunciarán en el congreso del 22 de agosto, cuando la central reunificada debute. Muchos dirigentes aseguran que ese mismo día el gobierno de Mauricio Macri “va a saber cuándo se come el primer paro general”.

El conflicto ya está desatado en la calle. La masiva marcha por el día de San Cayetano y, ayer, la jornada de lucha nacional convocada por la CTA, que incluyó un paro total de los docentes y personal de salud bonaerenses. Además, avanza la organización de la Marcha Federal que el 31 de agosto saldrá de Mendoza, el 1 de septiembre cruzará Rosario y el 2 entrará a la Plaza de Mayo, bajo la consigna “contra los tarifazos, el ajuste y los despidos”. Organizada por las dos CTA, aspiran a que la CGT se sume.

El malestar crece parejo entre los sectores del mundo gremial. Cada día más sectores piden reabrir las paritarias, ante la evidencia de lo atrasados que quedaron los acuerdos discutidos durante el primer semestre.

Sin embargo, en la Casa Rosada el diagnóstico no los conmueve. De hecho, niegan que sea necesario reforzar los sueldos. Tampoco dan señales de un plan para contener los efectos de una política que en apenas ocho meses llevó la inflación anual al 45 %, multiplicó las filas del desempleo y el trabajo precario, y transformó al mercado interno en una postal de la recesión.

Para el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, los dichos de los sindicatos fueron “un poco apresurados” y consideró que “no hay motivos” para reabrir las paritarias. El jefe de Gabinete, Marcos Peña, aseguró que los acuerdos salariales “reflejan la inflación que viene, que claramente va a ser más baja”. Hasta lo que fue un gesto importante del macrismo hacia los sindicatos, el millonario reintegro a las obras sociales, acabó por licuarse en el malestar. Tanto que la dirigencia gremial salió a negar una supuesta paz firmada sobre los 2.700  millones que Macri girará a los sindicatos. “Una cosa no tiene nada que ver con la otra. Creo que es una medida importante pero nada tiene que ver con el reclamo que se viene llevando adelante”, insistió Pablo Moyano. “No cambia en nada. Es un reclamo genuino que hace 10 años lo venimos haciendo, y se especulaba con esto en los medios, con mala leche, de decir que ahora nos íbamos a callar la boca. De ninguna manera”, aseguró Omar Plaini, diputado nacional y dirigente de los canillitas de Sivendia.

Caída en picada

El Observatorio de Datos Económicos y Sociales de la CGT detalló que en julio el costo de vida subió un 3,1 %, lo que suma un 45,86% anual. En la UOM informaron que ya tienen 20 mil trabajadores suspendidos y 5.000 despidos. Para el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), al 30 de junio eran 179.285 los despidos y suspensiones, 6,99 % más que en mayo, cuando había 167.564 casos acumulados desde diciembre de 2015. El último informe de coyuntura de CIFRA-CTA indica que la contracción del salario real del trabajo en el sector privado alcanzó el 12,1% en junio con respecto a diciembre pasado.

“Estamos camino a una medida de fuerza en el corto plazo. Puede ser antes, durante o después de la unificación de la CGT”, evaluó Sergio Sasia. Pablo Moyano aseguró que la posibilidad de un paro “se está hablando con las tres centrales sindicales y con las dos centrales de la CTA y con distintos sectores sociales que se están viendo afectados”. Antonio Caló agregó que Macri “no es un presidente para el pueblo argentino” y pidió “que entienda que la gente está sufriendo, pasando muchas necesidades y que el gobierno debe enderezar el barco para el lado de los trabajadores”.

A la calle por paritarias

Así aumenta la presión para reabrir las paritarias o aplicar los mecanismos dispuestos en los convenios. Juan Carlos Schmidt, el sucesor de Moyano, remarcó “que si la escalada inflacionaria tiene este voltaje los pedidos de aumentos serán inevitables”. El bancario Sergio Palazzo opinó igual: “Cuando los acuerdos salariales queden insuficientes ante el proceso inflacionario, entonces hay que pedir la reapertura de paritarias”.

Dos síntomas indican que ese reclamo marcará el pulso del segundo semestre:

1) Muchos gremios salieron o saldrán en estos días a la calle con la exigencia de rediscutir sueldos como bandera. Ya lo hizo la CTA Autónoma, que tuvo alta adhesión.

El titular de ATE Nacional, Hugo “Cachorro” Godoy, sacó cuentas simples: “Tenemos una inflación del 45 % y la paritaria se cerró a 27 % en tres cuotas”.

La Federación de Profesionales de la Salud (Fesprosa), otro sector que se plegó al paro del jueves, logró el cese de actividades en 80 hospitales bonaerenses y otros tantos en el país. “Exigimos reapertura de paritarias, derecho a la negociación colectiva y un salario de ingreso que cubra la canasta familiar”, indicaron en el gremio. Antes, el 8 de agosto, la CGT de Lomas de Zamora y la CTA local se habían movilizado con un pedido similar.

2) Más allá de los índices inflacionarios, el atraso salarial queda en evidencia ante las paritarias negociadas en  esta segunda parte del año, muy por arriba del 32 % que promediaron los acuerdos del primer semestre. El ejemplo más claro es el sector de la carne, que tras amenazar con un paro consiguió un 42 % de recomposición salarial desde el 1 de julio. Es decir, 10 puntos por sobre la media de las primeras paritarias. Otro tanto ocurre con los gremios energéticos de Luz y Fuerza y Apsee, que fueron a una conciliación obligatoria por su exigencia de mejorar el 38 % que cerraron en mayo de 2015. Antes de que finalice 2016, otros sindicatos de peso deberán acordar el segundo tramo de sus negociaciones: Comercio, UOCRA y Suterh, cuyos referentes anunciaron que su pretensión es redondear un 45 % anual.

La pelea por la unidad de la CGT

En este escenario, hoy la CGT está abocada a lograr que el reagrupamiento de sus fuerzas no deje a ningún dirigente herido. Ocurre que para varios gremios el triunvirato que impulsan las tres grandes centrales –la Azopardo, la Alsina y la Azul y Blanca– constituye una unidad “a libro cerrado”, forjada entre cuatro paredes. Lo que escaló las rispideces fue que Hugo Moyano, Antonio Caló y Luis Barrionuevo no sólo fijaran la conveniencia de elegir a tres secretarios generales sino que también le hayan puesto nombre a los sillones: uno para el portuario Juan Carlos Schmidt, por el moyanismo; otro para Héctor Daer, de Sanidad, por los “gordos”; y el último para el estacionero Carlos Acuña, delfín del gastronómico. Los negociadores repiten que esto deberá ser ratificado en el congreso del 22, pero todo hace suponer que ese día apenas será un trámite.

La estrategia de contención para los díscolos es bien pragmática: a cambio de aceptar la figura del triunvirato y a sus integrantes, se les ofrecerán cargos de peso en alguna de las 25 secretarías del futuro Consejo Directivo. Las cartas fuertes a negociar son los puestos de secretario Gremial, de Interior y Adjunto.

En el bando rebelde el más refractario es Gerónimo “Momo” Venegas, titular de UATRE y solitario referente del macrismo en esta discusión. El ruralista insiste en que debe haber un único secretario y se autopropone como prenda de unidad, acompañado por un consejo directivo de 35 integrantes. Venegas viene operando fuerte desde el 14 de julio, cuando Moyano anunció que iba a postergar su jefatura en la CGT Azopardo hasta el 22 de agosto, cuando dejará su lugar en manos de Schmidt. El volantazo del camionero desairó al Momo, que aspiraba a sucederlo, y lo obligó a extremar su posición. Para eso, bajo el paraguas de las 62 Organizaciones Sindicales Peronistas, logró reunir a 59 secretarios generales de gremios chicos que le dieron su apoyo y lo postularon como candidato. “Si se hace un triunvirato no hablamos de unidad”, aseguran.

Terminales políticas

A los que lo llaman “el gremialista de Macri”, Venegas les responde que “el triunvirato es una entrega al poder político de Sergio Massa”. El retruque tiene una base real: de los nombres dispuestos para ocupar el tridente de la futura CGT, dos son legisladores del Frente Renovador: Daer es diputado nacional por esa fuerza y Acuña ocupa una banca en la cámara baja bonaerense. Otro que hizo explícita esta tensión política en el corazón del poroteo sindical fue Barrionuevo, que de un día para otro pasó de defender públicamente al presidente a desaprobar la gestión de Cambiemos. “Actúan como novatos. Te asusta porque no sabés a dónde van”, fustigó el gastronómico, que ahora dirige sus elogios hacia Massa. “Es el que sobresale por encima de todos”, concluyó. Hasta consideró que “tiene legisladores como Acuña, como Daer, como (Alberto) Roberti, que serán capaces de armarle una estructura”.

Para despejar toda duda, el propio Acuña le respondió al Momo: “Si no quiere darle la CGT a Massa, nosotros menos se la queremos dar a Macri”, resumió.

Entre los que rechazan la idea de los tres secretarios está el Movimiento de Acción Sindical Argentino (MASA), que dirige el taxista Omar Viviani y que propone Sergio Sasia, de la Unión Ferroviaria, como cabeza de la CGT. El MASA fue endureciendo esta oposición, tanto que Sasia afirmó que si se concreta una conducción colegiada, ellos estarán “afuera de la CGT”. Para el ferroviario, un triunvirato “ratificaría que hay diferencias en el movimiento”.

El tercer sector que marca sus diferencias es el que promueve al titular de la Asociación Bancaria, Sergio Palazzo, y que reúne a los gremios del Núcleo del MTA y de la Corriente Político Sindical Federal, dos de los espacios más dinámicos del sindicalismo y, a la vez, muy críticos de la matriz ideológica del PRO. Si bien apoyan la conducción colegiada, exigen un lugar en la toma de decisiones: “Debe incluir a la totalidad de los sectores”, ratificaron en un comunicado. Para consolidar esta posición y hacer una demostración de fuerza, el 12 de agosto llamaron a un acto en el microestadio de Ferro.

Escalada docente

Los maestros son uno de los gremios más activos y duros en sus reclamos. En los últimos meses, los conflictos se multiplicando en distintas provincias luego de que los integrantes de la paritaria nacional –Ctera, Sadop, CEA, UDA y Amet– calificaran como “un fracaso” el intento de reabrir la discusión salarial en su reunión del 3 de agosto con el ministro de Educación Esteban Bullrich.

Los maestros del Frente Gremial Docente Bonaerense desarrollaron con alto acatamiento su reciente paro de 24 horas, ante la negativa del gobierno de María Eugenia Vidal de acceder a rediscutir sueldos. Tras el 34,6 % alcanzado en febrero, los educadores quieren una segunda recomposición de entre 12% y el 15%, para promediar el 50% anual. Sus pares porteños de UTE están haciendo un  planteo similar y tampoco descartan medidas de fuerza si el PRO no da respuestas. “Pedimos un 15 %”, explicó Eduardo López, titular de UTE.

Sonia Alesso, secretaria general de Ctera, advirtió que “hay conflictos en un montón de jurisdicciones”, con “provincias que ni siquiera tuvieron aumentos” y falta de pago en los programas socioeducativos.

En Santa Fe, los maestros de Amsafe demandarán renegociar salarios, como ya sucedió en Santa Cruz, Catamarca (Ateca), Entre Ríos (Agmer) y Córdoba (Uepc), donde los gremios están ejecutando medidas de fuerza para, al menos, empardar a la inflación.

Para definir los pasos a seguir, Ctera convocó a un congreso el 17 agosto, sin olvidar el reclamo de modificar el impuesto a las ganancias, ya que fruto de los cambios aplicados por el PRO ahora el canon alcanza a muchos más maestros. Según Suteba, de los 15.850 docentes que pagaban este impuesto hacia diciembre pasado, en marzo pasaron a ser 38.800, y en julio, 56.000.

@soycarlosromero

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