La máquina de despedir trabajadores

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El monje negro detrás de los despidos en el Estado se llama Andrés Ibarra. Hoy al frente del Ministerio de Modernización, acompañó a Macri en sus empresas y en Boca, donde aplicó su receta. ¿Cuál? Ésta.

Llueve con furia en Buenos Aires. Aún no amaneció y Andrés Ibarra ya se afeitó, tomó su jugo de naranja y leyó el mail con el resumen de noticias que le envía cada madrugada su equipo de prensa. Es viernes 1° de abril y el ministro de Modernización de la Nación sabe que, en algún momento de la mañana, lo llamará “Mauri”, como él le dice.

Previo a la asunción de Macri como presidente de la Nación, el PRO instaló en la agenda política que encararía una batalla contra los “ñoquis” y nunca dejó de machacar contra la maldita herencia de “un Estado destruido en sus distintas versiones”. Para comandar esta lucha, Andrés Ibarra fue el hombre elegido para hacerse cargo de la maquinaria de despidos.

El Presidente le creó un Ministerio llamado, sin eufemismos, “de Modernización”, según aquella vieja receta parida por su gran mentor, el ex viceministro de Economía Ricardo Zin, además asesor de Martínez de Hoz y ex vicepresidente de la empresa SOCMA de los Macri: “Achicar el Estado es agrandar la Nación”.

La tarea encomendada a Ibarra fue, por decreto, la de “revisar” 63 mil contratos y concursos realizados entre 2013 y 2015. Según las cifras que dio a conocer el propio gobierno, los resultados hasta hoy son “10.921 contratos del Estado nacional dados de baja”.

Lo más preocupante es la lectura que hace de ésto el equipo del ministro, según el informe que envió a Nuestras Voces: “Representa un ahorro fiscal de $ 3.500 millones anuales”. Un 0,22 por ciento de los previsto en el presupuesto 2016.

Si efectivamente fueran 11.000 los cesanteados, representarían el 5 por ciento de los empleados estatales de Nación, aunque la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) estima que son al menos unos 30.000 los despedidos en el sector público.

A estos hay que sumarle los cesanteados en distintas provincias y municipios del resto del país que adoptaron medidas en consonancia con la política macrista e incluso en el sector privado. En ese caso la cifra ascendería a 110.000 personas que perdieron el empleo desde la llegada de Mauricio Macri a la Casa Rosada, según distintos informes y noticias mediáticas.

“Nosotros recibimos un listado detallado de los empleados en cada ministerio y revisamos los contratos, especialmente de los últimos dos años. Luego enviamos la ficha de aquellos empleados que están en una situación irregular y, finalmente, son las autoridades del ministerio las que deciden a quienes se les renueva el contrato y a quienes no”, explicó a Nuestras Voces un integrante del equipo de Andrés Ibarra que a último momento prefirió no dar a conocer su nombre.

Muy lejos de la austeridad que pregona el macrismo para motorizar la maquinaria de despidos, el de Modernización se convirtió en un megaministerio con 4 secretarías, 9 subsecretarías, 19 direcciones y oficinas nacionales y unas 90 coordinaciones.

La modalidad de trabajo adoptada por Ibarra es la siguiente: mensualmente los distintos ministerios deben enviar a su cartera un listado detallado de todos los empleados para que, tras una “rigurosa evaluación”, autoricen o no el pago de los sueldos.

Los ministerios con más despedidos son: Interior (1342 personas), Desarrollo Social (1175), Cultura (1124), Salud (837) y Energía (792). En la conferencia del martes pasado Ibarra volvió a insinuar, frunciendo la frente, que se trataba de ñoquis y esgrimió como motivos de la suspensión de contratos “el no trabajo, la no aparición en los lugares de trabajo o la constancia de muy pocas horas en las dependencias”.

También sostuvo que a partir de ahora el mecanismo de ingreso al Estado “va a ser siempre a través de concursos”, al mismo tiempo que su esposa, Carla Piccolomini, fue recientemente designada directora de Relaciones Institucionales de Radio y Televisión Argentina, con un sueldo mensual de 90 mil pesos.

Terminada su exposición Andrés Ibarra se quitó los anteojos de lectura, los guardó en un estuche, sonrió mostrando apenas los dientes y se retiró de la sala preparada para la ocasión en el flamante Ministerio de Diagonal Norte 511.

Camino a su despacho uno de los jóvenes PRO reclutado en su equipo lo observó con admiración y él le respondió guiñándole el ojo derecho. En ese momento le volvió el recuerdo de su padre diciéndole: “A partir del año próximo usted va a ir al Liceo Militar porque yo quiero un hijo bien educado, sin ideas raras en la cabeza”. Se acordó de cómo se le llenaron los ojos de lágrimas y con la vocecita entrecortada dijo “sí, papá” porque una orden de don Ibarra, como le decían sus vecinos de Vicente López, no se contradecía jamás. Respiró profundamente antes de abrir la puerta y exhaló al entrar sabiendo que la primera parte de la tarea encomendada por Mauricio estaba cumplida. Ahora vendría lo más difícil.

Andrés Ibarra Foto: Joaquín Salguero. Prohibido su uso sin autorización del autor. Ley 11.723
El Correo y Boca: prueba y error

Faltaban unos minutos para las 9 de la mañana, todavía lloviznaba en Buenos Aires y el celular empezó a vibrar. Andrés Ibarra se colocó los auriculares y cerró la puerta de su despacho.

-¿Cómo andan Carla y la gorda, che?

Con ese tono amiguero, estas charlas distendidas -más breves y espaciadas en los últimos tres meses- Mauricio Macri y Andrés Ibarra las tienen desde hace casi 30 años. A veces cara a cara en un campo de golf o con un partido de Boca como excusa.

A principios de los ‘90 el ahora Presidente encontró en el Ministro a un soldado leal a quien nombró en la gerencia de control de gestión de la constructora Sideco S.A, una de las empresas más importantes del holding Macri.

Desde ese lugar Ibarra demostró tener tacto para administrar presupuestos millonarios de megaobras viales en licitaciones facilitadas por el menemismo. Su eficiencia y responsabilidad para cumplir con las tareas asignadas hicieron que ascendiera rápido en el directorio y se ganara la confianza infinita de Mauricio.

Andrés Ibarra llegó al mundo de los Macri en 1979, con apenas 22 años, cuando cursaba su carrera en la UCA y ganó una beca Socma para estudiantes avanzados de Economía.

Comenzó como analista de proyectos pero su capacidad para actuar con sangre fría ante cada directiva de Franco -en un comienzo- y Mauricio -después- lo favoreció a la hora de escalar puestos.

Cuando se creó el consorcio Autopistas del Sol fue nombrado director financiero y comercial y pasó a controlar los recursos humanos. Con el desembarco de los Macri en el Correo Argentino, en 1997, Ibarra se convirtió en gerente general.

El plan junto a Orlando Salvestrini, presidente de la entidad y luego tesorero del club xeneize, era convertir a la ex empresa postal estatal “en un correo moderno, informatizado y con poco personal”.

En el libro El Pibe, Gabriela Cerruti relata:

En el primer año pusieron en marcha un plan de despido masivo de trabajadores a través de un programa de retiros voluntarios por el que el Correo redujo su dotación en 10.000 empleados.

Para eso, utilizaron los fondos que se habían comprometido en el contrato de inversión de capital. En el balance contable del primer año de gestión, la empresa hizo figurar como inversión cien millones de dólares que había usado en realidad en el despido del personal”.

Tras decretarse la quiebra de Correo Argentino, en diciembre de 2003, el juez Eduardo Favier Dubois (h) le prohibió a Ibarra la salida del país durante siete meses. “La deuda que dejó el Grupo Macri ascendía a 659 millones de dólares de la convertibilidad y, durante su gestión, el holding puso en práctica el plan de retiros voluntarios y despidos más grande de su historia”, escribió el periodista Gustavo Veiga en Página/12 en julio de 2010.

Los abogados del clan Macri rescataron ileso a Andrés Ibarra y su paso por el Correo fue un ensayo de políticas que luego implementaría en el gobierno porteño y, más acá en el tiempo, en el Estado nacional desde el Ministerio de Modernización creado a su medida.

Al club Boca, del cual se declara hincha fanático, llegó en 2004 bajo la presidencia de Mauricio Macri. Allí también fue gerente general y si bien manejó el marketing y vendió la marca Boca en China “se encargó de despedir a algunos opositores a los intereses del macrismo en el club”, cuenta un empleado de la entidad xeneize que lo conoció en esa época. A la hora de describirlo dijo que “no es un tipo que hable demasiado, nunca lo escuché levantar la voz, es más de actuar. Eso sí, va directo al hueso”.

Durante su etapa en Boca, Ibarra contrató al ex-jefe de la Policía Metropolitana, Jorge “Fino” Palacios, hoy preso por una causa de espionaje. Lo nombró gerente de seguridad del club, un cargo inexistente hasta ese momento, y le instaló una oficina en la planta baja de la Bombonera.

El ex vicepresidente de Boca y dirigente peronista Roberto Digón ha dicho en más de una oportunidad que Andrés Ibarra era “el encargado de las negociaciones con la barra brava” y declaró ante el juez Norberto Oyarbide que “Palacios dependía directamente de Ibarra”.

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Prensa Ministerio de Modernización
Entre espías y despedidos

Al ser electo jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, en 2007, Mauricio Macri nombró a Ibarra en la Secretaría de Educación secundando a Mariano Nadorowsky. Su cargo nunca estuvo del todo claro y se cree que funcionaba más como un poder paralelo dentro de la cartera. Fue durante su gestión que se desató el escándalo por la contratación del supuesto espía Ciro James y las escuchas telefónicas que terminó con el mismísimo Macri procesado (fue sobreseído en diciembre de 2015 por el juez Sebastián Casanello) y con un juicio oral que se iniciará el próximo año a James y Palacios.

Ibarra quedó en medio del huracán pero posee la habilidad de sortear los obstáculos sin despeinarse. Una vez que las aguas se calmaron fue secretario de Recursos Humanos de Hacienda porteño y, en 2011, estrenó el traje de ministro de Modernización de la Ciudad: un anticipo de lo que estaba por venir. En 4 años en funciones decidió los destinos laborales de unas 3000 personas que perdieron sus trabajos en base a “reorientar recursos” para ser “más eficientes con el dinero público”.

Durante las elecciones de 2013 Mauricio le pidió que se hiciera cargo del comité de campaña. Sin chistar y con espíritu conciliador para acercar posiciones entre Gabriela Michetti y Horacio Rodríguez Larreta, Ibarra se calzó la tarea al hombro con un objetivo definido: lograr el triunfo que mantuviera encendida la llama presidencial de Macri de cara a las elecciones del 2015.

El domingo de la elección Andrés Ibarra desayunó con su mujer y su hija Catalina, votó antes de almorzar y algo en el aire le hizo sentir que el triunfo era suyo. Cuando se conocieron los resultados y todos se dedicaron a festejar, Andrés Ibarra ya tenía listo el plan que hoy está ejecutando.

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