La OEA: entre el golpismo y la cooperación

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El próximo viernes la Organización de Estados Americanos (OEA) elegirá su nuevo presidente. María Fernández Espinosa, ex Canciller ecuatoriana y primera mujer en presidir la Asamblea General de la ONU es una de las candidatas. Contaría con el apoyo de Argentina, México y los países del Caribe. Estados Unidos y el Grupo de Lima respaldarán a Luis Almagro, figura central en el golpe contra Evo Morales. El tercer candidato es el embajador peruano ante EE.UU. Hugo De Zela. En declaraciones exclusivas para Nuestras Voces Espinosa, una diplomática de centro que aboga por la cooperación y el multilateralismo, explicó cuáles serán los ejes de su gestión en caso de resultar electa.

El próximo viernes en las oficinas de la OEA en Washington se dirimirá quién es el próximo Secretario General del organismo para los próximos cinco años. Hay tres candidatos: el actual secretario Luis Almagro que busca la reelección, el embajador peruano ante los EE.UU. Hugo De Zela, y la ex Canciller ecuatoriana, además de primera mujer en presidir la Asamblea General de la ONU, María Fernanda Espinosa. De Zela cuenta con pocos votos a su favor. Almagro, claro está, posee el respaldo de Estados Unidos y del denominado Grupo de Lima, la mesa de gobiernos neoliberales que respalda en el Cono Sur la agenda de la OEA para cercar a Venezuela. Tan notorio es el encuadramiento de Almagro con la agenda neoliberal que una semana atrás varios ex mandatarios conservadores de la región y España, como el propio Mauricio Macri, firmaron de puño y letra una misiva de apoyo al diplomático uruguayo.

Espinosa, una diplomática de carrera, de vasta formación académica –es Lingüista por la Universidad Católica del Ecuador, posee una maestría en antropología y ciencias sociales de FLACSO y estudios doctorales en geografía ambiental por la Universidad de Rutgers–, es también una habilidosa y experimentada política. Sus conocimientos técnicos en el ámbito de las relaciones exteriores la llevaron a cumplir funciones ministeriales en los gobiernos de Rafael Correa y Lenin Moreno, hoy enemigos acérrimos. Espinosa pretende ser la primera Secretaria General de la OEA, de esa manera pretende continuar el hito que logró cuando fue la primera mujer en presidir la Asamblea General de la ONU.

La ex Canciller ecuatoriana tiene el respaldo explícito del gobierno mexicano de Andrés Manuel López Obrador y del conjunto de los pequeños países del CARICOM, todos de poco peso económico pero equivalentes al resto de las naciones al momento de computar los votos. Por lo tanto Espinosa tienen chances de vencer a Luis Almagro. En otro momento, la disputa por la conducción de la OEA hubiese pasado desapercibida. Pero al haber un grado de fragmentación histórico en la coordinación zonal –donde las tradicionales fuerzas en pugna no logran apuntalar su instrumento regional, es decir la UNASUR ha fenecido pero tampoco el ProSur fundado por Macri y Piñera logró relevancia– la votación del viernes tiene su significancia política.

¿Cuál es la postura de Argentina? El gobierno apoyaría a Espinosa pero, dado el delicado momento en la renegociación de la deuda, donde el apoyo de EE.UU. es relevante para conseguir el visto bueno del FMI, en caso de hacerlo lo haría de forma comedida, sin realizar grandes pronunciamientos. Una alta fuente del Palacio San Martín le transmitió lo siguiente a Nuestras Voces: “La elección no está cerrada. Almagro juega con EE.UU. pero no tiene aún los 18 votos necesarios para ganar. El gobierno de Trump tiene fisuras en torno a Luis Almagro, un sector de la Casa Blanca le resta apoyo porque el uruguayo se ha declarado a favor del derecho al aborto, y eso cae mal en buena parte de la administración. La postura oficial argentina, por el momento, es no votar a Luis Almagro. Lo más probable es que apoyemos a Espinosa, pero falta el visto bueno final de Alberto (Fernández)”.

Nuestras Voces pudo hablar unos minutos vía telefónica con María Espinosa, quien por estar horas protagoniza una profusa agenda de visitas y encuentros para incrementar su base de apoyo en la votación del viernes. Antes de subir en México a un vuelo aéreo con destino a Nueva York Espinosa contó cuáles son sus cuatro puntos programáticos para un eventual mandato suyo en la OEA: “Primero, más democracia y mejor gobernabilidad: las Misiones de Observación Electoral han sido un sello distintivo de la OEA y deben ser fortalecidas. Dos, Seguridad multidimensional. Voy a fortalecer programas como el Mecanismo de Evaluación Multilateral para enfrentar el problema de las drogas y los delitos relacionados. Tres, haré un llamado a evaluar nuestras políticas y esfuerzos nacionales para enfrentar la crisis climática e incrementaré las iniciativas en migración y refugio. Por último, respaldaré todas las acciones que fortalezcan las funciones de los órganos de derechos humanos, respetando sus ámbitos de competencia”.

De dicha conversación y de otros reportajes más extensos que ha dado Espinosa queda a la vista que la diplomática ecuatoriana busca centralmente tres cosas en caso de lograr liderar la misión en la OEA: modernizar y agilizar a una institución apegada a ritmos burocráticos propios de la Guerra Fría, dar protagonismo al organismo en temas que hoy concitan la atención global como las migraciones y el cambio climático; por último, Espinosa se muestra atenta a evitar el fuerte unilateralismo de EE.UU. en el horizonte de la institución. Identificada con la cooperación y el dialogo multilateral María Fernanda Espinosa entiende que es posible una OEA más descentrada y menos intervencionista. El viernes se verá si tiene chances de lograr ese cometido.

Jeanine I, personaje de Vargas Llosa

El coronavirus como una oportunidad

El Secretario General de la OEA, el uruguayo Luis Almagro, no desaprovechó la coyuntura informativa centrada en la pandemia del coronavirus y el último jueves anunció que se realizaría de forma voluntaria un test para comprobar si estaba afectado por el covid- 19 ya que había estado en contacto con un infectado. Recalcó que lo iba a hacer de “forma voluntaria”. De forma automática los usuarios de las redes sociales donde Almagro comunicó su decisión recordaron otro tipo de proximidad, en este caso política, que afecta al ex ministro de Relaciones Exteriores de Uruguay, es decir su fuerte cercanía ideológica con la administración de Donald Trump.

Esa correspondencia entre la cabeza de la diplomacia interamericana, Almagro, y la principal potencia económica mundial quedó expuesta de forma notoria en el reciente golpe político militar en Bolivia contra el gobierno de Evo Morales. La OEA, el Ministerio de las Colonias según la jerga castrista en los años 60, siempre operó como una correa de transmisión hemisférica de Washington; sin embargo, cuando el proceso de integración regional progresista logró construir mesas de coordinación multilateral propias como la UNASUR y la CELAC, el rol de la OEA a nivel continental perdió protagonismo.

A partir de la victoria electoral de Trump, y del ascendente eje conservador regional cimentado con el triunfo de Mauricio Macri en el 2015, la deslucida Organización de Estados Americanos comenzó a cobrar resonancia regional. Almagro, identificado en su momento con la corriente del ex presidente José Mujica dentro del Frente Amplio, hizo de su prédica intervencionista contra el gobierno de Nicolás Maduro la piedra basal de su mandato iniciado hace cinco años. A su vez, tal como denunció el mandatario derrocado Evo Morales, Almagro fue decisivo en la instrumentación del golpe cívico militar cuando rompió el acuerdo con el Palacio Quemado y adelantó el informe de la OEA sobre lo sucedido en los comicios donde la oposición había denunciado fraude. Ese documento sesgado, y que numerosos estudios de universidades de todo el mundo rechazaron en su validez técnica, fue comunicado por Almagro, de forma inédita en la historia de la diplomacia interamericana, un domingo a primera hora de la mañana. Fue, en los hechos, la noticia que aguardaban los golpistas para acelerar el decapitamiento del gobierno democrático.

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Emiliano Guido

Emiliano Guido

Periodista especializado en política internacional. Forma parte del Programa de Integración Regional y Financiamiento para el Desarrollo en Fundación SES (Argentina). Ganador del Premio José Martí (2006) otorgado por la agencia Prensa Latina.

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