La Policía de Larreta: sin chapa ni gorra

Compartir

Los uniformes de la nueva Policía de la Ciudad fueron diseñados por una agencia de publicidad que hace campañas de tampones, mayonesas y automóviles. Los policías parecen vigiladores. Tinelli twitteó que son «feítos con ganas. Y difíciles de identificar» y se convirtió en trending topic, con miles de vecinos opinando que son irreconocibles ahora. Los propios policías sienten que perdieron autoridad, no tienen chapa y muchos ni siquiera tienen gorra o chaleco. Se diluye el Estado en la calle. Eso sí, el proveedor de los uniformes tiene una larga historia de contratos con la ciudad, y fue denunciado por sobreprecios.

Corría el 5 de octubre del año pasado en el playón del Instituto Superior de Seguridad Pública, de Villa Lugano. Allí se desarrollaba la presentación de la Policía de la Ciudad -resultado del ensamble de la Metropolitana con el sector de la Federal absorbido por el gobierno porteño–, y Horacio Rodríguez Larreta sonreía de oreja a oreja. Se sabe que aquel evento –en el cual fue exhibida una muestra vehicular de dicha mazorca– se malogró al descubrirse que la estrella de esa flota, un espectacular helicóptero, era en realidad una unidad del SAME ploteada a las apuradas para la ocasión. Tal acto de ilusionismo también opacó la presencia de unos quince jóvenes con indumentaria a medio camino entre la de alguna agencia privada de seguridad y las usadas por los carteros de OCA. Se trataba del uniforme de la flamante fuerza.

Ahora, a tres meses y medio de aquel extraño jubileo, policías con semejante vestimenta ya circulan en los barrios de Belgrano, Palermo y Recoleta con un dejo de vergüenza ante el risueño azoro de peatones y vecinos.

Lo cierto es que en tal conjunto de camisas violáceas con chalecos turquesas y gorritas de rapper con una escarapela del tamaño de una yema de dedo de bebé anida la rebelión menos pensada. Porque, en medio de la incertidumbre de los federales por las variaciones de su status administrativo (caja de jubilaciones, obra social, salarios y horas adicionales) y la zozobra del comisariato por la suerte de sus negocios clandestinos, resuena la indignación y el rechazo por este asunto en particular.

Prueba de eso es un audio viralizado recientemente con la voz de un policía de la comisaría 30ª que le dice a otro por teléfono: “Si dan el nuevo uniforme no me lo pienso poner. Hay mucha gente que no se lo piensa poner. Acá están todos muy calientes. Me parece que se va armar quilombo”.

Desde un ángulo más global, tal aversión –según un oficial consultado por Nuestras Voces– no es sino un sentimiento asociado a la “pérdida de autoridad policial y del respeto del ciudadano hacia la fuerza”. En este punto también aflora entre los ex “azules” una lógica resistencia ante el cambio cromático, ya que el nuevo tono de sus camisas y camperas los hace proclives a ser llamados “los violetas”, un apodo que se presta a espantosas confusiones.

Es un hecho que tal innovación en el vestir supo generar críticas en diversos sectores de la vida nacional. Y ciertas celebridades no escatimaron su opinión al respecto; por caso, Marcelo Tinelli escribió en su cuenta de Twitter: “Feíto con ganas el nuevo uniforme. Y difícil de reconocer en la calle». Efectivamente desde una vereda a otra no se distingue si el uniformado es un guardia de seguridad privada. Muchos ni siquiera tienen gorra (en la federal era una falta disciplinaria perder la gorra), tampoco escudo, chapa identificatoria, apenas el cartelito con el nombre.

No es un dato menor que este tema fue trending topic en aquella red social. Y más allá de las burlas y chascarrillos, la mayoría de los tweets justamente se refería a la dificultad de identificar a los policías locales en la vía pública.

Pero inmune a dicha apreciaciones, Rodríguez Larreta salió a decir: “Este es un cambio histórico en todo sentido; la policía tendrá una nueva imagen que fue estudiada detenidamente”.

Según parece, en el diseño estético de la criatura no se dejó ningún detalle librado al azar. Y en consonancia con las pulsiones marketineras del PRO, el Gobierno de la Ciudad no recurrió a una sastrería militar sino a una agencia de publicidad. Ésta no fue otra que la reputada DDB, especialista en campañas de automóviles, tampones y mayonesas de primer nivel. En sus manos no solo estuvo la cuestión de la vestimenta sino también el nombre de la fuerza, su logo y también el ploteo de los vehículos.

Como es de suponer, la afinación de cada una de esas partes surgió en medio de agotadoras “tormentas de ideas” y sus frutos provisorios fueron medidos a través de focus groups. De ese modo,-por caso– se optó por llamar “Policía de la Ciudad” a la naciente milicia, y no “La Porteña”, tal como se había ideado originalmente. Así también se decidió su slogan: “Seguridad de vanguardia”, en reemplazo del ya obsoleto “Al servicio de la comunidad”.

Sin embargo, el polémico color del uniforme no fue elegido en base a una selección tan rigurosa sino que fue un efecto del apuro, puesto que –según una fuente del Ministerio de Seguridad local– a solo 48 horas de la presentación del 5 de octubre este punto no estaba aún resuelto.

A su vez, la principal proveedora de uniformes de la Policía de la Ciudad es –según el Boletín Oficial– la empresa textil La Bluseri, vinculada al gobierno porteño desde la década pasada. Y denunciada en 2009 por el auditor general de la Ciudad, Eduardo Epszteyn por alevosos sobreprecios en los pantalones de sarga para la Metropolitana.

Se puede decir que el macrismo siempre tuvo tragos amargos en materia de uniformes. En ese ya lejano 2009, el entonces ministro de Seguridad porteño, Guillermo Montenegro, también conchabó –por recomendación del entonces jefe de la fuerza, Jorge “Fino” Palacios– a la empresa textil del señor Alberto Kanoore Edul para equipar de chalecos a esa misma fuerza. Hay que recordar que aquel polémico comisario ocupa ahora el banquillo de los acusados en la causa por encubrimiento del atentado a la AMIA por haber avisado justamente a Kanoore sobre un allanamiento a su hogar en el marco de la pesquisa sobre la voladura del edificio de la calle Pasteur.

Ese error no se repetirá: Kanoore Edul falleció en 2010.

No solo por eso, claro, los uniformes violetas de la Policía de la Ciudad son ahora un arma cargada de futuro.

Comentarios

Comentarios

Ricardo Ragendorfer

Ricardo Ragendorfer

Es considerado uno de los mejores cronistas del género policial en el país. Autor de libros como El otoño de los genocidas (2017) y Los doblados (2016). Además de colaborar en Nuestras Voces, escribe en el diario Tiempo Argentino, Revista Zoom y en la revista Caras y Caretas, entre otros.

Hacé tu anotación Sin anotaciones
Apoyan Nuestras Voces

NuestrasVoces.com.ar - 21/09/2019 - Todos los derechos reservados
Contacto