Lazos de familia

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Forjada en tiempos de dictadura militar, la relación entre los Macri y los Martínez de Hoz sigue dando frutos. Como antes Franco con el ministro de Economía de la dictadura José Alfredo Martínez de Hoz, ahora Mauricio confía en su hijo. Lo nombró en un puesto en el que debe defender la propiedad intelectual nacional cuando su especialidad es litigar contra Argentina representando a empresas extranjeras.

Honrando viejas amistades familiares, José Alfredo Martínez de Hoz (h) ya tiene su lugar entre los funcionarios del presidente de la Nación: fue designado en el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI). En ese ente, a cargo de velar por las patentes fabriles, José Alfredo “junior” va a secundar a Dámaso Alejandro Pardo, con quien trabajó en un mismo estudio de abogados. 

Como abogado, José Alfredo (h) tiene en su haber una carrera que hace honor a su apellido, por ejemplo, especializándose en asesorar a multinacionales que litigan contra la Argentina en los tribunales internacionales. Defensor de la dictadura, en 1991 fundó el buffet Pérez Alati, Grondona, Benites, Arntsen & Martínez de Hoz (h), abocado a “asesorar a compañías y organizaciones locales y extranjeras”, con oficinas en Buenos Aires, Mendoza, Neuquén y Nueva York.

En ese estudio, el flamante funcionario nacional tenía a su cargo el Departamento de Energía y Arbitraje, con la mira puesta en las áreas de petróleo, gas y electricidad. Fruto de ese quehacer, como destaca en su currículum, “ha adquirido una vasta experiencia tanto en arbitraje comercial como de inversión” y “participa en numerosos casos de arbitraje CIADI contra la República Argentina como consecuencia de las medidas tomadas desde 2002, que resultaron en la derogación y alteración de diversos marcos regulatorios de inversiones”.

“Participa en numerosos casos de arbitraje CIADI contra la República Argentina como consecuencia de las medidas tomadas desde 2002″, informa la página web de su estudio.

En el buffet trabajó con quien hoy es su jefe y titular del INPI, Damaso Pardo, quien se ocupaba de los asunto de propiedad intelectual, prestando servicios jurídicos a las empresas que litigaban por cuestiones de marcas y patentes. Es decir que Damaso Pardo estaba del otro lado del mismo mostrador que hoy ocupa.

Por este motivo Martínez de Hoz y Pardo fueron denunciados por el Observatorio Sudamericano de Patentes por incompatibilidad de funciones. Parece ser una marca registrada del Gobierno: como reveló Nuestras Voces, Carlos Melconian, presidente del Banco Nación, fue uno de los bonistas que enjuició a Argentina en el juzgado de Thomas Griesa de Nueva York junto a los fondos buitre. También en la Unidad de Información Financiera (UIF), fueron nombrados Mariano Federici y María Eugenia Talerico, que antes defendían a empresas que litigaban contra ese mismo organismo.

Macri, Trump y Martínez de Hoz

Es fuerte el peso de los Martínez de Hoz en la historia de los Macri. En parte, porque la formación empresarial y la matriz ideológica desde la que hoy mira Mauricio se forjó en las épocas en que el neoconservadurismo local veía nacer a sus primeros cuadros, con la figura de Martínez del ex ministro como referencia ineludible. Pero, por sobre todo, lo que acercó a estas dos familias fue el talento y la influencia para hacer negocios. En su libro El Pibe, una exhaustiva biografía del jefe de Estado, Gabriela Cerruti reconstruyó el origen de este vínculo que hoy se vuelve a reafirmar. “Martínez de Hoz había establecido una relación amistosa con Franco Macri desde que, en los comienzos del gobierno militar, el economista quiso realizar una privatización de la aerolínea Austral para otorgársela al grupo y los Macri iniciaron una suerte de cogestión intentando que se declarara la quiebra antes de que ellos se hicieran cargo”. Y si bien ese acuerdo no llegó a buen puerto, “la relación con Martínez de Hoz seguiría consolidándose en otras negociaciones”.

Eso fue lo que ocurrió ya en los ’80, con el retorno de la democracia, durante un episodio tan importante como riesgoso para la expansión del holding, con la ciudad de Manhattan como escenario. Allí arribó un joven Mauricio Macri, con 25 años y el objetivo de cerrar una millonaria inversión inmobiliaria que terminaría en un estrepitoso fracaso. El proyecto se lo había acercado el excéntrico y multidenunciado Abraham Hirschfeld, luego que su socio original, Donald Trump, diera un paso al costado. La operación  incluía rezonificar el área a construir y exigía un lobby intenso sobre las autoridades municipales de Nueva York. Pero, además, había que destrabar el financiamiento del Chase Manhattan Bank y ahí es cuando volvió a jugar “Joe” Martínez de Hoz. “Fue contratado como lobbysta por una cifra millonaria, pero cuando debió comenzar sus gestiones en la Argentina de la reciente democracia ya habían empezado las investigaciones judiciales en varias causas que lo involucraban”, detalló la autora de El Pibe. De todos modos, “Joe” tenía buenos contactos. “Para cumplir acabadamente su tarea, se instaló durante algunos fines de semana en la casa de campo de su amigo David Rockefeller, presidente del Chase Manhattan Bank”. Todo iba bien hasta que el banco se echó atrás y no habilitó el dinero. El proyecto quedaría en la nada, más allá del intento de Macri por volver a tentar a Trump.

A tres décadas de aquel episodio –que el presidente argentino recuerda como un hecho clave en su vida–, Mauricio le abrió la puerta de la función pública al hijo de Martínez de Hoz.

Un defensor de la dictadura

El 21 de mayo de 2010, junto a sus hermanos, José Alfredo publicó una solicitada por la detención de su padre en el penal de Ezeiza. Hasta entonces, cumplía arresto domiciliario por delitos cometidos durante la dictadura. Además de defender su inocencia, dijeron que su situación era “fruto de una persistente política de odio y persecución de los Kirchner”.

Egresado de la Universidad Católica en 1980, el abogado tiene un master en Derecho Comparado de la Universidad de Illinois. En dos oportunidades (2002-2005 y 2010-2013) fue director del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires de la calle Montevideo, famoso por su postura corporativa y contraria a los juicios por crímenes de lesa humanidad.

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