El impacto de los incendios: el sufrimiento de los desplazados, la valentía de los bomberos y las pérdidas de la industria turística

El 5 de enero, un lunes a las 15 horas, en el balneario de Puerto Patriada, al oeste del lago Epuyén en Chubut, una tenue columna de humo se alzó desde un cerro cercano, desencadenando una catástrofe de seis días. El incendio se propagó velozmente, impulsado por el viento y una vegetación reseca debido a la escasez de lluvias. Al momento de cerrar este artículo, ya había devorado más de 5.200 hectáreas de bosque, forzando la evacuación de miles de turistas y residentes. Las pérdidas materiales son significativas: viviendas destruidas, animales muertos y daños en la infraestructura eléctrica, de agua, telefonía e Internet. Un auténtico infierno.

Mientras tanto, un enorme contingente de brigadistas y bomberos, provenientes de Chubut y otras regiones del país, junto a conductores, operarios, pilotos de avión y helicóptero, se turnan en un trabajo incansable. ¿Hasta cuándo seguirá esto? Es incierto, quizá hasta marzo o abril, dependiendo de las lluvias y del descenso de las temperaturas.

La Tragedia de los Desplazados

Claudia Ferreyra, madre de una familia, experimenta un doloroso déjà vu esta semana. Al igual que en 2007, tuvo que abandonar su hogar en el paraje El Coihue, junto a la ruta 70 hacia El Maitén, para escapar del fuego.

Con sus hijos Miriam, Jerónimo y Diego, se alojó el jueves en el centro de evacuados del gimnasio municipal de Epuyén. Las llamas amenazaban su casa y otras edificaciones cercanas, como la Escuela 58, un aserradero y un hotel, todas bajo la protección de los brigadistas.

“No hay información precisa sobre la situación del lugar, no permiten el acceso. Espero en Dios que todo siga bien, no sabemos cuándo podremos regresar. Nos dijeron que el incendio está muy fuerte”, comparte Claudia con Clarín, rodeada de sus hijos.

Claudia también expresó su inquietud por “una hermana y unos tíos” que decidieron quedarse para proteger sus propiedades: “Ellos tienen un poco más de acceso al agua que nosotros. Nosotros dependemos de las provisiones de la escuela, y algunas veces la Municipalidad trae un poco, pero es complicado”.

La familia Ferreyra debió abandonar su hogar y refugiarse en un centro de evacuación. Foto: Alejandro Bar. Enviado especial.

En el refugio se encuentran bien y colaboran en la cocina, pero anhelan el momento de regresar a su hogar que, como menciona Diego, está “en una zona accesible, pero complicada para emergencias”, con una “carretera estrecha, sin banquinas y rodeada de bosque nativo”.

“Desgraciadamente, observamos cómo todo se pierde, año tras año. La responsabilidad no solo recae en quienes nos gobiernan, sino también en nosotros, cada uno en su ámbito. Todos debemos hacer una introspección y, unidos, buscar soluciones. Este terreno es de todos, tanto para quienes vivimos aquí como para quienes nos visitan”, subraya el joven.

La Lucha de los Bomberos

“Lo vivimos como todos aquí. Para nosotros es trabajo, y sentimos impotencia, como todos los residentes. No entendemos por qué estos incendios ocurren cada año. Sabemos que debemos estar preparados, porque es casi seguro que habrá fuego”, relata Ricardo, un brigadista del Parque Nacional Lago Puelo. Junto a dos colegas, maneja una lanza que expulsa agua a presión sobre las llamas para “enfriar” durante las fases finales de una operación terrestre. Proviene de unos 15 kilómetros para apoyar a los equipos de Chubut.

Desde el inicio de la investigación judicial, se indicó que el incendio tuvo un origen intencional. Mientras los combatientes enfrentan el fuego y el humo, alimentan su ira y frustración con cada bocanada de ceniza. “Es siempre lo mismo, (los incendiarios) eligen el momento justo y el lugar más desordenado, con muchos pinos y vegetación inflamable. Evalúan los vientos”, añade, lleno de impotencia.

“Es desolador ver cómo el lugar que elegiste para vivir se consume por las llamas. Dondequiera que mires, todo está igual, quemado. Y si existe un beneficio económico, solo unos pocos se enriquecen, mientras que nosotros, que estamos aquí, trabajamos en condiciones muy precarias”, señala apesadumbrado.

Ricardo menciona que son “días agotadores”, sin un horario definido. “Debemos levantarnos temprano para aprovechar ‘la fresca’, cuando en teoría el fuego está más calmado. Pero ahora parece igual en la tarde que en la noche, y si al final del día no logramos enfriar y detener el fuego, hay que seguir consolidando para que el esfuerzo haya valido la pena”.

Los brigadistas trabajan arduamente para “enfriar” las áreas quemadas. El Hoyo. Foto: Alejandro Bar, enviado especial.

“Estamos siempre en riesgo; algunos compañeros han sido heridos por piedras grandes. Son los riesgos del oficio”, comenta.

Jorge, su compañero, con una vasta experiencia como brigadista, se desempeña como “director de tiro de medios aéreos”. Ante las cámaras de Clarín, trabajaba con un equipo usando motosierras en una zona de alta actividad incendiaria, y al ver que empezaba a tomar árboles, solicitó por radio la intervención de un helicóptero, que acudió rápidamente. A diez metros de distancia, se posicionó de espaldas al fuego y, con gestos, indicó al piloto dónde debía arrojar el agua. La maniobra culmina cuando se agacha para evitar el impacto del agua.

“Cada medio aéreo (avión hidrante o helicóptero con helibalde) cuenta con un director de tiro, situado estratégicamente, que guía por radio al piloto y en el momento adecuado pide ‘agua’. Puede ser un disparo puntual o un derrame a lo largo, dependiendo de la actividad del fuego y la decisión tomada”, explica Jorge.

El helicóptero puede descargar entre 800 y 1.500 litros de agua. Tras esta operación, llega personal con una manguera y herramientas para consolidar el “enfriamiento” y detener el avance del fuego. Aún falta mucho para declarar extinto el incendio.

El apoyo de helicópteros que lanzan agua según las instrucciones del “director de tiro” en tierra. Foto: Alejandro Bar, enviado especial.

“Seguimos enfriando. Siempre es esencial utilizar los medios aéreos con responsabilidad; son necesarios en todas partes”, concluye Jorge.

Consecuencias para el Turismo

“Nuevamente los incendios devastan la naturaleza, lo que provoca una inmensa tristeza. La repercusión en la región es devastadora, marcando la segunda temporada que ocurre esto y además justo al inicio de enero. Teníamos un 90% de ocupación en algunos lugares de la Comarca Andina como Puerto Patriada, El Hoyo, El Bolsón y Lago Puelo… Los meses de verano son los que esperamos todo el año. La destrucción del bosque es horrible, más allá del impacto económico”, lamenta Agustín Paats, responsable del complejo turístico Aldea de Huemules, ubicado entre El Hoyo y Epuyén.

El turismo es el motor económico del norte patagónico andino, que cuenta con decenas de miles de camas tanto en hosterías y cabañas como en hoteles, lodges, departamentos y campings.

Willie Paats y su hijo Agustín, integrantes de una familia pionera en el turismo en Puerto Madryn y Península Valdés, recientemente se establecieron en la cordillera con las instalaciones de la hostería y cabañas Aldea de Huemules. La primera semana de enero registraban lleno total, pero con el inicio del incendio la mayoría de los huéspedes se marcharon, las reservas se cancelaron y tuvieron que devolver millones de pesos a quienes decidieron no conservar las reservas para otra ocasión.

“La gente se asusta al ver esto, parece una zona de guerra”, comenta mientras señala las columnas de humo visibles en todas partes. “Pero esto pasará, nos afecta un poco, pero nos volveremos a levantar”, añade.

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El complejo está ubicado a unos 40 metros del río Epuyén. Años atrás, enfrentaron otra experiencia angustiosa cuando trabajaban en sus primeras temporadas y un feroz incendio se acercó desde el noroeste. Al percibir el peligro, intentaron remover material inflamable y mojar lo que podían, aunque el fuego los cruzó, quemando un bosque de pinos y avanzando por las calles cercanas, aunque las construcciones resultaron indemnes.

“La ribera del río estaba más ‘sucia’ (con material combustible), y fue un incendio bastante grande. Ahora puede observarse el área quemada hacia El Hoyo y El Bolsón. Incluso, más tarde hubo una ocupación de tierras junto a la carretera. Para nosotros, aquello fue más complicado que lo que enfrentamos ahora”, explica, mostrando la amplia vía creada para proteger las cabañas.

“Este es uno de los mayores incendios que hemos tenido en muchos años”, afirma Agustín, quien destaca que este año hay “una mejor coordinación entre el gobierno provincial, los intendentes, los brigadistas y el manejo de helicópteros y aviones”, proporcionados por la Nación y algunos gobernadores. “Aún así, cuando el fuego inicia, ningún helicóptero o avión puede detenerlo, solo queda esperar la lluvia”, lamentó.

Para él, “es vital establecer un poco de orden en esta cordillera”, donde abundan los conflictos de tierras, falta de títulos y disputas vecinales porque, si no se toma medidas, “seguirá ocurriendo cada temporada igual”.

Paats también expone sus sospechas sobre la causa del incendio: “Ocurrió justo al inicio de la temporada turística, hay algo premeditado para perjudicar la economía local”.

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“Debemos adaptarnos y buscar una solución cuanto antes, una respuesta del gobierno y la justicia, principalmente”, concluye.

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