Lorenzetti, el tercer Presidente

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El presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti, quedó otra vez en el centro de la escena por una denuncia de la diputada Elisa Carrió: “El mayor desestabilizador de la democracia”, acusó. Se produce en un contexto de críticas de Macri a la justicia en un año en el que la Corte debe elegir nuevas autoridades. ¿Cuál es la situación del supremo después de 12 años al frente del máximo tribunal? De los fallos ejemplares al 2×1. De Zaffaroni a Rosenkratz y Rosatti, un recorrido del magistrado que también celebra al juez que detuvo a Lula.

Fotos: Joaquín Salguero

Una vez más, la diputada oficialista Elisa Carrió cargó contra el presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Ricardo Lorenzetti, en esta ocasión en un escenario particular: el programa de Mirtha Legrand, y el nudo central era el escándalo que la semana anterior había desatado Natacha Jaitt a vincular a diversas personalidades en casos de pedofilia en el marco de las denuncias en Independiente. Carrió afirmó sin dudar que, detrás de todo, estaba el supremo. “Todo fue una operación de inteligencia que tuvo como eje a Lorenzetti para que la causa (por abusos e menores) cambie de jurisdicción”, dijo. “Todo estuvo montado por Lorenzetti, que es un personaje siniestro que montó un feudo en Rafaela y quiere llegar a ser Presidente a cualquier costo”.

La líder de la Coalición Cívica amplió la denuncia y se preocupó por aclarar que el pedido de juicio político apuntaba al “desempeño particular” de Lorenzetti: lo considera “un actor decisivo en intentos de desestabilización institucional en la República Argentina”, pero puntualizó que “de ningún modo” involucra al total del Poder Judicial.

El arreglo Lorenzetti-Macri para que los espías sigan controlando las escuchas

El marco del nuevo round ocurre con la discusión por las escuchas judiciales en el centro de la escena (los casos más resonantes son los diálogos entre la expresidenta Cristina Fernández y su secretario Oscar Parrilli), que por decisión del Presidente Mauricio Macri están a cargo de dos jueces cercanos a Lorenzetti: los camaristas Martín Irurzun y Javier Leal de Ibarra. De todos modos, las denuncias de Carrió llevan años y apuntan, entre otras cuestiones, contra el patrimonio de Lorenzetti, al que asocia con hechos de corrupción. El supremo contratacó con una demanda civil: “En su conducta hay una afectación de mi honor y de mi imagen personal que ya no puede ser tolerada. Usted ha excedido el comportamiento esperable de un diputado de la Nación, protegido por la inmunidad”. La misma respuesta tuvo con la jueza federal María Servini de Cubría, que había denunciado al supremo por presiones a otros magistrados para que cerraran causas en su contra. “Lamentablemente, usted se ha apartado de todo lo que es esperable de un magistrado”, le dijo Lorezentti.

A pesar de todo, Carrió insiste y no se detiene. Sin ningún reparo, escribió en su cuenta de Twitter: “Es el mayor desestabilizador de la democracia”.

Cumbre entre Lorenzetti y Bonadio el mismo día que el juez quedó a cargo de la denuncia de Nisman

El cambio

El cargo de juez de la Corte Suprema fue el primero que ocupó Ricardo Lorenzetti en el Poder Judicial. Nació el 19 de septiembre de 1955 en la ciudad de Rafaela, en Santa Fe, y a los 22 años se recibió como abogado en la Universidad Nacional del Litoral (UNL). Allí comenzó su doctorado en Ciencias Jurídicas y Sociales, y luego siguió con la docencia, que lo llevó por las universidades del Litoral, Belgrano, Católica y Tucumán, entre otras. También es profesor titular de la cátedra Contratos Civiles y Comerciales de la UBA, en la que dirige los posgrados en Derecho de Daños y en Derecho Ambiental.

Hasta el momento, su único incursión política partidaria fue su precandidatura a intendente en su ciudad por el Partido Justicialista, hoy intervenido.

Fue uno de los jueces nombrado por el flamante presidente Néstor Kirchner en 2004, junto con Raúl Zaffaroni, Elena Highton de Nolasco y Carmen Argibay, para la renovación del tribunal que terminaría con la mayoría automática de la Corte menemista. Según las crónicas, era el magistrado propuesto por la entonces senadora Cristina Fernández y, también, por el secretario Legal y Técnico, Carlos Zannini. La Casa Rosada veía en Zaffaroni y Argibay dos figuras conflictivas, mientras que el propio Lorenzetti se definía como un “buscador de consensos”. Dos años después fue ungido como presidente como sucesor de Enrique Petracchi. “Queremos liderar el cambio en la Justicia y trabajaremos para que sea más rápida y accesible”, prometió el supremo. “La Justicia basada en la igualdad es una política de la Corte”.

Comenzarían los tiempos de las audiencias públicas para tratar la contaminación de la cuenca Matanza-Riachuelo, el desmonte de bosques en Salta y la reactivación de los juicios por los delitos de lesa humanidad durante la última dictadura cívico-militar.

Aún faltaba para los años del 2×1.

Fuego cruzado

Vas a tener que renunciar

-No está mal si querés ser presidente de la Nación, Ricardo, pero vas a tener que renunciar a la Corte -le dijo la expresidenta Fernández de Kichner a Lorenzetti, poco antes de las elecciones presidenciales de 2015, según narra la periodista Irina Hauser en Los supremos. “Gane quien gane, a partir del 10 de diciembre va a haber tres presidentes: uno del Poder Ejecutivo, otro del Legislativo y el del Poder Judicial”, devolvió el presidente del máximo tribunal, que junto con Highton de Nolasco eran los únicos magistrados que continuaban (y continúan) de aquella renovación de la Corte.

La relación con Cambiemos, sin embargo, no está exenta de tensiones, que estallaron desde el primer día de la asunción de Mauricio Macri cuando el oficialismo intentó imponer los dos jueces que debían reemplazar la jubilación de Zaffaroni y el fallecimiento de Carlos Fayt. En Los Supremos, Hauser consigna que el ministro de Justicia y Derechos Humanos, Germán Garavano, se acercó el 14 de diciembre de 2015 al despacho de Lorenzetti para proponerle los nombres finales: Carlos Rosenkratz y Horacio Rosatti., quienes no pasarían por el proceso de audiencias del Senado sino que serían nombrados directamente por decreto. Lorenzetti no daba crédito a sus oídos.

Poco más de un año después de esa imposición, medio millón de personas desbordó la Plaza de Mayo en rechazo a la decisión del máximo tribunal de aplicar el beneficio del 2×1 a genocidas. Lorenzetti votó en contra junto a Juan Carlos Maqueda: según la periodista Hauser, no tenían pensado resolver el caso con ninguna argumentación. Pero cuando del otro lado Highton de Nolasco (contradiciendo sus votos que desde 2005 abogaron por el Nunca Más), Rosenkratz y Rosatti votaron a favor, el presidente de la Corte insistió en que la condena de los delitos de lesa humanidad ya forman parte del “contrato social” del país como parte de una “política de Estado”. De una forma u otra, la decisión puso en juego que Lorenzetti ya no tenía el peso de antaño. La rectificación tardó un año y llegó en tres renglones en los que los supremos Lorenzetti, Maqueda y Rosatti declararon inadmisible el pedido del represor Jorge Appiani.

La SIDE paralela de los jueces

Soluciones unificadoras

“No tenemos que crear conflictos divisorios. Tenemos que buscar soluciones unificadoras, que este es otro concepto importante”, dijo Lorenzetti, fiel a su estilo, en su última apertura del año judicial.

El supremo habló de “autocrítica”, y llamó a “no pensar en intereses individuales, corporativos y políticos” ante camaristas de casación, jueces federales y, también, ante el ministro Garavano. “Los poderes judiciales no pueden buscar la aprobación de sus mayorías ni manejarse por encuestas”, sostuvo, en un contexto en el que Macri cuestiona los fallos judiciales en un año en el que la Corte debe elegir una nueva autoridad suprema: Lorenzetti cumple doce años al frente de la Corte en su cuarto mandado consecutivo. Sin embargo, Lorenzetti no mencionó una palabra sobre el proceso de memoria, verdad y justicia como política de Estado, sino que priorizó planteos de reforma del sistema en casos de narcotráfico y corrupción.

En ese sentido, cuando habló de sistemas penales “eficaces”, citó al juez federal Sergio Moro de Brasil, el mismo que ordenó la detención sin pruebas judiciales de Lula da Silva en el marco de la causa Lava Jato. En 2017, Lorenzetti fue el anfitrión de Moro en su visita al país, en un encuentro en el que participó, entre otros, el propio Garavano. “Tener una justicia independiente es fundamental y eso es lo que tiene hoy Brasil”, festejó Macri en la conferencia que compartió esta semana con el presidente español Mariano Rajoy. “Y nosotros soñamos que, con el correr del tiempo, con algunas reformas, logremos un sistema de justicia más sólido, más idóneo, más creíble, más confiable”. ¿Es parte de la “solución unificadora” por la que abogó Lorenzetti? Por un momento, entre fuegos cruzados, los dos presidentes tuvieron un punto en común.

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Lucas Pedulla

Periodista. Además de escribir para Nuestras Voces, forma parte de La Vaca y de sus publicaciones como revista Mu y Mu Trinchera Boutique, entre otros. Es docente en la Escuela de Comunicación ETER.

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