Los desencantados de Macri

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Mas allá de la “grieta interna” entre dirigentes de Cambiemos por la despenalización del aborto, votantes de cambiemos y militantes de base expresan su descontento con el rumbo del gobierno. Cruje por dentro.

Fotos: Joaquín Salguero

En una de sus tantas frases célebres, el presidente Mauricio Macri dijo en la apertura de sesiones legislativas de 2017 que “lo peor ya paso”. Un año y medio después, se podría combinar a ese presagio fallido con otra frase de cuño presidencial (o duranbarbista), usada recientemente para justificar el regreso al FMI: “La economía venia bien pero pasaron cosas”. Entre esas cosas que pasaron y están pasando, podemos mencionar una economía en recesión con una inflación que no cede, dirigentes oficialistas enfrentados por la despenalización del aborto y una caída significativa en las encuestas, con un creciente posicionamiento de la figura de CFK. A ese coctel, el Gobierno le tiene que sumar un ingrediente imprevisto: el descontento de los propios.

El tratamiento del proyecto de ley que busca despenalizar el aborto trasladó este conflicto, que a los medios les gusta llamar “grieta” interna, al interior de los diputados y senadores del interbloque de Cambiemos. A las amenazas y declaraciones altisonantes de Elisa Carrio al abandonar la votación, se sumó la provocación machista de Federico Pinedo a Silvia Lospenatto en Twitter y las dos fotos (pro derechos/pro aborto clandestino) de dirigentes del espacio. El tratamiento del tema, presentado en marzo de este año como un gesto “aperturista” del presidente para habilitar un debate plural, generó descontento en Cambiemos mas allá de los nombres conocidos y las caras famosas que integran la alianza. Es un descontento que se deja ver desde las bases, en las voces de ciudadanos sin niveles de responsabilidad pública que se identifican como militantes de Cambiemos. Como militantes desencantados de Cambiemos, de extracción conservadora, que no conciben que “su” gobierno, que el gobierno por el que militaron, esté impulsando una norma que consideran que “atenta contra la vida”.

Todos somos aportantes de Cambiemos

Pese a que el propio presidente dijo a estar “a favor de la vida” al momento de anunciar que vería con buenos ojos que el tema se abordara en el Congreso, ese mismo día fue recibido por militantes contra la sanción de la ley. Fue uno de los pocos sectores que se movilizó hasta el lugar con sus bebes de plástico y sus pancartas, para pedirle que no impulsara el tema. Con el correr de los meses, y pese a los esfuerzos de la vicepresidenta Gabriela Michetti por contenerlos, el desconcierto de los sectores antiabortistas que apoyan al gobierno fue in crescendo. A fines de marzo, Alejandro Geyer, coordinador de una mesa de enlace conservadores denominada Marcha por la Vida, le dijo al diario Clarín que la decisión de debatir el tema «ha provocado decepción en muchos votantes de Cambiemos que se oponen a la despenalización” y se quejó al decir que el tema nunca había estado explicitado en la plataforma electoral del macrismo. En mayo, cuando el debate iba avanzando con las audiencias publicas, el sector de Geyer se encargo de juntar firmas contra el mero tratamiento del proyecto y volvió a expresar su desencanto por la movida: “Cuando los diputados pidieron el voto en las últimas elecciones, salvo los de izquierda que fueron muy honestos, ningún otro partido habló del aborto en campaña. Fue una sorpresa». Tras la reunión que el presidente mantuvo el viernes con Lospennato, una de las principales impulsoras del proyecto e integrante del ala política de Cambiemos, un grupo de militantes antiabortistas escracharon en Tandil al ministro de Salud Adolfo Rubinstein, quien expuso a favor de la legalización durante las audiencias.

La economía es el otro frente desde el que Cambiemos esta recibiendo ataques desde adentro. Uno de los primeros en encender la llama del hartazgo intra-cambiemita fue el economista Agustín Etchebarne, quien a fines de mayo se despachó en su cuenta de Facebook acerca de los motivos que le generan hartazgo. En su posteo de catarsis, el director de la Fundación Libertad y Progreso, un think-tank de la derecha neoliberal, apuntó contra “el viaje de Marcos Peña a Cuba”, los altos niveles de inflación que no se están bajando, la “innecesaria” obra pública y la creación de mayores capas de burocracia. Etchebarne es muy activo en las redes y nadie puede tomarlo por kirchnerista: esta semana se expresó contra el paro de las centrales obreras y suele hacer comentarios negativos hacia “el socialismo del siglo XXI”. Sus criticas se enmarcan, más bien, dentro de la derecha corporativa que piden que no darle tanta bolilla a los actores sociales. “La entrega de Aranguren al ala política demuestra la debilidad presidencial y augura un futuro muy complicado a la Argentina”, escribió por ejemplo el 23 de junio.

La reacción de Etchebarne, un simpatizante de Cambiemos que no tuvo ningún rol en el Estado, se enmarca dentro de la fila de ex funcionarios desplazados por Macri, que van desde el ex ministro de Hacienda Alfonso Prat Gay hasta el ex titular del Banco Nacion, Carlos Melconian. La diferencia es que, al provenir de alguien que no ocupó niveles de responsabilidad en el macrismo pero sí se jugó en expresar su apoyo público, el desencanto no puede explicarse dentro de la lógica del poder que se disputa al interior de la alianza gobernante.

Esta tormenta llamada modelo económico

Una diputada que amenaza con pegar un portazo, una vicepresidenta que juega al limite de lo institucional para tensar el debate social más importante de los últimos tiempos, militantes de la derecha religiosa y de la derecha neoliberal que manifiestan su descontento en público, figuras importantes de la televisión que se van alejando, y niveles de aprobación que caen, forman parte del paisaje de decepción generalizada con el que el presidente tiene que gobernar mientras se asoman, sin prisa pero sin pausa, los armados electorales de cara a las elecciones de 2019.

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