Con los maestros no: de la Carpa Blanca a Macri

Compartir

Tras la falsa gestualidad de diálogo el Gobierno despliega una agresión extrema contra los docentes, punta de lanza para la baja de salarios y la creación de un enemigo público. El fantasma de la Carpa Blanca recorre los despachos oficiales, mientras el gobierno apunta a dividir a padres y maestros. De aquella lucha a este desafío.

La primera consecuencia, tras la brutal represión a los docentes que intentaban instalar una Escuela Itinerante, fue la decisión del plenario de CTERA de lanzar un plan de lucha que comenzó con la convocatoria a Plaza Congreso para respaldar y abrazar la Escuela Itinerante y en repudio al accionar policial. Sigue hoy con un paro nacional docente de 24 horas, y culminará el miércoles con un abrazo a cada escuela del país y la lectura de pronunciamientos y postulados sobre lo ocurrido, en un acto conjunto con toda la comunidad educativa, es decir, con la participación junto a los maestros de los alumnos y los padres. A un mes de iniciado el conflicto, y con el gobierno actuando fuera de la ley al no convocar a paritarias nacionales, la represión actuó como un bidón de nafta sobre el fuego. ¿Por qué tanto temor y aprehensión a la instalación de una simple carpa?

Desde el inicio del ciclo lectivo 2017 el gobierno decidió tomar a los docentes como caso testigo de una estrategia más general tendiente a bajar los niveles salariales argentinos y convertir a los trabajadores que protestan en el enemigo público. Por eso, en medio de una permanente gestualidad de invocación al dialogo, hemos sido testigos de una agresividad casi sin precedentes contra los docentes. El epicentro de esta línea política de confrontación es la provincia de Buenos Aires y su bastonera, la gobernadora María Eugenia Vidal, pero ella no está sola. Un ofrecimiento inicial de un 18% de aumento salarial que luego de más de seis reuniones llegó al 19%, una amenaza de convocar a voluntarios a dar clases para reemplazar a los maestros, intimidación policial en las escuelas preguntando por quienes eran los huelguistas, descuento de haberes por días de paro y, como contrapartida, promesas de incentivos para quienes rompan las huelgas, demonización de los dirigentes sindicales, intentos sostenidos de dividir a los docentes de sus conducciones gremiales, al mismo tiempo que se intentó separar a la sociedad en general de los maestros, en ese sentido la gobernadora declaró: “no voy a fundir a la provincia para pagarles a los docentes”. En medio de toda esta batería de agresiones, el Ministro de Educación no apareció, y el presidente Macri dio rienda suelta a su imaginario y se compadeció de los que “tuvieron que caer en la educación pública”. Cada uno de estos episodios fue acompañado por un gigantesco y ruidoso coro mediático que no dudó en bastardear al secretario general de Suteba, Roberto Baradel, o desviar en chicanas infinitas el verdadero eje de los conflictos. Los docentes, mientras tanto, fueron protagonistas de multitudinarias marchas de protesta, altísimos niveles de acatamiento a las huelgas y un sostenido nivel de lucha y discusión. La intransigencia gubernamental apostó al desgaste y estaba logrando estancar la situación. En plenarios de discusión con las bases docentes se decidió volver a las aulas y tratar de definir nuevas formas de lucha que permitan romper el cerco mediático, intentar generar empatía con la sociedad.

En la tarde del domingo lluvioso en que se desató la represión, los docentes estaban instalando una escuela itinerante, habían pedido permiso, el objetivo era poder explicar la naturaleza de sus reclamos y hablar sobre derechos laborales. No había choripanes, no había micros, no estaban evitando trabajar (ninguna escuela está abierta un domingo a las 8 de la noche), no estaban impidiendo la libre circulación de otros ciudadanos, no estaban con la cara tapada, no tenían palos, no estaban vandalizando la ciudad. Es decir, ninguno de los tópicos con los que se estigmatiza la protesta social estaba presente. La Policía reprimió golpeando a los maestros y les arrojó gas pimientas en sus rostros. Hubo cuatro detenidos.

El Gobierno Nacional pidió que reclamaran de otra manera, con los pibes en las aulas. Sin cortar la circulación. Así se hizo. ¿Eso fue lo imperdonable? ¿El fantasma de la Carpa Blanca anduvo rondando por los despachos oficiales?

La gran lucha de los docentes tuvo en 1988 un momento bisagra. La monumental Marcha Blanca que confluyó en Plaza de Mayo, con infinitas columnas llegadas desde todos los rincones del país marcó un hito, los maestros salieron del aislamiento y dijeron basta a la decadencia educativa. De allí en más hubo muchas marchas y paros docentes, y el argumento con el que siempre se quiso deslegitimar esas luchas fue: “los perjudicados son los chicos”.

El año 1997 empezó con la intención del gobierno de Menem de “descentralizar” la educación y cargar sobre las provincias la responsabilidad que siempre había tenido el Estado: “un Ministerio sin escuelas” decían los funcionarios de la cartera educativa para des responsabilizarse ante los reclamos.

En ese contexto, el 2 de abril de 1997 la CTERA tuvo una iniciativa que buscó romper el nudo argumental con el que se pretendió aislar las luchas docentes de la consideración de la opinión pública. Instalaron una Carpa Blanca frente al Congreso Nacional y un grupo de maestros empezó un ayuno con la intensión de llamar la atención de la población sobre los problemas educativos.

No solo eso hicieron, también propusieron que el parlamento vote una ley de Financiamiento Educativo con la expectativa de que el tema salarial y el presupuesto educativo se maneje en forma institucionalizada, que no sea tema de manoseo y disputa año tras año. A partir de ese momento La Carpa Blanca se convirtió en un símbolo, tal vez el más poderoso, de la resistencia a las políticas menemistas.

En el transcurso de los 1003 días que estuvo en pie, los docentes que participaron en los ayunos fueron rotando hasta llegar al número de mil quinientos. Por la carpa pasaron dos millones ochocientas mil personas, de las cuales un millón quinientas mil firmaron el petitorio por la Ley de Financiamiento. El esfuerzo gigantesco que implicó mantener la carpa por casi tres años, día y noche, con lluvia y frío o calor, en días feriados y vacaciones, involucró a cuatro mil quinientos docentes. Una epopeya de organización. Y más aún si consideramos que se hicieron 475 eventos culturales, casi uno cada dos días, en temáticas tan divergentes como: galerías de arte, esculturas, fotografía, teatro y múltiples recitales. El más destacado sin duda fue el MaestRock, en diciembre de 1997, al que asistieron cuarenta y cinco mil jóvenes a escuchar a once bandas, con Luis Alberto Spineta y Divididos como plato fuerte.

Foto: Joaquín Salguero

El apoyo llegó también desde las universidades, se dictaron 36 cátedras desde una carpa que fue creciendo. Su magnetismo la convirtió en una Meca que atrajo y cobijó otras luchas emblemáticas: Abuelas de Plaza de Mayo, José Luis Cabezas, Teresa Rodríguez, Memoria Activa- Amia, Miguel Bru, María Soledad Morales. Concurrieron religiosos de todos los credos. Las marchas de los jubilados acudieron cada miércoles. Una delegación de docentes participó los jueves en las rondas de las Madres de Plaza de Mayo. Se acercaron 95 delegaciones extranjeras a apoyar los reclamos.

El impresionante número de seis mil setecientos colegios y escuelas visitaron la Carpa Blanca con los chicos llenando de vida y emoción cada jornada. Se emitieron en vivo desde allí cuarenta y seis programas radiales y veintinueve de televisión. La empatía social con la lucha docente era abrumadora. Y toda esta energía tuvo una onda expansiva: doscientos mil docentes ayunaron los días 10 y 11 de septiembre de 1997 de punta a punta del país. Se les abrieron las puertas de 16 grandes estadios de fútbol donde con carteles y volantes pudieron acercarse a los hinchas y explicarles sus reivindicaciones, en todos se los recibió con aplausos.

En el transcurso de los 1003 días de permanencia de la Carpa hubo doce paros nacionales de maestros y seis marchas multitudinarias. Allí pasaron tres navidades y dos año nuevo.

Fue un enorme desgaste para el gobierno de Menem y la carpa finalmente fue levantada el 30 de diciembre de 1999, a 20 días del triunfo de Fernando De la Rua a la presidencia y con una nueva composición parlamentaria que finalmente aprobó la ley que pedían los docentes. Es muy significativo que un nuevo gobierno liberal enfrente de lleno a los maestros, los ataque con los mismos viejos argumentos, y se muestre temeroso y brutal frente a un grupito de maestros que tuvo la osadía de querer levantar una humilde Escuela Itinerante.

@sergiodwy

Comentarios

Comentarios

Hacé tu anotación Sin anotaciones