Los narcoblefs de Bullrich

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Desde que asumió, la ministra de Seguridad Patricia Bullrich viene haciendo publicidad de operativos “exitosos” en una línea delgada entre la puesta en escena y el narcoblef. Incautación de 25 porros, operativo “Kambo”, roce diplomático con Holanda, memes por el “narcovivero” y cientos de afirmaciones infundadas. El último evento de la serie: las contorsiones para desvincular al Gobierno del intendente entrerriano de Cambiemos acusado de tener vínculos con el narcotráfico. Una política que persigue perejiles y reproduce prejuicios bajo la excusa de garantizar barrios libres de droga.

El 16 de abril de 2016, a pocos meses de asumir como ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich posteó en Facebook un breve mensaje titulado: “Un operativo exitoso esta madrugada”. La ilustración similaba la escena de un crimen: una bala, un cargador y más atrás, desenfocada, una pistola automática. La ministra destacaba que en el marco del Programa Barrios Seguros habían arrestado a “otros dos narcotraficantes que tenían encima 25 dosis listas de marihuana para la venta”. No mencionaba que estuvieran armados. El posteo recibió 1726 comentarios, la mayoría burlas o muestras de indignación. ¿Tener 25 porros te convierte en “narcotraficante”? Pero el posteo era solo una premonición.

Diez días antes, más de 500 agentes de la Policía Federal y de la Ciudad habían saturado las villas 31 y 31 bis en Retiro. Realizaron 42 allanamientos por orden del juez Ariel Lijo y decomisaron oficialmente 32 kilos de marihuana prensada paraguaya y los insumos para preparar 20 mil dosis de Paco. Bullrich había anunciado en conferencia que no era “un allanamiento común”. Era el principio de un plan para lograr “barrios libres de drogas” en territorios “tomados por bandas de narcotráfico”.

La ministra declaró que a esta ocupación le seguiría un sostenido trabajo social. Comentó que programas similares tuvieron éxito en Colombia y México pero las situaciones eran y son claramente distintas. La ciudad de Buenos Aires promedió 5,09 asesinatos en 2016 cada 100 mil habitantes y según el Instituto Igarapé, ese año Colombia tuvo cuatro veces, 21,9, y México poco más de tres: 17. Lijo reventó puntos de venta y un aguantadero y la policía detuvo a 13 hombres, la mayoría jóvenes, a que los exhibió un rato junto a los panes de marihuana.

El día del megaoperativo y los siguientes fueron humillantes para quienes habitan la villa 31 y 31 bis. La policía montó retenes en las calles que comunican con el resto de la ciudad. Por la mañana, se armaban largas filas frente a los patrulleros de la gente que iba a trabajar. Cada vecino y vecina debía abrir sus bolsos y a veces vaciarlos, sin orden judicial ni testigos, o soportar cacheos, como si entraran a la cancha o a un recital.

El final de aquel posteo de Facebook auguraba: “Hubo un primer paso y ahora vamos a quedarnos para proteger a los vecinos, para trabajar en su recuperación. De la misma forma iremos pacificando los barrios más olvidados de nuestro país. ¿Estamos juntos?”. Las recientes acusaciones contra quienes integran la revista la Garganta Poderosa de “liberar” una villa al “narcotráfico” vienen de esta línea delgada, por lo momentos borrosa, que las separa de la puesta en escena, del “narcoblef”.

Sapos por ranas

A poco más de un mes de hacer pasar de narcotraficantes a dos muchachos con 25 porros, la ministra llamó una conferencia para anunciar los resultados del operativo “Kambo”. Frente al panel, que compartía con el jefe de policía y el secretario de Seguridad, había una mesa repleta de cactus pequeños, hojas de coca, setas, goteros, frascos de mermelada, marihuana, libros de botánica y ejemplares de la revista THC… Todo protegido por un señor de casco verde, anteojos y pasamontaña, con el fusil cruzado al pecho y una pistola anudada a su pierna derecha.

“La primera vez que vemos en la Argentina estos rituales entre comillas amazónicos, pero detrás de los rituales amazónicos, el comercio. El comercio de estupefacientes en una fiesta que iba a durar casi dos días”, sostuvo la ministra. Se esmeró en explicar que la “banda” también torturaba a un “sapo Kambo” (son ranas en verdad) para extraerle un veneno que excreta y es alucinógeno.

Un comunicado de la revista THC aclaró que esa tóxina “es usada desde hace siglos por diversas tribus del amazonas para purgar el cuerpo y limpiarlo de toxinas”. Su efecto es violento y desagradable, nada que alguien quisiera tomar en una fiesta. El comunicado concluye: “Confundir los efectos terapéuticos y/o espirituales de estas plantas con los efectos recreativos de sustancias sintéticas usadas en contextos festivos acarrea un enorme peligro para quienes reciben esta información”.

Ni una palabra sobre lo ocurrido pocos días antes en la fiesta electrónica de Time Warp, donde cinco personas fallecieron durante y después del evento al que asistió casi el doble de público permitido, en un predio sin canillas, mal ventilado y con una precaria disposición sanitaria. Nada sobre los 18 prefectos que hicieron adicionales y que para el juez Sebastián Casanello incumplieron las funciones “propias de prevención”, lo que permitió el “borrado de rastros propios del delito”. Nada sobre los seis prefectos que se quisieron quedar con la piñata (la bolsa repleta de éxtasis y cannabis, decomisada por los organizadores).

Todo lo contrario. Desde el Ministerio intentaron botonear a dos secretarios del juzgado de Casanello, quienes les habría indicado a los prefectos que la “tarea debía enfocarse especialmente en una eventual comercialización de estupefacientes, recomendando además no molestar a los chicos que iban a divertirse, agregando que jóvenes que trabajaban en su Juzgado concurrirían al evento”. Ambos secretarios negaron haber hablado sobre el asunto.

Una semana después, la ministra reconoció que lo prefectos que se quedaron con la bolsa ¡doce horas!: “No cumplieron estrictamente con ley, por no comunicar de inmediato al juez que tenían las drogas ilegales incautadas de la fiesta”.

Holanda libre de drogas

Más cercano en el tiempo, la ministra tuvo otro exabrupto en el programa Debo Decir, en abril pasado. Cuando otro invitado le planteó que era inminente la despenalización de la tenencia de drogas para consumo personal, si se aprueba el anteproyecto de Código Penal propuesto por su gobierno, dijo con una media sonrisa: “No, no es inminente. Paso a paso, vamos a ver”. Y siguió: “En Holanda hoy están diciendo que Holanda es un narcoestado, ¡los mismos funcionarios holandeses!”.

Bullrich había cometido otro error, más grave. La descripción de ese país como narcoestado había corrido por cuenta del sindicato de policía local, mediante un informe que ningún funcionario holandés aceptó. Para el gobierno de los Países Bajos no era más que una chicana en medio del reclamo por más fondos para el sector uniformado. El propio ministro de Justicia Ferdinand Grapperhaus había rechazado esas afirmaciones meses antes, advirtiendo que su país daba “una lucha exitosa contra el crimen organizado y el narcotráfico”.

El objetivo era descalificar cualquier cambio de rumbo a la política represiva, que promueven desde el Ministerio. “La despenalización lo que genera es bajar la idea de riesgo, entonces aumenta inmediatamente la cantidad de consumidores”, sostuvo Bullrich contra toda evidencia en países como Uruguay, Portugal o República Checa, entre otros. Por las políticas de tolerancia a la venta de cannabis, hachís y semillas en los coffeshops, según ella, “aumentaron los problemas de salud, los choques, la violencia, la muerte”. Incluso afirmó que en Holanda “volvieron para atrás” con su idea.

Desde la década del 70 Holanda prioriza la segmentación de mercados, al entender que la puerta de entrada a las “drogas duras” no es el porro sino el dealer: permitiendo una circulación controlada y restringida a la marihuana, mucha gente no toma contacto con el mercado negro. Los dos estudios realizados en ese país, en 1995 y 2011 refutan a Bullrich, el consumo de cannabis no se disparó en la ciudadanía holandesa y bajó notablemente la población que se inyectaba heroína.

“No quise ofender al Gobierno de Holanda ni a la reina Máxima”, dijo al otro día de difundirse masivamente su comentario. Desde la embajada emitieron un breve comunicado: “La ministro Bullrich ha presentado formalmente sus disculpas por los comentarios efectuados, las que han sido a su vez aceptadas por el Embajador De la Beij. Hacemos uso de la oportunidad para destacar la buena relación que une a ambos países. Se da así por concluido el caso”.

Pocos días después, estallaron las redes sociales y los memes por el “narcovivero” que la Prefectura había allanado. Los agente de caqui twittearon dos fotos. En la primera había dos agentes encapuchados, uno con el fusil cruzado y chaleco antibalas, custodiando una planta de cannabis de metro y medio, y un pequeño vivero detrás. La segunda, más humilde. Una mesa con el decomiso: un tarrito de fertilizante y unos pocos plantines repartidos entre tacitas de plástico, latas y dos macetas de plástico.

La ministra no se inmutó. Ella ya había dado el ejemplo un mes y medio atrás nuevamente en su cuenta de Facebook. Bulrrich montó un operativo en un jardín de un chofer de su Ministerio: “No hay lugar para la impunidad. Hace algunas horas detuvimos a un narcoempleado del Ministerio de Seguridad de la Nación que quiso resistirse utilizando el auto oficial e increpando a la Prefectura Naval Argentina. Fue una investigación extensa que contó con el uso de agentes encubiertos”. El “narcoempleado” tenía diez plantas de cannabis, un par en tierra, el resto en macetas.

Gargantas de plomo

El pasado 8 de junio la ministra llamó a otra conferencia, esta vez para desenmascarar la mentira de La Garganta Poderosa sobre la acusación a la Prefectura por la Villa 21-24”. Desde esta revista habían denunciado unos días antes, el allanamiento ilegal, los golpes y manoseos a dos integrantes de la publicación, usando de excusa la pelea entre dos jóvenes y un prefecto. Bullrich mostró un video, sin audio, del interior colectivo 170 donde se ve un intercambio de gestos y palabras del agente caqui con dos chicos. Al bajar, los jóvenes golpearon al prefecto, armado, que volvía a su casa.

La versión de La Garganta es que el uniformado “verdugueó” a los pibes. Sea como fuere, el agente caqui no presentó una denuncia por la pelea, que sirvió de justificación, según Bullrich, para un operativo desmedido y la represión posterior con uniformados que se sacaron la identificación… Para la ministra, la Poderosa había armado ese relato porque “el objetivo es liberar el barrio para que esté controlado por el estado ilegal y por los que trafican droga”.

“Justo usted (ministra), que hoy mismo tiene procesados a 6 prefectos con prisión preventiva, por las torturas a Iván y Ezequiel, dos compañeros con el coraje suficiente como para sentarla en el banquillo por primera vez. Justo usted, que nunca publicó un comunicado para explicar ninguno de los asesinatos perpetrados por sus subordinados, cada 23 horas. Justo usted, que hoy debería justificar los 8 casos de torturas con prácticas sistemáticas, asentados en Procuvin (Procuraduría de Violencia Institucional), durante los últimos dos meses”, sostuvieron desde la revista en un comunicado.

La funcionaría no mostró prueba alguna de que la organización barrial tuviera algún tipo de relación con el tráfico de drogas ilegales. Solo ese video sin sonido, acompañado de sus afirmaciones tajantes. El Sindicato de Prensa de Buenos Aires (Sipreba) también emitió una gacetilla, en la que señaló sobre la conferencia ministerial: “Fue una puesta en escena sin antecedentes que busca estigmatizar y desacreditar a la revista villera que, desde hace años y no sólo en este Gobierno, viene denunciando los abusos de las fuerzas de seguridad en los barrios más pobres del país”.

Durante la rueda de prensa, la ministra evitó responder porque habían baleado, en medio de la razzia, la casa de Iván Navarro, víctima y denunciante en una causa que mantiene a seis prefectos presos por el delito de torturas. “¿Iván Navarro es el que relata?”, preguntó, confundiéndolo con Nacho Levy, representante de la publicación, que hablaba en el canal C5N en otro video que pasó la ministra. Cuando otro periodista le marcó la confusión, Bullrich se exasperó: “¿Quieren seguir inventando una historia o me quieren escuchar?”. Ya saben, la culpa no es el chancho…

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Emilio Ruchansky

Emilio Ruchansky

Periodista especializado en la problemática del uso de drogas. Es editor de la revista THC y autor del libro Un mundo con drogas (2015). Fue columnista de judiciales del noticiero Visión 7.

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