Los «nunca antes» de Macri

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En campaña el presidente Mauricio Macri destacó medidas que “nunca antes” habían sido tomadas en el país. Pero olvidó mencionar algunas: nunca antes tuvimos semejante deuda externa; tal control del Poder Judicial y tan enorme destrucción de la industria. Nunca antes los CEOs ocuparon el gabinete del modo en que lo hicieron en este gobierno, ni los medios fueron tan favorables a un gobierno.

El gobierno de Mauricio Macri dejará sobre la sociedad argentina efectos devastadores, comparables a los que deja una guerra o una catástrofe natural. Pero en el caos de los datos cotidianos, sobre los males que nos aquejan, hay un hilo ordenador, hay un sentido que puede rescatarse, como dice el viejo dicho: “la confusión está clarísima”.

La élite económica argentina y extranjera, ese grupo social que antes denominábamos “oligarquía” y que por esas cosas de la moda y los laberintos lingüísticos, dejamos de nombrar, ha tomado el poder de forma directa, y desarrollado un dispositivo de gobierno muy poderoso y ambicioso que ha amenazado las bases mismas de la convivencia social y de la supervivencia de vastos sectores sociales.

Nunca antes en toda nuestra historia la riqueza nacional fue saqueada de manera tan sistemática y veloz. Macri nunca asumió como presidente de todos los argentinos, nunca desarrollo políticas de mejoras sociales y ampliación de derechos, se involucró personalmente en una cantidad apabullante de negocios supermillonarios abusando de su rol presidencial y benefició a sus empresarios amigos, familiares, y aliados internacionales.

Este dispositivo de poder, que ahora parece estar resquebrajándose, contó con la participación activa de la gran mayoría –no todos claro– de los medios de comunicación, la clase política antikirchnerista más algunos tránsfugas, el poder judicial, las fuerzas de seguridad, el gran empresariado, muchos dirigentes sindicales tradicionales, y sectores intelectuales que renunciaron a lo que venían pregonando desde hace décadas.

Repasemos algunos datos históricos para mirar en perspectiva lo inédito del gobierno macrista.

Nunca antes semejante deuda externa. La historia argentina es elocuente en lo que refiere a endeudamiento externo. Por algo Sarmiento escribió “Calle Esparta su virtud, Sus hazañas calle Roma.¡Silencio que al mundo asoma La gran deudora del sud!”.

Sin embargo, en las últimas décadas, desde el golpe militar de 1976, el proceso de endeudamiento se hizo más agudo. La dictadura multiplicó por seis, los siete mil millones de dólares que se debían al inicio de su gobierno. El segundo gran ciclo de endeudamiento fue durante el gobierno de Carlos Menem y continuó con De la Rúa hasta la implosión del 2001. Pero el gobierno de Macri ha roto todos los récords: pasó de heredar una deuda cero con el FMI, a convertirse en el mayor deudor del mundo, recibió el mayor préstamo que el Fondo Monetario dio en toda su historia. Pero esto es solo una parte del problema, el acuerdo con el FMI llegó luego de agotar todos los pedidos de préstamos posibles y cuando los bancos del mundo dijeron ¡Basta! El total de deuda macrista es de 180.000 millones de dólares, algunos de esos créditos se pidieron a pagar en cien años. El gran tema es ¿dónde está todo ese dinero? Si los argentinos viéramos puentes, hospitales, escuelas, infraestructura para el desarrollo, inversión en ciencia; tendría una lógica, pero este colosal endeudamiento, sin antecedentes, se generó en el marco de un gobierno que bajó el presupuesto en todos los rubros sociales, el dinero quedó en manos de unos pocos y muy poderosos especuladores, entre los que se cuentan miembros del gabinete y la familia presidencial.

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Nunca antes semejante control del Poder Judicial. En el mismo verano en que asumió la presidencia, Macri nombró por decreto a dos miembros de la Corte Suprema de Justicia. Ese accionar solo se había observado en gobiernos militares, jamás en democracia. Luego llegó a un acuerdo con Miguel Ángel Picheto y los senadores que le obedecían, y lo salvaron del papelón dándole institucionalidad a lo que fue una decisión  irreversible. Pero el Poder Judicial sufrió una arremetida feroz y muchos jueces que se negaron a disciplinarse al gobierno fueron eyectados por medio de juicios políticos, amenazas, presión del Consejo de la Magistratura, o escrache mediático. Un antecedente de manejo similar del poder judicial en el marco de un gobierno constitucional puede observarse durante el menemismo. Sin embargo, en aquella época, no hubo persecución judicial y encarcelamiento a miembros de la oposición.

Nunca antes semejante destrucción de la industria. En sólo cuatro años tuvieron que cerrar 19.131  empresas. Y muchas más están en modo supervivencia. Este número solo es comparable con el de los primeros años de la dictadura del 76. Es la peor destrucción de empresas desde el año 2001, pero ese momento fue de conmoción social producto del derrumbe del Plan de Convertibilidad de los años 90. Si bien en este período se cerraron muchas pymes, hay que decir que la convertibilidad duró casi 12 años. Las características del macrismo son de catástrofe veloz.

Nunca antes un gabinete de CEOs. Cuando Macri anunció su gabinete quedó claro que iba a ser un gobierno de grandes empresarios. Representantes de bancos extranjeros, como Prat Gay, el presidente de la Sociedad Rural asumió como ministro de agricultura y ganadería, el CEO de Shell fue el ministro de energía, y así sucesivamente. El único antecedente de una actitud tan alevosa se dio luego del golpe de 1930. El gobierno de Agustín P Justo nombró representantes de grandes empresas en el gabinete, pero ese gobierno había emergido producto de elecciones fraudulentas, política que llamaron “fraude patriótico” y era Vox Populi. En la era de la democracia representativa, y sobre todo, después de 1983, nunca había ocurrido que un gobierno surgido por el voto popular tuviera un sesgo tan clasista. El de Macri fue, desde el primer día, un gobierno perteneciente a la Corriente Clasista y Combativa. Y gobernó muy fiel a esos principios.

Nunca antes tantos medios de comunicación a favor. Los más tradicionales y masivos medios de comunicación argentinos fueron el verdadero sostén del macrismo. Algunos periodistas se destacaron más que los propios políticos de Cambiemos. Lo insólito es que jamás blanquearon esta actitud militante y se disfrazaron de periodistas independientes. Durante el kirchnerismo esa mayoría mediática se atenuaba, en una mínima medida, por el contrapeso de los medios públicos. Pero Macri, ni bien asumió, barrió con la Ley de Medios, asfixió a los medios independientes, volcó toneladas de dinero en pauta oficial sobre una corriente ultramacrista que se dedicó a agredir a la oposición y a ocultar información vital para la ciudadanía. El grupo Clarín y La Nación, no solo recibieron dinero, si no también prerrogativas que los convirtieron en muy poderosos jugadores. Este es otro rubro inédito en la historia. Solo la última dictadura contó con tal beneplácito informativo. Ni siquiera las dictaduras anteriores como la de Onganía lo lograron. Pero ningún gobierno democrático cerró filas de esa manera con el periodismo. En simultáneo, cientos de periodistas fueron despedidos, la agencia Télam fue dejada inoperante, Radio Nacional y Canal 7 están casi abandonados, y se llegó al extremo de amenazar y encarcelar empresarios de medios críticos con el gobierno.

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Nunca antes tanta persecución a opositores. Milagros Sala, Amado Boudou, Julio De Vido, por citar solo tres ejemplos, están presos. No tienen condena y están en una cárcel. El maltrato en prisión es cotidiano. Cristina Fernández debió concurrir muchísimas veces a tribunales, se inventaron causas, se forzaron pruebas, se trucharon peritajes, se negaron testigos claves, como el ex directos de Interpol que quería declarar en la causa Amia. La guerra judicial fue asumida por el macrismo sin miramientos. Jueces como Claudio Bonadío se dedicaron a envilecer la justicia. Eso, en esta magnitud, nunca había pasado en democracia.

Nunca antes un crecimiento tan veloz de la pobreza. Alcanzar la “pobreza cero” había sido una de las tres principales propuestas de campaña de Macri en 2015. En ese año, el 29,2 por ciento de los argentinos eran pobres, según el Observatorio de la Deuda Social de la UCA. En 2018, fue de 33,6 por ciento, con un 6,1 por ciento de indigencia. Los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) que realiza el Indec (aún no publicados), arrojan un 34,1 por ciento de pobreza para el primer trimestre de este año, con 7,1 por ciento de indigencia. Para fines de 2019 se espera que alcance el 35 por ciento, según adelantó el investigador de la UCA, Eduardo Donza. “El 5 por ciento de incremento entre 2015 y 2019 implica que hay más de dos millones de pobres nuevos desde que arrancó la gestión de Cambiemos”. Ese registro, esa magnitud en tan poco tiempo no tiene antecedentes históricos, ni en democracia ni en dictaduras. Sobre todo prestando atención al punto de partida. El macrismo no necesitó una catástrofe para llevar adelante sus políticas. El macrismo es una catástrofe en si mismo. Cuatro años más en esta dirección son inimaginables.

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Sergio Wischñevsky

Sergio Wischñevsky

Historiador, periodista y docente de la UBA. Columnista en Radio del Plata en el programa Siempre es hoy. en Radio Nacional en el programa Gente de a Pie y en La Liga de la Ciencia.

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