«Los síntomas del neoliberalismo son el cambio climático y la desigualdad social»

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Lo que le ocurre al planeta no puede disociarse del modelo productivo y de consumo, asegura en esta entrevista Carolina Vera, investigadora del Conicet e integrante del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, principal órgano internacional para evaluar el impacto. «Las actividades humanas han aumentado la frecuencia e intensidad de los eventos climáticos extremos”.

Carolina Vera sostiene que enfrentar el cambio climático implica, necesariamente, confrontar el modelo socioeconómico con el cual el mundo se está desarrollando. “Los síntomas del neoliberalismo son el cambio climático y la desigualdad social”, asegura, y propone ir hacia otro modelo que promueva un balance social, económico y ambiental a través de medidas a corto, mediano y largo plazo.

Vera es licenciada en Ciencias Meteorológicas y doctora en Ciencias de la Atmósfera. Egresó de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA donde actualmente se desempeña como profesora titular. Además es investigadora principal del Conicet e integrante del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, principal órgano internacional para la evaluación del cambio climático. En diálogo con Nuestras Voces, analizó la relación entre cambio climático y desigualdad social y avanzó con propuestas para mitigar ambos flagelos.

Para la experta los desastres climatológicos no son naturales. “Ua lluvia extrema, una ola de calor, una sequía prolongada, un aumento del nivel del mar son amenazas de nuestro clima que pueden parecer naturales, pero que ya en parte no lo son por la influencia de las actividades humanas sobre el clima. Las actividades humanas han aumentado la frecuencia e intensidad de los eventos extremos”.

La lucha contra el cambio climático es política de Estado

La desigualdad social aparece no sólo a la hora de analizar quiénes sufren las consecuencias del cambio climático sino también al momento de estudiar quiénes son los que mayor responsabilidad tienen en la generación de ese fenómeno.  Vera explica que el economista Branco Milánanović reveló a través de un estudio que el 10 por ciento de las personas de más altos  ingresos del mundo y que reciben el 50 por ciento de la renta total son quienes emiten el 50 por ciento de los gases que producen el cambio climático. En cambio, quienes mayores posibilidades tienen de sufrir el impacto de esas transformaciones son los sectores más vulnerables.

“Hay tres dimensiones para que se genere un impacto -explica Vera-. Una es la amenaza; otra es la condición de vulnerabilidad que tiene que ver con las condiciones de salud, hábitat, acceso a los alimentos, a la educación, a la salud, a la infraestructura, a la energía eléctrica; y lo otro tiene que ver con la exposición. Si yo vivo en una casilla de chapa al lado de un río y el río crece voy a estar impactada, pero si vivo en esa misma casilla arriba de una montaña no voy a sufrir el impacto por inundaciones. Hay que combinar condiciones de vulnerabilidad y exposición”.

Las condiciones socioeconómicas están relacionadas con la vulnerabilidad de las personas. Eso hace que estén más expuestas o no a esas amenazas climáticas, explica la doctora en Ciencias de la Atmósfera. “Si mirás el mapa de vulnerabilidad integrado se puede ver que en el conurbano hay partidos que tienen índices de vulnerabilidad más altos. Ante una amenaza, una inundación o una ola de calor, ese partido más vulnerable va a ser más impactado. Hay desigualdad en el impacto por la condición de vulnerabilidad que tienen esas personas. Las poblaciones más vulnerables tienen menos acceso a las tierras que son menos impactadas, entonces les queda para vivir los alrededores de las ciudades, los alrededores de los ríos. Las olas de calor no impactan de la misma manera a alguien que tiene aire acondicionado que alguien que no tiene ese acceso. Entender que el problema en el cambio climático tiene una consecuencia social muy grande y que ataca a los sectores más vulnerables nos permite definir políticas públicas más enfocadas para atender estas cuestiones”.

Para enfrentar el cambio climático asegura que se debe trabajar en dos dimensiones: implementar políticas públicas en los sectores más vulnerables y reducir las emisiones de gases que producen el cambio climático. “Más allá de los países, porque se habla que las mayores emisiones las producen Estados Unidos y Europa, la realidad es que las mayores emisiones de gases de efecto invernadero las realizan las clases medias y altas. Entonces hay una desigualdad que es independiente de cada país”, explica.

Cambio climático, demasiado presente como para ignorarlo

Stiglitz, según Vera, también plantea que los problemas socioeconómicos y los socioambientales en el fondo son uno solo y habla de la necesidad de encararlos globalmente. “Hay responsabilidades comunes de los países frente al cambio climático pero también diferencias porque es verdad que los más desarrollados tienen responsabilidad tanto en la desigualdad social como en  el cambio climático, entonces tienen que contribuir a que los países en desarrollo puedan resolver los dos problemas y cuando digo contribuir me refiero a que deben hacerlo financieramente”, sostiene.

Sin embargo, para Vera la solución no sólo puede pensarse desde un punto de vista económico. “En esta ecuación falta algo. Estamos atravesados por ciencias económicas, pero desde mi punto de vista es incorrecto medir el grado de  bienestar de un país solo con el PBI. El PBI no te mide la felicidad de las personas. Hay algunos intentos como el indice Gini que te muestra la desigualdad, pero tenemos que apuntar a tener un marco en el cual haya una vision integrada de lo  que es bienestar en un balance de lo económico, lo social y lo ambiental porque no podemos asumir que vamos a poder desarrollarnos como se desarrolló y se está desarrollando Europa o Estados Unidos. El planeta no alcanza para que todos tengamos tres autos o creamos que hay energía infinita. Tenemos que atender la desigualdad social, tenemos que ir hacia una sociedad más equitativa pero en armonía con la naturaleza”.

En ese contexto, la investigadora sostiene que hay que crear nuevos indicadores de bienestar como se está haciendo en algunos países de Asia, en Nueva Zelanda o en el Reino Unido que integran índices del estado de capital humano, social, ambiental con los bienes financieros y capital del país. “Doy un ejemplo extremo: que en el presupuesto de una nación se determinen fondos para los deportes o la música, en un índice de este tipo se vería como algo positivo y en uno netamente economicista se lo ve como un gasto. Ahí es donde hay que apuntar, pero eso requiere de una reflexión muy profunda para definir ese plan, ese horizonte que cada país tiene que tener para decir bueno yo quiero ir hacia alla, y no solo es buscar el PBI, tener reservas, sino tener un estado donde las discusiones sociales, ambientales, humanas esten balanceadas”.

Para Vera, además de integrar las dimensiones sociales y ambientales, no se puede pensar en una política ambiental para un país en forma aislada. “Para hacer ese plan necesitamos horizontes a corto, mediano y largo plazo. En Argentina siempre estamos apagando fuegos entonces ahora el foco es salir de esta crisis en el corto plazo. Ahora se habla mucho de atacar el hambre. Necesitamos volver a la Argentina productiva. Entonces es un momento para transicionar y promover economías menos dependientes de los recursos naturales, promoviendo el desarrollo industrial, la sustitución de importaciones, políticas tecnológicas. Cuando uno habla de subsidios habla de promover aquellas industrias que produzcan y consuman con niveles bajos de efecto invernadero. El nuevo sistema energético de nuestro país requiere estos horizontes. Cuando se debate respecto a Vaca Muerta, está claro que para el mediano y largo plazo deberíamos dejar de depender de combustibles fósiles como el petróleo, el carbón y el gas pero en una transición de acá a 30 o 40 años. Hay muchos países que ya tienen planes de transición hacia sistemas energéticos bajos en carbono pero hay dificultades para llevarlos a la práctica pero tienen que ser inclusivos”.

Por otra parte, la experta sostiene que además de la transición del sistema energético hay que pensar en un sistema agrícola ganadero ambientalmente más sustentable y socialmente más equitativo. “Hoy tenemos un problema grave de la agricultura intensiva dada por la soja que está degradando suelos, contribuye a las emisiones de los gases efecto invernadero, afecta la calidad del agua, afecta la biodiversidad y afecta a las poblaciones locales. Se escucha menos lo de la ganadería pero también está generando muchos estragos porque está relacionada con la deforestación. No es verad que no se pueda transicionar a un sistema ganadero más sustentable. Hay estudios que están desarrollándose en el INTA y en el CONICET que muestran que es posible cambiar prácticas de la ganadería actual para ser más eficientes y a la vez que tengan menos impacto ambiental. Ahi hay mucho para hacer y que también generaría más divisias pero que también podría crear fuentes de trabajo y ser ambientalmente sustentable”. Para Vera estos cambios no necesariamente implicarían una pérdida de rentabilidad para los productores.

“En el tema agricultura hay que fomentar la diversidad de cultivos. El monocultivo nos está atacando desde muchos sentidos porque la Argentina esta usando más de cinco veces de agroquimicos que Estados Unidos. Es una locura. La rentabilidad se está viendo cuestionada desde el sistema mismo. Hay que pensar en la promoción de la agroecología que está creciendo en el país, que no sólo es una cuestión de ONGs sino que ya se venía promoviendo desde el gobierno anterior. Con la llegada de Macri se desmanteó la Secretaría de Agricultura Familiar. Yo le tengo esperanza que en esta nueva etapa esto tenga más lugar. La produccion agrícola ganadera ambientalmente sustentable va a ser una necesidad porque el mercado te lo va a pedir.

Por último Vera también habla de la necesidad de ir hacia ciudades sustentables y centros urbanos incluyentes. “Hoy por hoy la mayor parte de la población está vivendo en ciudades. La población rural de Argentina es muy baja y la desigualdad social es muy clara. Mientras logramos una reducción de la pobreza y una sociedad más equitativa, se pueden promover acciones que hagan a las ciudades más incluyentes, habitables. El transporte es un tema clave en las ciudades porque son los que utilizan la mayor parte de la población y los de menortes recuros y son los que contribuyen más a las emisiones de los gases de efecto invernadero. Entonces favorecer un sistema de transporte limpio, que llegue a la mayor parte de la población también desalienta el uso del auto en la ciduad que no sólo impacta en el cambio climatico sino tambien en el ruido, en la habitabilidad de la ciudad. También está el tema del hábitat. Hay muchas desigualdades en el acceso a la vivienda entonces tiene que haber una política que favorezca el acceso a todes y que sea también un mejoramiento de la infraestructura. Necesitamos sistemas eléctricos más eficientes. Gastaríamos menos plata y  emitiríamos menos gases de efecto invernadero. El otro tema es el de los espacios verdes. El verde en las ciudades baja considerablemente la tempreratura, no es lo mismo estar al sol que en la sombra. Eso nos permitiría vivir en un lugar más habitable”.

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Sabrina Roth

Sabrina Roth

Licenciada en Ciencias de la Comunicación (UBA). Es corresponsal de Telesur en Argentina y escribe colaboraciones en Página/12 y #LaGarcia.

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