«Lula será candidato»

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“Libre o preso, habrá Lula presidente. Encarcelado será nuestro candidato. No hay plan B. Si desistimos de su candidatura le estaríamos dando la razón a el juez Sergio Moro”, asegura Gleisi Hoffmann, presidenta del Partido de los Trabajadores. En esta entrevista exclusiva para Nuestras Voces analiza la situación política y legal de Luiz Inácio Lula da Silva, y la estrategia del PT de cara a las próximas elecciones. Para Hoffmann no hay dudas: “Lula será el próximo Jefe de Estado de Brasil”. Este 1 de mayo el movimiento obrero brasileño se congrega en Curitiba para dar su respaldo al ex presidente.

Fotos: Ricardo Stuckert

Tiros de madrugada y bloqueo de asistencia médica. El ex presidente Luis Inacio “Lula” Da Silva, y los brasileñxs que reclaman por su libertad en Curitiba, enfrentan un feroz asedio político. El viernes de madrugada, las personas que sostienen el campamento Marisa Leticia, apostado a 200 metros de la sede de la Policía Federal donde está detenido Lula, recibieron una ráfaga de veinte tiros. Hay un herido de gravedad. “Es muy grave el atentado de esta madrugada al campamento”, publicó en sus redes sociales Gleisi Hoffmann, presidenta del Partido de los Trabajadores.

Dos días antes, la jueza Carolina Lebbos negó la petición elevada para que los médicos Rui de Oliveira y Darley Rugeri Wollmann Jr pudieran visitar al líder trabalhista por considerar “falta de urgencia” en la solicitud. “¿Cómo que no hay urgencia? Lula tiene 72 años de edad, se encuentra en tratamiento de cáncer en la garganta desde 2011, viene practicando ejercicios físicos y evaluaciones cardíacas periódicamente para monitorear su estado de salud”, se indigna ante Nuestras Voces Hoffmann.

Desde la propia Curitiba, la máxima autoridad partidaria del PT advierte: “Libre o preso, habrá Lula presidente. Nuestro compañero encarcelado será nuestro candidato. No hay plan B. Si desistimos de su candidatura, le estaríamos dando la razón a Moro”.

En esta entrevista exclusiva detalla también los pormenores del próximo acto del 1 de mayo en Curitiba –donde por primera vez todas las centrales sindicales brasileñas coincidirán en un acto desde el regreso a la democracia.

Hay dos relojes que zumban los oídos del Partido de los Trabajadores. Uno, es propiedad de la Justicia brasileña. En ese óvalo, las manecillas cuentan los días de detención de Lula. Otro tiempo, menos elástico e interpretativo, es el calendario electoral que tiene dos fechas marcadas a fuego vivo: el 15 de agosto, día de la presentación oficial de las candidaturas, y el trascendental 28 de octubre, donde se votará para elegir presidente. Para el PT esa situación bajo presión requiere de un gasto de energía militante mayúsculo. En partidas simultáneas, la dirección nacional del partido, liderada por Gleisi Hoffmann, diseña periódicamente las acciones propagandísticas, tanto internas como externas, para reforzar la campaña conocida en las redes sociales con el #LulaLivre. A su vez, la mesa nacional trabalhista otea sondeos, realiza los precoces mitines de la campaña 2018, ordena lo que serán los zócalos de las distintas boletas territoriales del PT e, insiste, una y otra vez, en concluir que el vértice de la lista tendrá el nombre de la persona que revolucionó, en términos sociales, a la mayor economía sudamericana.

–¿En qué campaña están puestas las energías de su partido, en la que exige la libertad de su compañero, o en la que propone Lula presidente?

–Lula libre significa Lula presidente también, son dos proclamas hermanas, que caminan de la mano. Pero más allá del proceso jurídico que enfrenta nuestro líder será el próximo Jefe de Estado de Brasil en cualquier situación: ya sea tras las rejas, o en libertad; desde la cárcel, o caminando en el (Palacio) Planalto. Lula asumirá una vez más como mandatario de todos los brasileños y todas las brasileñas. Pero a pesar de nuestro convencimiento sobre nuestra victoria electoral en octubre, la libertad de Lula es fundamental para que pueda retomarse el vínculo natural entre él y el pueblo brasileño, dialogando cara a cara. La libertad de nuestro compañero es primordial porque sencillamente es inocente.

–Dado el persistente y feroz ataque judicial recibido por Lula, ¿no estiman necesario activar un plan electoral alternativo?

–No, de ninguna manera. Lula es nuestro candidato. Por dos motivos. Primero, repito, porque no ha cometido ningún delito. Entonces, tiene derecho a encabezar la boleta de su partido, el Partido de los Trabajadores. Por esa razón, si giramos nuestra estrategia electoral y, por lo tanto, impulsamos una nueva referencia de cara a la ciudadanía estaríamos tácitamente reconociendo ante el Juez (Sergio) Moro la culpabilidad de nuestro compañero. Consideramos que los derechos políticos de Lula, como ser candidato, están vigentes hasta que no haya una sentencia del Tribunal Supremo Federal e incluso en esa instancia tenemos la posibilidad de activar varios recursos. Por lo tanto, podemos registrar la candidatura de Lula el 15 de agosto (fecha estipulada en el calendario electoral), aunque siga estando preso en Curitiba. En segundo lugar, en términos políticos, Lula es evidentemente el candidato que ha elegido la calle para que lo represente en los comicios. Sondeo tras sondeo, encuesta tras encuesta, confirman el favoritismo de nuestro compañero en la intención de voto. Eso es innegable. Y ese liderazgo en las muestras de opinión se ha mantenido firme en un escenario más que adverso, sufriendo una persecución judicial infame y una feroz deconstrucción de su imagen en los medios masivos de comunicación.

–¿Cuál es el cariz de la relación que viene profundizando el PT con fuerzas cercanas en lo programático como el PSOL o el PCdoB? ¿Podrían confluir en un frente electoral unificado?

–La unidad con esos partidos no es de carácter electoral. En realidad, con un conjunto más amplio de partidos de centro-izquierda e izquierda brasileños estamos construyendo un frente de lucha en defensa de la democracia, la soberanía y los derechos del pueblo brasileño. Todas estás fuerzas partidarias, en definitiva, entendemos que la vigencia del sistema democrático en nuestro país corre serio peligro. El frente electoral podría suceder, no lo negamos. Pero creemos que la tarea más urgente de los partidos políticos democráticos brasileños hoy pasa por defender unas elecciones libres y justas. Por eso, nuevamente, tanto el PSOL, como el PCdoB, y otros partidos progresistas, también exigen que Lula puede ser candidato.

Las grandes empresas y las alianzas políticas

Cuando se hace referencia al liderazgo global de Brasil durante el lulismo es inevitable no mencionar el ascenso que tuvieron determinadas empresas ganando licitaciones públicas, ya sea para construir rutas o represas, en países ubicados en la hoja de ruta diplomática sur-sur. Esas corporaciones suelen ser denominadas en la literatura política como multilatinas, o como parte de lo que en su momento se llamaba burguesía nacional. No sólo Odebrecht en infraestructura, si no PetroBras en energía, o el propio BNDES (Banco Nacional de Desarrollo) financiando proyectos zonales fueron las marcas identitarias de ese salto económico internacional producido durante las presidencias de Lula y Dilma.

–Ahora bien, más allá de las causas judiciales activadas contra esas compañías por actos de corrupción, ¿qué consecuencias comerciales tuvo la trama Odebrecht en su país? Es decir, ¿qué actor económico ocupó, tanto a nivel doméstico como internacional, el vacío que dejó un jugador clave en la expansión de Brasil como potencia?

–Indudablemente, el fortalecimiento que tuvieron un conjunto de empresas brasileñas de gran porte durante los mandatos de Lula y Dilma (Rousseff) generaron fricciones de poder muy fuerte con otras corporaciones internacionales en la disputa del mercado global. Por supuesto que Odebrecht estuvo envuelta en cuestiones ilícitas. Pero también hay que decir que la Justicia brasileña tuvo una actuación sesgada en el proceso judicial contra la compañía. Los fiscales y jueces no discriminaron entre lo hecho por las personas físicas, y las personas jurídicas. De esa manera, el proceso jurídico terminó destruyendo un complejo empresarial que tardó décadas en fortalecerse; en buena medida gracias al apuntalamiento de políticas públicas impulsadas desde el Estado. Entonces, en vez de que un grupo de CEOs administrativos terminara tras las rejas, quedó toda la compañía derruida para beneficio de otras empresas similares del exterior que competían contra Odebrecht por cuotas del mercado internacional.

–El partido político que encabeza lo que ustedes denominan el largo golpe brasileño es el PMDB fue un aliado durante sus tres gobiernos en el Planalto. En caso de volver a ser gobierno, ¿el PT diseñaría una nueva ingeniería de alianzas?

–Los acuerdos que tuvimos con el PMDB (el partido del actual presidente Michel Temer) fueron hechos dentro de una coyuntura política específica del Brasil. Cuando la realidad política y económica de nuestro país se modificó durante el gobierno de Dilma, atada por supuesto a una transformación del contexto global, ellos aprovecharon para aferrarse a los bastiones programáticos en los que siempre se apoyaron. Sin dudas, cuando un partido hace una alianza la realiza reconociendo las diferencias que existen con su socio circunstancial, porque si la otra parte pensara igual a nosotros estaría directamente en nuestro partido. Para ser más precisa: en la coalición con el PMDB buscamos dotarnos de gobernabilidad porque no podíamos conducir solos el proceso legislativo ya que nuestra representatividad en el Congreso no era hegemónica. Ahora, ¿volveríamos a juntarnos con el PMDB? La respuesta es no, claro. Si llegamos al gobierno buscaríamos está vez construir denominadores comunes de gestión con la centro-izquierda brasileña.

–¿Cómo está Lula de ánimo?

–Es difícil decir que una persona presa esté bien. Lo primero con lo que queremos insistir es que seguimos afirmando la condición de Lula como preso político. Él no debería estar en una sala de la Policía Federal de Curitiba. Pero todos los que lo conocemos sabemos que nuestro compañero es una persona fuerte, que está acostumbrado a enfrentar adversidades. Hemos denunciado que no puede recibir visitas, salvo de sus familiares más directos una vez por semana. Una cuestión lesiva del derecho. Pero a través de su abogado nos llegan periódicamente mensajes de él. Lula está más preocupado por la situación del pueblo brasileño, de nuestra democracia, que por su persona. Nos pide siempre que no bajemos los brazos, nos convoca siempre a salir más fortalecidos de esta situación.

–¿Qué extraña más Lula: el fútbol, la militancia, los amigos?

–Pienso que tiene nostalgia un poco de cada cosa. A Lula le gusta el fútbol y ama estar con sus amigos. Por eso estamos haciendo mucho hincapié en denunciar el aislamiento al que lo quiere confinar la Justicia brasileña. Están avasallando sus derechos como detenido. Referentes de los derechos humanos, como el Premio Nobel (Adolfo) Pérez Esquivel, gobernadores, diputados, senadores, líderes sindicales, han solicitado visitar a Lula. Han esperado horas sentados en la puerta de la sede de la Policía. Y han rechazado la petición. Es algo inaudito, es una situación muy mala.

El sucesor

El movimiento obrero unido por Lula

El próximo martes, día mundial del trabajador, una delegación argentina de la CTA conducida por Hugo Yasky será parte del acto oficial unificado de las centrales sindicales brasileñas. Esa acción del movimiento obrero verdeamarelho tendrá dos particularidades: por primera vez, desde el reinicio de la democracia, todos los agrupamientos gremiales –desde la más conocida e influyente CUT, pero también otros espacios como Nova Central, la UGT, o Forca Sindical– coincidirán en un solo escenario. Además, la movilización, donde planean juntar alrededor de 50 mil almas –un número por arriba del promedio de gente agrupada en ese tipo de convocatorias en el vecino país–, se mudará de la capital, donde suele realizarse, a Curitiba para que sus reclamos retumben en la celda del primer obrero presidente en la historia de Brasil.

–¿El 1 de mayo será una jornada especial en el campamento Marisa Leticia (nombre de la recientemente esposa fallecida de Lula)?

-Sí, la idea es plasmar un acto unificado del movimiento obrero brasileño. Desde el inicio de la democracia que no hay una movilización conjunta de todas las centrales sindicales de nuestro país. Será entonces, una marcha inédita, histórica, acorde a un momento muy especial que estamos atravesando como pueblo, como país. Agradecemos mucho la visita de los compañeros sindicalistas argentinos para el acto del 1 de mayo. Nosotros devolveremos gentilezas. Nuestra compañera Dilma Rousseff estará en Argentina el mismo día. Dilma presentará un libro sobre Lula en la feria de Buenos Aires y, por supuesto, aprovechará todas las ocasiones que se le presenten para volver a reclamar por la libertad de nuestro compañero.

–¿Van a invitar a la ex presidenta Cristina Fernández para que se acerque a Cutitiba?

–Sí, pensamos invitar a la presidenta Cristina. Ya recibimos de su partido y de sus dirigentes muchos gestos de solidaridad y participación para exigir la libertad de Lula. Estamos muy agradecidos con ellos. Siempre tuvimos una relación muy próxima cuando eramos gobiernos y la seguimos teniendo ahora. No nos unió el poder, si no una misma mirada sobre nuestros países, sobre la región.

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Emiliano Guido

Emiliano Guido

Periodista especializado en política internacional. Ganador del Premio José Martí (2006) otorgado por la agencia Prensa Latina.

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