Macri con el desafío del «pato rengo»: llegar al final de mandato sin poder

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La paradoja en la que entró la política nacional es que las PASO definen candidatos, pero fueron fulminantes a nivel legitimidad para Mauricio Macri. En la historia solo cuatro presidentes tuvieron la oportunidad de presentarse a una reelección consecutiva: Perón, Menem, Cristina, y Macri. Los tres primeros obtuvieron porcentajes mayores a su primera elección, pero Macri se convirtió en un “pato rengo”. La posibilidad de otro período existe, pero ya no es real. 

El resultado categórico de las PASO sorprendió a todo el arco político argentino, pero más al gobierno. Las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias son una característica única de nuestro sistema electoral, no hay otro mecanismo de esta magnitud en ningún otro país del mundo. Pero desde que se implementaron, por primera vez en 2011, nunca habían generado el efecto político nivel Tsunami ante el que nos enfrentamos en esta oportunidad. De pronto, en la noche del domingo, el gobierno de Mauricio Macri se vio vaciado de legitimidad política. Como un puñado de arena entre las manos, Macri experimentó cómo el poder se le escapaba de repente. Fue la comprobación de que sus políticas económicas y sociales concitan el rechazo de la abrumadora mayoría de la sociedad. Macri reaccionó crudamente, se salió del libreto ordenado y empalagoso, made in Duran Barba, del que casi nunca se desmarca. Mostró a un Macri que se había mantenido bien guardado, un hombre caprichoso y políticamente irresponsable que no está dispuesto a aceptar mansamente la voluntad popular. Su desafío: llegar a diciembre. La historia reciente argentina indica que sería el primer presidente no peronsita en lograrlo.

En la noche del domingo, pero sobre todo en la conferencia de prensa que brindó ayer junto a Miguel Ángel Pichetto, el discurso presidencial, que tuvo tiempo para pensar y cotejar, fue una amenaza a los ciudadanos argentinos con mil infiernos si en octubre vuelven a votar a las fórmula del Frente de Todos. 

La amenaza

Como nunca antes en la historia Mauricio Macri dejó en claro que hay una dicotomía concreta entre la voluntad popular y la de «los mercados». Puso en pie de igualdad al pueblo argentino con el grupo de millonarios que mueven toneladas de dólares de la especulación financiera. “La gente no entendió el mensaje”, dijo el domingo, desentendiendo el mismo el mensaje que acababa de recibir.. “A los mercados no les gusta el kirchnerismo” insistió el lunes, como si la heladera vacía, la desocupación o el cierre de fábricas se solucionaran por el índice Merval, las acciones argentinas en Nueva York, incluso el precio del dólar y de los bonos. Ya está comprobado que si al mercado le va bien eso no llega al pueblo. Por eso en la alternativa argentina entre Pueblo o Mercados, y el presidente elije los mercados y el pueblo ya no lo elije a él.

La paradoja en la que entró la política nacional es que las PASO no definen nada a nivel institucional, pero fueron fulminantes a nivel legitimidad. El desastre infernal que se desató el lunes con el dólar tocando los 60 pesos, los intereses de las Leliq trepando al 73%, las acciones de las más grandes empresas argentinas derrumbándose en Wall Street, preanuncia efectos colaterales, como una aceleración de la inflación y el peligro de corte en la cadena de pagos. 

¿Y a hora quien gobierna el país? Macri definió ayer que «estoy para ayudarlos», un claro corrimiento de responsabilidades.

La historia de las reelecciones

En la historia argentina solo cuatro presidentes tuvieron la oportunidad de presentarse como candidatos a una reelección consecutiva: Juan Domingo Perón en 1951, Carlos Menem en 1995, Cristina Fernández de Kirchner en 2011, y ahora Mauricio Macri. Todos lo lograron, y con porcentajes electorales mayores a su primera elección, pero Macri tras las PASO quedó a distancias siderales de lograrlo. Lo extraño es que a cuatro meses de terminar su mandato, se convirtió en lo que llaman un “pato rengo”. La posibilidad legal de seguir otro período existe, pero ya no es real. 

Cuando Raúl Alfonsín perdió las elecciones en 1989 perdió el poder, y el nuevo gobierno todavía faltaba seis meses para que asuma. Es decir que se generó una especie de vacío  de poder que los grandes especuladores aprovecharon para hacer volar el dólar y sacar tajadas de millonarias ganancias al precio de desatar una hiperinflación que sumergió en la miseria a una enorme masa popular. Alfonsín terminó renunciando anticipadamente a su mandato, que en los hechos ya había terminado.

Con Fernando De la Rúa ocurrió un fenómeno parecido. Acorralado por una crisis sin precedentes y un malestar social en crecimiento, la derrota en las elecciones parlamentarias de 2001 lo dejaron desprovisto de legitimidad y poder para ejercer la institucionalidad. Sin ese poder que emana de la voluntad popular, las normas constitucionales son letra muerta. De la Rúa no tuvo de donde apoyarse y cayó. Se fue en helicóptero por el aire pero dejando la tierra regada de sangre. 

Estos dos ejemplos fueron dramáticos, trajeron muertes, mucho dolor y sufrimiento al pueblo, pero en ese rio revuelto los bancos, y los grandes especuladores sacaron un gran provecho. Muchos trabajos de investigación han concluido que los mercados se cargaron a esos dos gobiernos, sin quitarles responsabilidad por su impericia y complicidad.

Macri «pato rengo»

Macri enfrenta una situación inédita, las elecciones que ha perdido lo dejan sin poder pero aún no se consagró un nuevo presidente en donde depositar una posible transición ordenada. A lo que hemos asistido ayer, en día de furia de los mercados, es a una ofensiva política disfrazada de economía. Desde la madrugada del lunes los precios del dólar empezaron a volar. Aún no se habían abierto las operaciones cambiarias, por lo tanto, los movimientos alcistas no se debieron a una resultante del libre juego de la oferta y la demanda sino que fue un mensaje directo “lo que votaron trae caos y miseria”. En unas horas la economía argentina se devaluó un treinta por ciento sin ningún control. Y Macri, en su conferencia de prensa, se encargó de que el mensaje quede bien claro “al mundo no le gusta la oposición, yo no tengo la culpa, son ellos los responsables”. La decisión del gobierno está tomada, pelearan por revertir los resultados en octubre usando todos los recursos a su alcance, y si es necesario incendiar la economía, que se incendie. 

No hay un enfrentamiento del gobierno con los mercados simplemente porque este es un gobierno de los mercados. Justamente este es el gobierno que desarmó todas las herramientas que tenía el Estado para controlar estos abusos. 

El único poder que no perdió Macri es el poder de hacer mucho daño y parece que ha decidido utilizarlo para chantajear a los argentinos con su voto. 

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Sergio Wischñevsky

Sergio Wischñevsky

Historiador, periodista y docente de la UBA. Columnista en Radio del Plata en el programa Siempre es hoy. en Radio Nacional en el programa Gente de a Pie y en La Liga de la Ciencia.

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