Macri con la bandera de remate

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Mauricio Macri calificó a Manuel Belgrano como «emprendedor» y unió el slogan de campaña «sí se puede» al «viva la patria». Cerca de los actos del Día de la Bandera anteriores pidió mega préstamos al FMI y lanzó bonos de deuda a 100 años. Hoy ni siquiera se atreve a asistir al acto oficial en el monumento a la Bandera de Rosario con la excusa de «no hacer el juego a los violentos», pero no puede faltar a la ciudad porque Cristina Fernández de Kirchner eligió estar allí para presentar su libro Sinceramente, con presencia confirmada de Fito Páez. El discurso del miedo al otro vs. el sentimiento de la Patria es el otro.

Mauricio Macri y Cristina Kirchner estarán hoy en Rosario por el día de la bandera. No son dos candidatos haciendo campaña con «estilos» distintos, o no son solo eso. Son dos sentimientos y dos prácticas sobre lo nacional. Cristina no va al acto oficial porque no le corresponde. Macri no va porque no quiere. Cristina presentará su libro, Sinceramente (Editorial Sudamericana) en un evento que produce emociones, peleas por entrar, movilización espontánea y militante, curiosidad y adversidad. Y elige hacerlo en Rosario el día de la bandera porque ese día significa algo, tiene algo para decir hoy allí. Macri, luego de amagar con asistir al acto tradicional y oficial en el Monumento y de filtrar desde su entorno que no iría, eligió pasarla en modo Durán Barba: estar para no ceder el escenario a Cristina, pero en un evento «en un club del sur de la ciudad» según lo contaron con cuidada informalidad sus voceros. Todo formateado para mostrar cercanía desde la lejanía de la TV y las redes sociales.

La historia de los 20 de junio que trajo a Cristina y Macri hasta aquí es la historia de sus diferencias.

–¡Viva la patria! –gritó el presidente Mauricio Macri.

–¡Viva! –le respondieron los estudiantes.

–¡Sí, se puede! –lanzó el líder del PRO, su eslogan de campaña.

–¡Sí, se puede! ¡Sí, se puede! –repitieron los alumnos.

El museo Malvinas, sin bandera por falta de presupuesto

Con ese tinte proselitista, Macri concluyó su discurso en el que fue su primer día de la bandera como presidente, en 2016, frente a cientos de estudiantes de cuarto grado de todo el país que viajaron a Rosario, al monumento a la insignia patria. Ese no fue el único momento electoral que tuvo aquel acto patrio.

Macri aseguró: “Hace poco los argentinos decidimos un cambio, y ese cambio tiene que basarse en objetivos claros y concretos, y los nuestros están claros: trabajar juntos para que el camino sea hacia la pobreza cero en Argentina”. A pocas cuadras, un grupo de manifestantes contra los tarifazos fueron reprimidos por la Gendarmería. El contexto fue en medio de rigurosas medidas de seguridad y múltiples vallas que impidieron a los padres de los chicos acercarse. Apenas unos veinte días después, desde la Casa histórica de Tucumán, el presidente encabezó los actos del bicentenario de la Independencia con sus inolvidables alusiones, delante de los reyes de España, a la «angustia» que según él habrían sentido nuestros próceres patrios al independizarse: orgullo, valor y soberanía estuvieron ajenos desde siempre. Para hoy el discurso ya está escrito: «no volver al pasado», «hacer un esfuerzo más» y «estar juntos». Y para disimular el sapo de haber perdido la provincia a manos del peronismo unido el artilugio ya fue lanzado: meter miedo, hablar de los  violentos que quitan la libertad en una provincia que votó sin incidentes.

El peronismo unido ganó Santa Fe

En su segundo acto del 20 de junio de 2017, el presidente fue a Rosario por última vez para el acto oficial. Fue un gélido acto enmarcado en cinco kilómetros de vallas, con una ausencia inédita de gente, y en el que, por primera vez desde el retorno de la democracia, no se realizó el desfile cívico. Macri, en su discurso de seis minutos, calificó a Manuel Belgrano como un “emprendedor” y dijo que “el siempre creyó que sí se puede”. Los bonos de endeudamiento por cien años habían sido emitidos hacía poco. El gobernador Miguel Lifschitz lamentaba que “la gente fue perdiendo protagonismo en los actos patrios”.

Ese mismo día, por la tarde, en un acto multitudinario y abigarrado que desbordó el estadio del club Arsenal, Cristina Fernández de Kirchner acaparó la atención de todo el país.

El tercer Día de la Bandera de Macri, el de 2018, fue el primero en la historia en la que un presidente no participó. Le quitó el cuerpo, no viajó a Rosario ni hizo otro homenaje. Las aguas estaban turbias, solo unos días antes, el gobierno anunció que el acuerdo con el FMI era el más grande de la historia: 50 mil millones de dólares, que tampoco alcanzaron. Lifschitz lo criticó en público: «Me parece mal que no venga».

El contraste con otros 20 de junio de nuestra historia es abismal.

El último acto en el Monumento a la bandera en Rosario de CFK como presidenta fue en 2015 : “La historia no se escribe en la crónica de un noticiero ni en la página de un diario”, sino “en el seno del pueblo, en cada barrio, en cada lugar de la patria donde haya un pobre, un necesitado”. En ese momento recordó la figura del creador de la bandera Manuel Belgrano, a quien definió como “un combatiente de la patria”. Significa algo distinto a “emprendedor”.

En 2008, en pleno conflicto con el campo, el monumento a la bandera fue copado por los ruralistas que querían poner el precio de los alimentos al valor dólar de exportación. La presidenta optó por ir a Hiurlingham y allí dijo: “Belgrano es mi prócer preferido, y todos recuerdan de él la creación de la bandera, pero no es lo más importante de su legado;  fue un gran patriota que amó profundamente la escuela pública y tuvo un gran compromiso con los pobres”. Ese tenor es el que le dio el peronismo en muchos actos a lo largo de la historia. La misma CFK terminó de construir una escuela en Jujuy, que había sido proyectada por Belgrano, con una donación de su propio patrimonio, y recién pudo concretarse 190 años después.

En el último acto del día de la bandera de la presidencia de Néstor Kirchner, también en Rosario, fue en 2007. Allí hablo con orgullo sobre como se había achicado la diferencia en las ganancia entre ricos y pobres y dijo que si Rosario crece, crece el país. Terminó abogando por el desarrollo de una burguesía nacional. Algo así como una burguesía de bandera.

Universidad gratuita

El 20 de junio de 1949 marcó la historia de la Argentina moderna. Ese día, por un decreto del presidente Juan Domingo Perón, quedaron suprimidos todos los aranceles universitarios y aquellos que directa o indirectamente gravaban la educación media. Fue una de las medidas de mayor contenido democrático de nuestra historia, aquel Día de la Bandera se abrieron las puertas de la educación a miles de jóvenes hijos de trabajadores.

El 20 de junio se instituyó como día de la bandera argentina en homenaje a su creador, Manuel Belgrano, quién falleció ese día de 1820, y como afirmación comunitaria de una idea de sociedad que defiende sus intereses frente al acecho de metrópolis que intentan imponer los suyos. Desde 1938 es día festivo y de enorme significado. Los países más admirados por nuestros actuales gobernantes tienen hacia sus propias banderas un vínculo casi místico, comparable a lo sagrado, las banderas nacionales, la idea misma de nacionalidad reemplazó el poder de amalgama social que antiguamente tenían las religiones. Los símbolos patrios, dentro de la tradición de los gobiernos populares siempre estuvieron estrechamente vinculados a la defensa del mercado interno, del trabajo nacional, de la ciencia argentina, de la educación en los valores de la propia tierra. Las banderas dividen a los pueblos cuando el nacionalismo que se enarbola, como ocurrió en Argentina durante las dictaduras militares, enfrenta a los pueblos entre si. Pero el nacionalismo soberano, es aquel que postula que el bienestar de los pueblos está en la valorización de lo nuestro.

El ministro de Cultura, Pablo Avelluto, ante el malestar de los ex combatientes de Malvinas por la devaluación y falta de respeto a los actos twiteó hace algunos años en tono burlón: » ‘La bandera que flameará en Malvinas’. Retórica premontonera. Nacionalismo berreta. Fascismo de entrecasa. Idiotez política. Ajenidad».

Otro «error» de Avelluto ignorando la soberanía: corrigieron Malvinas pero «olvidaron» la Antártida

Es muy comprensible que los funcionarios de Cambiemos se sientan incómodos frente a los símbolos patrios, por algo empezaron reemplazando a los próceres de los billetes por animales.

No se trata de respetar solemnidades, no tiene que ver cumplir con los protocolos, lo que les ocurre es que no pueden decir más que generalidades porque han claudicado a todas las políticas de defensa nacional, de cuidado del mercado interno, del trabajo argentino, de la soberanía en su más amplio y popular sentido.

Un proyecto de país no es otra cosa que un proyecto de vida en común. Y eso es lo que representa una bandera. El año que viene se cumplen doscientos años de la muerte de Belgrano ¿Por qué no soñar con un gran acto popular otra vez?

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Sergio Wischñevsky

Sergio Wischñevsky

Historiador, periodista y docente de la UBA. Columnista en Radio del Plata en el programa Siempre es hoy. en Radio Nacional en el programa Gente de a Pie y en La Liga de la Ciencia.

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