Macri poda la ciencia

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Marina Antelo es una de lxs 489 científicxs con doble recomendación para la Carrera de Investigador del CONICET. Se recibió con diploma de honor, trabaja en el Hospital Udaondo y su tesis es sobre un tipo de cáncer en pacientes menores de 50 años sin historia familiar. Pero su ingreso se frenó por el recorte del Gobierno. Sólo le extendieron la beca hasta el 30 de diciembre: “Hoy estamos en un limbo. Lo que quieren es que te canses, busques otro laburo o te vayas afuera”.

Foto: Joaquín Salguero

La toma del Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación el 19 de diciembre de 2016 colocó sobre la escena política rostros y palabras que expresaban el peligro de desfinanciar la ciencia en Argentina. Los investigadorxs y becarixs del Consejo Nacional de Investigaciones Científicos y Técnicos (CONICET) ocuparon el mimnisterio que encabeza Lino Barañao en protesta por el recorte del 60 por ciento en los ingresos a la Carrera de Investigador:

  • En 2015 ingresaron a Carrera de Investigador  943 investigadorxs.
  • El llamado a concurso para el Ingreso a Carrera para el año 2016,  llevado a cabo en diciembre de 2015, consideraba un número similar de vacantes.
  • En diciembre de 2016 se aprobó un Presupuesto Nacional que implicó un recorte significativo para el CONICET.
  • Fueron evaluadxs positivamente por las Comisiones Asesoras y la Junta de Calificación y Promoción y recomendadxs para su Ingreso a Carrera 874 aspirantes. Por el recorte presupuestario, sólo se sumarían 385 a la planta permanente de Investigadorxs.
  • Quedaban afuera así 489 científicxs.

Una de esas científicas es Marina Antelo. Tiene 39 años, dos hijos y se doctoró en Medicina con una tesis sobre el estudio de jóvenes con cáncer colorrectal sin historia familiar realizada con una muestra de 102 pacientes, la más grande del país en el tema. También contribuyó a volcar esos conocimientos al crecimiento de un área nueva, el asesoramiento heredo-familiar de cáncer digestivo del Hospital de Gastroenterología Carlos Bonorino Udaondo, su lugar de trabajo. Marina es testimonio de una trayectoria formada en la educación y la salud pública, que expresa la importancia del financiamiento del Estado tanto en los avances científicos nacionales como en la salud pública. Hoy y su futuro es incierto: su beca posdoctoral vence el 30 de diciembre.

“No sabemos qué va a pasar”, dice.

La ciencia recortada

El estudio

Marina Antelo se recibió en la UBA con diploma de honor después de seis años de carrera en un día especial: el 20 de diciembre de 2001. Hizo un año de internado rotatorio. El título lo obtuvo en 2003 y así pudo rendir el examen para comenzar la Residencia Médica: “Es lo que hacemos la mayoría de los médicos: es un lugar de formación y, también, un trabajo pago”. Rindió el examen para Gastroenterología: sólo había cuatro cargos en los Hospitales Municipales de la Ciudad de Buenos Aires para esta especialidad. Ingresó al Hospital  Udaondo, uno de los centros de referencia del país en enfermedades gastrointestinales.  Luego obtuvo su título de especialista en la Sociedad Argentina de Gastroenterología.

Durante su último año de residencia, viajó al Hospital Clinic de Barcelona a hacer una rotación en endoscopía. “Allá asistí el caso de una chica joven de 25 años con cáncer de colon. Hice contacto con la médica del grupo que se dedicaba a estudiar este tipo de casos y finalicé mi rotación junto a ese equipo”. El Hospital Udaondo es centro de referencia de tumores digestivos en el país y “desde hacía muchos años se hacía asesoramiento heredo-familiar de pacientes jóvenes con cáncer colorrectal o con historia familiar, pero no había nadie que lo hiciera con dedicación exclusiva: era un complemento del trabajo del oncólogo”. Ya en Argentina, Marina tuvo la posibilidad de empezar a trabajar con esos pacientes en su Hospital: “Ahí los empecé a ver”.

-¿Qué veías?

-De todos los pacientes con cáncer colorrectal, el 3 ó 4 por ciento tienen un síndrome de base genético que los predispone a la enfermedad: se llama síndrome de Lynch. Ese porcentaje sube a casi un 30% cuando el cáncer colorrectal ocurre antes de los 30 años. No tiene una característica endoscópica clásica: puede haber un paciente de 40 años con cáncer de colon y no sabes si hay un síndrome de Lynch de base o no. La importancia de saberlo es que ese síndrome viaja en los genes: se hereda de papá o mamá en la mayoría de los casos, y a su vez, los hijos pueden heredarlo con un 50 por ciento de probabilidad. Esto implica un alto riesgo de generar cáncer a lo largo de la vida. La población general tiene un riesgo del 5 por ciento de desarrollar cáncer colorrectal, pero con el síndrome de Lynch el riesgo aumenta un 25-70 por ciento. Es muy alto. En ese contexto se indican colonoscopias desde los 20 o 25 años, y en forma anual. Estos estudios previenen el cáncer colorrectal (al encontrar pólipos llamados adenomas, que son benignos y son los precursores del cáncer), y por otro lado además, disminuyen las muertes por ese tumor (al identificarlo en estadios curables).

Gravedad política y científicos movilizados

La muestra más grande

En junio de 2008, Marina viajó por segunda vez al Hospital Clinic, a través de una beca de la Fundación Bunge y Born, a especializarse en la clínica de alto riesgo de cáncer colorrectal. Ese viaje coincidió con la finalización de su año adicional como Jefa de Residentes en el Hospital Udaondo. “Ahí te quedás sin trabajo. Una opción es presentarte en el hospital donde estás y concursar para un cargo municipal. Es difícil. Son pocos los que pueden. La otra es hacer consultorio en el ámbito privado. Yo amo la salud pública y el hospital público, pero no quería trabajar gratis. Muchos lo hacen ad honorem”.

Marina no quería esa opción. En el Hospital Clinic comentó su interés en estudiar el subgrupo de pacientes que había estado observando durante esos años: jóvenes con cáncer colorectal sin historia familiar de cancer. “Es interesante presentarlo a una beca”, les dijo. Le contestaron que sí, y que si ganaba, el Clinic haría los estudios genéticos gratis. En ese momento, eran pocos los lugares que podían hacerlo en Argentina y el Udaondo no era uno de ellos. En julio de 2008 Marina presentó su proyecto al CONICET. En diciembre ganó la beca de Posgrado tipo I. “Empecé en abril de 2009. Iba full-time al hospital. Era como si hubiera tenido un nombramiento, pero en su lugar tenía una beca que me permitía hacer lo que yo amaba y, a la vez, tener un sustento económico. Así fue durante los primeros tres años”.

Cuando estaba por concluir la beca se presentó a una beca de posgrado tipo II. La ganó. Fueron otros dos años más. Así, entre abril de 2009 y marzo de 2014, hizo su tesis. “Estudiamos 102 pacientes con cáncer colorrectal menores a 50 años, y sin historia familiar de cáncer, con una edad promedio de 37: es la serie estudiada más grande que hay en Argentina. Somos el referente a nivel público. Hicimos el algoritmo molecular completo para ver quiénes tenían y quiénes no el síndrome de Lynch. El análisis fue, por un lado, ver qué características clínicas e histológicas del tumor hacían sospechar que pudieran tener o no Lynch. Por otro lado, comparamos con individuos con cáncer colorrectal mayores de 50 años para ver si había diferencias moleculares”.

-¿Cuáles fueron los resultados?

-El 15 por ciento de los individuos estudiados tenía un síndrome de Lynch símil -que es muy parecido- y un 5 por ciento tenía Lynch. El 80 por ciento restante no presenta un síndrome genético de base. Eso quiere decir que tenemos muchos jóvenes que están con cáncer de colon o recto y hasta ahora no podemos identificar causas genéticas subyacentes. Ni acá ni en todo el mundo.

-¿Cuáles son las hipótesis en esos casos?

-Hay un aumento de la incidencia de cáncer colorrectal en jóvenes menores a 50 años en todo el mundo; en nuestro país hay una percepción clara de esto. En Estados Unidos, donde se puede comparar epidemiología -nosotros no tenemos estadísticas de hace 20 años para poder comparar con las actuales-, se observó un incremento aproximado anual del 2 por ciento en menores de 50 años, que va contraria a la disminución de cáncer colorrectal en el grupo etario mayor, en el que se aplican colonoscopías de prevención. Es decir: en el grupo etario mayor a 50 disminuyó la incidencia y, en el de menor a 50, vemos que aumentó. ¿Por qué? No sabemos. Hay muchas hipótesis: se relaciona con el aumento de la obesidad, la mala alimentación, el poco ejercicio, el tabaco y el alcohol. Son cosas que probablemente tengan que ver, pero no hay un factor epidemiológico concreto.

“Vayan a lavar los platos”

Ministerio tomado

Con ese estudio Marina Antelo se doctoró en Medicina en la UBA en marzo de 2014. Recibió un sobresaliente por unanimidad. No se detuvo: ya estaba presentando un proyecto para una beca posdoctoral. La ganó: el plazo era por dos años más, hasta marzo de 2016. Durante esos tiempos de estudio, Marina realizó trabajos de asistencia y asesoramiento en el hospital: contribuyó a desarrollar en el Servicio de Patología y en el Laboratorio de Biología Molecular las técnicas para el diagnostico del síndrome de Lynch, que hoy es un punto de referencia en el país. “Hicimos un trabajo para que estos estudios no queden sólo en una tesis, sino en una prestación a la comunidad. Como decía Carrillo (Ramón, primer ministro de Salud en la historia del país bajo el gobierno de Perón), de nada sirven los avances científicos si no están disponibles al pueblo. Nosotros llevamos la posibilidad de estudios genéticos y moleculares a población sin cobertura social: es el 60 por ciento de los pacientes que vemos en el hospital”.

Hoy el Registro cuenta con 850 familias con sospecha para síndrome de Lynch, con un promedio de 80 nuevas familias incluidas por año desde el 2009, y con un promedio de 250 consultas anuales. Es el más grande del país en el ambiente público. “Se entrega a los pacientes evaluados un informe claro y detallado con un resumen de su  historia clínica personal y familiar, con los estudios moleculares realizados y con las medidas de vigilancia recomendadas para ellos y para sus familiares. Así, hemos logrado estudiar a la mayoría de nuestras familias registradas mediante estudios moleculares”.

La nueva traición de Lino Barañao

A fines de 2015 Marina se presentó de nuevo en el CONICET. “Después de la beca posdoctoral, no hay más: o te vas o entrás a Carrera de Investigador. Eso implica ser planta permanente en el CONICET. Como becario no tenés aguinaldo ni antigüedad. Es muy difícil entrar a Carrera. Que hayas sido becario no significa que el próximo paso sea si o si convertirte en Investigador. Para eso hay un concurso”. Marina se presentó. El proceso tiene una instancia de evaluación que dura entre 7 y 8 meses. Los proyectos pasan por dos comisiones evaluadoras que son las que recomiendan o no a los concursantes. “Si las dos te recomiendan para entrar en Carrera es como si te hubieran aceptado, estas adentro”.

A Marina Antelo la recomendaron las dos. “De los 1526 aspirantes que concursaron para investigador, fueron recomendados 874. El problema fue que en el plazo de esa evaluación empezaron las políticas neoliberales del Gobierno, y una de ellas fue el recorte del presupuesto en Ciencia y Técnica. Dijeron que había presupuesto para 385 en lugar de los 874, por lo que más de la mitad quedamos afuera. Estamos hablando de 489 científicos. El ingreso fue un 60 por ciento menor al del año anterior, cuando habían ingresado 943 investigadores. Eso iba en contra de lo que el Ministerio de Ciencia y Tecnología había pensado con el Plan Argentina Innova 2020: aumentar progresivamente un 10 por ciento anual de ingresos a Carrera de Investigador para que en el 2020 el país llegara a tener 5 investigadores cada 1000 habitantes. De esto nos enteramos la semana anterior a Navidad, el 16 de diciembre de 2016”.

El 19 de diciembre de 2016 -a un día de cumplirse 15 años de que Marina Antelo se recibiera en la UBA-, investigadorxs y becarixs tomaron el Ministerio.

La reforma silenciosa de CONICET

Lo perverso

Luego de intensas negociaciones, la toma logró que -al menos- el CONICET extendiera las becas posdoctorales por un año hasta el 31 de diciembre de 2017. El organismo se comprometió a trabajar con universidades y organismos de Ciencia y Técnica del país para insertar a lxs científicxs en distintos lugares, y firmó un Acta asumiendo ese compromiso. A cambio, la toma se levantó. La propuesta era crear una mesa de negociación que reuniera a las personas afectadas para discutir su concreción. Antelo: “Hasta hoy el CONICET nunca me escribió para informar si hay avances o no. Sólo nos llega la información a través de la Red Federal de Afectados, que se creó para compartir los avances en el convenio firmado”.

¿Cuáles son las últimas novedades?

-Hay un acuerdo dando vuelta para crear 410 nuevos cargos docentes en universidades. Pero nadie lo vio y nadie sabe si existe. Tampoco se nos avisó. Hay críticas porque se supone que se crean puestos en universidades en otras provincias, cambiando las líneas de investigación y hasta las áreas de residencia, cuando uno de los puntos del Acta firmada era justamente mantener el tema de investigación y el lugar de trabajo solicitado en la convocatoria a Carrera. También se critica porque se crearían cargos docentes equivalentes a los de un Jefe de Trabajo Práctico que habría que revalidar a los 2 años, compitiendo con gente que hizo docencia, por lo tanto no sería un cargo permanente que es lo que ganamos en el concurso del CONICET.

-¿Tu beca termina el 30 de diciembre?

-Sí. Los investigadores estamos en un limbo. Hasta el momento nadie me dijo si tengo un cargo en algún lugar. Yo me presenté a la carrera desde el Instituto de Salud Colectiva de la Universidad Nacional de Lanús (ISCo-UNLa) para trabajar en conjunto con el Hospital Udaondo. En mi caso, la UNLa tendría que crear un cargo para mí. Y esto también genera un problema: muchas universidades están en crisis presupuestaria. No sabemos nada. Lo que quieren, creo yo, es que te canses, busques otro laburo o te vayas afuera.

-¿Qué lectura hacés de todo este conflicto?

-La primera reflexión es: ¿cómo se puede desechar un recurso en el cual el Estado invirtió tanto?  En los últimos 20 años fui bancada por el Estado para formarme, estudiar, crear, hacer y eso sirve, además, porque damos resultados a la comunidad. Por otro lado, es muy perverso el manejo que están haciendo con nosotros. Si me guío por el CONICET, a mí me mandaron un mail en febrero diciendo que se extendía la beca: nunca más me contactó nadie. Y estamos hablando de gente de 35, 40 años: somos adultos, tenemos una vida, hijos. Ni siquiera es desinformación: esa “no información” es muy perversa y poco respetuosa hacia nosotros. La tercera reflexión es que claramente no hay interés en continuar profundizando la Soberanía Nacional en materia de Ciencia y Técnica. Pero esto no es llamativo: es una más de las políticas del Gobierno de no invertir en el país, en nuestra autonomía, en la producción nacional, en pensamiento regional. En nuestro caso trabajamos en el hospital público que da un servicio y cobertura. Es comunitario puro. Creo que no les interesa: ni la ciencia a gran escala ni ayudar al prójimo. Muchos se enojan con lo que pasó con el CONICET, pero no ven que esto no es un hecho aislado, sino una consecuencia de una política de estado planificada.

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