Macri trae chucrut del G20

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El gobierno argentino desplegó un bajo perfil en las grandes discusiones del G20. La comitiva de la Casa Rosada sólo atinó a reforzar la impronta comercialista del Palacio San Martín en la era PRO. Libre comercio, negocios para los amigos y gags futboleros conformaron nuevamente en Hamburgo el packaging ideológico de la promocionada vuelta al mundo.

Dormir la siesta en el recoleto hotel Le Meridien fue la primera acción desarrollada por el presidente Mauricio Macri durante su participación en la cumbre del G20 en Hamburgo. Aún no había comenzado oficialmente la cita multilateral más gravitante del mundo, aún más significativa que la relegada Organización de Naciones Unidas, y la ciudad portuaria teutona era un polvorín de protestas y un teatro abierto de roscas políticas más sigilosas que las vistas en la serie House of Cards. Pero Macri, tal como consignó la corresponsal del diario Clarín, apenas aterrizó de su jet privado proveniente de Frankfurt, no se acopló al febril ritmo de Hamburgo y decidió “reposar” unas horas en un hotel que –gajes de los medios corporativos– no fue retratado como solía hacerse en las páginas de la prensa gráfica más influyente. Ya sobre la noche de su primera jornada en Alemania, Macri rompió con su ostracismo, se lookeó muy casual friday para asistir al Global Citizen Festival, ­un concierto contra la pobreza del que participan artistas internacionales, y, en lo que ya parece constituir una “política exterior de Estado”, volvió a ensayar un chiste futbolero mientras buscaba un gesto no correspondido de la cantante Shakira.

El Grupo de los 20 es la mesa donde se sientan los dueños del mundo. Los países miembros, las diecinueve naciones más industrializadas más el bloque de la Unión Europea, acumulan el 85 por ciento de la riqueza mundial. En los hechos, el G20 reemplaza, al incorporar a las naciones emergentes del BRICS, el poder decisorio que tuvo en su momento el espacio del G7, que acaba de tener un deslucido mitin en Italia. El Grupo de los 20 es un foro, carece de carnadura institucional, y su nacimiento se dio durante la gran crisis financiera del 2008. En otras palabras, el G20 parece ser el lugar de concertación que consensuaron los países ricos para equilibrar la marcha del capitalismo financiero.

A su vez, la cumbre de Hamburgo llega en un momento muy frágil e incierto en el balance del poder global. El bloque occidental parece tener fisuras entre el modelo de acumulación propuesto por el hegemón estadounidense y el paradigma supuestamente aperturista defendido por el renacido frente franco-germano de Ángela Merkel y Emmanuel Macron. Es en ese sentido que en la agenda de Hamburgo emergen temas que muestran a las potencias en franca colisión: el ahora discutido Acuerdo climático de París, la irresuelta crisis de los refugiados en el Viejo Continente, las tensiones geopolíticas y militares existentes en Ucrania y Siria, la reconversión de China hacia un prisma librecambista, las bravuconadas militares de Pyongyang.

No es casual, entonces, que Hamburgo esté sitiada por las fuerzas de seguridad alemanas para contener un descontento ciudadano anticapitalista que no se veía desde la cumbre de la OMC en Seattle (1999). El fortín de Hamburgo, una ciudad en la que durante tres días es imposible circular en auto –una utopía urbana para la recientemente creada Dirección nacional de movilidad en bicicleta–, prologa lo que puede ser Mar del Plata el año próximo, cuando Argentina sea anfitrión del G20. Por ese motivo, para ir ajustándose el traje de maestro de ceremonias, el gobierno argentino decidió llegar a Alemania con el dream team de la escudería PRO en política y comercio exterior: el cada vez más influyente Jefe de Gabinete, Marcos Peña, el ministro de Economía, Nicolás Dujovne, el recientemente asumido canciller, Jorge Faurie, y, en los hechos, el hombre con más peso en el Palacio San Martín, el secretario de Asuntos Estratégicos Fulvio Pompeo, que diseñó buena parte de la actual política exterior argentina en el think tank Fundación Pensar.

Ahora bien, más allá de las reuniones bilaterales que la Cancillería argentina consiguió para sentar a Macri con sus pares de Francia y Reino Unido, ¿qué logros o posiciones políticas expuso o asumió la Argentina en los grandes temas de debate en Hamburgo? Da la sensación de que más allá de la obsesión del actual gobierno en aprovechar estos eventos para acercar las inversiones extranjeras que no llegan, el Ejecutivo no tiene voz propia en los tópicos que hoy desvelan al sistema mundo. Macri menea las caderas con Coldplay en el Global Citizen Festival, retoma su inacabado stand up de gags deportivos e insiste en las bondades del libre comercio. He ahí el perfil que el actual gobierno argentino repite en las mesas más estratégicas del escenario internacional. Atrás quedaron los tiempos en que nuestros Jefes de Estado llamaban la atención sobre las inequidades del “anarco capitalismo financiero” o intentaban torcer un golpe parlamentario en la hermana Honduras.

Sin agenda propia

El profesor de la UBA Andrés Musacchio, experto en relaciones económicas, está observando en vivo y en directo las gravitaciones de la cumbre de Hamburgo. Musacchio vive actualmente en una pequeña localidad alemana llamada Bad Boll, donde está completando una investigación académica en cooperación con la Universidad de Ciencias Aplicadas de Mainz y la Universidad de Viena. Nuestras Voces habló con Musacchio una vez que el experto internacional e investigador del Conicet pudo llegar a su casa luego de un demorado viaje en tren desde Suiza producto de los múltiples retenes policiales dispuestos por Merkel para cercar la llegada a Hamburgo.

Musacchio comienza advirtiendo que no ve “una agenda propia de la Casa Rosada en los temas no comerciales que marcan la cumbre del G2O. No observo en Hamburgo, pero ya sucedió en otros grandes eventos de la agenda global, una posición del macrismo en las tensiones más sensibles de la actual coyuntura geopolítica y geoestratégica mundial. Veo, en todo caso, un afán muy marcado de la comitiva presidencial argentina por aprovechar cumbres como la de Hamburgo para que sus empresarios amigos, o parte de la élite económica que constituye su base de apoyo, cierren una buena ronda de negocios en el extranjero. Me da la sensación que Argentina vuelve a ocupar un lugar marginal a la hora de discutir los grandes temas que marcan el nervio central del escenario internacional”.

Por otro lado, Musacchio entiende que hay una lectura errónea de los grandes medios al representar la tensión entre EE.UU. y Alemania como una esgrima comercial entre el proteccionismo y el librecambio. “Me parece un enfoque equivocado porque los países centrales vienen defendiendo una posición proteccionista desde hace décadas. Lo que ocurre, en realidad, es que hay una fricción cada vez más fuerte entre los países ricos para disputarse influencia en los espacios económicos más decisivos y por apoderarse de cuotas de extracción de materias primas a bajo precio. La tensión expuesta en Hamburgo surge porque, en general, las metrópolis han activados modelos con un fuerte ajuste en el gasto público; por eso, las potencias se muestran preocupadas porque la economía global no activa la demanda económica necesaria”, apunta el profesor.

Por último, Musacchio critica el desmedido afán mostrado por el macrismo en Hamburgo para hablar de las bondades que traería la firma del demorado acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea. “El ejemplo más claro del doble discurso de los países centrales sobre el libre comercio es la posición sumamente proteccionista de la Unión Europea sobre sus productos agrícolas, algo muy perjudicial para los países del Mercosur. Esa postura cerrada fue clave para que las históricas negociaciones entre nuestro bloque regional y el europeo por un tratado de libre comercio vengan fracasando año tras año. Pero, al parecer, dado el actual perfil de las administraciones de Brasil y Argentina, el Mercosur estaría dispuesto a resignar la lógica ambición de pretender colocar nuestra canasta de bienes primarios en el Viejo Continente porque la prioridad número uno, tanto para (Michel) Temer como para Macri, es que los bancos y los grandes actores empresariales accedan a los mercados financieros europeos”, opina el profesor de la UBA.

Los muros de Faurie

El canciller Jorge Faurie estaba eufórico cuando tomó la palabra en la Casa de América de Madrid. Previo a su llegada a Hamburgo, el jefe de la política exterior argentina compartió con sus pares del Mercosur y la influyente Comisaria de Comercio de la UE, Cecilia Malmstrom, un panel denominado: “El libre comercio como motor de crecimiento: futuro acuerdo UE- Mercosur”. En concreto, el ex número dos de Carlos Ruckauf aseguró en la capital española que durante doce años Argentina levantó “muros” que ahora busca derribar.

“Nunca el momento fue más oportuno. Tendremos que hacer en los próximos cinco meses un esfuerzo muy grande para concretar el acuerdo con la UE. Tenemos que dialogar con ustedes y crear una mejor y nueva realidad. Lo importante es no generar mayores barreras”, sentenció. Faurie parece tener al libre comercio entre ceja y ceja. Dos semanas atrás, en una cena con la Sociedad Rural Argentina, el canciller aseguró que nuestro país podía “tender más puentes con el mundo” porque estaba en condiciones de acrecentar en un 50 por ciento la producción de alimentos en los próximos años. Un vaticinio que fue interpretado como un futuro shock sojero por los capitanes de la agroindustria que compartieron el evento con él.

El gobierno de Mauricio Macri se ufana advirtiendo que le tocó gobernar en un escenario internacional adverso, por la caída en el precio de la commodities y el giro en la estrategia comercial dada en simultáneo por las dos principales economías del mundo: Estados Unidos y China. Sin embargo, el destino parece darle una chance a Macri en un aspecto. En poco tiempo, Argentina será sede de dos eventos globales de magnitud: la cumbre de la Organización Mundial de Comercio y la ya referida cita del G20. Nuestro país, el segundo más industrializado en Sudamérica, tiene mucho por decir, y más por perder o ganar en dichas instancias. Claro que para defender una cuota de poder en las mesas donde se discute el orden geoeconómico global se necesita una fuerte política de Estado, y una mirada del mundo. Hasta el momento, nuestro Jefe de Estado repite como un mantra que es un soldado del libre comercio. Y, demás está decir, que también insiste, medio en broma, medio en serio, que seremos campeones en el próximo Mundial de fútbol. Gags de estadista.

@guidoesminombre

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Emiliano Guido

Emiliano Guido

Periodista especializado en política internacional. Forma parte del Programa de Integración Regional y Financiamiento para el Desarrollo en Fundación SES (Argentina). Ganador del Premio José Martí (2006) otorgado por la agencia Prensa Latina.

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