Macri va a Lima como suplente de Trump

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La ausencia de Donald Trump en la Cumbre de las Américas expone la debilidad política del eje regional alineado con Washington. Corrido el mandatario estadounidense, el presidente Mauricio Macri busca ser el líder zonal del nuevo ciclo de reformas neoliberales. Para ello, será el dirigente que hoy defenderá con más ahínco los ejes centrales del cónclave: la lucha contra la corrupción –un etiquetado noble de la judicialización de la política– y el bloqueo a Venezuela.

“Acá, más que cumbre, hay un abismo”, comenta desde Lima a Nuestras Voces uno de los organizadores de la denominada Cumbre de los Pueblos. Es lógico que una cita gubernamental protocolar concite comentarios de ese estilo entre las organizaciones sociales regionales criticas del neoliberalismo. Sin embargo, los medios de comunicación más orgánicos a la nueva oleada conservadora también tildaron estos días de “intrascendente” y “deslucido” el capítulo VIII de la Cumbre de las Américas.

La ausencia del Jefe de Estado Donald Trump en Lima, adujo urgencia en el monitoreo de la escalada bélica contra Siria que finalmente concretó anoche con el apoyo militar de Francia y el Reino Unido, y del mandatario más enfrentado a la Casa Blanca como al Grupo de Lima –el eje regional que congrega a las administraciones alineadas con Washington–, el líder bolivariano Nicolás Maduro, le sacaron sangre y pulso a la cita interamericana.

La Cumbre continental fue una iniciativa diplomática de los Estados Unidos para, en tiempos de Bill Clinton, ir consensuando la letra chica de la Alternativa de Libre Comercio para las Américas (ALCA). Como es sabido, a inicios de siglo, el boom progresista sudamericano tumbó ese proyecto anexionista en la ya célebre reunión de Mar del Plata.

Desde entonces, Estados Unidos, y los gobiernos que suelen satelitar alrededor de sus líneas programáticas, midieron fuerza contra la primavera integracionista que había alcanzado inéditas cuotas de poder gubernamental. En las distintas ediciones, entonces, la Casa Blanca siempre pujó por filtrar su agenda en el capítulo migratorio o antinarcótico, sus ejes vinculares primordiales con Latinoamérica. En ese contexto, al carecer la Cumbre de las Américas de carnadura institucional, las delegaciones diplomáticas intentan dirimir cada párrafo del documento final porque en ese texto de despedida queda expresado notoriamente el clima de época y el horizonte económico común.

Ahora bien, con Trump chequeando en Mar-a-Lago, su condominio veraniego donde oficia de Jefe de Estado, la anunciada lluvia de misiles sobre territorio sirio, la súper potencia estará representada hoy en Lima por dos cruzados del trumpismo: el vicepresidente Mike Pence y el Senador por la Florida Marco Rubio. La novedad en Lima 2018 es que el país pivote con el que Estados Unidos intentará ampliar la manta de su liderazgo geopolítico no será México –una plaza comercial molesta para Trump– ni Brasil –sumido en un descalabro institucional–, si no la Argentina.

Feos, sucios y corruptos

El nuevo disciplinador narrativo de la escuela neoliberal continental pasa por el desafío que conlleva la prebenda pública. La Cumbre de las Américas de Lima, naturalmente, escogió a la “Gobernabilidad Democrática frente a la Corrupción” como lema central de la cita. Parece un gag del humorista Diego Capusotto, pero no lo es. El gobierno anfitrión, conformado de urgencia tras la renuncia de un mandatario descubierto en actos de chantaje, pone como temario de debate un tópico que involucra a buena parte de su casta política. “Resultara paradójico que presidentes como Michel Temer –denunciado por recibir sobornos de empresas– o Mauricio Macri –mencionado en los Panamá Papers como propietario de sociedades off shore– pongan su firma en una declaración que llama a aunar esfuerzos contra este tipo de prácticas”, acota con tino el analista Alejandro Frenkel en un artículo publicado en la revista Nueva Sociedad.

Pero, además, en líneas generales, las revelaciones del caso Odebrecht y las filtraciones periodísticas de los Paradise Papers viene colocando en el atril de los acusados a ministros, presidentes, y ejecutivos emparentandos con ese ministros y presidentes, de todo el arco latinoamericano. Indudablemente, el etiquetado de la ética gubernamental posibilita que los gobiernos conservadores puedan blanquear el accionar de la Justicia contra los actores políticos enfrentados con el rumbo actual de nuestros países. Para muestra, basta ver el encarcelamiento político del ex presidente brasileño Lula Da Silva.

El canciller argentino Jorge Faurie, que precedió la representación argentina en Lima hasta la llegada ayer por la tarde del presidente Mauricio Macri, puso mucho énfasis por mostrar la sintonía del Palacio San Martín en el conversatorio pautado contra el desfalco. “La agenda de Argentina es, primero que nada, poder considerar todos los temas de gobernanza y el impacto, que en los sistemas políticos y en el democrático en general, han tenido todos los fenómenos de corrupción”, explicó un eufórico y sobreactuado Faurie ante los corresponsales acreditados en la cumbre.

La organicidad de Faurie con el horizonte programático de Lima quedó empequeñecido ante las sorprendentes declaraciones de Luis Almagro, secretario general de la OEA. El uruguayo Almagro, ex militante del sector de Luis Mujica dentro del Frente Amplio, volvió a demostrar que su conversión sigue acumulando millas de viaje en una entrevista concedida al diario madrileño El País. Consultado sobre la prisión de Lula, el ex canciller uruguayo contestó que: “Lo peor que puede ocurrir con la corrupción es que no sea juzgada. Lo que estamos viviendo es un desarrollo, un crecimiento del sistema democrático. Esa es la esencia de lo que está pasando en el continente”.

¿Por qué la derecha continental pone tanto empeño en el combate a la corrupción? Hoy los organismos que marcan la hoja de ruta del aperturismo económico global, como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), trazan un paralelismo entre el volumen del Estado y su posibilidad de ser corruptible. De esa matriz conceptual, también muy pregonada por referentes del tercer sector en el rubro como la plataforma Transparencia Internacional, nace el paquete de nuevas reformas neoliberales: más autonomía al Banco Central, independencia de los entes públicos encargados de las estadísticas oficiales como el INDEC, giro de planes sociales hacia colectivos territoriales financiados por el mundo CEO, caso la cooperativa matancera La Juanita. El subtexto es claro: achicar lo público para engrandecer al mercado.

Anahí Durand, responsable internacional de Nuevo Perú –la izquierda parlamentaria más representativa en ese país y organizadora de la Cumbre de los Pueblos– propone a Nuestras Voces comenzar a monitorear el tema de la corrupción desde un momento que podría calificarse como el grado cero de nuestros gobernantes, el álgido período de las campañas electorales. “En Perú, el ex presidente Ollanta Humala (hoy preso por la trama Odebrecht) recibió tres millones de dólares en el momento de su postulación electoral, una cifra llamativa. Las campañas, entonces, se vuelven una maquinaria de dinero; y ese capital, de alguna manera, termina influyendo con mucha fuerza en la voluntad popular. Entonces, claro, el retorno de esa clase política hacia el sector privado no deja mucho margen de acción: las empresas que auparon a los candidatos durante el período proselitista terminan siendo beneficiadas por las decisiones de los gobernantes”, argumenta.

Macri y el Secretario de Asuntos Estratégicos Fulvio Pompeo, en los hechos el Canciller político de Cambiemos, aprovecharán las bilaterales de hoy pautadas con Mike Pence, el canadiense Justin Trudeau y el colombiano Juan Manuel Santos para mostrar la intransigencia de Cambiemos contra el calendario electoral venezolano, fijado para fines de mayo. Macri ya expuso en la bilateral de esta semana con el presidente español Mariano Rajoy cuál debe ser la actitud democrática de la región ante los comicios bolivarianos: desconocerlos. Se prevé, entonces, que Macri y el anticastrista legislador Marco Rubio sean las voces más encendidas al momento de descalificar el llamado a las urnas en Venezuela.

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Emiliano Guido

Emiliano Guido

Periodista especializado en política internacional. Forma parte del Programa de Integración Regional y Financiamiento para el Desarrollo en Fundación SES (Argentina). Ganador del Premio José Martí (2006) otorgado por la agencia Prensa Latina.

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