Mónica Macha: “En la política, a mayor jerarquía menos mujeres”

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Mónica Macha, candidata a Diputada Nacional por la provincia de Buenos Aires (Unidad Ciudadana) analiza en esta entrevista las razones del triunfo de Cambiemos, el rol de las mujeres en la política, el feminismo, la situación de debilitamiento de la democracia con el macrismo en el poder, y con respecto a la desaparición forzada de Santiago Maldonado, asegura: “Hay mucha gente que no admite que tengamos un desaparecido en esta etapa y que el gobierno no se haga cargo de lo que pasó”.

“Yo milito hace muchísimo años, desde la adolescencia. No vine a la política para enriquecerme y lo puedo decir porque no tengo nada que esconder”, aclara Mónica Macha, candidata a Diputada Nacional por la provincia de Buenos Aires por Unidad Ciudadana. “Nunca imaginé ser parte de un gobierno, siempre me imaginé en la oposición”, dice. “De repente la historia te pone en ese lugar. Sé que estoy en representación de otros y otras: los que me votaron y los que no me votaron y los que ni saben que existo”.

En esta entrevista Macha también analiza la filosofía Cambiemos: “Esto de ‘la élite’ que gobierna, yo creo que consideran –no solo ideológicamente sino identitariamente– que hay quienes nacieron para vivir con todo lo que necesiten y quieran y hay quienes nacimos para servirles”.

Mónica es psicóloga y se especializó en temas de Salud pública. Milita desde muy joven en espacios vinculados a la atención primaria de la salud, los derechos humanos y las políticas de género. Militó desde su fundación en el partido Nuevo Encuentro y hoy es miembro de la Mesa de Conducción Nacional. En Morón, donde vive desde 1992, fue impulsora del equipo especializado en violencia y políticas de género: “Al machismo lo veo en todos los niveles del mundo político. Cuando mirás cualquier organización política, en la militancia, en la base, hay un nivel de paridad, pero esa paridad va perdiéndose a medida que sube la jerarquía”, analiza la candidata de Unidad Ciudadana.

–Este año se implementó la Ley de Paridad de Género. ¿Qué balance hacés y qué percibiste en las discusiones se dieron?

–Para mí fue un logro haber votado la ley de Paridad en 2016. La que finalmente quedó como ley no es un proyecto del FPV sino del Frente Renovador, porque nuestros proyectos habían perdido estado parlamentario. Pero me parece importante que más allá de la autoría del proyecto, si es una política con la que estamos de acuerdo, la apoyemos. Que esa ley se haya implementado este año es una satisfacción.

Hay una disputa que apareció en la ley de Paridad, que es la misma que apareció cuando se discutía el cupo de género: que nosotras teníamos que llegar por nuestra propia capacidad y no por estas políticas o estas leyes de discriminación positiva. Y la verdad es que yo creo que sí necesitamos estas leyes porque de otro modo eso no ocurriría. Las mujeres podemos tener mucha más formación, de hecho la tenemos, y en general somos más disciplinadas y más organizadas, pero siempre surge la pregunta de quién te está dando el apto para jugar en esas ligas. Nadie se pregunta eso con respecto a un varón. Yo creo que quien está en estos ámbitos está por alguna razón, nadie está por casualidad, nadie está porque no había a quién poner. Pero con las mujeres siempre surge la pregunta: ¿por qué está donde está? Y lo que aparece es que si estamos ahí es porque somos esposas de alguien. Consideran que es lógico que el tipo esté, pero que si la mujer está es por un tipo, porque sino no estaría de ningún modo. Es como si fueses un monigote que te ponen ahí.

Ser mujer y vivir con miedo

–¿Cómo se refleja el machismo en el ámbito político? ¿Podrías dar algún ejemplo en la macropolítica y en la micropolítica?

–Al machismo lo veo en todos los niveles del mundo político. Dentro del mundo público, creo que el político es donde más claros están los roles asignados tradicionalmente a hombres y mujeres. Cuando mirás cualquier organización política, en la militancia, en la base, hay un nivel de paridad, pero esa paridad va perdiéndose a medida que sube la jerarquía. A mayor jerarquía, menos mujeres. Hay códigos, dinámicas, modos de llevar la política en esos niveles de conducción que para nosotras son más complejos en lo operativo, sobre todo por una cuestión de horarios, de tiempos. Hay un uso muy diferente del tiempo en hombres y mujeres. Por ejemplo, en lo micro, yo a veces veo que los compañeros están como en tiempos a la espera, y eso es parte de lo político. Para mí un tiempo de espera es un tiempo muerto, pero tuve que aprender que ese momento que para mí era un tiempo muerto en realidad no es un tiempo muerto: es un tiempo de lobby, de conversaciones, en el que parece que no pasara nada pero se cocinan cosas. Para nosotras aprender eso es una novedad. Es un aprendizaje a la fuerza. Porque nosotras estamos repartidas en mas ámbitos. Entonces claro, tenés una reunión y otra, y hay tres horas en el medio y decís: Bueno, aprovecho y voy y compro el libro de lectura para mi hijo, por ejemplo. En esas cosas de la micropolítica la diferencia está muy presente.

–¿Creés que si hubiera más representación de mujeres en las dirigencias de los partidos y de los sindicatos habría algunos temas de agenda que se hubiesen llevado adelante con mayores resultados? Pienso por ejemplo en la necesidad de disponer de guarderías cercanas a los lugares de trabajo, que es algo que algunas trabajadoras tienen cubierto pero muchas otras no.

–Creo que la agenda de las mujeres enriquece la otra agenda porque tiene que ver con nuestras necesidades y nuestras vivencias. Hasta tanto no logremos construir una paridad en el cuidado, para que la mujer pueda desarrollarse en la actividad que sea, necesitamos un espacio como las guarderías. Si no contamos con eso se pone en tensión la maternidad con lo profesional, como que tenés que elegir por una cosa o por otra. Algo que muchas veces ocurre. Las mujeres suspenden sus actividades laborales por la maternidad y cuando vuelven se quedaron en el tiempo, perdieron espacio. Por eso es tan importante disponer de lugares que les permitan desarrollarse con la tranquilidad de que su hijo está bien cuidado.

–El feminismo está hecho de una larga trama de trabajos territoriales. ¿Cómo fue esa experiencia de trabajo que comenzó en el Municipio de Morón allá por el 2003 a partir de la demanda de la organización Mujeres al Oeste?

–Sí, empezamos a trabajar en la perspectiva de género a partir de la demanda de Mujeres al Oeste, una organización que está en Morón y que lleva mucho tiempo de laburo territorial y se banca solita, como puede. Fueron momentos iniciáticos. En el 2003 empezaron a plantear que un municipio que se basa en políticas de acceso a derechos y en la perspectiva de derechos humanos, tenía que incursionar en los derechos de las mujeres. Ellas tenían sobre todo la preocupación de la violencia de genero: que no hubiera ningún lugar municipal que atendiera a las mujeres que sufrían violencia. Entonces abrimos un espacio para atender a las mujeres víctimas de violencia y abrimos el Consejo Municipal de las Mujeres, donde participaban mujeres de todo el municipio. Fue una experiencia de mucho aprendizaje.

Justicia no machista

–¿Quiénes participaban de ese Consejo y qué hacían?

–Era abierto. Podían acercarse a participar todas aquellas mujeres que se sintieran convocadas a discutir temáticas vinculadas a las mujeres. Y la tarea principal que hacían era monitorear las políticas públicas que el municipio llevara adelante para las mujeres. Hasta el 2015 avanzaron cada vez mas en la cuestión de monitorear y hacer intervenciones en los centros de salud. Ellas iban a los centros de salud del municipio a ver cómo se atendía a las mujeres, por ejemplo en el área de ginecología, que para nosotras siempre es la más compleja. Y a partir de esas evaluaciones traían su mirada crítica y sus propuestas. Además, en 2004 viajamos por primera vez al Encuentro Nacional de las Mujeres en Mendoza. Y desde entonces seguimos yendo todos los años. Las compañeras volvían cambiadas. Con ganas de formarse políticamente. Había un montón de palabras a las que se les empezaba a perder el miedo. En ese proceso, mas tarde o mas temprano, cada una de nosotras se sintió feminista y se asumió feminista. De eso no se vuelve.

–Leí un reportaje en Página 12 en el que decías, y yo coincido, que el kirchnerismo en los últimos tiempos había tenido cierta actitud endogámica, de hablarle sólo a los que ya estaban convencidos. ¿Qué actitud te parece necesaria para construir hegemonía desde un lugar más abierto?

–Yo hice la experiencia en esta campaña de andar por muchos lugares de la Provincia de Buenos Aires y encontrarme con muchas personas que votaron a Macri y a Vidal y traté de dialogar con ellas. No me refiero al núcleo duro del macrismo, porque me parece que ahí es pura confrontación y no hay lugar para un verdadero intercambio. Pero lo que me propongo cuando me encuentro con ese voto que no está cautivo de ningun espacio particular es tratar de entregarme a esa escucha y a esa conversación. Me pasó de poder hablar con una compañera de una cooperativa de Tigre, que tiene mucha dificutad porque es una fábrica recuperada que venía laburando bien pero, a partir de esta apertura indiscriminada de importaciones, empezó a perder demanda. Sin embargo, ella decía que a Cristina la votó pero no la volvería a votar, y marcaba el tema de la soberbia, las cadenas nacionales. Yo trataba de tener una escucha sincera, de no salirle con toda la argumentación dura sino intercambiar. Yo le contaba que nunca imaginé ser parte de un gobierno, siempre me imaginé en la oposición, que nunca imaginé tampoco ser senadora provincial, y que si de repente la historia te pone en ese lugar, sé que estoy en representación de otros y otras, los que me votaron y los que no me votaron y los que ni saben que existo. Creo que son lugares de mucha responsabilidad y que por eso tenemos que poder encontrarnos como seres humanos. Yo milito hace muchísimo años, desde la adolescencia, no vine a la política para enriquecerme, y lo puedo decir porque no tengo nada que esconder, y desde esa sinceridad intento escuchar a los demás. Y tenemos que poder mordernos la lengua antes de responder con la caterva de cosas que hicimos, porque eso no genera comunicación.

–¿Por qué pensás que a Cambiemos le fue bien en las PASO y sigue bien en las encuestas?

–Por un lado, tienen todos los medios de comunicación a su servicio. Por otro lado, el discurso aspiracional y el discurso del cambio penetra en todos los pensamientos más allá del sector social al que pertenezcas. Logran mantener discursivamente una idea de promesa y expectativa. Cuando Vidal dice “yo sé que hay sectores a los que todavía no le llegaron los cambios”, promete que van a llegar. La expectativa puesta en Cambiemos en algunos sectores todavía está, por eso dicen “todavía es poco tiempo”. Hay una estrategia comunicacional muy bien pensada que toca lo emocional, y lo emocional define mucho. En eso tienen cierta ventaja y en el medio van destruyendo todo, porque estos niveles de endeudamiento son terribles, y lo que tiene que ver con el acceso a la salud, a la educación, al trabajo, hoy es cuesta arriba. Además, hay un desprecio muy fuerte por la clase trabajadora. Esto de “la élite” que gobierna, yo creo que consideran, no solo ideológicamente sino identitariamente, que hay quienes nacieron para vivir con todo lo que necesiten y quieran y hay quienes nacimos para servirles. Esa es la lógica para pensar lo social. Un pibe del barrio Carlos Gardel el otro día me dijo: Nuestro gobierno fue el que me preguntó qué instrumento quería tocar y qué carrera universitaria quería estudiar, no me preguntó si quería ser albañil o electricista. Ellos vuelven a llevarlos a eso, que las pibas hagan un curso de peluquería y que los pibes hagan un curso de albañilería.

–Hablando de pibas y pibes, hace poco presentaste un proyecto para regular y restringir el ingreso de la policía en las escuelas. ¿Cómo se llegó a eso?

–Es un proyecto que hicimos con el área de Derechos Humanos de Suteba. No podíamos creer tener que estar pensando cómo regular la intervención de la policía en las instituciones educativas. Lo armamos después de la represión de alumnos que hubo en una escuela de Banfield y otra de Berisso. Ahí hay un retroceso muy impresionante en términos democráticos. Están corriendo los límites y viendo cómo respondemos.

El amor vs. los Manes de la ciencia

–¿Creés que el masivo reclamo por Santiago Maldonado, que aglutina a una enorme diversidad de personas con distintos pensamientos, demuestra que en cuanto a algunas cuestiones hay un consenso y un piso de conciencia que hace más difícil correr los límites?

–Es cierto, la diversidad daba cuenta de que no fue una marcha kirchnerista sino que hay mucha gente que no admite que tengamos un desaparecido en esta etapa y que el gobierno no se haga cargo de lo que pasó. Y a los que hablan de López, hay que recordarles que el rol del Estado fue distinto. López estaba dando su testimonio para el juicio de Etchecolaz, que fue una política fundamental de nuestro gobierno, y la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación participó activamente de su búsqueda y de la primera movilización que se hizo por su desaparición. Con lo de Santiago estuvieron un mes y pico sin tomar medidas tan básicas como apartar a la Gendarmería de la investigación. Me parece que esto pone en tensión el concepto de democracia. Hay un concepto de democracia que el gobierno está achicando. No estamos en dictadura porque fue un gobierno elegido por el pueblo, pero no es una democracia participativa, ni republicana porque no respeta la independencia de poderes, como se ve en lo que están haciendo con Gils Carbó. Que los medios quieran que la gente se escandalice porque hay una pared pintada y no porque hay un desaparecido: en eso hay una construcción política muy fuerte.

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