Mucho más que un partido de fútbol

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Los jugadores de la selección tuvieron que frenar un viaje pensado desde la AFA por dinero y desde la Rosada para dar apoyo a Israel, pero que no sumaba nada desde lo futbolístico, o más bien restaba. Argentina fue uno de los primeros países en reconocer al Estado de Israel, durante el primer peronismo. Desde que la derecha se apoderó del gobierno israelí, la compra de armas fue una constante. Historia de una relación en la que se juega mucho más que un partido: desaparecidos, atentados y la detención de Eichman.

El papelón internacional desatado por la decisión de los jugadores y el cuerpo técnico de la selección argentina de no jugar el partido amistoso con Israel, mostró claramente que no se trataba de un mero hecho deportivo. Argentina quedó involucrada de manera directa y peligrosa en medio de uno de los conflictos más calientes y prolongados del planeta. La enorme centralidad que el gobierno del primer ministro Benjamín Netanyahu le confirió a la llegada de Lionel Messi a Jerusalen, el mismo hecho de trasladar el partido a esa ciudad, en lugar de jugarlo en Haifa o Tel Aviv (con estados más apropiados), y la propaganda previa, muestran que la politización del encuentro era el objetivo central.

Jugarlo allí estaba pensado como parte de los festejos por los 70 años de la fundación del Estado de Israel, y constituía un acto más de afirmación y legitimación del control de los territorios ocupados en contra de las recomendaciones de la ONU. EEUU, gran sostén de las políticas de Benjamin Netanyahu, trasladó su embajada a Jerusalén y generó protestas que derivaron en una represión feroz con decenas de muertos. En esa línea de sucesos se insertaba el frustrado partido de la selección. Los jugadores no son estrategas de geopolítica, pero cuando comprendieron en lo que se estaban metiendo decidieron con firmeza: “primó el sentido común” dijo Pipita Higuain. Pero la irresponsabilidad mayúscula recae sobre los dirigentes de la AFA. Su presidente, Chiqui Tapia, en una conferencia de prensa patética dijo que fue de él la decisión de no ir para proteger a los jugadores, y como un “aporte a la Paz mundial” (sic). Si seguimos tirando del hilo de las responsabilidades nos topamos de lleno con el gobierno de Cambiemos, que desde que asumió ha tenido una alianza estratégica con la derecha israelí gobernante, y utilizando su enorme influencia en la AFA ofrendó la realización de este amistoso.

El acoso de Esmeralda y las internas en la DAIA

La reacción de Israel fue esgrimir el típico argumento que se viene sosteniendo desde hace décadas y que podría resumirse así: toda crítica a las políticas israelíes es un acto de antisemitismo. Poniendo a un mismo nivel una diferencia política, con un ataque racial, o religioso. Un chantaje moral y decididamente falso.

En gran medida la conciencia histórica que derivó en la fundación de Israel está atravesada por la idea de tener un Estado propio como refugio ante las persecuciones de todo tipo sufridas por la colectividad judía. El caso extremo y prototípico fue sin duda el genocidio perpetrado por los nazis. Por eso no es casual que la declaración de la ONU que dio origen a Israel fue en 1948, a poco de terminada la Segunda Guerra Mundial. Pero al mismo tiempo, y esto es central, se creó el Estado Palestino.

Argentina se abstuvo en aquella votación fundadora. Pero el gobierno de Juan Domingo Perón estuvo entre los primero en reconocer a Israel. El historiador, Raanan Rein, vicepresidente de la Universidad de Tel Aviv, dice que es un gran mito la afirmación de que el peronismo fue antisemita, más bien fue el primer gobierno en darle entidad y aceptación a la colectividad judía, cuando por ejemplo, en esa misma época el aristocrático Jockey Club les prohibía ser socios. Uno de los análisis más interesantes de Rein es que marca una no coincidencia de intereses entre la colectividad judía en Argentina y las políticas de Israel.

En esa primera época, las relaciones entre Israel y Argentina eran muy buenas y fluidas, se estableció una sede diplomática y relaciones comerciales. Para los judíos argentinos Perón parecía una edición criolla de los líderes fascistas de la Europa de entre guerras. Por lo tanto, la mayoría no lo apoyó en las elecciones de 1946 ni en las presidenciales de 1951. Al mismo tiempo, el Estado de Israel, con su primer embajador en este país, cultivó excelentes relaciones con el gobierno peronista, y eso creo fricciones entre la Embajada Israelí y la dirigencia de la comunidad judía argentina. El hecho que el embajador participó en eventos organizados por la sección judía del gobierno peronista, la Organización Israelita Argentina, y estuvo al lado de Perón y Evita en varias oportunidades, causó una sensación incomoda en varios dirigentes judíos. Sin embargo, para el diplomático israelí estaba bien claro que los intereses de este Estado recién nacido, con tantas dificultades económicas y con la necesidad de buscar amigos en la escena internacional, exigió cultivar relaciones muy amistosas, y por lo tanto ignoró los consejos de varios dirigentes judíos.

El huevo PRO de la serpiente

Otro hito en las relaciones bilaterales se produjo en mayo de 1960 con el llamado Operativo Garibaldi, en el cual un comando secreto israelí penetro en territorio argentino y secuestró al criminal de guerra nazi Adolf Eichmann, a quien trasladó y enjuició en Jerusalén. Esto provocó un gran revuelo y malestar. Muchos judíos estaban enojados con el Estado de Israel por tomar esta medida durante el mandato de Arturo Frondizi, un presidente que juzgaban democrático, que se mostró siempre muy abierto hacia los judíos. Tomar una decisión de este tipo implicó un daño a la soberanía argentina. Muchos temieron por posibles ataques de parte de distintos grupos de extrema derecha, ya que ellos tendrían que pagar por la determinación de secuestrar a Eichmann. Después ese miedo se vio confirmado, los judíos argentinos pagaron el precio por la decisión de David Ben Gurion y el Estado de Israel. A raíz de este secuestro empezó una ola de antisemitismo, la peor que ha experimentado esta colectividad desde la semana trágica de 1919. Nadie cuestionaba la necesidad de juzgar a Eicmann, salvo los pocos nazis que había, pero Israel avasalló la soberanía Argentina. Este fue el peor momento de las relaciones bilaterales.

La tercer gran coyuntura fue durante la dictadura militar surgida del Golpe de 1976. Las relaciones con Israel eran excelentes, de hecho los militares compraron armas israelíes y tuvieron un comercio e intercambio muy vital. Aquí es donde hay que mencionar que EE.UU. jugó siempre un rol de primera importancia para entender los vaivenes de la relación con Israel. La dictadura se propuso ser una aliada de primer orden de los norteamericanos, Israel siempre lo fue. El gran problema que se planteó fue el enorme número de desaparecidos judíos que hubo en la dictadura, y la marcada tendencia antijudía de muchísimos represores. Israel argumentó que tuvo un papel decisivo en la liberación del periodista Jacobo Timerman. El problema es que hizo muy poco por los menos conocidos y de nula repercusión internacional, y podría haberlo hecho.

El primer presidente argentino que visitó Israel fue Carlos Menem, en 1991. Su alineamiento con EE.UU. fue total, envió barcos de guerra argentinos a Golfo Pérsico, se metió en la política de medio oriente de lleno y Argentina quedó en medio de la línea de fuego. Bajo su mandato se produjeron los atentados a la Embajada de Israel en 1992, y a la AMIA en 1994.

La colectividad judía en Argentina es de unos 230.000 miembros, sigue siendo la más grande de Latinoamérica a pesar de que en las últimas décadas muchos emigraron.

Bonadio, un juez de la guerra

La derecha israelí gobierna desde hace muchos años y ha logrado también el control de la DAIA. En su enfrentamiento con los palestinos el primer ministro Netanyahu no dudó en reescribir la historia cuando ante el Congreso Sionista Internacional aseguró: “Hitler no quería exterminar a los judíos en ese momento, quería expulsar a los judíos. Y Haj Amin al Hussieni (Lider espiritual palestino) fue a Hitler y le dijo: ‘Si los expulsas, vendrán todos aquí”’. Si bien recibió un contundente rechazo dentro de Israel, no puede dejar de notarse que quien gobierna es un fundamentalista, que si puede salvar a Hitler en su cruzada antipalestina es capaz de todo.

En el 2010, el gobierno de Cristina Kirchner reconoció al  Palestina como “estado libre e independiente”. Mauricio Macri recibió a Netanyahu el año pasado y declaró que “los argentinos estamos comprometidos en la lucha contra el terrorismo junto a Israel”.

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Sergio Wischñevsky

Sergio Wischñevsky

Historiador, periodista y docente de la UBA. Columnista en Radio del Plata en el programa Siempre es hoy. en Radio Nacional en el programa Gente de a Pie y en La Liga de la Ciencia.

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