«Necesito saber qué pasó con el submarino»

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Pasaron cuatro meses y no hay novedades sobre el destino del submarino ARA San Juan ni sobre sus 44 tripulantes. El Gobierno pasó de la desinformación a la mentira y las familias aún esperan. “Es terrible la agonía que estamos viviendo”, asegura Marcela Moyano, esposa de Hernán Rodríguez, jefe de máquinas de la nave que desde el día en que se informó la desaparición del submarino duerme en la Base Naval de Mar del Plata, junto a otros familiares que exigen que el gobierno continúe la búsqueda. “No puedo entender que a Macri no le conmueva nada”, se lamenta. Están desamparados. No reciben apoyo de la Armada, ni del gobierno y muchos duermen en el piso.

Son ya cuatro meses de la desaparición del submarino ARA San Juan. Exactos 126 días desde que la nave partió desde Ushuaia con destino a la ciudad de Mar del Plata con 44 tripulantes a bordo y no se supo más de ella. Para localizarla se efectuó una búsqueda con ayuda internacional. Los resultados fueron negativos. Se ofreció una recompensa millonaria pero nadie se presentó. Ni un solo rastro, un montón de hipótesis oficiales y extraoficiales sin sustento. Un sinfín de mentiras de las autoridades navales y el Gobierno con los familiares y la opinión pública.

El 23 de noviembre, cuando iban ocho días sin noticias del ARA San Juan, Enrique Balbi, vocero de la Armada Argentina, confirmó: “El miércoles 15 de noviembre a las 10:35 horas se produjo una ‘anomalía hidroacústica’. Un evento violento consistente con una explosión en el submarino”.

Ese día cientos de corazones se detuvieron por un instante. El mundo que conocían los familiares y amigos de los 44 tripulantes dejó de ser el mismo. Entre esas vidas que cambiaron para siempre está la de Marcela Moyano, esposa de Hernán Rodríguez, jefe de máquinas del Ara San Juan.

Desde ese momento los días de Marcela empiezan en un colchón en la Base Naval de Mar del Plata. En ese salón que los primeros días tras la desaparición estaba colmado de periodistas hoy sólo quedan unos pocos familiares que duermen en sillones y colchones en el piso. Tienen una mesa para tomar mate, comparten lo que comen porque no reciben nada por parte de la Armada. Apenas les dejan calentar el agua para tomar mates.

Entre todos se contienen, se dan fuerzas, piensan qué pueden hacer para que no se abandone la búsqueda. Todos los días, a las 10 de la mañana, les dan el parte. A partir de ese momento es volver a revivir el tema. La información es cada vez más escasa.

“Creo que no saben cómo hacer para darnos una información porque apenas hay un barco en el mar buscándolo. Todo lo demás ya lo sabemos nosotros. Más allá de lo que ellos nos dicen porque también nosotros lo vamos investigando en forma paralela. Después es estar ahí para acompañarnos”, le cuenta Marcela a Nuestras Voces con una voz cansada de tanto esperar.

Cerca del mediodía Marcela vuelve a su casa, cocina algo, se da un baño, realiza algún trámite, hace unas compras y vuelve a la Base Naval. “Me despierto a la mañana temprano en la Base y a las noches me duermo rezando un rosario. Ese es mi día y esa es mi vida, yo no puedo continuar con mi vida. Tengo que seguir luchando por lo menos hasta saber la verdad, saber qué pasó”, dice,

Vidas detrás de un número

Marcela y Hernán son oriundos de Real del Padre, una localidad perteneciente al departamento de San Rafael, Mendoza. Hernán se desempeña hace más de 20 años en la Fuerza. Siempre dijo estar orgulloso de su trabajo como submarinista y decía –en una entrevista al programa “Gente de Mar” que la Armada Argentina subió a Youtube en 2016– que era “lo mejor que le había pasado. Me hice submarinista y ahora no me quiero bajar”.

En febrero de 1993 Hernán dejó su pueblo para cursar tres años en la Escuela de Mecánica de la Armada, en Buenos Aires, donde se recibió de maquinista y lo destinaron a la Base Mar del Plata.

Allí realizó un curso de un año de submarinista, lo que le permitió navegar durante dos años en el submarino ARA San Juan y ocho años en el Santa Cruz, en el cual vivió la experiencia de permanecer 30 días sin salir a superficie. También recorrió los mares en la Fragata Libertad en 2001. Esta misión, 45 días bajo el agua, era la más importante como submarinista.

Marcela Moyano fue siguiendo a Hernán, el amor de su vida. Ella tiene dos hijos y él ya tenía otro con su anterior pareja. Marcela dejó su pueblo para instalarse en Mar del Plata y continuar con su trabajo como docente. Desde que ocurrió la desaparición del submarino se encuentra con licencia y dice que “pensaba que este año iba a volver pero siento que no puedo”.

“Esta mañana le dije al señor que nos dio el parte cuando dijo que teníamos que continuar con la vida: ‘Señor, yo no puedo continuar con mi vida si nadie hace nada para que yo pueda continuar con mi vida, yo necesito que el Gobierno, la Armada, alguien me ayude a que pueda continuar y de qué forma pueda continuar. Necesito saber qué pasó con el submarino, poder darle un poco de paz a mi corazón. No puede ser que nadie sepa nada y que, encima, no se ocupen. Además de no preocuparse no se ocupan, entonces eso también da mucha bronca”.

A la deriva

Los familiares de los 44 tripulantes fueron recibidos por el presidente Mauricio Macri en la Casa Rosada el 6 de febrero y anteriormente estuvo en la Base de Mar del Plata en noviembre. Entre las promesas de búsqueda incesante pero sin apoyo concreto sobresale una frase desafortunada de Macri como “el mar es inmenso, el submarino es pequeño”.

“Ya no sé cuál es la postura del señor Presidente ante esta situación porque él tuvo la oportunidad de vernos y escucharnos cuando fuimos a la Casa Rosada, de ver fotos, banderas, escuchar a madres e hijos que lloraban. No puedo entender que a Macri no le conmueva nada porque si realmente él se preocupara por esta situación ya hubiese desestimado la recompensa que supuestamente para él fue millonaria y no es tan así porque ¿quién se presentó? Nadie. No hay nadie por la recompensa buscando el submarino”, explica Marcela con impotencia.

Esta semana el capitán de navío retirado Jorge R. Bergallo, padre del capitán de corbeta Jorge Ignacio Bergallo quien forma parte de la tripulación del ARA San Juan, pidió “que no se los busque más. El sepulcro de todos ellos es el mar. Dejémoslos allí. Yo quiero saber qué pasó. Pero nada garantiza que la continuidad de la búsqueda tenga éxito”.

Esa declaración fue un puñal para Marcela y para gran parte del grupo de familiares. “No puedo hablar de muerte cuando no me han dado una prueba. Más allá de todas las hipótesis que han salido, yo trato de mantener mi esperanza que es lo último que se pierde. Hoy por hoy lo espero en cualquier condición: de vida, de muerte o lo que sea, lo espero. Espero a él y a sus cuarenta y tres compañeros. Necesitamos las familias tener paz. Es terrible la agonía que estamos viviendo, la lucha que tenemos que llevar día a día para que esto se aclare y el desamparo. Hoy por hoy, lo único certero que hay, es que hay cuarenta y cuatro personas que están ausentes dentro de un submarino que está desaparecido. Nada más”.

Los familiares crearon una cuenta recaudadora para juntar algo de dinero y alquilar un equipo de rescate. “Vemos que nadie lo está haciendo entonces nosotros, a pesar del dolor que tenemos encima, tenemos que buscar la estrategia para encontrar a los tripulantes”.

Hace 126 días que la vida de Marcela está pausada desde el instante de la terrible noticia. Ella espera el día que le digan le digan “apareció un pedazo de submarino o apareció el submarino”. Piensa que ahí empezará a ver qué hacer con su vida. “Solamente quiero encontrar al submarino, quiero encontrar a Hernán y a sus 43 compañeros y le pido mucho a dios que nos ayude con esto”.

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Ulises Rodríguez

Ulises Rodríguez

Periodista y locutor. Especializado en temáticas culturales, escribió en Anfibia, Infobae y la Revista Acción. Formó parte de Infonews y realizó publicaciones en Escribiendocine.

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